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Geopolítica Afectiva: Atmósferas, resistencias y espiritualidades del presente.
I. El clima político como experiencia sensible. Vivimos un tiempo en el que la política ya no se experimenta como un debate técnico, sino como un clima. Un aire que se respira. Una vibración que atraviesa cuerpos, pantallas y conversaciones con la densidad de una atmósfera real. La geopolítica —ese saber que parecía reservado a diplomáticos, think tanks y universidades— se ha convertido en un estado del alma colectiva. Esto no es metáfora. Es diagnóstico. La política contemporánea se siente antes de ser entendida. Se experimenta como una presión barométrica que genera ansiedades, esperanzas, irritaciones. Y los nuevos lugares donde se piensa —y sobre todo, donde se siente— el mundo…


