Cristianismo

La medicina del desierto

Sidahmed es un ṭbīb: un curandero de la tradición médica bidán. No tiene título. No tiene consulta. No tiene seguro de responsabilidad civil. Tiene algo distinto: décadas de conocimiento transmitido de maestro a aprendiz, una farmacopea que conoce de memoria, y la capacidad de leer un cuerpo enfermo con las manos, los ojos y una atención que yo no había visto antes en ningún médico occidental.

Durante años fui su observador. Luego, en cierta manera, fui su paciente. Y cuando volví a España y quise escribir sobre lo que había visto, me di cuenta de que lo que tenía entre manos no era una colección de anécdotas exóticas sino el testimonio de un sistema médico completo: con su historia de dos mil años, su lógica interna, su farmacología, su dimensión espiritual, su política. Ese sistema se llama medicina bidán. Y el libro que acabo de publicar titulado «La medicina del desierto. Etnografía de la enfermedad y el cuidado», es mi intento de hacerle justicia.

La medicina del desierto no nació de una idea sino de una pregunta que tardé mucho tiempo en formularme con claridad: ¿por qué damos por supuesto que el conocimiento tiene que ser occidental para ser válido? No es una pregunta retórica. Es una pregunta con consecuencias reales. En la Trab el-Bidán, la biomedicina llega tarde, mal y escasa. El Estado mauritano tiene una cobertura sanitaria que en las zonas rurales y nómadas es prácticamente inexistente. En ese vacío, el ṭbīb cura. La tebiba —la curandera— acompaña los partos y cuida a los enfermos crónicos. Las plantas del desierto tratan infecciones que ningún médico de Nuakchot ha diagnosticado. Y la farmacología contemporánea encuentra que muchas de esas plantas funcionan, que la lógica humoral que organiza el diagnóstico tiene una coherencia clínica real y el seguimiento longitudinal de Sidahmed —sin glucómetro, sin analíticas, sin ecógrafo— produce resultados comparables a los de cualquier médico de familia con acceso completo a la tecnología. No digo que sean lo mismo. Digo que ignorar uno en nombre del otro es un error científico, además de un acto de injusticia. No es una celebración romántica del «buen salvaje» que cura con hierbas mientras el mundo moderno se pudre. Esa visión es tan falsa como su contraria.

«La medicina del desierto» documenta además los casos que no terminaron bien. El enfermo que Sidahmed no pudo curar. La psicosis aguda que requirió hospitalización. El diagnóstico incierto que ni el sistema bidán ni la biomedicina pudieron resolver. La medicina bidán tiene límites reales y los menciono sin eufemismos.

Lo que he pretendido con su escritura es presentar un argumento largo, documentado y, espero, honesto, a favor de tomarse en serio lo que las tradiciones médicas no occidentales saben. No para reemplazar la biomedicina sino para completarla. No para romantizar la pobreza sino para no confundir la falta de tecnología con la falta de conocimiento.

Por qué lo publico gratis.

Este libro es gratuito porque el conocimiento que documenta es de acceso libre. Sidahmed no me cobró por dejarme observarle durante años. Las comunidades bidán no me pidieron derechos de autor por su farmacopea. Lo mínimo que puedo hacer es devolver ese saber al espacio común.

Si el libro te resulta útil y quieres apoyar la continuación de este trabajo, puedes hacerlo a través de mi web; pero es secundario. Lo principal es que llegue a quien pueda necesitarlo: estudiantes de medicina, antropólogos, profesionales de la salud que trabajan en África, cualquiera que quiera pensar en serio sobre qué significa curar.

El desierto enseña que lo importante raramente hace ruido. Sidahmed curaba en silencio, en una jaima, con plantas que había recogido a mano. Este libro intenta que ese silencio no se pierda.

La medicina del desierto. Etnografía de la enfermedad y el cuidado.

Presentación editorial

Edición gratuita disponible en PDF.