La ciencia en el Islam

La ciencia en el Islam engloba el conjunto de conocimientos científicos desarrollados en los territorios islámicos desde la Antigüedad tardía hasta la actualidad. Aunque su periodo más conocido corresponde a la llamada Edad de Oro islámica (siglos VIII–XIII), la actividad científica en el mundo islámico no se interrumpió tras la Edad Media, sino que continuó —con diferentes ritmos y contextos— hasta la época contemporánea.

Este legado científico se caracteriza por la integración del saber heredado de civilizaciones anteriores (griega, persa, india y mesopotámica), la observación empírica, la experimentación sistemática y la aplicación práctica del conocimiento a la vida cotidiana, la religión, la medicina, la ingeniería y la administración.


Contexto histórico de la ciencia islámica medieval

El auge de la ciencia islámica estuvo estrechamente ligado a la expansión territorial del Islam y a la consolidación de grandes centros urbanos como Bagdad, Damasco, El Cairo, Córdoba, Fez y Samarcanda. Estas ciudades se convirtieron en focos de intercambio cultural y científico, donde convivieron musulmanes, cristianos y judíos.

Uno de los hitos fundamentales fue la fundación de la Casa de la Sabiduría en Bagdad durante el siglo IX. Esta institución funcionó como biblioteca, centro de traducción, observatorio astronómico y espacio de debate intelectual. El apoyo de los califas a la investigación y a la educación permitió la creación de una auténtica cultura científica.


Traducción, asimilación e innovación

El movimiento de traducción iniciado en el mundo islámico fue uno de los más ambiciosos de la historia. Obras fundamentales de filosofía, medicina, matemáticas y astronomía fueron traducidas del griego, el siríaco, el persa y el sánscrito al árabe.

Este proceso no se limitó a la conservación del saber antiguo. Los científicos musulmanes criticaron, corrigieron y ampliaron las teorías heredadas. A partir de esta síntesis surgieron nuevas disciplinas, métodos y conceptos que influyeron decisivamente en el desarrollo de la ciencia europea medieval y renacentista.


Instituciones científicas y educativas

Las bibliotecas, madrasas, hospitales (bimaristanes) y observatorios constituyeron la infraestructura científica del mundo islámico. Estas instituciones cumplían funciones educativas, asistenciales y de investigación.

El acceso al conocimiento era relativamente amplio: los libros podían consultarse libremente y, en muchos casos, prestarse. La alfabetización estaba vinculada al estudio del Corán, lo que contribuyó a una difusión del saber poco común en otras regiones del mundo medieval.


Principales campos científicos en la Edad de Oro islámica

Matemáticas

Los matemáticos musulmanes desarrollaron el álgebra como disciplina independiente, sistematizaron la trigonometría y realizaron avances decisivos en geometría. La adopción de los números indo‑arábigos y del cero revolucionó el cálculo y facilitó el progreso de la contabilidad, la astronomía y la ingeniería.

Astronomía

La astronomía tuvo una gran importancia práctica y religiosa. Se construyeron observatorios, se perfeccionaron instrumentos como el astrolabio y se realizaron mediciones muy precisas del movimiento de los cuerpos celestes y de la circunferencia de la Tierra.

Medicina

La medicina islámica combinó teoría y práctica clínica. Se desarrollaron hospitales organizados, se regularizó el ejercicio de la profesión médica y se produjeron importantes avances en cirugía, farmacología, oftalmología y anestesia. Los tratados médicos islámicos fueron utilizados durante siglos en universidades europeas.

Química y alquimia

La alquimia islámica sentó las bases de la química experimental. Los científicos musulmanes introdujeron técnicas como la destilación, la sublimación y la cristalización, y estudiaron de forma sistemática numerosas sustancias minerales y orgánicas.

Geografía y cartografía

Gracias al comercio y a los viajes, los geógrafos musulmanes elaboraron mapas detallados y descripciones precisas de regiones de África, Asia y Europa. Estas obras mejoraron el conocimiento del mundo conocido y facilitaron la navegación y la administración territorial.


La ciencia en los países islámicos en la época moderna y contemporánea

Tras el progresivo declive político y económico de muchas regiones islámicas a partir del siglo XV, la actividad científica perdió centralidad frente al rápido desarrollo europeo impulsado por la Revolución Científica y la Revolución Industrial. Sin embargo, la ciencia no desapareció del mundo islámico, sino que experimentó una transformación desigual, marcada por intentos de modernización, reformas educativas y adaptación a los nuevos paradigmas científicos.

Durante el siglo XIX y principios del XX, muchos países islámicos iniciaron procesos de reforma inspirados en modelos europeos, con la creación de escuelas técnicas, facultades de medicina, academias militares y universidades modernas. Estas reformas buscaban reducir el atraso tecnológico y científico frente a Occidente y sentaron las bases de la ciencia contemporánea en el mundo islámico.

En la actualidad, numerosos países de mayoría musulmana participan activamente en la producción científica global. Estados como Marruecos, Turquía, Irán, Egipto, Malasia, Indonesia, Pakistán, Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y Catar han invertido en infraestructuras científicas, parques tecnológicos y programas de investigación. Destacan especialmente en áreas como:

  • Medicina y ciencias de la salud, con avances en cirugía, investigación clínica, farmacología y salud pública.
  • Ingeniería y tecnología, incluyendo ingeniería civil, aeroespacial, robótica e inteligencia artificial.
  • Energía y medio ambiente, especialmente en energías renovables, desalinización del agua y gestión de recursos hídricos.
  • Ciencias aplicadas e informática, con un crecimiento notable en programación, telecomunicaciones y análisis de datos.

Además, un número significativo de científicos de origen musulmán desarrolla su labor en universidades y centros de investigación de Europa, América del Norte y Asia, contribuyendo de forma destacada a disciplinas como la física, la biología molecular, la informática y la matemática aplicada. Este fenómeno refleja tanto la integración del talento científico musulmán en redes internacionales como el desafío persistente de la fuga de cerebros.

A pesar de los avances, el desarrollo científico contemporáneo en el mundo islámico enfrenta importantes retos: desigualdad en la financiación de la investigación, dependencia tecnológica, inestabilidad política en algunas regiones y la necesidad de fortalecer una cultura científica basada en la investigación básica, el pensamiento crítico y la innovación sostenible.


Conclusiones

La ciencia en el Islam constituye uno de los capítulos más relevantes de la historia intelectual universal. Durante la Edad de Oro islámica, los sabios musulmanes no solo preservaron el legado científico de la Antigüedad, sino que lo transformaron mediante la observación, la experimentación y el razonamiento crítico, desarrollando métodos y conceptos que influyeron decisivamente en la ciencia europea posterior.

Lejos de ser un fenómeno aislado o puramente transmisor, el pensamiento científico islámico mostró una notable capacidad de síntesis cultural, integrando tradiciones griegas, persas e indias dentro de un marco intelectual propio. Este legado explica en gran medida el desarrollo del Renacimiento europeo y de la ciencia moderna.

En la actualidad, el mundo islámico continúa formando parte de la ciencia global, aunque enfrenta desafíos estructurales que condicionan su proyección científica. El reconocimiento de su pasado científico puede contribuir a reforzar una identidad intelectual basada en el conocimiento, la innovación y el pensamiento crítico.


Reflexión personal y crítica historiográfica

La valoración de la ciencia en el Islam ha estado marcada durante décadas por enfoques historiográficos desiguales. Una parte de la historiografía tradicional occidental tendió a minimizar su carácter innovador, presentándola como una etapa meramente conservadora o como un simple puente entre la Antigüedad clásica y la Europa medieval. Esta interpretación, hoy ampliamente cuestionada, refleja tanto prejuicios culturales como una visión eurocéntrica del progreso científico.

Los estudios más recientes han demostrado que la ciencia islámica no se limitó a copiar o transmitir conocimientos antiguos, sino que introdujo nuevas metodologías, conceptos y prácticas experimentales. La insistencia en la observación empírica, la sistematización del saber y la aplicación práctica del conocimiento anticipan rasgos esenciales de la ciencia moderna.

El estudio de la ciencia islámica invita a replantear la idea de que el progreso científico pertenece a una única civilización. La historia muestra que la ciencia avanza gracias al intercambio cultural, al diálogo entre tradiciones y a la colaboración entre pueblos diversos. Reconocer este hecho no solo corrige visiones históricas parciales, sino que contribuye a una comprensión más justa y plural del patrimonio científico de la humanidad.

En el contexto actual, esta reflexión adquiere una relevancia especial. Recuperar y valorar el legado científico islámico puede servir como inspiración para fortalecer la educación, la investigación y la innovación en los países islámicos contemporáneos, así como para fomentar un diálogo intercultural basado en el respeto mutuo y el conocimiento compartido.


Bibliografía

Adamson, P. (2016). Philosophy in the Islamic world. Oxford University Press.

Huff, T. E. (2017). The rise of early modern science: Islam, China, and the West (2nd ed.). Cambridge University Press.

Lindberg, D. C. (2007). The beginnings of Western science (2nd ed.). University of Chicago Press.

Sabra, A. I. (1994). Optics, astronomy and logic: Studies in Arabic science and philosophy. Variorum.

Saliba, G. (2007). Islamic science and the making of the European Renaissance. MIT Press.

UNESCO. (2010). Science in the Islamic world: Past and present. UNESCO Publishing.


(Imagen: Tusi dúplex, un dispositivo matemático inventado por Nasir al-Din al-Tusi en 1247 que representa el movimiento de los cuerpos celestes. Este modelo consta de dos círculos superpuestos, el menor de los cuales es el radio del mayor.)

La ciencia y el alma: El intelecto humano y el pensamiento abstracto.

Introducción

Mucha gente moderna piensa que la idea de un «alma» es anticuada, supersticiosa o absurda, y desde luego no científica. ¿Pero realmente entienden lo que significa alma en el pensamiento cristiano? Sin duda, algunos lo asocian con imágenes que veían de niños en viejos dibujos animados, donde cada vez que un personaje moría, una copia espectral flotaba libre y se elevaba hacia las nubes, batiendo alas y sosteniendo un arpa. La noción caricaturesca del alma es que es solo otro cuerpo, aunque compuesto por materia fantasmal más etérea. De hecho, hubo científicos en el pasado que intentaron sopesar el alma comparando el peso de los seres humanos justo antes y después de la muerte. En el mismo nivel de sofisticación, el cosmólogo ateo Sean Carroll imaginó que si existiera un alma, tendría que estar hecha de algún tipo de «partículas espirituales». Por supuesto, son ideas absurdas, pero no tienen relación con lo que el pensamiento cristiano supone que es el alma humana.

Lo que caracteriza a los seres «espirituales» en la filosofía y teología católicas es que poseen «intelecto y voluntad» y, por tanto, racionalidad y libertad. Se entendía que estos poderes trascendían las capacidades de cualquier cosa puramente material, de lo que se deduce que debe existir un aspecto o componente de un ser humano que sea materiales decir, no reducible a materia. Este aspecto o componente de un ser humano tradicionalmente se ha denominado «alma espiritual» o «alma racional».

Este artículo se centrará en el intelecto humano y ciertas de sus capacidades, y si pueden explicarse en términos puramente físicos y mecanicistas, como creen los materialistas, o si trascienden el nivel de la materia de alguna manera.

Entre las capacidades fundamentales del «intelecto» humano se encuentran la comprensión conceptual y el juicio racional. La primera es la capacidad de comprender los significados de conceptos abstractos y de proposiciones que los contienen, mientras que la segunda es la capacidad de juzgar la adecuación de esos conceptos y la verdad de esas proposiciones. En consecuencia, la primera parte de este artículo tratará sobre la comprensión de conceptos abstractos y la segunda parte sobre juzgar la verdad.

Comprender el significado de conceptos abstractos

¿Qué queremos decir con conceptos «abstractos»? Quizá eso sea más fácil de entender con ejemplos. Si piensas en una persona en particular, no piensas de forma abstracta, pero si piensas en «personas» en general, sí lo haces. Conceptos abstractos como «persona», «justicia» o «triangularidad» son lo que los filósofos llaman «universales». La palabra «triangularidad», por ejemplo, es universal porque no se refiere a este o aquel objeto triangular, sino que se aplica a todos los objetos triangulares reales o posibles. De hecho, puede entenderse al margen de cualquier ejemplo concreto de triangularidad. Cuando pensamos en un universal aparte de cualquier objeto particular, estamos inmersos en un pensamiento verdaderamente abstracto.

Por tanto, el pensamiento abstracto tiene, en cierto sentido, un alcance ilimitado. Trasciende lo que hay aquí y ahora y las particularidades de objetos específicos mediante el uso de conceptos que son infinitos en alcance. Por esta razón, una tradición filosófica que se remonta al menos a Aristóteles,1 ha argumentado que nada que sea meramente material puede participar en el pensamiento abstracto. Es cierto que un sistema material puede ejemplificar — o en jerga filosófica «instanciar» — un universal; Por ejemplo, un trozo de madera o una porción de pastel podría tener una forma triangular. Pero un sistema material finito no puede ejemplificar todas las formas de ser triangular (pues hay infinitas formas triangulares diferentes) y, por tanto, no podría abarcar en sí mismo el significado completo del concepto de «triángulo». O considera el concepto de una «curva» matemática. Curvas particulares pueden ejemplificarse, por ejemplo, por la forma de un trozo de alambre doblado o el camino de un proyectil, pero ningún objeto o sistema material finito puede ejemplificar a la vez todas las curvas matemáticas.

El argumento es que el cerebro humano, al ser un sistema material finito, no puede abarcar en sí mismo el significado completo de un concepto abstracto. Puede contener imágenes que ilustran conceptos abstractos. Incluso puede tener palabras o símbolos almacenados que «representan» conceptos abstractos. Pero el significado o contenido de un concepto abstracto no puede contenerse en él. Por tanto, debe existir algún componente no material en la mente humana que les permita pensar de forma abstracta.

