La resistencia a los antimicrobianos en Europa

Mientras Europa conmemora el Día Europeo de Concientización sobre los Antibióticos, nuevos datos publicados hoy por el Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC) revelan una cruda realidad: la resistencia a los antimicrobianos (RAM) continúa aumentando en toda la Unión Europea y el Espacio Económico Europeo (UE/EEE), amenazando con revertir años de progreso médico.

A pesar de los decididos esfuerzos de los países y los profesionales sanitarios, Europa no está en camino de cumplir cuatro de los cinco objetivos de resistencia a los antimicrobianos establecidos por el Consejo de la UE para 2030*. 

El aumento de la resistencia a los antimicrobianos, junto con la escasez de nuevos tratamientos eficaces, constituye una importante crisis de salud pública en evolución en Europa y a nivel mundial. En un mundo interconectado, la resistencia a los antimicrobianos complica aún más los desafíos de salud derivados de las enfermedades no transmisibles, los cambios demográficos y la escasez de personal sanitario. 

‘Abordar la resistencia a los antimicrobianos requiere innovación crítica en tres frentes clave: acciones enérgicas para el uso responsable de antibióticos, prácticas sostenidas y estandarizadas de prevención y control de infecciones y nuevos antibióticos en proceso’, dice la directora del ECDC, Dra. Pamela Rendi-Wagner.

Europa no está en camino de cumplir los objetivos de la resistencia a los antimicrobianos para 2030

Desde 2019, la incidencia estimada de infecciones del torrente sanguíneo causadas por carbapenémicos resistentes Klebsiella pneumoniae ha aumentado más del 60%, a pesar del objetivo de una reducción del 5% para 2030. De manera similar, las causadas por cefalosporinas resistentes de tercera generación Escherichia coli han aumentado más de un 5%, a pesar del objetivo de reducción del 10%.

El consumo de antibióticos también aumentó en 2024, contrariamente al objetivo de reducción del 20%. Mientras tanto, la proporción de antibióticos de primera línea utilizados –los del grupo ‘Acceso’ de la clasificación AWaRe de la Organización Mundial de la Salud (OMS)’, que deberían representar al menos el 65% del uso total– se ha mantenido estancada en alrededor del 60%.

Una crisis humana y social

El ECDC estima que las infecciones resistentes a los antimicrobianos causan más de 35.000 muertes cada año en la UE/EEE, lo que representa una carga sustancial para las personas, las sociedades y los sistemas sanitarios. El aumento de infecciones resistentes socava la medicina moderna y pone en peligro procedimientos que salvan vidas, como trasplantes de órganos, terapia contra el cáncer, cirugía y cuidados intensivos.

‘Detrás de cada estadística hay una persona cuyas opciones de tratamiento se están agotando – un niño, un padre, un abuelo. La resistencia a los antimicrobianos no es sólo un problema médico – es un problema social. Debemos garantizar que nadie en Europa se quede sin una opción de tratamiento eficaz’, afirma el Dr. Diamantis Plachouras, director de Resistencia a los Antimicrobianos e Infecciones Asociadas a la Atención Sanitaria del ECDC. 

La tormenta perfecta: el aumento de la resistencia a los antimicrobianos y la escasez de tratamientos eficaces requieren innovación

Varios factores contribuyen al aumento de infecciones difíciles de tratar: una población que envejece con enfermedades crónicas subyacentes que la hacen más vulnerable a las infecciones, la transmisión transfronteriza de microorganismos resistentes y el uso elevado y persistente de antibióticos, combinado con lagunas en la prevención y el control de las infecciones.

Al mismo tiempo, la cartera mundial de antibióticos sigue siendo limitada, especialmente contra microorganismos críticos prioritarios para la salud pública, como las bacterias gramnegativas resistentes a los carbapenémicos. Se necesitan soluciones innovadoras para frenar el aumento de la resistencia a los antimicrobianos, pero hay muy pocos antibióticos nuevos que ofrezcan mecanismos de acción novedosos que estén cerca de ser aprobados.

Además, existe un uso subóptimo de antibióticos de primera línea del grupo ‘Acceso’ de la clasificación AWare de la OMS y una creciente dependencia de antibióticos de último recurso. Estos desafíos resaltan la necesidad de una acción coordinada para garantizar el acceso equitativo, la producción sostenible y el uso responsable de los antibióticos existentes y futuros.

