Sahara
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En el desierto
El desierto atrae, cautiva, reclama. Quienes han vivido en las arenas del Sahara conocen esa sensación de asedio luminoso, de presencia abrumadora que no es hostil, sino reveladora. «Nadie en su sano juicio abandonaría jamás su comodidad en Europa para visitar un lugar tan olvidado de Dios como este», me dijo una vez Omar, un hombre que conocí camino del desierto. Quizá había algo sensato en su declaración. ¿Qué estaba haciendo realmente allí? Un lugar del que sabía muy poco pero del que había oído cosas horribles: terrorismo, esclavitud, campos minados, hambruna, inestabilidad política, guerra. Mis amigos marroquíes me habían advertido de una inquietante atmósfera social. Mis amigos europeos pensaron…