Cristianismo

Dentro del Misterio

En algunas ocasiones la fe no aclara nada. Lo vuelve todo más complicado. ¿Cómo puede Dios ser uno y a la vez tres? ¿Cómo puede el Señor de la gloria morir colgado de un madero? ¿Cómo puede descender del cielo quien nace de una mujer en una aldea sin nombre? A los ojos de quien busca solo coherencia lógica y evidencia empírica, estas afirmaciones son errores. Escándalos para la razón.

Las dificultades de hoy tienen otra forma, no otra naturaleza. Resulta extraño hablar de oración en una cultura que confía en la técnica. Suena absurdo que una vida pueda ser fecunda sin estar orientada al éxito, que la vulnerabilidad contenga más verdad que la autosuficiencia y el perdón tenga más fuerza que la venganza. También hoy hay quien escucha esto y concluye que nos equivocamos; pero la fe no consiste en poseer explicaciones exhaustivas. Consiste en caminar dentro de un misterio que nunca llegamos a dominar.

La existencia está llena de paradojas semejantes. Sufrimos a causa de lo mismo que amamos. Descubrimos la fragilidad justo cuando nos creíamos fuertes. Perdemos años enteros de la vida para encontrar algo más verdadero. Envejecemos mientras aprendemos a vivir. Mantenerse firme no significa cerrar los ojos. Significa aceptar que hay verdades que solo se entienden recorriéndolas. Nadie comprende el amor leyendo su definición. El misterio de Dios tampoco se agota en una demostración.

En una época que exige certezas inmediatas, la fe logra en nosotros una paciencia extraña. No resuelve los enigmas; pero nos permite seguir caminando. A veces, en medio de nuestras propias contradicciones, el camino no es comprender a Dios sino dejarse conducir por Él. Donde la razón encuentra su límite, empieza una confianza más humilde. No ciega. La de quien ha aprendido que la realidad siempre desborda las palabras con las que intenta nombrarla.