El papel del ECDC en el apoyo a los países de la UE y el EEE

El ECDC continúa monitoreando la resistencia a los antimicrobianos y el consumo de antimicrobianos en toda Europa, evaluando los riesgos para la salud pública relacionados y estimando la carga de infecciones resistentes. El Centro trabaja en estrecha colaboración con los países de la UE y el EEE para fortalecer los sistemas de vigilancia, mejorar la capacidad de los laboratorios y aprovechar las herramientas digitales y los registros médicos electrónicos para una mejor toma de decisiones basada en datos. 

El apoyo del ECDC para ampliar la vigilancia genómica de patógenos resistentes ha permitido una detección más temprana de amenazas emergentes, un mejor seguimiento de brotes y un fortalecimiento de la colaboración regional y global en el control de la resistencia a los antimicrobianos. El apoyo personalizado a los países –a través de evaluaciones en profundidad de las capacidades de preparación y respuesta ante la resistencia a los antimicrobianos y las infecciones asociadas a la atención médica– también garantiza que todos los países de la UE/EEE estén mejor equipados para abordar esta amenaza actual y en evolución.

‘La resistencia a los antimicrobianos es un desafío en evolución, pero Europa aún puede lograr avances reales. Juntos podemos construir un futuro más seguro, en el que el tratamiento eficaz siga estando disponible para las generaciones futuras’, añade el Dr. Plachouras. 


*A Recomendación del Consejo Adoptado el 13 de junio de 2023, describe cinco objetivos relacionados con el consumo y la resistencia a los antimicrobianos que la UE y los Estados miembros individuales deben alcanzar de aquí a 2030, siendo 2019 el año de referencia.

 Objetivos de la UE

  • Reducir el consumo total de antibióticos en humanos en un 20%;
  • Al menos el 65% del consumo total de antibióticos en humanos proviene del grupo ‘Acceso’ de antibióticos en cada país, según se define en la clasificación AWaRe de la Organización Mundial de la Salud (OMS)’; 
  • Reducir la incidencia total de infecciones del torrente sanguíneo con:
  • resistente a la meticilina Staphylococcus aureus (MRSA) en un 15%;
  • Resistente a cefalosporinas de tercera generación Escherichia coli (E. coli) en un 10%;
  • resistente a carbapenémicos Klebsiella pneumoniae (K. neumonía) en un 5%.

(Fuente: https://www.ecdc.europa.eu/en/news-events/time-act-and-not-react-how-can-european-union-turn-tide-antimicrobial-resistance )

Supersticiones y salud en África

Uno de los aspectos poco estudiados del desarrollo social y el crecimiento económico en África es la influencia de las supersticiones en la toma de decisiones. Todavía hoy, y quizás más que en el pasado reciente, existen supersticiones alimentadas por la incertidumbre social y la pobreza que crean una fuente de dependencia de lo que podríamos llamar elementos «mágicos», como los adivinos, la brujería y la charlatanería.

La gente en África, y desafortunadamente cada vez más en Occidente, explica casi todo por la influencia de entidades sobrenaturales, o por ataques de rituales demoníacos y «mal de ojo». Este es un problema que está presente incluso en los países islámicos, a pesar de que el Islam siempre ha luchado contra la superstición, las actividades de adivinación y la brujería.

Una cuestión fundamental es el impacto que estas creencias tienen en la evolución de la economía, ya que al negarnos a comprender la relación entre causa y efecto según los criterios científicos modernos, nos vemos obligados a caer en una «conciencia mágica» colectiva frente a la cual se encuentra. muy difícil establecer pautas para la modernización.

Este problema siempre ha estado presente en el campo de la salud. A menudo encontramos personas, incluso con estudios universitarios, que sucumben a explicar los fenómenos sobre la base de lo sobrenatural. Son víctimas de una influencia imposible de erradicar, que les conduce a disonancias cognitivas que se traducen en un empeoramiento de la salud. Por ejemplo, el paciente que acude a la consulta del médico comprende la explicación racional de la etiología de su enfermedad, pero al mismo tiempo también se pone en manos de un curandero y no duda en creer en su componente mágico que le proporcionará la cura. por su enfermedad. enfermedad. Obviamente, su conocimiento de la enfermedad y su inclinación por el pensamiento irracional están en conflicto.

El desarrollo económico de poblaciones que cultivan lo irracional suele estar plagado de una serie de decisiones que ignoran por completo las explicaciones causa-efecto que brindan las diversas ciencias y el empirismo moderno, dificultando aún más la lucha contra la pobreza.

