Un tweet viral.
Una declaración controvertida.
Un viejo vídeo resurgiendo en el momento equivocado.
Eso es todo lo que se necesita para “cancelar” a alguien en el mundo digital hiperconectado de hoy.
“Cancelar cultura” se ha convertido en uno de los fenómenos sociales definitorios del siglo XXI — una herramienta de rendición de cuentas para algunos y un arma de justicia popular para otros. Pero debajo de los hashtags y la indignación de tendencia se esconde algo mucho más profundo: la psicología del comportamiento humano, emoción moral e identidad social.
¿Por qué participamos en la cultura de la cancelación?
¿Por qué resulta tan satisfactorio denunciar a otros en línea?
¿Y por qué es tan difícil perdonar una vez que alguien ha sido “cancelado”?
Una pista: El gran semiólogo y novelista italiano Umberto Eco decía que «las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que primero hablaban sólo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Ellos eran silenciados rápidamente y ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel. Es la invasión de los idiotas».