Meditación

No podemos decir que la muerte nos toma por sorpresa porque desde que tenemos uso de razón sabemos cómo acabará nuestra vida. Se habla de la muerte de los otros, pero no de la propia, a la que muchos piensan en burlar; sin embargo, nos es imposible añadir una sola fracción de segundo a nuestro tiempo en la tierra.

No podemos decir que el amor es fácil de encontrar porque es el sentimiento sobre el que más se habla y menos se comprende. Y somos superficiales en su definición y aceptación.

No podemos decir que la amistad entre los seres humanos se construye con facilidad porque es una cualidad esquiva que se adentra en el laberinto del ego. Se habla de amistad; pero es difícil la verdadera amistad.

No podemos decir que la crisis económica es producto de la mala gestión de nuestros políticos, porque nosotros mismos ahondamos en las injusticias sociales, la acumulación de capital y el egoísmo con el trabajo. Somos coautores de la crisis, igual que somos coautores de todos los males que nos afectan.

No podemos caminar por la vida como si el mundo no nos afectara y mirar para otro lado ante el sufrimiento de tantas personas porque esta indiferencia ya es causa de más sufrimiento. Nuestra meta es cumplir la voluntad de Dios y salvarnos. Para ello necesitamos ejercer nuestro libre albedrío con sabiduría. No es cuestión de ser pusilánimes en este momento de la historia humana. Son demasiados los hechos que diariamente nos enfrentan a nuestra propia conciencia y muchas veces permanecemos hipnotizados con las noticias que se nos presentan como mercancía de usar y tirar. No queremos volcar nuestro potencial humano en cambiar el mundo, o lo hacemos movidos por una solidaridad enlatada y convenientemente exportada en formato de ong. Pero nos faltan las agallas para romper con esta modorra social. Somos conformistas y sólo llegamos a la protesta callejera en su formato postmoderno, cuando comprobamos cómo nuestro poder adquisitivo se ha reducido unos puntos. Aquí empieza y acaba todo. Las movilizaciones sociales se enmascaran bajo el denominador de «revoluciones» pero no son más que estrategias sociales puestas en marcha por hábiles creadores de opinión. Mientras tanto el mundo languidece y es abrasado por la desidia, la rutina para crear paz y guerra y la habilidad para presentarnos como bienestar lo que no es más que dejadez y hastío generalizados.

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Youssef Nava Publicado el

Consultor en antropología médica y salud pública. Escritor.

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