Donantes que marcan la diferencia: refugiados y migrantes

Hoy en día, más de mil millones de personas, aproximadamente una de cada ocho en todo el mundo, están en movimiento, impulsadas por la guerra, los conflictos, los desastres, la degradación ambiental o la inestabilidad económica. La migración y el desplazamiento son poderosos determinantes sociales de la salud y determinan cómo y si las personas pueden acceder a las condiciones de salud que necesitan para sobrevivir y prosperar.

El cambio climático, reconocido como un «multiplicador de amenazas», empeora la inseguridad alimentaria, altera los medios de vida y alimenta nuevos desplazamientos. Ya sea por elección propia o por obligación, estar en movimiento es parte de la vida humana, pero para muchos conlleva una exposición desproporcionada al riesgo, la desigualdad y la exclusión de los servicios básicos de salud.

Los refugiados, migrantes y desplazados internos (PDI) con frecuencia enfrentan viajes inseguros y condiciones de vida precarias, a menudo con acceso limitado a agua potable, nutrición adecuada, saneamiento o refugio. Su susceptibilidad a las enfermedades transmisibles aumenta por los factores de riesgo ambientales relacionados con sus precarias condiciones de vida y de trabajo. Muchos también enfrentan barreras para controlar enfermedades no transmisibles, acceder a atención materna y neonatal o recibir apoyo de salud mental.

Gracias al apoyo de donantes y socios, la OMS trabaja con gobiernos y comunidades para brindar servicios de salud inclusivos, equitativos y sensibles al contexto a las personas en movimiento. Esto incluye inmunización, vigilancia de enfermedades, manejo de enfermedades crónicas, atención de salud reproductiva y mental, apoyo a la resiliencia del sistema de salud, entre otros esfuerzos.

Estas contribuciones se basan en el reconocimiento de que la salud es un derecho humano y que la cobertura sanitaria universal debe incluir a todas las personas, independientemente de su estatus migratorio. Las historias que se presentan a continuación muestran cómo una acción rápida y compasiva puede proteger vidas y promover la dignidad, la equidad y la resiliencia, especialmente en tiempos de crisis.

(OMS).

Cómo actúa el espíritu en el mundo


Ponente: autor del libro del mismo título, Javier Sánchez Cañizares (Córdoba 1970), es doctor en Física por la Universidad Autónoma de Madrid (1999) y doctor en Teología por la Universidad Pontificia de la Santa Cruz en Roma (2006). Ha sido profesor ayudante en el Departamento de Física Teórica de la Materia Condensada de la Universidad Autónoma de Madrid, profesor adjunto de Teología Moral en la Facultad de Teología y profesor agregado en la Facultad Eclesiástica de Filosofía de la Universidad de Navarra. En la actualidad, es investigador del grupo “Mente-cerebro” del Instituto Cultura y Sociedad y miembro del grupo “Ciencia, Razón y Fe” (CRYF) de la Universidad de Navarra, del que también ha sido director (2016-2021). Acreditado como catedrático el 21 de julio de 2022. Sus principales intereses se centran en las relaciones entre ciencia y religión, las interpretaciones de la mecánica cuántica y el problema mente-cerebro. Ha publicado varias decenas de libros y artículos de investigación en física, filosofía y teología. Entre ellos, Razón y fe: la plenitud de la vida moral (2013) y Universo singular. Apuntes desde la física para una filosofía de la naturaleza (2019), por el cual ha recibido un Premio Razón Abierta en la categoría de investigación.

Resumen del ponente: Dios y el alma humana son términos que han quedado relegados en la narrativa científica. La actividad del espíritu parece no tener cabida dentro de la cosmovisión que ofrece la ciencia: en el mejor de los casos, se la considera parte de un ámbito sobrenatural, ajeno a cualquier disciplina científica; en el peor, una noción incompatible con la comprensión científica del mundo. ¿Pero es realmente así? En la primera parte del seminario, examinaré por qué la ciencia moderna ha cerrado la puerta a lo inmaterial y cómo, paradójicamente, la ciencia contemporánea rompe con la idea de un mundo causalmente cerrado y completamente determinado por la física, abriendo nuevas posibilidades para comprender cómo actúan Dios y el alma en el mundo. En la segunda parte, esbozaré un modelo concreto de causalidad inmaterial, respetuoso con el actual marco científico. Este modelo también ofrece claves para entender por qué emergen novedades en la naturaleza y qué sentido tiene la presencia del mal. Como consecuencia, la cosmovisión científica no necesita ser hostil a la actividad del espíritu y, de hecho, puede establecer un diálogo fecundo con la fe cristiana desde una comprensión renovada de la creación.