El estudio de la pobreza y los mecanismos para articular medidas de desarrollo social deben tomar en cuenta estas circunstancias. Se puede argumentar que las supersticiones también existen en los países ricos. Por supuesto. Y como ya he señalado, hay un despertar de elementos mágicos; Pero esto no quiere decir que la ciudadanía en su conjunto se deje llevar por estas supersticiones, aunque para algunos aficionados esto sería deseable. Afortunadamente, las decisiones económicas, sanitarias, educativas y de inversión se basan en criterios contrastados y con base científica. O esa es la intención. Otra cosa es que algunos políticos y partidos intenten introducir componentes mágicos para explicar sus políticas.

La reducción de la pobreza y el desarrollo social en África solo pueden ir de la mano con decisiones acordadas y verificadas mediante instrumentos científicos. Este es el gran desafío.

Donantes que marcan la diferencia: refugiados y migrantes

Hoy en día, más de mil millones de personas, aproximadamente una de cada ocho en todo el mundo, están en movimiento, impulsadas por la guerra, los conflictos, los desastres, la degradación ambiental o la inestabilidad económica. La migración y el desplazamiento son poderosos determinantes sociales de la salud y determinan cómo y si las personas pueden acceder a las condiciones de salud que necesitan para sobrevivir y prosperar.

El cambio climático, reconocido como un «multiplicador de amenazas», empeora la inseguridad alimentaria, altera los medios de vida y alimenta nuevos desplazamientos. Ya sea por elección propia o por obligación, estar en movimiento es parte de la vida humana, pero para muchos conlleva una exposición desproporcionada al riesgo, la desigualdad y la exclusión de los servicios básicos de salud.

Los refugiados, migrantes y desplazados internos (PDI) con frecuencia enfrentan viajes inseguros y condiciones de vida precarias, a menudo con acceso limitado a agua potable, nutrición adecuada, saneamiento o refugio. Su susceptibilidad a las enfermedades transmisibles aumenta por los factores de riesgo ambientales relacionados con sus precarias condiciones de vida y de trabajo. Muchos también enfrentan barreras para controlar enfermedades no transmisibles, acceder a atención materna y neonatal o recibir apoyo de salud mental.

Gracias al apoyo de donantes y socios, la OMS trabaja con gobiernos y comunidades para brindar servicios de salud inclusivos, equitativos y sensibles al contexto a las personas en movimiento. Esto incluye inmunización, vigilancia de enfermedades, manejo de enfermedades crónicas, atención de salud reproductiva y mental, apoyo a la resiliencia del sistema de salud, entre otros esfuerzos.

Estas contribuciones se basan en el reconocimiento de que la salud es un derecho humano y que la cobertura sanitaria universal debe incluir a todas las personas, independientemente de su estatus migratorio. Las historias que se presentan a continuación muestran cómo una acción rápida y compasiva puede proteger vidas y promover la dignidad, la equidad y la resiliencia, especialmente en tiempos de crisis.

(OMS).

Curanderismo en el desierto.

Mohammed Beïba Ould Maqari («Al-Maqari»), mauritano miembro de una familia de médicos tradicionales, escribió un tratado sobre la medicina greco-árabe, combinando teorías tradicionales que se remontan a Hipócrates, Galeno y Avicena con comentarios basados ​​en la práctica contemporánea en el Sáhara, titulado «La colección de virtudes». El resultado es un documento de la práctica y enseñanza de la tradición terapéutica escrita del Sahara/África Occidental, que puede compararse con la llamada “medicina Unani” en su extensión oriental en Pakistán y la India. Lejos de ser una afirmación dogmática, el tratado subraya la importancia de la experiencia práctica al tiempo que entabla un diálogo constante con diversos autores a lo largo de la historia.

A principios del siglo XXI, un equipo de la ong Médicos del Mundo (Suiza), inició en Mauritania una investigación sobre las prácticas de la medicina tradicional en el Oeste del Sahara. Este estudio tuvo como objetivo mejorar las relaciones entre los profesionales de la medicina tradicional y occidental, caracterizadas a menudo por el respeto mutuo. La investigación brindó la oportunidad de reunirse con el jefe de los médicos de la familia Ould Maqari y organizar una investigación clínica para evaluar los resultados obtenidos en pacientes tratados en el centro médico de la familia, situado a las afueras de la capital, Nouakchott. Durante esta investigación se organizaron reuniones entre profesionales de los dos sistemas de salud, durante las cuales los pacientes tenían problemas y fueron presentados en un ambiente de confianza. El interés también se vio atraído por la «Colección de Virtudes» , el texto mencionado de la familia Ould Maqari, basado en la tradición médica grecoárabe y enriquecido por observaciones acumuladas en la práctica diaria.