¿Y qué pasa con las mentes no humanas? El filósofo Mortimer Adler, en su libro Intelecto, sostenía que no hay evidencia científica de que ningún animal que no sea humano pueda entender los universales.2 Admitió que hay algunos hechos que podrían sugerir lo contrario. Por ejemplo, incluso algunas especies de peces pueden distinguir entre un objeto cuadrado y un objeto circular. Sin embargo, esto no es un ejemplo de pensamiento abstracto verdadero, según Adler, sino más bien lo que él llamó «abstracción perceptual». Estos peces solo pueden reconocer un círculo cuando se les presenta un objeto circular. En otras palabras, la «abstracción» está estrechamente ligada a un acto perceptivo. En cambio, los seres humanos pueden participar en lo que Adler llamó «abstracción conceptual». Pueden pensar en la redondez o cuadratura en general, aparte de cualquier objeto percibido. Pueden relacionar estos conceptos con otros conceptos, hacerlos matemáticamente precisos e incluso demostrar teoremas sobre ellos.

En este punto, un materialista podría sentirse tentado a objetar que los ordenadores también pueden demostrar teoremas, y por tanto (dado que los ordenadores son objetos materiales) Adler debió estar equivocado. Pero esto plantea la cuestión de si un ordenador realmente «entiende» lo que está haciendo. Manipula símbolos, y esos símbolos significan algo para el programador humano. ¿Pero significan algo para el propio ordenador? ¿Sabe si los símbolos que imprime se refieren a círculos y cuadrados en lugar de rocas y árboles? ¿Sabe que está diciendo algo significativo? Los símbolos o «bits» que manipula pueden representar (en la mente de alguien — pero no en la del ordenador) conceptos, pero los símbolos y bits no son, en sí mismos, conceptos.

Algunos materialistas podrían responder que un ordenador puede entender, porque «entender» información no significa más que poder usarla, actuar de manera apropiada sobre la base de ella. Podrían decir que si un robot utiliza información de sensores para evitar chocar contra una mesa, «entiende» (a todos los efectos prácticos) que la mesa está ahí. Sin embargo, parece que la comprensión conceptual abstracta es algo más que esto. Hay muchas cosas que entendemos y que no tienen relevancia particular para nuestro comportamiento. Tenemos conocimientos que no podemos aplicar de forma práctica. Si entendemos algo sobre la topología de formas en seis dimensiones, por ejemplo, ¿cuál es el comportamiento apropiado que se deduce de esa comprensión? No vivimos en seis dimensiones.

La idea de que un ordenador «entiende» si puede utilizar la información conduciría a conclusiones bastante extrañas. Una cerradura de puerta común tiene «información» codificada mecánicamente en su interior que le permite distinguir una llave de la forma correcta de llaves de otras formas. Utiliza esa información para reaccionar de forma adecuada cuando se introduce y gira la llave correcta: el mecanismo de la cerradura tira del cerrojo y permite que la puerta se abra. ¿La cerradura entiende algo? La mayoría diría que no. Aunque la cerradura, en cierto sentido, podría decirse que «reconoce» las llaves con forma correcta, no entiende las formas más de lo que el pez las entiende. Ninguno de los dos puede entender un concepto universal. Sin embargo, algunos materialistas creen que incluso los sistemas físicos muy simples y no vividos tienen atributos mentales. Por ejemplo, el hombre que inventó la expresión «Inteligencia Artificial», John McCarthy, escribió que «máquinas tan simples como los termostatos pueden decirse que tienen creencias.» 3

Al hablar de termostatos, McCarthy no estaba eligiendo un ejemplo al azar. Un termostato puede considerarse un cerebro muy sencillo. Porque, así como el cerebro de un animal recibe información sobre el mundo que le rodea a través de órganos sensoriales, un termostato tiene un sensor que le indica la temperatura en un lugar concreto, como el salón de una casa. Y así como el cerebro de un animal controla un cuerpo, diciéndole cómo reaccionar a su entorno, un termostato controla algún aparato, normalmente un dispositivo de calefacción o refrigeración. Podríamos decir, entonces, que un termostato «detecta» una característica de su entorno y responde a ella. Y por lo tanto, podríamos, en un sentido muy amplio, atribuir a los termostatos «sensación», «percepción» e incluso «cognición». Sin embargo, sigue siendo cierto que un termostato no puede comprender conceptos universales ni ideas abstractas. Para resumir, un termostato no entiende la termodinámica.

¿Qué son los conceptos abstractos?

El argumento hasta este momento ha sido que el materialismo tiene dificultades para explicar cómo la mente humana puede entender el «significado» de conceptos abstractos o «universales», porque los universales tienen un alcance infinito, por así decirlo, mientras que los sistemas materiales, incluido el cerebro humano, son finitos.

Pero hay una pregunta aún más básica para el materialismo: ¿qué son los conceptos abstractos? Abordemos esto en el contexto de las matemáticas, donde los conceptos abstractos son relativamente precisos y claramente definidos. Empecemos con algo aparentemente bastante sencillo, los conceptos llamados «contar números» y, para ser específicos, el número 4.

Una cosa que es obvia es que el número 4 no es un objeto material. Pero quizá pueda entenderse como una característica o aspecto de los objetos materiales. El número 4 en sí no está hecho de materia, pero sí una mesa de cuatro lados, y 4 piedras, y un animal de cuatro patas. Desde esta perspectiva, cuando pensamos en «4», en realidad estamos pensando en cosas o grupos de cosas en el mundo físico que, de alguna manera, tienen una cuatro-realidad.

Aunque esta visión es plausible para números de conteo pequeño como el 4, se encuentra con serias dificultades con otros tipos de números, como pi. Se pueden tener 4 vacas, pero no se pueden tener vacas pi; Y se puede tener una mesa de 4 caras, pero no una mesa de pi. Por supuesto, en cierto sentido, se puede tener una tabla con lados pi: una mesa circular cuyo diámetro es de un metro tendrá una circunferencia de pi metros. ¿Entonces se podría pensar pi simplemente como una propiedad de los objetos materiales, y específicamente de los objetos que son circulares?

Parece ser una idea común. Si le preguntas a «el hombre de la calle» qué es el investigador principal, puede que te dé esta respuesta. Pero en realidad no puede ser. Un problema es simplemente que no existen objetos exactamente circulares en el mundo físico; y para un objeto que no es exactamente circular, la proporción de circunferencia respecto al diámetro no es pi (excepto para formas muy especiales que son tan improbables de existir en la Naturaleza como círculos exactos). Puede que esté cerca de pi, pero cerca de pi no es pi, al menos no el pi del matemático. No obstante, pi al menos tiene alguna conexión con formas que vemos aproximadas en el mundo físico. Sin embargo, la mayoría de los números ni siquiera tienen este vínculo con el mundo de la materia. Consideremos, por ejemplo, el número 0,1011000111110000111111… (El patrón es claro: un 1, uno 0, dos 1, dos 0, tres 1, tres 0, etc.) Este es un número bien definido y definido, pero no tiene ninguna relación con ninguna forma o figura que se encuentre en el mundo físico. Tampoco lo harán la mayoría de los otros números, como el 17ésimo-Raíz de 93.

El materialista se queda con un problema. Si los números y otros conceptos matemáticos no son ni cosas materiales ni siquiera solo aspectos o propiedades de las cosas materiales, ¿entonces qué son? La única respuesta que tenía sería que son cosas mentales, cosas que existen en la mente. Las matemáticas son, al fin y al cabo, una actividad mental. Sin embargo, esto plantea la cuestión de qué es una «mente» y qué son las «cosas mentales».

Para el no materialista, las mentes y las ideas que contienen pueden ser reales sin ser totalmente reducibles a la materia o al comportamiento de la materia. Para el materialista, sin embargo, no puede haber nada en nuestra mente más que el funcionamiento de nuestro sistema nervioso central. En las memorables palabras de Sir Francis Crick, «no sois más que una manada de neuronas.» 4 En consecuencia, para un materialista, se deduce que «una explicación de la mente … debe ser, en última instancia, una explicación en términos de cómo funcionan las neuronas», para citar a Sir John Maddox, el antiguo editor de la revista científica Nature.5 Ahora bien, si decimos que los conceptos abstractos, como el número pi, existen solo en las mentes, y si también decimos, con el materialista, que las mentes son solo el funcionamiento de las neuronas, entonces nos quedamos en la extraña posición de decir que los conceptos abstractos no son en sí mismos más que patrones de neuronas activándose en el cerebro. No, ojo, simplemente que nuestras neuronas se activen cuando pensamos o entendemos estos conceptos, o que la activación de las neuronas juega un papel esencial en nuestros procesos de pensamiento, sino que los conceptos abstractos sobre los que pensamos son en sí mismos ciertos patrones de neuronas activándose en el cerebro, y nada más que eso. De hecho, una reseña de libro hace algunos años contenía la afirmación: «Los números son … creaciones neurológicas, artefactos de la forma en que el cerebro analiza el mundo.» 6 El autor de esa afirmación resumía las opiniones de un «científico cognitivo» que había escrito un libro subtitulado «Cómo la mente crea las matemáticas» (con el que realmente se refería, por supuesto, a «cómo el sistema nervioso central humano crea las matemáticas»).7

Para el materialista consistente, entonces, el número pi no puede ser otra cosa que un patrón de descargas de células nerviosas. Por tanto, no tiene más estatus que un dolor de muelas o el sabor de las fresas. Esta es una idea que a muchas personas que se dedican extensamente a las matemáticas abstractas les costaría aceptar. El número pi le parece al matemático algo más que una sensación o un artefacto neurológico. No es una experiencia privada e incomunicable, como un dolor de muelas; es un concepto preciso, definido y de filo duro, con relaciones lógicas con otros conceptos igualmente precisos. Es algo que se puede calcular con precisión arbitraria — en marzo de 2024 se había calculado hasta 105 billones de decimales. Tiene propiedades notables y sorprendentes, que el matemático siente que está descubriendo en lugar de generando neurológicamente.

Por tomar solo algunos ejemplos, la suma de la serie infinita de fracciones 1 – 1/3 + 1/5 – 1/7 + 1/9 – 1/11 + … es exactamente pi/4, y la suma de la serie infinita 1 + (1/2)2 + (1/3)2 + (1/4)2 + … es exactamente (pi)2/6. Pero, ¿cuáles son estas afirmaciones matemáticas precisas y hermosas? Según el materialista constante, ellos también son «creaciones neurológicas». No solo el propio pi, sino la afirmación «1 – 1/3 + 1/5 – 1/7 + 1/9 – 1/11 + … = pi/4» no es más que un patrón de neuronas activándose en el cerebro de alguien. Las neuronas que disparan en el cerebro de alguien de cierta manera pueden llevarle a escribir ciertas cifras en un papel o pizarra (como la fórmula «1 – 1/3 + 1/5 – 1/7 + 1/9 – 1/11 + … = pi/4»), y esas formas en papel o pizarra pueden a su vez estimular a las neuronas del cerebro de otra persona a activarse en ciertos patrones. Pero ya sean patrones de tinta sobre papel, de tiza en la pizarra, o de neuronas activándose en cerebros, los conceptos, para el materialista consistente, son solo patrones que existen en algún sistema material.

Algunos materialistas podrían sentirse tentados a explicar su postura diciendo que estos patrones físicos en el papel o en el cerebro «significan» algo. Sin embargo, decir que un patrón «significa» algo es decir que representa algunas ideas: los significados son ideas que las mentes entienden. Y desde el punto de vista materialista, decir que un «significado» está siendo «entendido» por una «mente» es, en última instancia, no decir más que que algún patrón de impulsos eléctricos está ocurriendo en un cerebro. El materialista no puede ir más allá de los patrones para llegar a los «significados» de los mismos, porque los significados en sí mismos no son más que patrones en el cerebro.

He usado el número pi como ejemplo, pero podría haber usado cualquier otro concepto abstracto, ya fuera matemático o no. Sin embargo, dado que las matemáticas son el ámbito del pensamiento abstracto más puro y también el lenguaje de la ciencia física, son especialmente relevantes para nuestra discusión. Porque, si reducimos las ideas matemáticas a neuronas activándose, reducimos todo el pensamiento científico a neuronas activándose. ¿Qué es la Teoría de la Relatividad? ¿Qué es la teoría cuántica? ¿Qué es la ecuación de Schrödinger? ¿Qué son las ecuaciones de Maxwell del electromagnetismo? ¿Solo neuronas activándose? ¿Cuáles son las afirmaciones que hacen los físicos teóricos, como «Los observables son operadores hermitianos actuando en un espacio de Hilbert», o «Todas las superficies de Cauchy para un espacio-tiempo son difeomorfas», o «Las teorías de gauge rotas espontáneamente son renormalizables»? ¿Nada más que patrones de impulsos nerviosos? ¿Garabato en una página? Es el absurdo de este tipo de conclusión lo que sirvió de base para la incisiva crítica al materialismo hecha por Karl Popper, el eminente filósofo de la ciencia, especialmente en sus obras posteriores.8

A la mayoría de la gente no le gustan mucho las matemáticas y la física y quizás estaría igual de feliz de pensar en ellas como fenómenos peculiares que ocurren en el sistema nervioso de un pequeño grupo de personas peculiares. (No es de extrañar que la mayoría de los matemáticos y físicos teóricos no compartan esta visión.) Pero no solo están en juego los conceptos de matemáticas y física; todos los conceptos están en juego, incluidos los de biología, neurociencia y, de hecho, los conceptos del científico cognitivo que acabo de mencionar, que piensa que los números son «creaciones neurológicas». Los científicos cognitivos hablan, por ejemplo, de neuronas. Pero la «neurona» en sí es un concepto abstracto que surgió de las investigaciones de los biólogos. Para el materialista, entonces, incluso el concepto de «neurona» no es más que una creación neurológica; También es un patrón de neuronas activándose en el cerebro de alguien. Si esto suena a círculo vicioso, lo es. Explicamos ciertos fenómenos biológicos usando el concepto abstracto de «neurona» y luego procedemos a explicar el concepto abstracto de «neurona» como un fenómeno biológico — de hecho, un fenómeno biológico producido por la actividad de las neuronas. Lo que estamos observando aquí es la serpiente de la teoría comiéndose su propia cola, o más bien su propia cabeza. La propia teoría que dice que las teorías son neuronas disparándose no es más que neuronas disparando.

Este es un ejemplo de lo que G.K. Chesterton llamó «el suicidio del pensamiento». 9 Todo el entendimiento humano, incluido todo el conocimiento científico, se reduce al estatus de procesos electroquímicos en un órgano del cuerpo de un determinado mamífero. En palabras de un artículo de Newsweek, «Pensamientos … no son simples fachas, efímeros sin fisicalidad. Son, en cambio, señales eléctricas.» 10

¿Por qué debería alguien creer al materialista, entonces? Si las ideas son solo patrones de impulsos nerviosos, ¿cómo se puede decir que cualquier idea (incluida la propia idea del materialismo) es superior a cualquier otra? Un patrón de impulsos nerviosos no puede ser más verdadero ni menos verdadero que otro, igual que un dolor de muelas no puede ser más verdadero o menos cierto que otro dolor de muelas.

