El idioma español en el Sahara

Entrando agachado al pequeño avión que iba a Dakhla, en el sur de Marruecos, una mañana de mediados de agosto, ocupé mi lugar en el cuarto asiento, con un pequeño bolso de viaje bajo mis piernas en una cabina reducida donde el calor disolvía las ganas de pensar. Era el típico avión de uso civil para vuelos cortos, con doce plazas en filas de dos y un estrecho pasillo central que no permitía apenas movimiento. Pensé que estábamos atrapados allí, encajados, sin posibilidad de hacer nada, ni siquiera estirar las piernas un poco. Las amplias ventanillas ofrecían cierta sensación ilusoria de mayor espacio; pero permitirían ver el paisaje pues el vuelo sería a baja altura. De momento, vi como una señora de cintura generosa intentaba acomodarse en su sitio, algo complicado dadas sus dimensiones.

Instalados todos los pasajeros, el comandante y su segundo iniciaron las maniobras de aproximación a la pista de despegue del aeropuerto de Gran Canaria, en ese momento con poco tráfico, despegando instantes después suavemente envueltos en un ruido ensordecedor que, por fortuna, se reduciría al alinearse la aeronave en la altitud y rumbos correctos.

El vuelo resultó más cómodo de lo que había previsto y al sobrevolar la península de Dakhla, una hora y cuarto después del despegue, pude entender por qué esa región era conocida como “la perla del Sahara” y tantos viajeros quedaban fascinados por su belleza. Desde mi posición alcancé a ver una delgada franja arenosa que acababa sumergida en las aguas del Atlántico, descubriendo los secretos del océano. Quise adivinar el rostro de una mujer en la masa de agua, cuyos ojos me observaban sin pestañear. Se trataba de un mero juego de luces. Minutos más tarde sobrevolábamos el extenso arenal y vislumbré las primeras construcciones humanas: parecían pequeñas casas del mismo color que la arena, dando la impresión de fragilidad. Segundos después el piloto inició la maniobra de aterrizaje, un tanto movida; pero el aparato tomó tierra sin percance alguno y fue rodando hasta la pequeña terminal, apenas un edificio de planta baja y poco más de quinientos metros cuadrados. A pie de pista vi militares, policías, gendarmes… todo un batiburrillo de personal de seguridad…

Salimos sin dificultad del aeroplano y alguien nos señaló la puerta de acceso a la terminal. Caminamos unos setenta metros. Soplaba una ligera brisa y diríase que los rayos solares atravesaban el asfalto. Mi ropa estaba empapada en sudor por lo que agradecí entrar en el edificio, sin aire acondicionado; pero se estaba bien. Llegué al control de pasajeros y equipajes y tras una breve comprobación de mi pasaporte pude recoger mi equipaje y salir del aeropuerto, donde me estaban esperando para llevarme al hotel…

Dajla, la «perla del Sahara».

Así dio comienzo mi estancia en la ciudad de Dajla, antigua “Villa Cisneros”, ciudad fundada por España en 1884.

La historia de este enclave urbano es apasionante y hablaré de ella con más extensión en otro momento.

Ahora traigo a colación este primer contacto con Dajla para enfocar el tema de hoy, dedicado a la presencia del idioma español en el Sahara y más en concreto, en esta bella ciudad ubicada en la costa atlántica.

Dajla goza de gran pujanza en la industria pesquera y agroalimentaria y constituye, gracias a sus hermosas playas y a las condiciones meteorológicas favorables, el marco ideal para la prácticas de diversos deportes acuáticos.

En el ámbito del idioma, se habla el árabe dariya, el árabe hasaniya, el francés y el español, este último en retroceso.

El idioma español ha estado unido a la historia de la región, de tal forma que las tribus saharauis siempre lo hablaron durante la época colonial española y los niños y niñas de la época recibían su educación en este idioma.  Tras la salida de España del territorio, el idioma va perdiendo hispanófonos de forma, hasta tal punto que hoy día son pocas las personas que lo hablan.

Con independencia de cuestiones políticas, lo importante aquí es conservar el patrimonio cultural, y un cimiento básico de tal patrimonio es el ámbito idiomático. De ahí que las iniciativas para potenciar y recuperar el uso de la lengua española tengan un valor que va más allá de condicionamientos políticos, pues afecta al intelecto y a las capacidades comunicativas de las personas. La instalación del Instituto Cervantes en la región, con base en la ciudad de El Aaiún, sería la piedra angular de la promoción del idioma español.

Recordemos que el Instituto Cervantes es la institución pública creada por España en 1991 para la promoción y la enseñanza de la lengua española y para la difusión de la cultura española e hispanoamericana en el mundo.