En la Mauritania actual, la elección entre los manuales médicos greco-árabes se limita a dos fuentes esenciales: «La colección de virtudes» y el ‘Umda Awfa (o «Manuel de Awfa«). Este último, que data de antes de 1850, fue utilizado por la familia Awfa (otra gran familia de practicantes mauritanos). Gran parte de la cual fue traducida y publicada en francés en 1943 por el Instituto Francés de África Negra en Dakar, bajo la influencia del incansable explorador de Mauritania que fue Théodore Monod. La ‘Umda Awfa está constituida por la esencia del conocimiento libresco transcrito en forma poética. En su forma original y completa, la transmisión era oral, por lo que no existe un documento escrito completo de dicha obra. Mediante el estudio comparado de diversas fuentes francófonas y árabes, estamos preparando una edición comentada en idiomas árabe y español.

«La colección de virtudes» está inscrito en el papel de la ‘Umda Awfa , que lo cita abundantemente, así como numerosas repeticiones de las obras de autores más antiguos (desde Daoud al-Antaki, Avicena y Galieno hasta Hipócrates). Después de una primera parte general, en la que se exponen los principios de la teoría del humor y del temperamento y se tratan también cuestiones éticas, morales o jurídicas relativas al arte de la medicina (el precio de los servicios, lo que se permite revelar al médico, el secreto médico, etc.), una segunda parte repasa los productos farmacéuticos utilizados, ya sean de origen vegetal, mineral o animal, y una tercera parte describe con detalle las enfermedades «de la cabeza a los pies» y de todo el cuerpo así como sus tratamientos, para terminar con algunas curiosidades médicas (recetas, conjuros, etc.).

El espacio místico del norte de África

Hablar del Magreb es complicado. ¿A qué nos referimos con este término? ¿Un espacio geográfico? ¿Un país? ¿Un conjunto de países? ¿Una definición geopolítica?

El Magreb es todo eso y mucho más; pero si buscamos información en Internet y nos asomamos a fotografías satelitales veremos un inmenso espacio ocre. A vista de pájaro el Magreb es desierto, o así lo parece. Y ciertamente el desierto abarca una buena parte del territorio. Al acercar el campo de visión percibimos una realidad que va perfilándose en un mosaico cromático en el que adivinamos montañas, ríos, valles, ciudades, pueblos, …

El primer contacto del ciudadano occidental con el Magreb suele producirse viajando como turista a alguno de los países que reciben el sobrenombre de ´magrebíes`. Así, resulta habitual visitar Marruecos o Túnez y menos corriente acercarse a Argelia, Libia o Mauritania. Con ello acabo de citar los cinco países que según la división administrativa actual configuran ese norte de África; pero claro lo administrativo y político no implica un ajuste perfecto con la realidad humana y social, es más, a veces se vertebra un marco geopolítico sin tener en cuenta la diversidad antropológica e histórica.  En cualquier caso, el viajero que decide visitar alguno de esos países tendrá siempre una visión muy parcial.

Estamos hablando de un espacio gigantesco. Solo el desierto del Sahara es casi veinte veces más grande que España. El Magreb completo ocupa cerca de 20 millones de kilómetros cuadrados.

A los países citados yo añado buena parte de Malí, por la razón de que al menos todo el norte maliense es desértico y en él han prosperado tribus –los famosos Tuaregs- nómadas, presentando semejanzas geográficas, étnico lingüísticas y culturales con los países aludidos.

Como se puede comprobar, no es tan sencillo delimitar semejante espacio y menos sencillo aún describir lo que hay, su historia, su diversidad étnica, cultural, tribal, etcétera. La razón de estas dificultades tenemos que buscarla en el periodo de la colonización africana por parte de algunos países europeos. Las potencias occidentales fueron ocupando regiones y territorios ignorando en buena medida la riqueza histórica y humana de las poblaciones sometidas al poder del llamado “primer mundo”. La posterior ´descolonización` no resultó un proceso homogéneo y respetuoso con los pueblos sometidos. En todo ese tiempo se cometieron todo tipo de barbaridades, entre ellas el saqueo sistemático de bibliotecas enteras con manuscritos de un valor incalculable, la destrucción de modos de vida ancestrales en virtud de los criterios impuestos desde las cancillerías europeas, por ejemplo, trazando fronteras artificiales con escuadra y cartabón sobre un mapa para delimitar los países, lo cual alteró, entre otras muchas actividades, el nomadismo, piedra angular de las culturas beduinas, o las prácticas de piedad populares, como las peregrinaciones a las tumbas de los santos sufíes, o la destrucción sistemática de madrazas y otros espacios de enseñanza. En fin, el rosario de desastres es casi ilimitado.