[Este artículo está adaptado del capítulo 21 del libro del autor Modern Physics and Ancient Faith, University of Notre Dame Press (2003).]

Referencias

1. Según Aristóteles, la mente humana, en contraste con la mente de los animales no racionales, tiene un componente inmaterial, al que llamó intelecto activo (Nous). «El intelecto activo abstrae las formas de las imágenes [mentales] o fantasmas, que, al ser recibidos en el intelecto pasivo, son conceptos reales.» Frederick J. Copleston, SJ, Historia de la filosofía, Vol. 1, Pt. II, p. 71.

2. Mortimer J. Adler, Intelecto: Mente sobre materia (Nueva York: Macmillan Publishing Co., 1990), cap. 4.

3. John McCarthy, «Atribuir cualidades mentales a las máquinas», en Philosophical Perspectives on Artificial Intelligence, ed. Martin Ringle (Atlantic Highlands, NJ: Humanities Press, 1999).

4. Francis Crick, La asombrosa hipótesis: La búsqueda científica del alma (Nueva York: Charles Scribner’s Sons, 1994), p. 3.

5. John Maddox, Lo que queda por descubrir: Mapeando los secretos del universo, los orígenes de la vida y el futuro de la raza humana (Nueva York: The Free Press, Simon and Schuster, Inc., 1998), p. 281.

6. George Johnson, «¿Sigue el universo la ley matemática?», The New York Times, 10 de febrero de 1998.

7. Stanislas Dehaene, El sentido numérico: Cómo la mente crea matemáticas (Oxford: Oxford University Press, 1997).

8. J.C. Eccles y K.R. Popper, El yo y su cerebro (Nueva York: Springer, 1977); K.R. Popper, Conocimiento y el problema mente-cuerpo: en defensa de la interacción (Londres: Routledge, 1994).

9. G.K. Chesterton, Ortodoxia (Nueva York: Doubleday, 1959), p. 3.

10. Sharon Begley, «Pensar lo hará así», Newsweek, 5 de abril de 1999, p. 64.

Fotografía:  «Edmond Duranty (1833-1880)» Dibujo de Edgar Degas. [Información sobre derechos de autor en https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Edmond_Duranty_(1833%E2%80%931880)_MET_DP813399.jpg]

Cómo actúa el espíritu en el mundo


Ponente: autor del libro del mismo título, Javier Sánchez Cañizares (Córdoba 1970), es doctor en Física por la Universidad Autónoma de Madrid (1999) y doctor en Teología por la Universidad Pontificia de la Santa Cruz en Roma (2006). Ha sido profesor ayudante en el Departamento de Física Teórica de la Materia Condensada de la Universidad Autónoma de Madrid, profesor adjunto de Teología Moral en la Facultad de Teología y profesor agregado en la Facultad Eclesiástica de Filosofía de la Universidad de Navarra. En la actualidad, es investigador del grupo “Mente-cerebro” del Instituto Cultura y Sociedad y miembro del grupo “Ciencia, Razón y Fe” (CRYF) de la Universidad de Navarra, del que también ha sido director (2016-2021). Acreditado como catedrático el 21 de julio de 2022. Sus principales intereses se centran en las relaciones entre ciencia y religión, las interpretaciones de la mecánica cuántica y el problema mente-cerebro. Ha publicado varias decenas de libros y artículos de investigación en física, filosofía y teología. Entre ellos, Razón y fe: la plenitud de la vida moral (2013) y Universo singular. Apuntes desde la física para una filosofía de la naturaleza (2019), por el cual ha recibido un Premio Razón Abierta en la categoría de investigación.

Resumen del ponente: Dios y el alma humana son términos que han quedado relegados en la narrativa científica. La actividad del espíritu parece no tener cabida dentro de la cosmovisión que ofrece la ciencia: en el mejor de los casos, se la considera parte de un ámbito sobrenatural, ajeno a cualquier disciplina científica; en el peor, una noción incompatible con la comprensión científica del mundo. ¿Pero es realmente así? En la primera parte del seminario, examinaré por qué la ciencia moderna ha cerrado la puerta a lo inmaterial y cómo, paradójicamente, la ciencia contemporánea rompe con la idea de un mundo causalmente cerrado y completamente determinado por la física, abriendo nuevas posibilidades para comprender cómo actúan Dios y el alma en el mundo. En la segunda parte, esbozaré un modelo concreto de causalidad inmaterial, respetuoso con el actual marco científico. Este modelo también ofrece claves para entender por qué emergen novedades en la naturaleza y qué sentido tiene la presencia del mal. Como consecuencia, la cosmovisión científica no necesita ser hostil a la actividad del espíritu y, de hecho, puede establecer un diálogo fecundo con la fe cristiana desde una comprensión renovada de la creación.

El Manifiesto Russell-Einstein

El Manifiesto Russell-Einstein de 1955 nació en un contexto de creciente preocupación por el peligro que suponían las armas nucleares, surgidas tras la Segunda Guerra Mundial y el uso de bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki. La Guerra Fría, que dividía el mundo entre Estados Unidos y la Unión Soviética, exacerbó los temores de un conflicto nuclear global.

En 1954, un episodio significativo contribuyó al nacimiento del manifiesto. Bertrand Russell, filósofo y activista por la paz, concedió una entrevista a la BBC el 23 de diciembre de 1954, en la que expresó su preocupación por la creciente amenaza de una guerra nuclear. Russell habló abiertamente de los peligros de la carrera armamentista atómica y de la locura de la guerra nuclear, argumentando que la humanidad estaba al borde de la supervivencia debido a la capacidad destructiva de las armas nucleares. Su entrevista atrajo la atención internacional y contribuyó a sensibilizar a la opinión pública sobre la cuestión del desarme.

Russell, junto con otros intelectuales y científicos, entre ellos Albert Einstein, sintió la necesidad de hacer un fuerte llamamiento a la paz. El resultado de estas preocupaciones fue el Manifiesto Russell-Einstein, publicado en julio de 1955, pocos meses después de la muerte de Einstein el 18 de abril de ese año. En este documento se pedía a los gobiernos que trabajaran juntos para prevenir una guerra nuclear, haciendo hincapié en los riesgos existenciales de las armas nucleares. Los firmantes del manifiesto, entre ellos científicos como Niels Bohr y Linus Pauling, pidieron un compromiso global con el desarme nuclear y una solución pacífica a los conflictos internacionales.

El manifiesto no sólo denunciaba el peligro de una guerra nuclear, sino también la insuficiencia de las políticas de disuasión y la necesidad de un control internacional sobre las armas nucleares. Concluyó con un llamamiento a la humanidad para que reflexione profundamente sobre su responsabilidad de prevenir una catástrofe mundial.

En la trágica situación que enfrenta la humanidad, creemos que los científicos deberían reunirse en una conferencia para evaluar los peligros que han surgido como resultado del desarrollo de armas de destrucción en masa y para debatir una resolución en el espíritu del siguiente proyecto.

En esta ocasión, no hablamos como miembros de tal o cual nación, continente o credo, sino como seres humanos, miembros de la especie Hombre, cuya existencia continuada está en duda. El mundo está lleno de conflictos…

Casi todos los que tienen conciencia política tienen fuertes sentimientos sobre uno o más de estos temas; Pero queremos que, si pueden, dejen a un lado esos sentimientos y se consideren sólo como miembros de una especie biológica que ha tenido una historia extraordinaria y cuya desaparición ninguno de nosotros puede desear.

Trataremos de no decir una sola palabra que pueda atraer a un grupo en lugar de a otro. Del mismo modo, todo el mundo está en peligro, y si se comprende el peligro, hay esperanza de que puedan evitarlo colectivamente.

Tenemos que aprender a pensar de una manera nueva. Debemos aprender a preguntarnos, no qué medidas se pueden dar para dar la victoria militar a cualquier grupo que prefieramos, porque ya no hay tales medidas; La pregunta que debemos hacernos es: ¿qué medidas se pueden tomar para evitar una concurrencia militar cuyo resultado debe ser desastroso para todas las partes?

El público en general, e incluso muchos hombres en posiciones de autoridad, no se han dado cuenta de lo que sería estar involucrado en una guerra con bombas nucleares. El público en general todavía piensa en términos de la cancelación de las ciudades. Se entiende que las nuevas bombas son más poderosas que las viejas y que, mientras que una bomba atómica podría eliminar Hiroshima, una bomba H puede destruir ciudades más grandes como Londres, Nueva York y Moscú.

Sin duda, en una guerra con bombas H, las grandes ciudades serían arrasadas. Pero este es uno de los desastres menores que deben abordarse. Si todos en Londres, Nueva York y Moscú fueran exterminados, el mundo podría, en el transcurso de unos pocos siglos, recuperarse del golpe. Pero ahora sabemos, especialmente después de la prueba de Bikini, que las bombas nucleares pueden extender gradualmente la destrucción a un área mucho más grande de lo que se suponía anteriormente.

Se afirma por muy buenas autoridades que ahora se puede fabricar una bomba que será 2.500 veces más poderosa que la que destruyó Hiroshima. Una bomba de este tipo, si explota cerca del suelo o bajo el agua, envía partículas radiactivas a la atmósfera superior. Poco a poco se hunden y llegan a la superficie de la tierra en forma de polvo o lluvia mortal. Fue este polvo el que infectó a los pescadores japoneses y sus capturas.

Nadie sabe qué tan ampliamente se pueden propagar estas partículas radiactivas letales, pero las mejores autoridades son unánimes al decir que una guerra con bombas H probablemente podría acabar con la raza humana. Se teme que si se utilizan muchas bombas H habrá una muerte universal, súbita sólo para una minoría, pero para la mayoría una lenta tortura de enfermedad y desintegración.

Muchas advertencias han sido emitidas por eminentes hombres de ciencia y autoridades en estrategia militar. Ninguno de ellos dirá que los peores resultados son seguros. Lo que dicen es que estos resultados son posibles y nadie puede estar seguro de que no se van a realizar. Todavía no hemos descubierto que las opiniones de los expertos en este tema dependan de alguna manera de su política o de sus prejuicios. Dependen únicamente, hasta donde ha revelado nuestra investigación, del grado de conocimiento del experto en particular. Hemos descubierto que los hombres que más saben son los más pesimistas.

He aquí, pues, el problema que les presentamos, crudo, terrible e ineludible: ¿debemos acabar con la raza humana o debe la humanidad renunciar a la guerra? La gente no se enfrentará a esta alternativa porque es muy difícil abolir la guerra.

La abolición de la guerra exigirá desagradables limitaciones a la soberanía nacional. Pero lo que quizás dificulta la comprensión de la situación más que cualquier otra cosa es que el término «humanidad» parece vago y abstracto. La gente apenas se da cuenta en su imaginación de que el peligro es para ellos mismos, para sus hijos y para sus nietos, y no sólo para una humanidad vagamente percibida. No pueden entender que ellos, individualmente, y aquellos a quienes aman, están en peligro inminente de morir en agonía. Y por eso esperan que tal vez la guerra pueda continuar a condición de que se prohíban las armas modernas.

Esta esperanza es ilusoria. Cualquier acuerdo para no usar bombas H en tiempos de paz ya no se consideraría vinculante en tiempos de guerra, y ambas partes se pondrían a trabajar para fabricar bombas H tan pronto como estallara la guerra, ya que si una parte fabricaba las bombas y la otra no, la parte que las fabricaba inevitablemente saldría victoriosa.

Si bien un acuerdo para renunciar a las armas nucleares como parte de una reducción general de armamentos no ofrecería una solución definitiva, serviría a ciertos propósitos importantes. En primer lugar, cualquier acuerdo entre Oriente y Occidente es positivo, ya que tiende a reducir la tensión. En segundo lugar, la abolición de las armas termonucleares, si cada parte creyera que la otra la ha llevado a cabo sinceramente, reduciría el miedo a un ataque repentino al estilo de Pearl Harbor, que actualmente mantiene a ambas partes en un estado de aprensión nerviosa. Por lo tanto, deberíamos acoger con beneplácito un acuerdo de este tipo, aunque sólo sea como un primer paso.

La mayoría de nosotros no somos neutrales en sentimientos, pero como seres humanos, debemos recordar que, si las cuestiones entre Oriente y Occidente han de decidirse de alguna manera que pueda dar alguna satisfacción posible a alguien, ya sea comunista o anticomunista, asiático o europeo o estadounidense, ya sea blanco o negro, entonces estas cuestiones no deben decidirse mediante la guerra. Nos gustaría que esto se entendiera, tanto en Oriente como en Occidente.

Ante nosotros, si así lo elegimos, hay un progreso continuo en felicidad, conocimiento y sabiduría. ¿Elegiremos la muerte en su lugar, por qué no podemos olvidar nuestras peleas? Apelamos, como seres humanos, a los seres humanos: recuerden su humanidad y olviden el resto. Si lo haces, el camino está abierto a un nuevo Paraíso; Si no puedes, te espera el riesgo de una muerte universal.

Resolución:

Invitamos a este Congreso y, a través de él, a los científicos del mundo y al público en general, a firmar la siguiente resolución: «Considerando que las armas nucleares se emplearán sin duda en cualquier guerra mundial futura y que tales armas amenazan la continuación de la existencia de la humanidad, instamos a los gobiernos del mundo a que se den cuenta y reconozcan públicamente que su propósito ya no puede ser perseguido por una guerra mundial, y les instamos, en consecuencia, a encontrar medios pacíficos para resolver todas las cuestiones que son contenciosas entre ellos».

Profesor Max Born (Catedrático de Física Teórica en Berlín, Frankfurt y Göttingen, y de Filosofía Natural, Edimburgo; Premio Nobel de Física). Profesor P. W. Bridgman (Catedrático de Física de la Universidad de Harvard; Premio Nobel de Física). Profesor Albert Einstein. Profesor L. Infeld (Catedrático de Física Teórica, Universidad de Varsovia). El profesor J. F. Joliot-Curie (Catedrático de Física en el Collège de France; Premio Nobel de Química). El profesor H. J. Müller (Catedrático de Zoología de la Universidad de Indiana; Premio Nobel de Fisiología y Medicina). Profesor Linus Pauling (Profesor de Química, Instituto de Tecnología de California; Premio Nobel de Química). Profesor C. F. Powell (Catedrático de Física de la Universidad de Bristol; Premio Nobel de Física). Profesor J. Rotblat (Catedrático de Física, Universidad de Londres; Facultad de Medicina del Hospital de San Bartolomé). Bertrand Russell. El profesor Hideki Yukawa (Profesor de Física Teórica, Universidad de Kyoto; Premio Nobel de Física). 23 de diciembre de 1954.

