Salimos al mundo como ya lo hicieron
nuestros antepasados:
y conseguimos llegar donde
nuestros padres construyeron sus esperanzas.
Hemos remontado el vuelo sin darnos cuenta,
ocupados cada uno
en nuestros propios misterios.
¿Quiénes son nuestros amigos?
¿Qué secretos hemos descubierto?
Nadie nos orientó. Solo la sombra del deseo
recortada por la fuerza de nuestras plegarias.
Emprendimos el camino y la luna
cárdena nos sorprendió al alba.
Todo permanecía abierto por la escarcha,
como un lago de plata donde las estrellas
bailan silentes.
Pero nosotros caminamos sin mirar
hacia las profundidades del valle oscuro
donde los unicornios realizan juegos malabares
y el sol queda eclipsado por la belleza
del loto azul cuando emerge puro
en nuestra nada.
Sin atisbar el final llegamos tranquilos,
para desaparecer en el silencio
de todos los tiempos.