Pensar es peligroso

En este mundo de censura y corrección política pensar y obrar con independencia es peligroso. Lo mínimo que puede pasarte es ser condenado al ostracismo. A partir de ahí cualquier cosa es posible. Los dueños de las grandes empresas de redes sociales y servicios en Internet lo saben. Los gobiernos lo saben. Bajo la apariencia de la gratuidad todos pagamos un precio y ellos siempre ganan. Es un sistema perfecto: control y beneficio económico. ¿Qué más se puede pedir? Y sin arriesgar nada.

Así que en este sistema, extensión de los sistemas políticos totalitarios del pasado; pero ahora con otros nombres, tienen claro que para seguir en el negocio necesitan inocular miedo a la población, vía leyes que atentan directamente contra los derechos humanos y vía tecnológica, con una sola finalidad: que no pensemos, que seamos ovejas consumistas con ideas inoculadas desde el exterior, vacunas existenciales para mantenernos en el redil… pues no, estoy convencido de que acabaremos por derribar este sistema perverso; pero mientras tanto, las víctimas son incontables. Son los mártires de nuestros días.

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