1. El Profesor Joliot-Curie desea añadir las palabras: «como medio de resolver las diferencias entre los Estados».

2. El profesor Joliot-Curie desea añadir que estas limitaciones deben ser acordadas por todos y en interés de todos.

3. El profesor Müller reserva que esto debe entenderse como «una reducción concomitante y equilibrada de todos los armamentos».

Las humanidades en el mundo árabe en tiempos de conflicto y cambio

«Las humanidades en el mundo árabe en tiempos de conflicto y cambio» es el cuarto informe elaborado para el Observatorio Árabe de Ciencias Sociales del Consejo Árabe de Ciencias Sociales en la serie de Informes de Ciencias Sociales Árabes. El informe ofrece una visión panorámica completa del estado de las ciencias sociales y las humanidades en el mundo árabe, centrándose especialmente en esta ocasión en las humanidades. Desde el principio, Huda Al-Sadda, coordinadora del equipo y autora principal del informe, aborda las complejidades asociadas con las disciplinas de las ciencias sociales y las humanidades, destacando cómo las humanidades se han abierto camino hacia la interdisciplinariedad. Estas disciplinas a menudo caen bajo el paraguas de los «estudios», como los estudios de género, los estudios culturales, los estudios de medios de comunicación y otros. Según Rosie Prideotti, estas disciplinas han logrado producir «visiones alternativas del yo, del hombre, del conocimiento y de la sociedad».

El informe, que abarca el estado de las humanidades en el mundo árabe durante el siglo XXI, consta de 106 páginas divididas en cuatro secciones: la primera sección analiza el contexto, los desafíos y las oportunidades; la segunda sección examina las nuevas tendencias en las humanidades con un enfoque en la literatura y los estudios literarios, la filosofía, la historia y los estudios históricos, la traducción y los estudios de traducción, y los estudios de género; la tercera sección aborda algunas iniciativas independientes en las artes; y finalmente, la cuarta sección aborda las humanidades digitales.

Al-Sadda señala el declive de algunos programas tradicionales de humanidades, como la filosofía y la historia, mientras que los programas interdisciplinarios han florecido. La privatización de la educación superior ha tenido un impacto negativo en las humanidades. Por ejemplo, de los 117 departamentos de filosofía en el mundo árabe, sólo 18 están ubicados en universidades no públicas. Si bien la historia se enfrenta a una tendencia similar, los programas de literatura y estudios literarios, idiomas y traducción no han experimentado esta disminución, ni en las universidades públicas ni en las privadas. La mercantilización de la educación superior y las políticas neoliberales han contribuido a la marginación de disciplinas consideradas «impopulares en el mercado laboral».

Al igual que en el primer y tercer informe del Consejo Árabe de Ciencias Sociales, Al-Sadda hace hincapié en la importancia de producir conocimiento fuera de las universidades, donde los centros de investigación, las organizaciones de la sociedad civil y las organizaciones de derechos humanos desempeñan un papel importante. En su documento de referencia para el tercer informe, Cynthia Krishati señala la ausencia de límites estrictos entre la investigación académica y la de la sociedad civil, ya que un mismo investigador puede trabajar dentro y fuera de las universidades.

Al-Saddah cita la observación de Ammar Bag sobre la escasez de citas de investigaciones escritas en árabe por investigadores árabes en trabajos publicados fuera del mundo árabe, tanto por eruditos árabes como no árabes. Veo el problema más profundo que eso, ya que algunos académicos prefieren citar el trabajo académico (como resultado de las reglas de la academia para promociones y reclutamiento) a expensas de los artículos destinados al público en general. Para mayor claridad, el lector puede consultar mi trabajo sobre este tema, incluido un estudio de caso de quién cita, incluso en escritos académicos sobre la Primavera Árabe (Hanafi y Arvanitis 2015, capítulo VIII), así como el proyecto de investigación de Lisa Anderson sobre el desarrollo de directrices para la investigación social responsable, ética y constructiva en el mundo árabe, y el trabajo de Richard Nielsen y Zhou 2024.

Una paradoja perenne: la censura y la creatividad literaria

Huda al-Sadda señala una paradoja en el mundo árabe, donde persisten las restricciones a la libertad de pensamiento y expresión, pero la ficción literaria y la creatividad florecen a pesar de estos desafíos. Esta paradoja es el resultado no solo del autoritarismo estatal que restringe la libertad académica e intelectual, sino también de las polarizaciones sociales (Hanafi, 2024) y las restricciones transnacionales, como lo que las revistas internacionales consideran «conocimiento prohibido» o ilegal (Kiwan 2023). Una obra literaria a menudo trasciende la censura mediante el uso de un simbolismo complejo que escapa al escrutinio idiota de la censura.

El eco identifica dos tendencias principales en los estudios literarios del siglo XXI:

  1. Transformación cultural en los estudios literarios:
    Al-Sadda cita a Richard Jackmond, quien ve algunas obras literarias como precursoras de revoluciones, como la novela Utopía de Ahmed Khaled Tawfik de 2008, que describe a Egipto en el futuro de la distopía. Con los rápidos avances tecnológicos y la transformación digital, las plataformas digitales permiten a los jóvenes participar en debates literarios y culturales. Jackmond añade que los levantamientos árabes crearon un espacio para desafiar el «modelo renacentista» que había dominado durante mucho tiempo la escena cultural árabe, donde las élites culturales y artísticas reclamaban el papel de vanguardia en la modernización de las sociedades árabes y el avance del cambio. El eco sugiere que estas dinámicas no eran visibles ni apreciadas por las élites intelectuales, que desdeñaban las artes callejeras y otras formas de cultura popular. En este contexto, destaca las aportaciones de Walid Al-Hamamsi y Munira Suleiman en su libro: Popular Culture in the Middle East and North Africa (2013).

«Los traductores se han convertido en testigos de la tortura en las cárceles, mediadores que ponen de relieve las voces de los que no la tienen (por ejemplo, los solicitantes de asilo), revolucionarios que documentan expresiones artísticas como los murales en las paredes de Alepo».


Huda al-Sadda enfatiza la importancia de «los debates literarios en el campo cultural sobre los estándares literarios, los gustos artísticos, las ceremonias de entrega de premios controvertidos y los criterios para la selección de textos para la traducción, todo lo cual finalmente resulta en batallas culturales sobre la formación de la herencia árabe adoptada y la formación de identidades nacionales» (p. 21).

2. Aumento de las críticas al patrimonio literario árabe:

Al-Saddah señala el aumento de proyectos feministas que desafían el patrimonio literario árabe moderno (canon) desde una perspectiva de género. Estos esfuerzos buscan poner de relieve los procesos de inclusión y exclusión en la literatura patrimonial adoptada y restaurar las voces literarias marginadas que han sido excluidas debido a ideologías impuestas por las élites culturales dominantes.

Otra forma de desafiar la herencia adoptiva es a través de lenguas marginadas como el amazigh, el nubio y el kurdo. Sadda recuerda que el renacimiento cultural amazigh en el siglo XXI está ligado al reconocimiento constitucional de esta lengua en Marruecos y Argelia, así como a los esfuerzos de la sociedad civil.
El eco trata de la aparición de dos nuevos géneros literarios: la literatura carcelaria y la literatura distópica, que surgieron en respuesta a las condiciones políticas o como resultado de los rápidos avances tecnológicos. La literatura carcelaria es muy importante para exponer la tortura practicada por muchos regímenes árabes en las «cajas negras». Si bien para algunas corrientes ideológicas políticas del mundo árabe la democracia aún no está en su agenda (o al menos no es una prioridad a menos que sea la que gobierne), este género literario abre un abismo en el muro del silencio. Curiosamente, algunos de mis amigos izquierdistas y pro-Hezbolá, que veían el conflicto sirio como parte de una conspiración imperialista, reconsideraron sus posiciones después de enterarse de las terribles condiciones en las cárceles de Siria, como la prisión de Sednaya.

La literatura distópica (a menudo en forma de novelas) trata sobre ciudades corruptas e injusticias sociales, imaginando un futuro moldeado por las realidades actuales. Estas obras tienen como objetivo motivar a los lectores a corregir los errores del pasado pintando un panorama sombrío de lo que podría suceder.


Nuevos rumbos en la filosofía

El informe ofrece una exploración detallada del desarrollo de la filosofía en el mundo árabe. Si bien la democracia, la libertad, la igualdad y la justicia social fueron demandas centrales durante la Primavera Árabe, estos temas no siempre estuvieron en la cima de las prioridades de todos los intelectuales. Al-Sadda cita el trabajo de Elizabeth Suzanne Kassab, quien se ocupó de los discursos de la Ilustración en Egipto y Siria durante los años noventa y el comienzo del segundo milenio. Kassab sostiene que la cuestión de la democracia va más allá de la cuestión de la identidad, tal como apareció en los movimientos revolucionarios que estallaron entre 2010 y 2011. Sin embargo, creo que Kassab (2021) ofrece más ilustración política que intelectual, y tal vez explique esta diferencia clave entre Oriente y el Magreb. Marruecos se centra en la búsqueda de la identidad y la relación con el patrimonio –como en las obras de Mohamed Abed al-Jabri y Taha Abderrahmane– y en el laicismo radical (al estilo francés). Por el contrario, filósofos del Levante como Azmi Bishara, Hossam al-Din Darwish y Yassin al-Haj Saleh están muy preocupados por la causa de la brutal tiranía.

Un punto interesante de este informe es la afirmación de que los filósofos del mundo árabe han analizado cómo se desencadenaron las subjetividades individuales. El filósofo palestino Ahmed Barqawi describe esto como «la agonía del yo», mientras que el filósofo tunecino Fathi Meskini se refiere a él como «un nuevo horizonte para nosotros mismos».


«Este informe replantea el papel de los activistas como productores de conocimiento sin caer en el populismo»

También arroja luz sobre el documento de referencia preparado por Mohamed Ait Hanna, que destaca la corriente emergente de la «filosofía popular» liderada por Abdeslam Benabdelali. Benabdelali define la corriente de la «filosofía pop» como un intento de «sacar la filosofía de los muros de la universidad, donde el conocimiento se convierte en un obstáculo para el pensamiento, con el objetivo de salvarlo de la enfermedad de las interpretaciones, explicaciones y comentarios, y arrastrarlo lejos de las tradiciones filosóficas establecidas por la historia de la filosofía, que le da santidad a los textos… No se trata de sustituir temas por otros, estableciendo la «filosofía popular» frente a la «alta cultura». Lo que importa no es el tema del pensamiento, sino la intensidad del pensamiento» (p. 29).

Estudios de Género

En el campo de los estudios de género, Sadda señala un progreso notable, ya que ahora hay 23 programas académicos en las universidades árabes dedicados a este campo. Estos programas incluyen tareas similares a los movimientos de mujeres, como la producción de conocimiento, la capacitación y la promoción de las nuevas generaciones. Dos puntos se destacan en el informe:

  1. El papel de las feministas islámicas: Esta corriente crítica y transnacional se ocupa de cuestiones filosóficas relacionadas con la herencia islámica, produciendo nuevos conocimientos feministas.
  2. Iniciativas archivísticas: Los programas de género colaboraron con organizaciones de la sociedad civil para crear 27 proyectos de archivo independientes, como el Archivo de la Resistencia en Marruecos[1], la Memoria Creativa de la Revolución Siria[2], el Archivo de la Memoria de las Mujeres en Egipto[3], el Archivo de los Desaparecidos y Olvidados (Argelia)[4], el Foro de Mujeres y Memoria (WMF) en Egipto, los Archivos Queer centrados en los grupos marginados de la región[5] y el Archivo de Historia Oral de Género (GOHA) de la Universidad Americana de Beirut.

Estas iniciativas a menudo operan en entornos hostiles, desafiando la cultura patriarcal imperante, como lo demuestran casos como el del historiador saudí Hatoon al-Fassi y el decano de la Universidad de Jordania, Rula Kawas.

El activista que se convierte en los estudios de traducción

Refleja el enfoque activo de las iniciativas de traducción en el campo de los estudios de traducción. Huda Al-Sadda señala cómo los enfoques culturales de la traducción y el papel del traductor en la promoción de ideologías o sesgos en conflictos han añadido una dimensión activa a los estudios de traducción. Este giro pone de relieve no solo la importancia de la traducción de lenguas extranjeras al árabe (y en menor medida viceversa), sino también el papel del traductor como activista político. Los traductores se han convertido en testigos de la tortura en las cárceles, mediadores que ponen de relieve las voces de los que no la tienen (por ejemplo, los solicitantes de asilo) y revolucionarios que documentan expresiones artísticas como los murales en las paredes de Alepo.

La transformación digital en las humanidades ha potenciado el empoderamiento de las generaciones más jóvenes, abriendo la puerta a la configuración de sus subjetividades políticas y sociales. Aquí, el cuerpo humano se convierte no solo en un lugar para contar historias, sino en la historia misma.

Fin

Este informe ilustra cómo y por qué los investigadores, tanto dentro como fuera de las universidades, han sido capaces de releer la historia política, cultural, artística y literaria del patrimonio adoptado e interactuar con diversas narrativas filosóficas e históricas dentro y fuera de la academia en el mundo árabe. Este informe reconsidera el papel de los activistas como productores de conocimiento sin caer en el populismo. Pensar en esto debe ser visto como una extensión del tercer informe del Consejo Árabe para las Ciencias Sociales (editado por Ahmed Dalal), que analiza las prácticas institucionales que dan forma a los criterios para la producción de conocimiento, como los criterios para la promoción académica y la formación de consejos editoriales de revistas académicas. Mi último llamado a la sociología disruptiva (Hanafi 2023) es distinguir entre dos niveles en la misión de las ciencias sociales y las humanidades: el nivel descriptivo/mediación, que tiene como objetivo proporcionar conocimiento a todos los actores sociales, lo cual es necesario para cualquier debate público razonable, y el nivel normativo, donde estas ciencias defienden ciertas concepciones (progresistas) de la justicia y el bien.

