Sanmao, la leyenda del Sahara

Reconozco que no soy dado a realizar críticas, ya sean sobre novela, ensayo o poesía. Simplemente, lo que no me gusta no lo comento, en la línea que sigue el prestigioso crítico literario Harold Bloom. En esta ocasión hago una excepción, pues de alguna forma me afecta el contenido de una obra cuya lectura acabé hace poco tiempo. Me refiero a “Diarios del Sahara”, de la escritora china Sanmao, mujer de fuerte personalidad y cuya obra, importante, apenas es conocida en el mundo hispano.
El libro en cuestión está ambientado en el desierto del Sahara, más en concreto en la antigua colonia del Sahara español, y en los dos años previos a la retirada española de esas tierras en 1976. Estamos, por tanto, ante un período de tensiones y confusión generalizada entre la población local.
Tengo que decir que me costó terminar su lectura. Existe en su trama, lineal y nada meticulosa en detalles, dos momentos de escritura, un texto escrito en tiempos diferentes. Uno fijado durante la estancia de la autora en El Aaiún, y otro posterior, en España, donde elabora la obra. El primero es el más importante desde una perspectiva descriptiva de hechos históricos y, por decirlo así, auténtico. En efecto, Sanmao desgrana algunas situaciones y anécdotas que pudo muy bien vivir en primera persona. Aparecen personajes, vecinos beduinos saharianos y gente con los que trataba en su rutina.
Refleja ahí la atmósfera de la ciudad, deja traslucir su aversión a los beduinos, cuyas costumbres ni entiende ni le gustan, y otros detalles menores. Para mí es la parte más aburrida, pues se queda en un contar lo que vive sin apenas elaboración literaria, simple descripción, pobre literariamente. El segundo recoge historias inventadas, o así lo interpreto yo; pero muy bien construidas, con recursos estilísticos de notable belleza. Aquí es donde se ve el alto nivel literario de Sanmao como escritora.
Hay que añadir que todo lo que tiene que ver con el antiguo Sahara español es motivo de controversia. “Diarios del Sahara” y su autora no se libran. De ahí que hable de “narrativa posterior” a su escritura y edición. Con esta expresión me refiero a cómo se presentan los hechos recogidos por Sanmao en el ámbito de descripción de sucesos que pudieron acontecer en dicho territorio. Cualquier persona que conozca las tierras descritas y que haya residido en ellas una larga estadía se dará cuenta de tal exageración. “Diarios del Sahara” es una novela y desde esa perspectiva debe ser juzgada; pero el discurso occidental construido en torno a la misma es poco menos que presentarlo como un relato auténtico apegado a los hechos históricos. Ya he dicho que hay dos tiempos de escritura. No sé si Sanmao elaboró el texto completo que se nos presenta en la edición española, aunque conociendo la historia del Sahara, a sus gentes y sus ciudades, por residir en ellas, tengo mis dudas. Ella no podía saber algunos detalles que menciona.

Es importante destacar también la construcción legendaria que se está realizando sobre la figura de Sanmao. A la luz de artículos y comentarios se obtiene la impresión de estar frente a una mujer que residió durante largos años en El Aaiún, cuando en realidad no llegó a cumplir los dos de estancia, tiempo absolutamente insuficiente para conocer a fondo la realidad sahariana de aquellos días; pero la atribución no es suya, ni ella se otorga tal valor. Fue mujer fuera de su tiempo, independiente, liberal, culta, casada con un español. Acabó residiendo en dicha ciudad y, muy a su pesar, tuvo que vivir allí más tiempo del que hubiera deseado. Fue una aventurera y exploradora, le gustaba el contacto con nuevas gentes, estudiar su cultura, hacer fotografías, escribir y elaborar una literatura impregnada de su libertad, un alma noble que trascendió lo vulgar. En este sentido podía ser nómada, mujer sin domicilio permanente, sin ataduras a pesar de estar casada, libre, muy libre, algo raro en los años setenta del siglo XX. Estos rasgos son -en mi opinión- los que merecen ser resaltados. Me quedo con la escritora, con la mujer que narra historias profundas, bellas, tremendas a veces. Y me alejo de esa leyenda interesada que está creándose sobre su figura, ajena a su vida y, por tanto, irreal.
“Diarios del Sahara” no es, desde luego, su mejor obra; sin embargo, es identificada con ella. Cada vez son más los chinos que acuden a la ciudad de El Aaiún para rastrear su vida, pensando que Sanmao pisó esas calles y convivió con esas gentes, recorriendo sus avenidas y plazas intentando impregnarse con una atmósfera que no tiene nada que ver con la de hace más de cuatro décadas. Todo ha cambiado, las calles que frecuentó no son más que un recuerdo de lo que fueron. Ahora El Aaiún es una ciudad enorme, moderna, donde pocas construcciones antiguas se mantienen en pie. Por no hablar de los ciudadanos que allí viven, fusión de culturas y de etnias, en línea con la sociedades modernas y sofisticadas de nuestro siglo XXI; pero esto importa poco. Sanmao es ya la “mujer china del Sahara”, una nueva leyenda. 

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