La normalización como discurso de la crisis ecológica

La llamada “crisis ecológica”, -cuyas raíces se hunden en la crisis del petróleo de 1973-  pero que puede rastrearse su inicio hasta la revolución industrial del siglo XVIII, tiene su expresión más reciente en el “Cambio Climático”, formando parte en este mundo postmoderno o “era de la posverdad”, de la normalización –concepto creado por Michel Foucault- de todos los eventos que suceden, por alarmantes y preocupantes que puedan resultar. Se mira para otro lado, pues lo normal es no asustarse. Sabemos que nuestra huella ecológica acarreará una catástrofe medioambiental. Ya está pasando, aunque no se crea que sea tan grave como la pintamos los que estudiamos estos hechos.
Se ha generalizado la “disonancia-cognitiva”, esto es, pensamos una cosa y decimos-hacemos otra muy diferente. Como es obvio, este proceso psicológico tiene su máximo exponente en la actividad política. Las propuestas políticas se alimentan de lo común, no de lo excepcional, de ahí que las nuevas ideas no sean más que refritos de ideas y propuestas formuladas hace muchos años. En ese contexto, todo es posible y nada llama la atención. Desde esta perspectiva, la normalización de la catástrofe ecológica es patente. Los partidos políticos clásicos, esto es, los que se alimentan de la simple distinción entre izquierda y derecha, nos venden humo producido por esa normalización de eventos. Con esta construcción categorial articulada sobre el hecho de lo que consideramos normal, lo alarmante se olvida o banaliza. El sistema social desarrollado por el capitalismo ha conseguido anestesiarnos en gran parte. Vivimos en un mundo en el que nada duele: los dramas son productos de televisión para los telediarios y otros programas que, al acabar, desaparecen.
Por esta razón, se necesitan propuestas políticas que señalen sin ambigüedad los elementos verdaderamente significativos de esta normalización, aquellos hechos que, siendo fundamentales, la mayoría de la población no les da una importancia vital, incluso aunque atisben la posibilidad cercana del colapso, sea socio cultural, ecológico, científico o filosófico, o tal vez una quiebra absoluta del sistema, tal como lo conocemos.
La normalización de las ideas y los valores es peligrosa. Frena el crecimiento de las ideas y destruye la riqueza de la diversidad. Los problemas ecológicos son el exponente más claro de esto que estoy señalando.

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