Este informe nos da esperanzas para lo que llamo la «revolución cognitiva» desatada por la Primavera Árabe (Hanafi 2020), aun reconociendo los desafíos que Gilbert Achcar (2016) describió como «síntomas patológicos» que facilitan el retorno del autoritarismo, e Idris Jabbari (Jebari 2020) lo consideró una crisis de identidad y valores dentro de la izquierda árabe.

El informe Sadda, basado en 10 documentos de referencia, es una lectura básica (y agradable) para cualquiera que busque comprender la evolución de las humanidades en el mundo árabe durante el siglo XXI. La única observación crítica sigue siendo que los documentos de referencia no proporcionan una cobertura equilibrada de los temas entre Oriente y el Magreb (como los dos informes de filosofía). Sin embargo, la ubicación de Hoda al-Sadda entre académica y activista, y su ubicación geográfica en el corazón del mundo árabe (Egipto), alivian esta preocupación.

*Profesor de la Universidad Americana de Beirut. 

Crítico:

Achcar, Gilberto. 2016. Síntomas mórbidos: recaída en el levantamiento árabe. Londres.
Hanafi, Sari. 2020. «¿Un levantamiento árabe cognitivo?: Cambios de paradigma en las ciencias sociales árabes». En The Oxford Handbook of the Sociology of the Middle East, editado por Armando Salvatore, Sari hanafi y Kieko Obuse. Oxford University Press.

Jebari, Idriss. 2020. «Auge y caída de la izquierda árabe». In Routledge Handbook on Political Parties in the Middle East and North Africa. Routledge.

Kiwan, Dina. 2023. La libertad académica y la producción transnacional del conocimiento. Cambridge (Reino Unido): Cambridge University Press.

Nielsen, Richard y Annie Zhou. 2024. «Integración de la investigación en ciencias sociales a través de los idiomas con la asistencia de la inteligencia artificial». MIT. https://www.mit.edu/~rnielsen/menapubs.pdf.

Hanafi, Sari. 2023. «Hacia una sociología dialógica». Imran Revista de Ciencias Sociales, n.º 46, 31–37.
«Polarización social y libertad académica en la época del liberalismo simbólico». 2024. Política Árabe, n.º 67, 32-51.

Hanafi Sarri, y Rigas Arvanites. 2015. La investigación árabe y la sociedad del conocimiento: una nueva visión crítica. Beirut: Centro de Estudios de la Unidad Árabe.

Kassab, Elizabeth Susan. 2021. Ilustración en vísperas de la revolución: debates egipcios y sirios. Traducido por Mahmoud Mohammed Alharthani. Beirut y Doha: Centro Árabe de Investigación y Estudios Políticos.


[1] https://858.ma/

[2] https://beta.creativememory.org

[3] https://wmf.org.eg

[4] https://www.facebook.com/archivesfemmmesdz https://www.facebook.com/archivesfemmmesdz

[5] Reem Joudi, «Mapeo afectivo de género de las iniciativas de archivo digital en la región árabe», 2024

(Foto: Huda Al-Sadda. 2024. Beirut: Consejo Árabe de Ciencias Sociales).

Descargar informe: Fourth-Arab-Social-Science-Report-English.pdf

Construyendo juntos la paz

Ha comenzado un nuevo año. En los países ricos del llamado Primer Mundo, el estruendo de los fuegos artificiales y el estallido de las bengalas acompañaron el paso de la medianoche como de costumbre. En otros países, no muy lejos de estos escenarios que quieren ser festivos, pero que en realidad no son capaces de serlo, otros incendios y otras explosiones acompañan desde hace tiempo la vida cotidiana de poblaciones enteras en guerra. Son explosiones reales, que destruyen edificios, ya sean cuarteles u hospitales, fábricas o escuelas, centrales eléctricas o edificios de apartamentos habitados. Son incendios que han matado y matan: en Ucrania, en Líbano, en Gaza, en Siria, ahora también en Rusia, y en muchos otros países olvidados por la comunicación dominante, excepto cuando lo que sucede allí intercepta algún interés de los países más ricos. Más de 600.000 muertos en la guerra entre Ucrania y Rusia en menos de tres años. Más de 40.000 muertos en las acciones bélicas de Israel en Gaza y Líbano, el 80% de ellos civiles. Más de un millón de palestinos desplazados, más de dos millones han huido de Ucrania. Israel, a su vez, ha sido golpeado por ataques terroristas, inferiores en el daño infligido, pero no en la ferocidad con la que fueron perpetrados. En las últimas semanas, Siria ha vuelto a estallar. Toda la zona de Oriente Medio sufre una inestabilidad política muy grave y es escenario de fuertes emergencias humanitarias.

Estas son consideraciones hechas varias veces -muchos lo observarán- desde muchos lados. A estas alturas vivimos con conflictos, los aceptamos, nos reconocemos impotentes para eliminarlos. ¿Y por qué hablar de ello, se preguntarán algunos, en un Portal dedicado a la relación entre ciencia y fe, como reflexión para el Año Nuevo?

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Apertura del Encuentro Internacional por la Paz organizado por Sant’Egidio en París

Para comenzar estas consideraciones, y para responder a esta pregunta, me inspiro en las palabras que Amin Maalouf, escritor francés de origen libanés, secretario permanente de la Academia Francesa, pronunció el pasado 22 de septiembre en París, durante un encuentro promovido por la Comunidad de Sant’Egidio. «Gracias al prodigioso progreso de la ciencia y la tecnología», dijo Maalouf, «pudimos poner fin, de una vez por todas, a las calamidades que han afligido a nuestra especie desde el principio de los tiempos. Hemos visto pruebas de ello en las últimas décadas. Entre dos y tres mil millones de nuestros contemporáneos han salido de la pobreza y la marginalidad. Viven más tiempo y gozan de mejor salud. Tienen acceso al conocimiento, al ocio y a las herramientas de la vida moderna. Todo esto bien podría extenderse a toda la humanidad. Ninguna generación, antes de la nuestra, podría haber contemplado tal perspectiva».

Una afirmación optimista, pero ciertamente basada en los resultados de un progreso técnico-científico a la vista de todos. Aunque no define una nueva era geológica, sí nos encontramos en el Antropoceno, una era caracterizada por la capacidad que poseen los seres humanos hoy en día de influir en todo el planeta de forma global. Solemos reconocer esta influencia en la novedad de un mercado globalizado, en las riesgosas consecuencias de las emisiones de CO2, en el cambio climático o en la presencia irreversible de una infosfera que envuelve a todo el planeta. El Antropoceno, sin embargo, tiene un potencial adicional, esta vez positivo: el progreso científico podría, como nunca antes, mejorar las condiciones de vida de la comunidad humana de manera global y generalizada. Nos permitiría compartir y distribuir de manera inteligente información, conocimientos, recursos, energía y alimentos. Incluso los resultados del progreso científico, como sabemos, están sujetos a la dinámica del mercado, pero son ante todo el resultado de la dinámica de la razón, de la colaboración científica internacional, del diálogo entre las diferentes culturas.

Sin embargo, continuó la reflexión de Amin Maalouf, hay algo que no cuadra. Esta capacidad de compartir y de progresar, de instruir y de promover, revela una impotencia dramática, incluso una incompetencia dramática. Es como si un extraordinario coche de Fórmula 1, resultado de una tecnología altamente sofisticada, estuviera atrapado en la pista. «Hay un área -observó el escritor franco-libanés- en la que parece que hemos alcanzado nuestro más alto nivel de incompetencia colectiva y en la que demostramos cada día nuestra impotencia. Un área entre muchas, por supuesto, pero que pone en peligro todo lo que hemos logrado hasta ahora, a todos los niveles… Es nuestra incapacidad para gestionar las relaciones entre los diferentes componentes de la humanidad. Una incapacidad que es cierta en cada uno de nuestros países, incluso en los más avanzados; Y eso también está ocurriendo a nivel del planeta, donde los conflictos se multiplican y se agravan, donde las relaciones entre las grandes potencias se están volviendo muy malas y donde ahora ha comenzado una nueva carrera armamentista, ante nuestros ojos». El ser humano se revela una vez más a nuestros ojos como ese enigma que Blaise Pascal fotografió en sus Pensamientos: «¿Qué quimera es el hombre, entonces? ¡Qué novedad!

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¡Qué monstruo, qué caos, qué tema de contradicciones, qué prodigio! Juez de todas las cosas, ingenuo gusano de la tierra; depositario de la verdad, pozo negro de la incertidumbre y el error; gloria y rechazo del universo. ¿Quién desenredará esta maraña? (No. 438). Porque el ser humano, ahora capaz de conocer la estructura íntima de la materia, el núcleo de los átomos y la evolución cósmica de nuestro universo, capaz de tejer una extraordinaria red de comunicaciones por toda la Tierra y preparar su futuro aterrizaje en Marte, no es capaz, con su racionalidad, de evitar los conflictos armados, ¿Detenerlos mediante el uso de la palabra, detenerlos invocando la paz? La cuestión sigue abierta aquí.

No digo nada retórico si observo que en la dolorosa era de los conflictos que vivimos, nos hubiera gustado oír una voz que, con algunas raras excepciones, parece seguir callada. Nos hubiera gustado que los intelectuales y los hombres de ciencia se pusieran de pie y hicieran un llamamiento moral claro, que ayudara a los poderes fácticos a reflexionar y a razonar. Alguien que nos recuerde que es propio de nuestra especie biológica haber vencido la violencia y la opresión con el uso de la palabra y la razón; que lo que nos distingue no es la fuerza con la que imponernos, sino la que nos hace argumentar; Ese diálogo y el ejercicio de una racionalidad fundada nos califican más que la fuerza y el número de misiles y bombas que somos capaces de producir. En un pasado no muy lejano, los hombres de ciencia hicieron oír su voz, con coraje y determinación. Pienso en el Manifiesto promovido por Bertrand Russell y Albert Einstein y firmado el 23 de diciembre de 1954 por una docena de premios Nobel. Releamos algunos pasajes:

«En la trágica situación que enfrenta la humanidad, creemos que los científicos deben reunirse para evaluar los peligros que han surgido como resultado del desarrollo de armas de destrucción masiva y para discutir el texto de una resolución… No hablamos como miembros de tal o cual nación, de un continente o creencia religiosa en particular, sino como seres humanos, miembros de la especie biológica Hombre, cuya supervivencia ya no es un hecho. El mundo está lleno de conflictos… Casi todas las personas con conciencia política tienen sentimientos específicos y personales sobre uno o más de estos temas; Pero queremos que, si pueden, dejen a un lado esos sentimientos y se consideren sólo como miembros de una especie biológica que ha tenido una historia extraordinaria y cuya desaparición ninguno de nosotros puede desear. Necesitamos aprender a pensar de una manera nueva. Debemos aprender a preguntarnos, no qué medidas se pueden tomar para dar la victoria militar al grupo particular que privilegiamos, porque tales medidas ya no existen; La pregunta que debemos hacernos es: ¿qué medidas se pueden tomar para evitar un contexto de guerra cuyo resultado sólo puede ser desastroso para todas las partes?»

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Aquí, en Italia, Edoardo Amaldi y Carlo Bernardini dieron vida a la Unión de Científicos para el Desarme. Tuve la suerte de escuchar a Edoardo Amaldi en los años setenta, con ocasión de las conferencias que daba en institutos y universidades italianas, y todavía recuerdo sus argumentos tranquilos y profundos que esperaban una solución pacífica a las tensiones internacionales. Unas décadas más tarde escuché la exhortación de Juan Pablo II cuando, dirigiéndose a la Asamblea Plenaria de la Academia Pontificia de las Ciencias el 11 de noviembre de 2002, recordó que el científico, precisamente porque sabe más, debe servir más. En este «saber más» está el conocimiento de lo destructivo que sería, para toda la humanidad, participar en un conflicto en el que se utilicen armas nucleares; Y en este «servir más», está la obligación de hacérselo saber a todos, de decirlo sin reticencias. Hace unos años, en diciembre de 2021, poco antes del inicio del conflicto en Ucrania, Carlo Rovelli y Roger Penrose habían impulsado una petición firmada por 50 premios Nobel, en la que se señalaba que recortando el gasto que los Estados realizan en armamento solo un 2% durante los próximos 5 años, sería posible crear un fondo internacional capaz de luchar contra las pandemias de forma más decisiva, situaciones de pobreza extrema y cambio climático en curso. En la Encíclica Centesimus annus (1991), Juan Pablo II escribió: «La guerra puede terminar sin vencedores ni vencidos en un suicidio de la humanidad, y entonces hay que repudiar la lógica que la conduce, la idea de que la lucha por la destrucción del adversario, la contradicción y la guerra misma, son factores de progreso y avance de la historia» (n. 18). En los recientes conflictos mencionados anteriormente, el Papa Francisco ha instado repetidamente a un alto el fuego y al diálogo. Añadió también que, tarde o temprano, la guerra siempre tendrá que terminar con las partes en cuestión sentadas alrededor de una mesa: ¿por qué, entonces, no sentarse inmediatamente a hablar, evitando innumerables sufrimientos y dolorosas destrucciones? Hemos tomado nota con satisfacción de la declaración en la que, hace unos meses, el Consejo Internacional de la Ciencia lamentaba el 16 de mayo de 2024 las dramáticas consecuencias de los numerosos conflictos en curso.

Plenario-MSP-TPNW-2023
Conferencia de los Estados Partes en el Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares (TPAN), Naciones Unidas, Nueva York, 2 de diciembre de 2023

Construir juntos la paz significa hacer resonar todas estas voces en armonía y promover otras nuevas. Significa unir a todos aquellos que tienen fe en la racionalidad humana para que recuerden que ir a las armas creyendo que esa es la solución a los conflictos es, en cambio, siempre, una derrota. Cuando usamos la violencia de la guerra para hacer valer nuestros derechos, ya hemos perdido. Solo tendremos que contar los daños, tarde o temprano, y lo haremos todos, sin excepción.

