
A quienes caminan y escuchan en silencio…
Presentación.
Foresta es una peregrinación interior donde se busca la contemplación. No se enseña, no se explica, no se impone.
La naturaleza es el templo, el oratorio. El espíritu divino sopla entre ramas y raíces para quien se atreve a escuchar.
Este texto nace de la intuición de que lo creado no solo refleja a Dios: lo revela. Y que en el lenguaje de lo silvestre se esconde una teología que no cabe en tratados; pero sí en el corazón de quien sabe mirar.
En el principio fue el Silencio, y del Silencio brotaron las palabras como luz en la aurora del mundo.
No fueron dichas: fueron sembradas, como semillas celestes arrojadas sobre la tierra fértil del alma.
Y germinaron en Foresta, ese santuario donde la contemplación abraza a la naturaleza y ambas se funden en los misterios eternos.
Foresta es una llamada. Una voz que clama en el desierto del ruido moderno,
invitando al caminante a descalzarse, a pisar la tierra como quien entra en tierra santa.
Aquí, cada página es un sendero, cada verso, un susurro del Espíritu que sopla donde quiere.
Así dice el Espíritu a los que tienen oídos para oír:
“Mirad los árboles, pues ellos profetizan.
Escuchad el canto del agua, pues ella revela.
Contemplad la flor que se abre sin testigos,
porque en ella se esconde el rostro del Altísimo.”
Los místicos lo supieron: San Francisco, que llamó hermano al lobo y hermana a la luna; Thomas Merton, que vio en el silencio del bosque la voz que ninguna teología puede encerrar.
Ellos leyeron en la creación el libro que no tiene tinta, y en cada criatura, la parábola viva del Amor.
Foresta se une a esa tradición que no envejece, a ese diálogo que atraviesa siglos y culturas, donde la espiritualidad cristiana se encarna en lo visible para revelar lo invisible.
Aquí, el siglo XXI no es obstáculo, sino umbral: una nueva estación para el alma que busca.
Que este texto sea como rocío sobre la sequedad del corazón, como luz que se filtra entre ramas entrelazadas, como el claro en el bosque donde el alma se detiene, respira, y recuerda que fue creada para la comunión.
Iré añadiendo comentarios o poemas dentro de esta sección, con la esperanza de ofrecer un espacio de meditación y reflexión.
¡Paz y bien!
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INTROITO
He visto el árbol del génesis,
aquel momento que la mente humana no puede alcanzar,
pues se le veda al ojo de razón ser revelado.
He sentido el aliento primordial del Creador,
donde entrega solo el Amor en todo su esplendor.
He viajado por mundos sin moverme de mi casa en calma,
como el místico castellano que supo contenerse.
Mas después de ver tanto, Señor,
sigo ante ti sin entender nada.
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