            Fruto de aquellas arbitrariedades basadas en la prepotencia y dominio político y militar de los países europeos, el Magreb fue hundiéndose en la inestabilidad, la corrupción estructural de la sociedad, la pérdida de las diferentes identidades culturales, la homogeneización artificial de costumbres, las ambiciones políticas de una nueva generación de líderes locales formados casi todos en centros universitarios occidentales, el crecimiento de la población bajo criterios de alcanzar una prosperidad “a la europea”, el surgimiento de nuevos conflictos territoriales, como el famoso del Sahara Occidental y los saharauis, devenido así desde la salida de España de su “provincia sahariana” en 1976, etcétera.

            Es todavía ahora, en pleno siglo XXI, cuando el Magreb sigue sumido en un conjunto de problemas que se han enquistado y que han impedido en gran medida un desarrollo social acorde con los nuevos tiempos. A pesar de ello, la población magrebí experimentó extraordinarios avances en numerosos ámbitos de la vida, variando de unos países a otros.

            Todo ello, en mi opinión, palidece ante un hecho que con frecuencia pasa desapercibido para los analistas occidentales y también para buena parte de los magrebíes. Me refiero a la “dimensión mística del Magreb”, expresión con la que defino el componente más importante de las culturas que se desarrollaron en el África del Norte.

            El misticismo, entendido al modo occidental, es un don de Dios que se recibe en gran medida por la vía ascética, es decir, renunciando a los “placeres del mundo”. Se trata de un ámbito minoritario producido en el cristianismo monástico y el eremitismo, especialmente a partir del siglo IV de nuestra era con el surgimiento de los llamados “Padres y Madres del Desierto”.

            En el Lejano Oriente, el misticismo se cultiva en una suerte de ascetismo y estudio de la mente mediante ejercicios de meditación intensa, yoga, contemplación, hasta que surge la iluminación. Son los caminos propios del hinduismo y el budismo.

            En África del Norte, como en buena parte del Medio Oriente, la mística se desarrolla apegada a la tierra, al nomadismo, al espacio geográfico, en un ascetismo compartido por la familia, el clan, la tribu. Donde iban las familias llevaban consigo la dimensión mística fraguada en los grandes espacios abiertos del desierto, los valles o las montañas. No se entendía una tribu sin sus místicos, hombres considerados santos, virtuosos, capaces de obrar prodigios, ´milagros`, un misticismo surgido en el islam temprano, tomando como ejemplo y guía las prácticas meditativas del profeta Mohammed.

            Un misticismo practicado “hacia dentro”, y un misticismo “practicado hacia fuera”. Esta fue la gran diferencia del Magreb que se ha mantenido, no sin desviaciones y contaminaciones externas, hasta nuestros días.

            Esta peculiaridad de las tribus magrebíes permitió que después de una historia de encuentros y desencuentros, colonización y descolonización, el Magreb siga atrapando y cautivando al viajero en la actualidad, pues toda la grandeza de sus gentes y de sus pueblos se debe precisamente al componente místico y religioso que los vertebró y que de alguna forma impregnan el cotidiano vivir.

            En definitiva, el devenir histórico del Magreb presenta un amplio abanico de ´historias` paralelas, periodos oscuros, olvidos, reconstrucciones interesadas, conclusiones occidentalizadas, desconocimiento de hechos que marcaron profundamente la idiosincrasia ancestral de sus gentes… la tarea de reconstrucción de los hechos es ingente y, me temo, casi imposible de realizar.

            No pretendo discutir tales cuestiones, puesto que implicaría la escritura y publicación de varios libros. Por otra parte, mi interés es el ámbito socio religioso, no tanto en su vertiente teológica sino en los aspectos cotidianos de una práctica que, como decía más arriba, han sido la argamasa para edificar el imponente espacio social magrebí, así como una definición muy concreta de entender y gestionar el ámbito de la salud y la enfermedad.

