Normalidad psíquica

He dicho en otras ocasiones que están de moda los trastornos de personalidad. Con frecuencia creciente se habla de ellos sin tener en cuenta suficientes elementos de análisis. La sociedad actual tiene una tendencia alarmante a la medicalización, así ante lo que podemos interpretar como un síntoma preocupante, acudimos enseguida al especialista. En consultas de la Seguridad Social saturadas, es imposible realizar una exploración adecuada del paciente. Hay que tener en cuenta que los parámetros que se manejan en psiquiatría y psicología, como ansiedad, depresión, personalidad, inteligencia, etc., no son tan fáciles de evaluar como otros parámetros médicos tales como los niveles de glucosa, hemoglobina y hormonas tiroideas.

Vivimos en una sociedad preocupada por la imagen. Todo se cataloga y cualquier comportamiento es clasificado. En buena parte la Organización Mundial de la Salud contribuyó a esta situación, al ofrecer la Clasificación Internacional de Enfermedades, junto a la elaboración del DSM ((Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders) elaborado por la Asociación Americana de Psiquiatría,  ambos listas de enfermedades donde se ofrecen descripciones, síntomas y otros criterios para diagnosticar enfermedades mentales.

Debemos tener en cuenta que todos experimentamos el sufrimiento físico y emocional en menor o mayor medida, que pasamos por acciones de duelo y también de alegría, que podemos manifestar acciones amorosas y bondadosas; pero también conductas extrañas e incomprensibles, perversas y violentas. Todo ello no constituye por sí mismo una enfermedad mental. La vida humana es más amplia, rica y compleja de lo que pueden abarcar la psiquiatría y la psicología. Así, “normalidad psíquica” no equivale a perfección y felicidad como parece creer parte de la sociedad actual.

En nuestro tiempo se busca esa felicidad y el amor que cubre con su pátina compasiva cualquier hecho; pero sabemos que en la práctica es imposible. Siempre hay situaciones de desamor, de tristeza, de cerrazón y odio, lo que no implica necesariamente infelicidad sino vivir la vida con toda su intensidad.

La “normalidad psíquica” no puede catalogarse, ni tan siquiera explicarse convincentemente, pues cada cultura, cada pueblo, cada grupo social pueden tener una valoración diferente de lo que se considera normal. De ahí que el diagnóstico de determinadas enfermedades mentales sea difícil y una labor que puede llevar meses, puesto que hay que conocer los elementos biográficos y el entorno socio cultural del paciente.

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