FORESTA

Foresta es una peregrinación interior donde se busca la contemplación. No se enseña, no se explica, no se impone. La naturaleza es el templo, el oratorio. El espíritu divino sopla entre ramas y raíces para quien se atreve a escuchar.

Este texto nace de la intuición de que lo creado no solo refleja a Dios: lo revela. Y que en el lenguaje de lo silvestre se esconde una teología que no cabe en tratados; pero sí en el corazón de quien sabe mirar.

En el principio fue el Silencio, y del Silencio brotaron las palabras como luz en la aurora del mundo.
No fueron dichas: fueron sembradas, como semillas celestes arrojadas sobre la tierra fértil del alma.
Y germinaron en Foresta, ese santuario donde la contemplación abraza a la naturaleza y ambas se funden en los misterios eternos.

Foresta es una llamada. Una voz que clama en el desierto del ruido moderno,
invitando al caminante a descalzarse, a pisar la tierra como quien entra en tierra santa.
Aquí, cada página es un sendero, cada verso, un susurro del Espíritu que sopla donde quiere.

LEER FORESTA

La revolución interior


Serenidad, tranquilidad, vivir el presente… En el desierto se encuentra eso y mucho más; pero también mucho menos pues expulsa a todos los que no son rectos de intención. Allí encuentro la mística islámica conocida en occidente como sufismo, totalmente emparentada con la mística cristiana. Se dice de san Juan de la Cruz que tuvo un maestro sufí. Es posible. ¿Y en qué consiste esta mística? Básicamente en transformar los corazones sucios en corazones puros y a partir de ahí anhelar la unión con Dios. Un camino largo pero fructífero. ¿Y cómo transformar el mundo? Transformándose las personas. La verdadera revolución empieza con la «revolución interior». Buen día.