            El hispanófono que pretenda desenmarañar la historia religiosa del Magreb, como es mi caso, se llevará una severa frustración inicial: la poca bibliografía[1] existente en idioma español. Tendrá que rebuscar en libros de historia general, de antropología y sociología, la mayoría de ellos demasiado especializados en sus áreas de estudio. Acudirá a revistas especializadas en arabismo, en africanismo, en ciencias políticas. Tal vez visite algunos archivos y bibliotecas y acabará por sumergirse en el ámbito del sufismo magrebí, corriente mística del islam; pero no el único tipo de misticismo existente en estas tierras. Si desea ir más allá, necesitará leer textos académicos escritos por autores franceses, verdaderos especialistas en dichas materias y quizá en Europa los que mayor empeño han tenido en estudiar a fondo la historia y la religión de los pueblos magrebíes. Lo tenían más fácil al ser Francia potencia colonial poderosa en todo el norte y oeste de África. Ellos acapararon las fuentes informativas, localizaron los grandes centros intelectuales y sustrajeron manuscritos y un material precioso que ha sido compartido con cuentagotas, ejerciendo una influencia importante hasta nuestros días. Aun así, se abre una amplia falla entre la labor académica occidental y la evolución real de los hechos. Para profundizar más en tales cuestiones, habrá que acudir a investigadores locales, ninguneados casi siempre en las instituciones universitarias europeas hasta hace pocos años, hoy empiezan a ser reconocidos y algunos de ellos son profesores[2] de universidades acreditadas, forman parte de grupos de investigación y publican artículos científicos en las revistas más acreditadas de cada especialidad.

            Sin embargo, y para desesperación del interesado, a pesar de leer toda la producción bibliográfica[3] existente sobre la materia, quedará preso de cierta impotencia: ¿Cómo es posible que después de leer montañas de documentos, libros, incluso de haber viajado a tal o cual país del Magreb, siga escapándoseme la esencia de la espiritualidad magrebí? –Esto mismo me preguntaba yo hace más de veinte años. Leía, hablaba con eruditos de Mauritania o Marruecos, frecuentaba amistades con ulemas, imames, o con gente corriente y normal imbuida de cierto conocimiento natural y, sin embargo, no lograba penetrar en lo más profundo de la identidad magrebí.

            La dificultad de esta falta de entendimiento profundo radica en la transmisión cultural donde predomina la expresión oral por encima de la escrita, así como las reservas para hablar de ciertos temas con desconocidos, además de los pactos de silencio. En efecto, muchos de los hechos que han acontecido en el Magreb se han transmitido oralmente de generación en generación, principalmente en las tribus nómadas. Aunque disponían de la escritura en árabe o en otros idiomas locales, empleada casi siempre para hacer bellas copias caligrafiadas del Sagrado Corán, o de los Hadices, o de la Jurisprudencia, la poesía o las narraciones de los hechos eran orales, dando pie a hermosos estilos de narración oral, acompañados por instrumentos musicales sencillos o por las palmadas de los asistentes. Así, no es de extrañar que una buena parte de la producción intelectual no haya quedado reflejada en libros y documentos.

            Poco a poco fui introduciéndome en la sociedad magrebí, siempre de una forma limitada, pues son tantas las tribus, los idiomas y dialectos, los pueblos que necesariamente uno tiene que elegir el lugar geográfico y el ámbito social en el que pretende indagar. Este es un problema típico para los «investigadores de campo», condicionados por su propia cultura y por sus estudios previos. En mi caso, el ´salto` no fue científico sino religioso en primer lugar y científico después, ya que el ser admitido por una cofradía sufí como un hermano más conllevó en mí el deseo de conocer mejor aquello en lo que me había metido, y ya se sabe, una cosa conduce a la otra y de forma particular se acaba en el lugar que te reserva el destino, como suele decirse. Ese lugar fue Dakhla, ciudad situada al sur, fundada por los españoles con el nombre de “Villa Cisneros”. Allí recalé y desde allí inicié la segunda parte de mi exploración espiritual y el abordaje desde una perspectiva científica que conllevaba, por supuesto, abrirme a la realidad sahariana en todos sus ámbitos para, empapándome de esa cultura maravillosa, atisbar y conocer también otras culturas magrebíes como la bereber y sus manifestaciones religiosas. Constituyó el inicio de un camino que transité durante muchos años.

            Siempre he trabajado en aspectos donde confluían distintas orientaciones, especialidades y puntos de vista. En antropología, epidemiología y salud pública el abordaje de un problema es multidisciplinar, requiere el concurso de visiones diferentes que acaban por complementarse con teorías y propuestas. Esta forma de trabajar me había preparado para poder integrar distintos saberes: antropología, sociología, epidemiología, biología, historia… De todo ello tuve que tirar con la intención de construir un discurso coherente partiendo de la realidad que estaba viviendo. No se trataba de una “observación participante”, técnica empleada por los antropólogos, ni de ´triangular` los resultados de diversas observaciones y fenómenos, sino que partiendo del día a día involucrado en actividades de colaboración asistenciales, educativas y de promoción sociolaboral con organizaciones locales desde bases biopolíticas y solidarias, fui saboreando y valorando los muy numerosos matices de las sociedades magrebíes, ya digo, no de forma completa; pero sí lo suficientemente amplia como para hacerme una idea cabal de aquello que me interesaba, que no era otra cosa que la dimensión espiritual tamizada por mi propia experiencia religiosa, filosófica y científica, y por cierta visión poética de las situaciones que se me han presentado a lo largo de la vida.