Por último, volvamos a la pregunta que ha quedado abierta antes: ¿por qué el ser humano parece tan impotente para convivir en paz y fraternidad? ¿Qué lo hace incapaz de basar sus relaciones con sus semejantes en la racionalidad, el diálogo y la comprensión mutua? El nuevo año que comienza, 2025, ha sido declarado por la Iglesia Católica como el Año Jubilar. Un año de pedir perdón, a Dios y a los hermanos. En el corazón de la propuesta de la Iglesia Católica están el ejemplo y la enseñanza de Jesús de Nazaret, su condena de toda violencia hasta el punto de aceptar sobre sí mismo una muerte atroz e injusta; pero también su valiente doctrina, según la cual la paz y el amor sólo se construyen realizando la conversión del corazón. El corazón humano parece incapaz de construir la paz porque aún no ha sido capaz de convertirse: el corazón de cada uno de nosotros necesita conversión. Necesitamos «cambiar de opinión», como lo indica la palabra metanoia usada en el griego del Nuevo Testamento. Este es el deseo que me dirijo a mí mismo y a todos: que el Año Nuevo nos regale una conversión sincera, generando en nosotros relaciones guiadas por el perdón y la fraternidad.

(Giuseppe Tanzella-Nitti, Profesor de Teología Fundamental, Director del Centro DISF)

Tres mujeres pioneras en la ciencia: una historia de ciencia, fe y el poder de la amistad

Esta es la historia de la vida personal y profesional entrelazada de tres mujeres científicas pioneras, Lise Meitner, Elisabeth Schiemann y Eva von Bahr, que vivieron en una época de gran agitación, marcada tanto por grandes triunfos científicos como por los desastres humanos de el régimen nazi y dos guerras mundiales.

Es la historia de sus contribuciones científicas, sus viajes espirituales y su amistad que abarcó cincuenta años, a menudo turbulentos. La historia presenta muchos de los grandes nombres de la ciencia del siglo XX, incluidos los premios Nobel Max Planck, Niels Bohr, Otto Hahn, James Franck, Gustav Hertz y Max von Laue. Pero el centro de esta historia es Lise Meitner, quien, aunque se perdió el Premio Nobel, fue un gran nombre en la ciencia debido a sus descubrimientos en física nuclear, uno de los cuales, el fenómeno de la fisión nuclear, supuso un punto de inflexión. en la historia mundial.

Iniciando sus carreras y sus amistades

Lise Meitner completó su doctorado. en física en 1906 en su ciudad natal de Viena. Al año siguiente, fue a Berlín para escuchar las conferencias de Max Planck, uno de los fundadores de la teoría cuántica, y permanecería allí durante las siguientes tres décadas. Cuando llegó a Berlín, conoció a Otto Hahn, un químico que acababa de regresar de un puesto de investigación en Canadá. Los dos científicos formaron un fuerte equipo interdisciplinario, con Hahn como experimentalista y Meitner como teórico. Su primer laboratorio estaba en el antiguo taller de carpintería del Instituto de Química, pero a Meitner no se le permitió ingresar al instituto hasta 1909, cuando las leyes cambiaron para permitir estudiantes mujeres. Hahn y Meitner descubrieron rápidamente varios isótopos nucleares nuevos y pudieron publicar tres artículos importantes en 1908 y seis más en 1909. En 1912, Hahn y Meitner se trasladaron juntos al recién creado Instituto de Química Kaiser Wilhelm. Durante todos estos años, el trabajo de Meitner no fue remunerado, pero esto cambiaría en 1912, cuando se convirtió en asistente del propio Max Planck. En 1914, le ofrecieron un puesto atractivo en la Universidad de Praga, lo que la llevó a recibir un aumento significativo de salario para mantenerla en Berlín.

Los padres de Lise Meitner eran judíos y habían inscrito a todos sus hijos en la comunidad judía (Israelitische Kultusgemeinde), pero les proporcionaron una educación liberal, en gran medida secular, dentro de un entorno culturalmente cristiano. En noviembre de 1908, a la edad de 30 años, Lise Meitner se bautizó y se convirtió en miembro de la iglesia luterana. Caracterizar su conversión como una mera adaptación cultural simplificaría demasiado el asunto; fue una elección deliberada y consciente. El hecho de que eligiera el luteranismo sobre el catolicismo, a pesar de que dos de sus hermanas se convirtieron al catolicismo a principios de ese año, sugiere que fue influenciada por colegas y amigos profundamente luteranos, en particular Max Planck, Otto Hahn y su amiga Elisabeth Schiemann.

Meitner conoció a Schiemann poco después de llegar a Berlín. Se encontraron en un tren local camino a la universidad. Meitner pronto entró en el círculo familiar de Schiemann.

Elisabeth Schiemann nació en Fellin (hoy Viljandi), una ciudad de Estonia, pero su familia se mudó poco después a Berlín para evitar conflictos locales dirigidos a la minoría alemana en los países bálticos. De joven enseñó francés durante varios años, pero luego comenzó a estudiar ciencias con especial énfasis en la botánica, primero como estudiante invitada y luego como estudiante regular cuando las mujeres fueron admitidas en las universidades prusianas en 1908. Recibió su doctorado. en 1912, siendo su tema de tesis las mutaciones en el hongo del moho Aspergilo.

Meitner conoció a la física sueca Eva von Bahr en 1912 en uno de los coloquios de los miércoles que se celebraron en la biblioteca del Instituto de Física de Berlín. Von Bahr se había convertido, unos años antes, en la primera mujer en completar su habilitación “” 1 y recibe un “venia docendi” (autorización para entender) en Suecia. Sin embargo, tras la muerte de su mentor Knut Angstrom en 1910, solo se le permitió conservar su puesto docente de forma temporal. Aunque la disertación de von Bahr obtuvo reconocimiento internacional, no le permitió continuar su investigación en Suecia. Así, entre 1912 y 1914 continuó sus investigaciones en Berlín en el Instituto de Física Experimental. Durante este breve período de tiempo, descrito que el espectro de absorción del gas cloro de hidrógeno es discreto en lugar de continuo2 un resultado que apoyó la teoría cuántica de Max Planck. Su importancia queda demostrada por el hecho de que von Bahr fue el único investigador sueco mencionado por Niels Bohr en su conferencia del Premio Nobel de 19223 sobre la estructura de los átomos. En el año de 1913, fue invitada a un grupo de investigación único de James Frank y Gustav Hertz. Sin embargo, unos meses más tarde tuvo que regresar a Suecia para cuidar de su madre, que había sufrido un derrame cerebral. Aunque su madre murió unos meses desesperes, von Bahr no pudo regresar a Berlín debido al estado de la Primera Guerra Mundial.

Primera Guerra Mundial: años decisivos

Lise Meitner estaba profundamente motivada para servir a su país, inspirada por Marie Curie y su hija Irène Curie, quienes se habían unido a los esfuerzos de guerra como enfermeras de rayos X. En agosto de 1915, Meitner fue enviado al Frente Oriental en Lemberg (ahora Lviv, Ucrania). Allí experimentó la desgarradora realidad de la guerra, fue testigo del sufrimiento de los soldados gravemente heridos, la realidad de la muerte y el camino hacia la recuperación. Ayudó en el quirófano y tomó imágenes de rayos X para facilitar diagnósticos y cirugías.4 Siempre admiró profundamente a las personas que viven la caridad como una realidad de ser discípulo de Cristo, como el sacerdote católico que todas las noches visitaba a los pacientes que podían morir en las horas, dando consuelo a todos, ya fueran católicos, protestantes o juicios.“ 5

Meitner regresaría a Berlín en 1916 y orientaría su investigación en una nueva dirección: buscar el “precursor” del elemento Actinium. En la desintegración radiactiva, el núcleo de un elemento puede convertirse en el núcleo de otro elemento. De hecho, existen “chains” de tales desintegraciones (como el torio-230 al radio-226 al radón-222 al polonio-218 al plomo-214 al bismuto-214) etc.), y se pensaba que los elementos iniciales de tales cadenas de desintegración incluían los elementos uranio, torio y actinio. Sin embargo, hubo una pregunta sobre Actinium. Dado que incluso el isótopo más estable del actinio tiene una vida media de sólo unos 22 años, todo el actinio de la Tierra se habría desintegrado por completo muy temprano en la historia de la Tierra. En consecuencia, el Actinium que ahora se encuentra en las rocas no puede ser primordial, sino que debe haber surgido más adelante en la historia de la Tierra como resultado de la desintegración radiactiva de algún otro elemento “precursor”, aún no descubierto. Era este elemento precursor postulado el que estaban buscando Meitner y Hahn y sus competidores en otros laboratorios.

Los procesos de adquisición de equipos de laboratorio (como un recipiente de platino), obtención del material de partida “pechblenda,” y de separación, identificación y caracterización del nuevo elemento fueron largos y difíciles y la carga de ellos recaía principalmente sobre los hombros de Meitner. ya que Hahn estuvo ausente debido a la guerra. El gran avance se produjo en el verano de 1917 y el 16 de marzo de 1918, Hahn y Meitner presentaron su artículo6 afirmando: “Hemos logrado descubrir un nuevo elemento radiactivo y demostrar que es la sustancia madre del actinio. Proponemos, por tanto, el nombre Protactinium.” Meitner había demostrado su talento y ahora era una científica de renombre.

Mientras tanto, Eva von Bahr, incapaz de regresar a Berlín y enfrentando barreras para conseguir un puesto en Suecia —, a las mujeres no se les permitió seguir carreras académicas como profesoras allí hasta 1925 — tomó la difícil decisión de abandonar la academia. Optó por enseñar matemáticas en una escuela de educación para adultos (“)folkhögskola”) en Brunnswick, Dalarna, cerca de la frontera con Noruega. Estas universidades, originarias de Dinamarca y que luego se extendieron a los países nórdicos, tenían en su mayoría estudiantes altamente motivados de entornos rurales y económicamente pobres. Tenía buenos recuerdos de su época en a folkhögskola en Dinamarca durante su juventud. La enseñanza de matemáticas y física había sido una consideración para ella antes de su corta carrera en la investigación científica, y ahora se embarcó en este nuevo camino. No sólo le gustaba enseñar, sino que también conoció a Niklas Bergius, un profesor de humanidades silencioso, reservado pero muy conocedor con quien se casó en 1917. Niklas Bergius se convirtió al catolicismo e incluso pasó algún tiempo en un seminario, pero abandonó el seminario en 1908 debido a las estrictas reglas contra el modernismo teológico, ya que no aceptó ninguna restricción intelectual en sus estudios filosóficos. Se distanció de su fe. En el otoño de 1918, la universidad de Brunnsvik cerró temporalmente sus puertas debido a la grave escasez de alimentos en la zona y la pareja se mudó a Dinamarca. Aquí conocieron a los jesuitas, lo que les cambió la vida a ambos. Niklas regresó a los sacramentos y Eva, que se consideraba atea, inició un viaje que la llevaría a abrazar la fe católica en 1930.

Mientras tanto, Elisabeth Schiemann había comenzado a trabajar en 1914 como asistente principal en el Instituto de Genética de la Universidad Agrícola de Berlín. Sus tareas eran construir y mantener la colección de plantas de cultivo del Instituto, mantener la biblioteca y realizar la formación universitaria en fitomejoramiento. En ese momento, los botánicos tuvieron que abordar dos nuevos hallazgos: el redescubrimiento de las reglas de Mendel y la teoría de la evolución de Charles Darwin, y ambos campos influyeron en sus futuras investigaciones. Con su investigación sobre el cruce de cebada de invierno y primavera (Hordeum sp.), y la historia y geografía de diferentes especies de cebada, recibió su “venia docendi” en 1924.

La década posterior a la Primera Guerra Mundial

Aunque la derrota, la pobreza, las enfermedades y el hambre caracterizaron a Alemania y Austria al final de la Primera Guerra Mundial, en ambos países se establecieron democracias y la ciencia prosperó.

Lise Meitner se convirtió en jefa de su propio departamento de radiofísica en el Instituto de Química en 1918. Después del descubrimiento del protactinio, centró su interés en los espectros de rayos beta de sustancias radiactivas. En 1922 recibió su habilitación y fue nombrada profesora asociada en 1926. Su carrera progresó de manera constante durante los siguientes años. La física trajo alegría y significado a su vida y estaba rodeada de amigos y colegas. Albert Einstein la llamó “nuestra Madame Curie” y los físicos nucleares de todo el mundo valoraban su experiencia.

Su amiga Elisabeth Schiemann llevó a cabo su investigación sobre la geografía y la historia de las plantas de cultivo, retomando la idea de Nikolaj Vavilov en 1926 de que el centro de origen“de una planta de cultivo era el lugar donde se encontraba la mayor diversidad genética en comparación con la variedad original o especies. En el caso del trigo (Triticum), los primeros hallazgos y la mayor variedad están presentes en Egipto, Oriente Medio y Etiopía. Schiemann también inició experimentos de cruzamiento con diferentes especies de fresas (Fragaria), obra que intentó mantener incluso en los difíciles años de la Segunda Guerra Mundial. En 1928, Erwin Baur fundó el Instituto Kaiser Wilhelm para la Investigación de la Cría en Müncheberg, cerca de Berlín, y esto pareció presentar una oportunidad para Schiemann, pero en 1929 rompió con Baur. Las razones no están del todo claras, pero podemos señalar dos acontecimientos: a Schiemann se le había prometido dirigir su propio departamento para la historia de los cultivos en Müncheberg, pero Baur dudó y decidió lo contrario. Y en el instituto Baur de Dahlem, su sucesor fue Hans Kappert, en aquel momento un científico desconocido y nueve años menor que Schiemann. Se sentía tratada injustamente y la injusticia era lo único que no podía tolerar, como lo demostraría más adelante en su resistencia al régimen nazi. Pero ella no era una persona que cuidara los resentimientos y Baur y Schiemann se reconciliaron en 1933. Schiemann llegó a apreciar la experiencia de Kappert y lo reconoció en un elogio que escribió cuando tenía 60 añosth cumpleaños en 1950,7 Dejando un lugar seguro, se convirtió en investigadora visitante en el Museo Botánico de Berlín-Dahlem. En 1932 se consagró como científica experta con su libro “Die Entstehung der Kulturpflanzen” (“Origen de Plantas Cultivadas”). El foco de su trabajo pasó de los aspectos genéticos-experimentales al campo más descriptivo de la historia de los cultivos y se dedicó a preguntas de sistema vegetal. Su situación financiera seguiria siendo precaria hasta 1945.