Durante estos años pasados se ha reclamado por parte de asociaciones locales, academias de enseñanza y otros colectivos, la apertura de una oficina de este Instituto en la región. En el año 2014 tuve la ocasión de participar en la elaboración de un dossier técnico para las autoridades españolas, donde se recomendaba encarecidamente la instalación de una subsede del Instituto en la ciudad de El Aaiún, en concreto en las instalaciones del colegio La Paz, centro educativo dependiente del Ministerio de Educación de España que sigue en funcionamiento. Los años posteriores se informa favorablemente para la apertura de tal centro. Así, según noticia recogida por la agencia EFE, el 11 de octubre de 2016, Madrid, 11 oct (EFE).- La apertura de un centro en El Aaiún entra dentro de  los planes a corto plazo del Instituto Cervantes, según declaró el entonces director Víctor García de la Concha. Y se establece el año 2017, como el año del inicio de las actividades formativas; sin embargo esta apertura no se ha producido aún. Una vez más los enredos políticos paralizaron lo que ya parecía una realidad incuestionable. En 2020 el asunto sigue parado. Tampoco se han realizado más anuncios oficiales por parte del Instituto Cervantes, el cual en su último informa sobre la situación del idioma español en el mundo, incluye datos relativos al Sahara Occidental, afirmando que los que mantienen la huella española son, sin duda, los 22.000 saharauis y sus descendientes que ya estaban en el territorio desde antes de 1975, puesto que la numerosa colonia de marroquíes que llegó tras esas fechas provienen de la zona del antiguo Protectorado francés, aunque algunos hablan español.

En la ciudad de Dakhla existe un importante colectivo de hispanistas agrupados en torno a la Asociación Cultural Río de Oro, impulsora de la Academia de Idiomas Unamuno.

Hace un año fui invitado por esta institución para participar en la entrega de diplomas concedidos por el Instituto Cervantes a un grupo de alumnos que han cursado sus estudios de la lengua española. Y pude comprobar el grado de compromiso de todos los participantes para aprender y divulgar nuestro idioma. En este 2020 y por quinta vez, la Academia Unamuno acaba de celebrar el 5º acto de entrega de diplomas, con la asistencia del director del Instituto Cervantes de Rabat (Marruecos), D. José María Martinez Alonso, acompañado de la jefa de estudios, Dña. Concha Barceló, presentado por el director de la Academia, señor Brahim Hameyada junto con profesores, autoridades locales y regionales, estudiantes y sus familiares. En total se entregaron 29 diplomas, 16 pertenecientes al nivel A1 y 13 al A2.

La asociación cultural Río de Oro está realizando una gran labor cultural desde su creación en el año 2002, y después, mediante la puesta en funcionamiento de esta academia especializada en impartir las clases de lengua castellana, además de las iniciativas culturales que mantienen desde hace varios años. Recuerdo con mucho agrado y afecto los inicios de dicho centro pues en su momento participé impartiendo unas cuantas sesiones de introducción al español. Todo ello ha sido dirigido desde sus inicios por Brahim Hameyada, nativo de Dajla, hispanista y hombre culto, cuya vida gira en torno a esta noble labor. En su día fue uno de tantos estudiantes educados en las escuelas españolas de la ciudad. Después estudió Filología Hispánica en Rabat. En el año 2016, la Academia Unamuno logra el reconocimiento del Instituto Cervantes para poder realizar exámenes oficiales que conducen a la obtención del “Diploma España de Lengua Extranjera”. Desde entonces más de 500 alumnos se han beneficiado de su labor educativa.

Estudiantes por las calles de la ciudad

Gracias a esta labor, y sin ningún tipo de apoyo oficial por parte de las autoridades españolas, se está manteniendo el interés por el idioma español en Dajla. En este sentido, Brahim nos dice que: «Hay jóvenes que, porque ven como lo hablan sus padres y abuelos, sienten el español como algo propio, como un patrimonio cultural, y quieren aprenderlo, pero el problema es a largo plazo». Y se lamenta por el desinterés de las autoridades españolas y de la vecina comunidad autónoma de Canarias, además de la falta total de apoyo económico y logístico. Brahim afirma  que «la cultura no tiene barreras y esto, más allá de la política, es una cuestión cultural, pues sentimos el español como algo propio, como algo a mantener».

Existen otras iniciativas, todas ellas privadas, en ciudades como El Aaiún o Esmara, tendentes a mantener la presencia del español, así como asociaciones culturales que tratan de crear las condiciones adecuadas para que el idioma español no desaparezca, algo que no hacen los políticos españoles de turno.

En el ámbito público se ha mantenido durante estos años el Colegio La Paz, dependiente como ya he dicho del Ministerio de Educación de España, que ha reforzado su plantilla.

Acto de entrega de diplomas DELE en la Academia Unamuno de Dajla

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Youssef Nava Publicado el

Consultor en antropología médica y salud pública. Escritor.

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