[1] Constituye una base importante de información el libro escrito por Julio Caro Baroja titulado “Estudios Saharianos”, después de su estadía en el Sahara Occidental desde noviembre de 1952 hasta febrero de 1953, si bien solo se refiere al territorio que en aquellos años constituía la provincia española.

[2] Por ejemplo, Rahal Boubrik, profesor de la Universidad Mohamed V de Rabat (Marruecos) y colaborador de varias instituciones académicas de Europa, está desempeñando una fabulosa labor científica. Autor de numerosas obras en las que trata los aspectos religiosos en el Magreb.

[3] Los interesados/as pueden acudir a revistas como “Hesperis”, “Ibla” o “Revue Africaine”, entre otras.

Salud global y desigualdades sociales

La pandemia de Covid-19 reveló hasta qué punto los desafíos de salud están arraigados tanto en los contextos globales como en las desigualdades sociales. A partir de 2020, la enfermedad infecciosa se propagó por todo el mundo a una velocidad vertiginosa, incluso en los países de altos ingresos, que en gran medida se salvaron de importantes epidemias anteriores, como el SARS, el MERS o el Ébola.

La pandemia de Covid-19 también ilustró que tanto los riesgos de infección como el acceso a la atención médica (incluidas las vacunas) están distribuidos de manera extremadamente desigual. Esto es así tanto dentro de las sociedades como a nivel mundial. En Alemania, por ejemplo, algunos grupos corrían un riesgo especialmente alto de sufrir enfermedades graves. Entre ellos se encontraban personas mayores y personas con enfermedades preexistentes como obesidad o diabetes mellitus. Estos riesgos para la salud estaban entrelazados con factores socioeconómicos. En particular, los miembros de grupos socialmente desfavorecidos –como las personas que trabajan en las industrias denominadas sistémicamente relevantes, como la enfermería, la construcción o el servicio de alimentos– tenían menos capacidad para protegerse de la infección.

En el contexto global, las desigualdades sociales y estructurales en la atención sanitaria y en la capacidad de protegerse de infecciones graves se hicieron igualmente evidentes. Por un lado, estas desigualdades afectaron los recursos de cualquier sistema de salud determinado. Por ejemplo, las personas infectadas en India o Brasil a menudo no recibían un suministro adecuado de oxígeno. Por otro lado, la escasez de vacunas se hizo evidente en los países de bajos ingresos, muchos de los cuales se encuentran en África.

La antropología médica como campo de investigación.

Las cuestiones relacionadas con el Covid-19 sobre los riesgos para la salud social y demográficamente específicos, así como el acceso social y globalmente desigual a la atención médica, son el foco de la antropología médica. Desde la década de 1960, este subcampo de la antropología social y cultural se ha convertido en la rama más grande de la disciplina, especialmente en América del Norte. Esto es evidente en términos de enseñanza, programas de investigación y campos de trabajo.

Los antropólogos médicos investigan cómo el género, el origen social y las normas culturales dan forma a las percepciones de enfermedad y bienestar. Se centran en cómo las personas afectadas experimentan fenómenos de salud específicos y examinan cómo se abordan los desafíos de salud en interacción con sus respectivas redes personales. Los temas de investigación relevantes incluyen la prevención y el tratamiento de enfermedades físicas y mentales. Por supuesto, la salud reproductiva también importa.

Especialmente en las regiones del mundo con pocos recursos, la gente depende en gran medida del apoyo de organizaciones no gubernamentales, así como de familias extendidas y comunidades locales. Esto es menos cierto en los países industrializados, donde muchas más personas están cubiertas por un seguro médico y la infraestructura de atención médica formal es mucho más sólida. Sin embargo, también existen diferencias significativas en la protección de la salud entre países de altos ingresos, por ejemplo entre los estados de bienestar del norte de Europa y los sistemas de atención de salud, en su mayoría privados, de América del Norte.

Las experiencias individuales y colectivas de los problemas de salud dependen obviamente de las condiciones de los sistemas de salud en los que ocurren. Por tanto, los factores políticos y económicos son muy relevantes para el campo de la antropología médica.