En Suecia, Eva von Bahr-Bergius había emprendido el camino hacia la conversión.8 Tenía un claro anhelo por Dios, que la atraía a la Iglesia católica, principalmente a través del silencio y la belleza que se encuentran en la santa Misa y la Eucaristía, pero también a través de los dogmas y la esencia de la Iglesia católica. Su mente analítica y científica se centró en la verdad intelectual. Se tomó su tiempo para reflexionar, leer y escribir. Fue recibida en la Iglesia Católica el 22 de febrero de 1930, doce años después de iniciar su viaje hacia la fe. En la primera mitad del siglo XX en Suecia, los católicos no sólo eran una pequeña minoría, sino que también seguían siendo discriminados por ley, y la sociedad en general era hostil e incluso hostil al catolicismo. Eva von Bahr no rehuyó los desafíos y escribió su historia de conversión en 19339 un viaje del luteranismo formal al ateísmo en sus años en la universidad y luego a su regreso a la fe cristiana abrazando el catolicismo. Proporcionó una reseña de reflexiones teológicas y existenciales sobre textos que había leído y acontecimientos clave de su vida. Dijo que el propósito de su historia de conversión era describir su camino hacia la fe cristiana y por qué este camino finalmente la llevó a la Iglesia Católica. Su intención inicial era sólo aclarar sus propios pensamientos respondiendo a un amigo por escrito, pero decidió publicarlo para inspirar a otros que buscaban la verdad. Fue escrito originalmente para una pequeña audiencia que tenía actitudes amistosas hacia la Iglesia Católica. Pero una vez que se publicó ampliamente, rápidamente atrajo duras críticas, a las que respondió con una posdata de su libro, publicado en 1934. Aquí se tomó más libertad para agudizar la defensa de la Iglesia católica y de su propia decisión de unirse a ella.

Bajo el yugo nazi

En Alemania, el Partido Nacionalsocialista (Nazi) llegó al poder a principios de 1933 y casi de inmediato promulgó una ley que despedía a todos los empleados gubernamentales de ascendencia “no aria, incluidos los profesores universitarios. La principal exención, por el momento, era para los veteranos de la Primera Guerra Mundial. Esto tuvo repercusiones inmediatas para los amigos y colegas de Lise Meitner. El premio Nobel James Franck dimitió el 17 de abril de 1933, diciendo que los alemanes de ascendencia judía estamos siendo tratados como extranjeros y enemigos de la Patria.“10 Fritz Haber recibió la orden de despedir a los judíos en su instituto y respondió presentando su propia dimisión: “Mi tradición exige de mí que en mi posición científica seleccione a mis colaboradores en función de sus cualidades profesionales y de su carácter, sin cuestionar su condición racial” 11 El sobrino de Meitner, Otto Robert Frisch, había estado en Hamburgo desde 1930, trabajando en el instituto de Otto Stern, pero en 1933 Stern y la mayoría de sus colaboradores, incluido Frisch, fueron despedidos. Frisch fue primero a Londres y luego a Niels Bohr en Copenhague, Dinamarca.

Se podrían agregar muchas más historias, ya que 15 – 20% de los empleados universitarios alemanes en ciencias tenían ascendencia judía. Sólo en los Institutos Kaiser Wilhelm de Berlín, 55 empleados fueron despedidos en 1933 y los años siguientes.12 A la propia Lise Meitner se le revocó la licencia y el título de profesora en septiembre de ese año, pero estaba relativamente segura, dada su ciudadanía austriaca. Tenía 55 años, lejos de cualquier idea de jubilación, pero también dudaba en emigrar y empezar algo nuevo. Continuó su investigación en su instituto y podía contar con el apoyo de Max Planck, Max von Laue y Otto Hahn. A pesar del aumento de sentimientos y acciones antisemitas en el Instituto Kaiser Wilhelm, fue respetada como científica y continuó su trabajo. Inició un proyecto de investigación conjunto con Hahn en 1934. Juntos se propusieron investigar los elementos transuránicos “”, elementos más allá del uranio es decir. con un número atómico superior a 92, campo de investigación que Enrico Fermi había iniciado bombardeando uranio con neutrones. Su investigación, sin embargo, los llevaría por un camino diferente y hacia un descubrimiento impresionante y trascendental.

El ascenso al poder del régimen nazi afectó a todas y cada una de las instituciones. La Iglesia luterana estaba dividida sobre la cuestión del antisemitismo. El régimen nazi quería que implementaran la medida para despedir a las personas con ascendencia judía. Si bien la mayoría aceptó esto, la llamada Iglesia Confesante “” en torno a Dietrich Bonhoeffer y Martin Niemöller — se mantuvo firme en su protección de sus compañeros protestantes con ascendencia judía, pero tenía una postura poco clara o indiferente hacia los judíos no cristianos. Elisabeth Schiemann sentía una profunda preocupación por la integridad de la fe que tanto los pastores como los laicos tenían el deber de proteger. Se unió a la Iglesia Confesante en 1934 y alentó a sus líderes a tomar medidas para proteger no sólo a los judíos bautizados, sino también a aquellos que habían permanecido en su fe judía. Vio con notable claridad que los argumentos pseudocientíficos que se utilizaban para promover la teoría alemana “pura race” estaban corrompiendo a la opinión pública e incluso a la Iglesia Confesante. Expresó su profunda preocupación en una carta al pastor Niemöller:

“¡Querido pastor! ¡El ataque al depósito de fe que tanto tú como yo […] tenemos que proteger proviene de la biología! El conocimiento biológico adquirido a través de un trabajo cuidadoso y responsable a menudo ha sido falsificado por diletantes y luego convertido en pilares de edificios doctrinales que deben colapsar porque estos pilares están podridos. Nosotros, los genetistas, lo pasamos algo difícil contra esta avalancha de diletantismo conceptualmente engañoso que se está derramando sobre nuestro pueblo.” 13

Luego propuso implementar cursos de biología en la educación continua de pastores protestantes y luego impartió estos cursos ella misma. Asistió a los servicios religiosos en St. Annen-Kirche, la misma iglesia a la que asistía Lise Meitner. Schiemann también participó activamente en el círculo en torno a Anna von Gierke, quien organizó conferencias sobre religión, política e historia y organizó grupos de estudio bíblico, y luego ayudó a los judíos a encontrar escondites y obtener cupones de alimentos, al mismo tiempo que los ayudó a escapar de Alemania.

La fuga de Meitner de Alemania

El 12 de marzo de 1938, Alemania anexó Austria, invalidando todos los pasaportes austriacos. Las preocupaciones aumentaron dentro de su círculo de amigos y de la comunidad científica local e internacional. A pesar de recibir invitaciones, incluida una de Niels Bohr en Dinamarca y un puesto de un año en el nuevo Instituto de Radiactividad en Suecia, no pudo conseguir una visa. La anexión la dejó atrapada, ya que ya no se le permitía salir de Alemania. En los meses siguientes se enviaron muchas cartas para encontrar un puesto y financiación en Holanda y Suecia, una tarea difícil en países con un número ya elevado de científicos refugiados. En Alemania, los niveles más altos del régimen nazi estaban al tanto del caso de Meitner: planeaban su despido del instituto de investigación y tenían la intención de confinarla dentro de Alemania.14

El 12 de julio de 1938, su colega Otto Hahn informó a Meitner de un plan de fuga. Le ordenaron continuar con su rutina diaria en el instituto, empacar dos maletas pequeñas en casa y reunirse con su colega holandés Coster a la mañana siguiente para un viaje en tren a los Países Bajos. Hahn le regaló un anillo de diamantes de su madre para emergencias. Las autoridades fronterizas holandesas fueron informadas con antelación. El 13 de julio cruzó la frontera germano-holandesa sin el escrutinio de los oficiales alemanes. El mismo día se envió un telegrama a Berlín: “El niño ha llegado,” para alivio de Otto Hahn y de quienes conocen el caso. Los detalles de su fuga se mantuvieron confidenciales, con una narrativa inventada que sugería que había ido a Austria de vacaciones de verano. Al no poder permanecer en los Países Bajos o Dinamarca, recibió una oferta de inmigración y un puesto en Suecia, facilitado por Eva von Bahr, quien, en estrecho contacto con Niels Bohr —, desempeñó un papel crucial en la organización de la reubicación. Elisabeth Schiemann, sin embargo, no se dio cuenta del paradero de Meitner durante varias semanas hasta que recibió noticias directamente de ella.

Al llegar a Suecia en agosto, Meitner pasó unas breves vacaciones de verano con Eva von Bahr y su marido y luego ocupó su puesto de investigación en el Instituto del Premio Nobel de Estocolmo. Para los 60 de Lise Meitnerth cumpleaños, el 7 de noviembre, Elisabeth Schiemann envió a su amiga fotografías y una cronología de los acontecimientos de su amistad de 30 años. Ella escribió:

“El treasures that you have hidden within you y que tienen only grown through giving will not remain barren, saldrán de una forma u otra y te ayudarán en el nuevo comienzo, que es difícil, como todo; pero más adelante, en retrospectiva, ese período de espera volverá a parecer pequeño.” 15

Mientras tanto, en Alemania, el partido nazi intensificó la persecución y la emigración forzada de judíos. Cuando un joven judío polaco refugiado en París se enteró de que su familia también sería deportada, tomó un revólver e hirió de muerte a Ernst von Rath, un miembro destacado de la embajada alemana. Siguieron represalias en el acto: en la noche del 9 de noviembre de 1938, propiedades y tiendas de propiedad judía fueron destrozadas, sinagogas quemadas, judíos asesinados o encarcelados. Vidrio roto por todas partes — esta noche se recuerda en la historia como “Kristallnacht”, la noche “de vidrio roto.”

Un punto de inflexión en la historia

Lise Meitner se sintió desesperada e indefensa. Esperaba pasar las vacaciones de Navidad en Copenhague con la familia, los amigos y su sobrino Otto Frisch de Niels Bohr, pero ahora se enteró de que no recibiría visa. Eva von Bahr recibió la noticia e inmediatamente invitó a Meitner y Otto Frisch a su casa en Kungälv.16 Durante estos días en Kungälv se escribió historia de la ciencia — e historia mundial —: El 19 de diciembre de 1938, Lise Meitner recibió una carta de Otto Hahn diciéndole que él y Fritz Strassmann, al bombardear uranio con neutrones, tenían resultados que no podían explicar. Habían decidido que al principio sólo se lo dirían a Meitner y le preguntarían si podía encontrar una solución al misterio. Habían utilizado procesos químicos relacionados con el bario para separar e identificar los diversos elementos que resultaron del experimento nuclear. En la jerga de la química, habían utilizado bario para precipitar y aislar diferentes fracciones químicas de “.” Pero al principio sólo habían mirado los filtrados, no los precipitados; una vez que lo hicieron, se dieron cuenta de que parte de la radiactividad que veían estaba conectada al propio Bario, lo que sugiere que los isótopos radiactivos del Bario habían sido producidos de alguna manera por los procesos nucleares. Pero esto parecía imposible dado que los núcleos de bario tienen sólo aproximadamente la mitad del tamaño de los núcleos de uranio y, por lo tanto, no podían provenir del uranio a través de ninguno de los tipos de desintegración radiactiva que se conocían entonces (i.e. “alfa decay”, “beta decay” o “gamma decay”).

Meitner knew the expertise of Hahn and Strassmann well enough, and did not question their findings, but was puzzled too and wanted to discuss these results with Otto Frisch when they met for Christmas.  They went on a long walk and got immersed in conversation.  They began their consideration of the problem using the so-called “liquid drop model” of nuclei, which treats nuclei as drops of an incompressible fluid of very high density.  Meitner proposed that a Uranium nucleus, when hit by a neutron, might become elongated, then start to pinch in the middle, and finally split into two smaller nuclei, in this case the nuclei of Barium and Krypton. (Uranium has atomic number of 92, Barium of 56 and krypton of 36.)  Since Krypton is a noble gas, it would have escaped detection in Hahn and Strassmann’s experiment, while the Barium would be detected.

Meitner and Frisch concluded that it was an interplay play of forces: The Uranium nucleus, held together by nuclear force, can be deformed and destabilized when hit by a neutron, resulting in electrical repulsion temporarily overcoming the nuclear-force attraction to break the deformed Uranium nucleus  into two smaller nuclei, each of which would be held together by the nuclear force.  Using two methods of calculation — the first based on the electrical repulsion of the two nuclei formed in the process, the second based on Einstein’s famous formula E=mc2 — they concluded that the process would release enormous energy: 200 million electron-Volts for every Uranium-235 nucleus that was split.  Could they know that this nuclear power would be used in building the first atomic bombs in less than seven years?

Results on the chemistry were published in January of 1939 in the journal Naturwissenschaften17 by Hahn and Strassmann, and on the new nuclear physics process, called “nuclear fission”, in March of 1939 in the journal Nature18 by Meitner and Frisch.  Within a few weeks a large number of laboratories had verified the findings, and nuclear fission was written into science history.

Meanwhile, another historical event was unfolding: on September 1, 1939, World War II started with the German invasion of Poland.

In the grip of World War II

Lise Meitner’s first years in Sweden were difficult.  She grappled with learning a new language and adapting to a different cultural environment.  Her belongings remained stranded in Berlin and when they finally arrived, some items were damaged or missing.  However, the most formidable obstacles came from her professional situation.  She received her salary directly from the Nobel Foundation and was given a modest office and an inadequately equipped laboratory at Manne Siegbahn’s newly established Institute.  Siegbahn considered her a burden from the start.  He regarded her more as a competitor than a colleague.  And her requests for a budget, apparatus, and an assistant quickly resulted in a strained relationship.  Lise Meitner felt unwelcome, isolated, unappreciated, and lonely.  Her situation would only change in 1945.

Lise was also concerned for family and friends: her brother-in-law Justinian Frisch was detained in Dachau but released in 1939, and he and his wife (Lise’s sister Auguste) were able to escape from Vienna to Stockholm, where they remained until 1948, when they would join their son in England.  Lise was able to help the physicist Hedwig Kohn to emigrate to Sweden and later to the U.S. In other cases, however, she remained unsuccessful.

Even if her Christian faith did not provide Meitner with much consolation in this time of trial, the Lutheran Church was her spiritual home.  She had been a member in the St.-Annenkirche in Berlin Dahlem, and became a member of the Lutheran community in Engelbrechtskyrkan in Stockholm.  Meitner always felt uncomfortable when confronted with dogmatic concepts — especially by Catholics, such as Eva von Bahr or her own sister Carola.  She was “thoroughly Lutheran,”19 as Eva von Bahr told her probably more than once.  Lise Meitner was a woman sincerely searching for truth.  She acknowledged that some bible verses accompanied her throughout her life.

