Cristianismo

Jesús, transparencia de la Vida

(Comentario al Evangelio de San Juan 14, 1-12).

Así late en mí la afirmación del Evangelio: Jesús es Vida. No la vida que se gasta, sino la Vida que sostiene y todo lo atraviesa sin que nada la contenga.

Cuando Jesús dijo «Yo soy Camino, Verdad y Vida» no trazó un mapa. Reveló lo que era: un ser humano tan vaciado de sí que Dios se volvió visible en él. El Camino no es un trayecto. Es el movimiento que va de lo humano a lo divino sin dejar de ser humano, como el agua que regresa al mar sin dejar de ser agua.

La Verdad no es un concepto. Es la luz que no puede ocultarse en aquello que ilumina. En el rostro de Jesús, Dios se asoma desde dentro.

La Vida es el aliento que sostiene, la llama que no consume, la raíz invisible que nutre. Jesús no la poseía: la recibía. Y al recibirla, la daba. Hay una casa en el corazón de Dios. Sin puertas. Sin fronteras. La comunión originaria en la que ya estamos, aunque aún no lo sepamos.

Conocer a Jesús no es comprenderlo. Es dejarse llevar por su modo de existir. Dejar que su transparencia despierte la nuestra. Entonces el Padre se acerca, no como idea, sino como Presencia. Como fondo que nos sostiene, silencio que llama y luz que nace en la noche.

En definitiva, la Pascua no es un recuerdo, sino un despertar.