Dentro de los países de altos ingresos, las desigualdades en el acceso a la atención sanitaria persisten en gran medida debido a barreras sociales, culturales y lingüísticas. Por ejemplo, ponen en gran desventaja a los inmigrantes. Las desigualdades globales son particularmente preocupantes en los países de escasos recursos que a menudo dependen de la financiación internacional. En muchos lugares, los intereses de las corporaciones tienden a determinar si las personas tienen acceso a medicamentos (para la malaria o el VIH/SIDA, por ejemplo).

En última instancia, los factores históricos y políticos determinan el tipo de atención médica disponible en un país determinado. La biomedicina –definida como medicina basada en la ciencia biológica– es dominante en las naciones industrializadas occidentales. En África, Asia y América Latina su historia está estrechamente relacionada con el violento pasado colonial. En esas regiones del mundo, la gente suele depender de una amplia variedad de formas de atención médica (incluidos practicantes “tradicionales”, curanderos o sistemas médicos como el Ayurveda o la homeopatía). Estas opciones coexisten con la biomedicina. Por supuesto, también existe un mercado creciente para la medicina espiritual o alternativa en las naciones occidentales, pero la diferencia es que estas opciones son utilizadas especialmente por pacientes acomodados.

Antropología médica y salud global.

El campo de la salud global ha creado nuevos desafíos y oportunidades para la antropología médica. La “salud global” se ha convertido en un campo de trabajo y estudio de rápido crecimiento. Universidades de todo el mundo han lanzado programas sobre el tema. Los antropólogos médicos participan en una variedad de colaboraciones multidisciplinarias. Otros trabajan para alguna de las muchas organizaciones sanitarias internacionales en este campo.

Un aspecto importante de la investigación médico-antropológica sobre la salud global es la capacidad de traducir entre diferentes contextos sociales y culturales. Los antropólogos médicos profundizan en las comunidades locales en trabajos de campo a largo plazo, ganando la confianza necesaria para comprender cómo las personas interactúan con tratamientos o servicios de prevención específicos, o por qué los rechazan en respuesta, por ejemplo, a nuevos desafíos de salud como el Covid-19.

La antropología médica también revela qué recursos movilizan las personas, según sus circunstancias, cuando se enfrentan a enfermedades crónicas o que ponen en peligro su vida. También muestra el papel que desempeñan las nuevas y antiguas redes de solidaridad (familiares, religiosas y otras comunidades).

Al mismo tiempo, la antropología médica deja claro qué grupos sufren más discriminación en una sociedad, como aquellos que tienen una discapacidad o enfermedades estigmatizadas como el VIH/SIDA. Los investigadores también pueden determinar qué servicios médicos, materiales, psicológicos y lingüísticos cubrirían mejor las necesidades específicas de las personas marginadas.

En última instancia, los antropólogos médicos se centran no sólo en los mecanismos de la atención sanitaria en sí y en la cuestión de cómo mejorar el tratamiento, la atención y la prevención en general. También prestan atención al contexto social y sus implicaciones subyacentes. La divulgación y la práctica de programas de prevención y campañas de vacunación que tengan como objetivo llegar a personas de diferentes edades, géneros y orígenes sociales pueden beneficiarse de dicha investigación.

La acción gubernamental y no gubernamental en nuevas epidemias también demuestra los desafíos que enfrentan las organizaciones de salud en un mundo globalizado. En particular, las “respuestas de emergencia” de las organizaciones internacionales a epidemias como el ébola han demostrado que las sociedades afectadas en entornos de escasos recursos a menudo desconfían profundamente de tales intervenciones. Las organizaciones suelen tardar muy poco tiempo en abordar las condiciones y necesidades locales específicas y, por lo tanto, a menudo están implicadas en la larga historia de dominación colonial y poscolonial.

En todas estas situaciones, los antropólogos médicos están en condiciones de mediar entre diferentes contextos, ayudando a generar confianza mutua. Su atención se centra en los recursos y el potencial de acción de personas individuales y comunidades locales, en cualquier parte del mundo.

Referencias

Dilger, H. y Hadolt, B. (eds.), 2010: Medizin im Kontext: Krankheit und Gesundheit in einer vernetzten Welt (“Medicina en contexto: enfermedad y salud en un mundo en red” – en alemán). Fráncfort del Meno, Peter Lang.

Yates-Doerr, E., 2019: ¿De quién global, qué salud? Colaboración inquietante con cuidadosa ambigüedad. Antropólogo estadounidense 121, 297-310.

(Artículo original: https://www.dandc.eu/en Autor: Hansjörg Dilger)