Meitner had a deep respect for life: physics and chemistry “cannot tell us what ‘life’ means, and I am referring not only to the complexity of human life but the simplest living organism. In front of this, we can only stand in awe and respect, in the same way as when seeing a wonderful landscape or when listening to a beautiful piece of music — is this not also a part of being religious?” 20  In 1942, she wrote that when first encountering Albert Schweitzer’s view that religion meant respect for all life forms, even the smallest animal, it seemed to her “shallow and cheap,” but that now she recognized that this respect contained a deep insight. “If respect for the miracle of life were deeper,” she exclaimed, “world history would look very different!” 21

On April 9, 1940, Germany invaded Denmark and Norway.  On this day, Lise Meitner was with Niels Bohr in Copenhagen — once again trapped!  She had at last received a visa and wanted to use the cyclotron in Bohr’s laboratory to finally investigate “transuranic elements.”  She remained a few more days in Copenhagen, but then decided to leave without results.  Her fear that the plane back to Stockholm could be accidentally or forcefully stopped in occupied territory did not materialize.  Given her refugee status, though, reentry into Sweden was complicated.  Unnecessarily though, since unbeknownst to her the Swedish embassy in Denmark had already prepared papers for her, upon specific request from Stockholm.22 Seven weeks later, a new element, with atomic number 93, was created by colleagues in California and named Neptunium.  Over the following decades, many other transuranic elements have been discovered — in 1982, the element with atomic number 109 was synthesized and called Meitnerium in her honor.

En el primer año de guerra, las preocupaciones familiares prevalecieron en la vida de Eva von Bahr: a su hermana mayor, Hedvig Alexanderson, que vivía con su familia en Estocolmo y que también era buena amiga de Lise Meitner, le diagnosticaron cáncer y se sometió a dolorosas Tratamientos radiológicos, sin éxito, y falleció a principios de enero de 1941. (La nieta de Hedvig escribiría más tarde una biografía de Lise Meitner y Eva von Bahr.23) El marido de Eva, Niklas, se había aislado durante años en su propio mundo, pero la guerra y los acontecimientos políticos en Europa lo impulsaron a actuar: viajó a Gotemburgo para participar en reuniones de trabajo y protesta, y Eva lo acompañó. También participó activamente en la organización humanitaria sueca Svenska Norgehjälpen (Apoyo Sueco a Noruega).

La amenaza de que Alemania también pudiera invadir Suecia estaba en la mente de todos. ¿tendría que huir su amiga Lise una vez más? ¿Qué podría pasar con su sobrina Karin, cuyo marido era judío y cuyos tres hijos pertenecían a la comunidad judía? Como muchas otras, Eva von Bahr ya había empezado a planificar lo que se podía hacer en una situación de peligro. Mientras tanto, Lise Meitner había hecho todo lo posible, pero en vano, para ayudar a su colega y amigo Stefan Meyer a salir de Viena, como le dijo a Eva von Bahr en marzo de 1942. En la misma carta, Meitner agradeció a von Bahr: “tu amistad conmigo es verdaderamente una de las mejores cosas que ha sucedido en mi vida. Por lo tanto, no puedo agradecerles con palabras, sino que sólo puedo transmitirles los sentimientos de mi corazón.” 24

En 1943, el rumbo de la guerra cambió para alivio de muchos. La distancia geográfica entre Estocolmo y Kungälv dificultaba las reuniones, pero Eva von Bahr y Lise Meitner escribían cartas y hablaban por teléfono de vez en cuando. En los últimos años de la guerra, y hasta 1947, la vida de von Bahr se volvió cada vez más tranquila y restringida a Kungälv, porque su marido se volvió frágil y deprimido.

Mientras tanto, Elisabeth Schiemann vivía en Berlín y tuvo toda la experiencia de la escasez de alimentos y los ataques aéreos y conoció muchas historias trágicas de vida entre su propia familia, amigos y conocidos: hijos o padres perdidos en la guerra, madres que morían a causa de enfermedades, personas perseguidas, deportadas. o suicidarse para evitar la deportación, personas que pierden sus hogares. Sus frecuentes cartas a Lise Meitner nos dan un registro. Pero no lo contaron todo, las cartas fueron censuradas. Cuando dos de sus conocidas, Valerie y Andrea Wolffenstein, fueron amenazadas con la deportación, primero exploró rutas de escape a Suiza, pero fue arrestada temporalmente en la frontera; pero como no se descubrió el mapa con los planos detallados, pudo regresar a Berlín. Junto con su hermana Gertrud, escondió a Andrea en su apartamento durante dos meses hasta que Valerie y Andrea encontraron otros escondites y finalmente pudieron salir de Berlín. Sobrevivieron a la guerra y fue su testimonio lo que llevó a Elisabeth Schiemann a ser honrada póstumamente como “Justa entre las Naciones” en 2014.

En 1940, tras una denuncia y una disputa sobre la conversión de la cátedra asociada de Schiemann en cátedra adjunta, su ‘venia legendi’ fue revocado en 1940. El régimen la consideraba políticamente poco fiable. La razón principal fue su oposición a las nuevas condiciones ideológicas para conferir un decreto de doctorado en la Universidad de Agricultura en 1938. Su propia defensa ante el Ministerio de Educación en 1940 da una indicación de su rectitud:

“En esta declaración, rechacé la conexión entre el título de doctorado y el compromiso con una ideología basándose en que las ideologías no son el requisito previo, sino el fruto del conocimiento científico en la búsqueda de la verdad y, por lo tanto, la búsqueda de la verdad por sí sola debería ser la guía más alta para el trabajo científico.” 25

Como muchos otros científicos, Schiemann continuó trabajando incansablemente, a pesar de las terribles condiciones laborales y los graves reveses: el Museo de Botánica se incendió y sus experimentos de mestizaje fueron destruidos más de una vez en bombardeos aéreos.

Finalmente, después de cinco largos años, el tan esperado fin de la guerra en Europa significó nuevos esfuerzos para ella en la reorganización de la ciencia en Alemania.

Años pacíficos

En agosto de 1945, cayeron bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki. “Madre del bomb” atómico: esta era una fama que Lise Meitner nunca quiso. La habían invitado a colaborar en el proyecto Manhattan, pero lo habían rechazado enfáticamente. Durante la Primera Guerra Mundial ya estaba harta de la guerra con todo su dolor. Había descubierto el poder de la fisión nuclear, pero nunca abogó por su uso en la guerra.

El 16 de noviembre de 1945, la Real Academia Sueca de Ciencias anunció que Otto Hahn había recibido el Premio Nobel de Química “de 1944 por su descubrimiento de la fisión de núcleos atómicos pesados.” Lise Meitner quedó fuera, aunque una mirada cuidadosa a la historia sugiere que esto se debió a otras razones además de que era mujer. Aunque no estuvo presente en los experimentos finales, fue Meitner quien inició el proyecto, reunió al equipo, trabajó en él durante casi cuatro años y finalmente interpretó los resultados. Había sido nominada 48 veces a lo largo de los años por el descubrimiento de Protactinium y por la fisión nuclear, pero nunca recibió el premio.

El agradecimiento llegó desde otro lugar. En 1946, Meitner fue nombrada Persona del Año“por Estados Unidos. National Press Club y fue profesor invitado de física en la Universidad Católica de América esa primavera. En 1949 recibió la Medalla Max Planck junto con Otto Hahn y en 1966 el Premio Enrico Fermi junto con Otto Hahn y Fritz Strassmann.

En 1946, pasó del departamento de Siegbahn al departamento de física de Gudmund Borelius en el Real Instituto de Tecnología y más tarde a la Real Academia Sueca de Ciencias de la Ingeniería. Mirando hacia atrás en 1964,26 podría decir “que también en Suecia la física ha traído luz y plenitud a mi vida,” y agradeció específicamente a Oskar Klein, Sigvard Eklund y Gudmund Borelius. Permaneció en Suecia hasta 1960, cuando se mudó a Cambridge, Inglaterra, para estar cerca de Otto Frisch, sus padres y otros familiares que vivían allí. Murió en octubre de 1968 a la edad de 89 años. En su lápida están grabadas las palabras que Otto Frisch eligió para su tía: “Una física que nunca perdió su humanidad.”

En 1946, a la edad de 65 años, Elisabeth Schiemann se convirtió en profesora titular en la recién inaugurada Universidad de Berlín, cargo del que se retiró dos años después, debido a la creciente presión del comunismo en la parte oriental de Berlín. Permaneció como directora del Instituto de Historia de las Plantas de Cultivo en Berlín-Dahlem, la parte occidental de Alemania, hasta 1956. Era una persona fuerte, austera y, a veces, incluso dura. Fue descrita de la siguiente manera: “Una mujer con una mente muy crítica y un pensamiento lógico hacía que la gente se sintiera aún más incómoda en su época de lo que lo haría hoy. Especialmente porque defendió sus tesis clara y enérgicamente — académicamente y en su ‘worldview’, es decir. . rechazar el nacionalsocialismo y ser miembro de la Iglesia Confesante.” 27 Fue nominada miembro de la Max Planck Gesellschaft en 1953 y de la Leopoldina en 1956. En 1959, con motivo del centenario de la publicación del Origen de las especies de Charles Darwin, Elisabeth Schiemann fue honrada con la Medalla Darwin de manos de Leopoldina, siendo la única mujer en recibirla entre 18 colegas. Murió en enero de 1972.

El marido de Eva von Bahr, Niklas, moriría en 1947. Uno de sus alumnos lo describió con estas palabras: “Niklas Bergius era una personalidad cuyas fuertes pretensiones de libertad espiritual también provocaron ocasionalmente crisis espirituales, pero su lealtad a la Iglesia, sin embargo, corrió como un hilo rojo a lo largo de su vida y sus acciones.” Eva editó sus ensayos sobre los santos católicos y ayudó a publicarlos en el libro “Helgón. Biografía de Korta.” (“Saints. Biografías breves”). La casa de Kungälv era demasiado grande y estaba demasiado vacía para ella después de su muerte, y ella se mudó a Uppsala.

Una amiga de su época en Brunnsvik dijo que al intentar caracterizar brevemente a Eva “…, me vienen a la mente tres pequeñas palabras: claridad, rigor, bondad. […] La última vez que la vi en su casa de Uppsala, Eva, de 86 años, estaba sentada rodeada de libros y estudiando una obra inglesa sobre la teoría de la relatividad, llena de misteriosos signos mágicos de ecuaciones diferenciales.” 28 ¡El amor por la ciencia la acompañó mientras durante toda su vida! Y desde 1930, Eva von Bahr había encontrado su hogar espiritual en la comunidad de la Iglesia Católica. Murió el 28 de febrero de 1962 y fue enterrada en el cemento católico de Estocolmo, junto a su marido.

Cartas entre estas tres mujeres revelan su interés y sus preocupaciones desde hace más de 50 años. Si bien sus relaciones estuvieron marcadas por la profundidad y la calidez, también soportaron tensiones. Lise Meitner aceptó, pero nunca entendió que Eva von Bahr estaba dispuesta a renunciar al sueño de una carrera científica en 1914. Esta discordia provocó una pausa en la comunicación durante casi una década, que no terminó hasta 1938, cuando Elisabeth Schiemann preguntó a Eva von Bahr si Lise Meitner podía ser bienvenida en Suecia. El contacto de Eva von Bahr con sus colegas científicos Niels Bohr y el físico teórico Carl Wilhelm Oseen en Uppsala la ayudó a traer a Lise Meitner a Suecia. Y su casa en Kungälv sería recordada más tarde por el descubrimiento de la fisión nuclear.

En 1945, cuando el mundo se enteró de todas las atrocidades que había cometido el régimen nazi, Lise Meitner reprochó enérgicamente a sus amigos y colegas alemanes, especialmente a Otto Hahn, Max von Laue y Elisabeth Schiemann, que al permanecer en su país y sus instituciones habían contribuido a todo el éxito temporal del régimen nazi; y ni siquiera hizo una excepción en su propia decisión de permanecer en Berlín hasta 1938. Expresó su expectativa de que los científicos reconozcan oficialmente su parte de culpa. Sus amigos de Berlín, sin embargo, habiendo pasado por toda la miseria de la guerra, poco o ningún entendimiento sobre la posición de Meitner: su mente estaba en superar los años desastrosos entre 1933 y 1945 y en reconstruir su país, que yacía entre los escombros.

La controversia fue dura y las cartas poco pudieron hacer para mitigar el conflicto. Las reuniones podrían hacer más. En 1946, Lise Meitner conoció a Otto Hahn en Estocolmo y un año después a Elisabeth Schiemann en Londres. Sin embargo, se necesitaría más tiempo para sanar a ambos lados. En 1947, Fritz Strassmann, que se había convertido en profesor en Maguncia, le propuso regresar a Alemania. Ella le dijo que no podía ni volvería a vivir en Alemania. En 1949 llegó el momento de encontrar la paz con Alemania y sus amigos. Cuando recibió la Medalla Max Planck junto con Otto Hahn, le escribió a Max von Laue diciéndole que estaba muy contenta, en parte por su “amor y reverencia” por Planck, en parte porque consideraba un “un regalo muy valioso cada vínculo. que me une a la vieja Alemania que amaba mucho la Alemania, a la que difícilmente puedo estar suficientemente agradecido por los años cruciales de mi desarrollo científico, por el profundo placer por el trabajo científico y por un círculo muy querido de amigos.” 29 Unos meses más tarde, Nelly Planck, la nuera de Max Planck —, su marido, había sido ejecutada por los nazis por ser parte del complot para asesinar a Hitler el 20 de julio de 1944. — permaneció varios días con Lise Meitner y discutieron el momento difícil en Alemania. Entonces pudo escribir Elisabeth Schiemann: “De repente se abrió una puerta cerrada al pasado.” 30 Y esto significó un nuevo futuro para Lise Meitner y sus amigos en Alemania.

Mujeres pioneras

La carrera científica de Eva von Bahr se vio truncada por la legislación restrictiva vigente en Suecia y el estallido de la Primera Guerra Mundial, lo que obstaculizó su regreso a su puesto de investigación en Berlín. Pero la ciencia seguía siendo querida por ella: seguía interesada en la física, utilizaba su contacto con colegas científicos para ayudar a su amiga Lise Meitner y aplicaba su perspicacia científica al descubrir los fundamentos racionales de la fe católica. Dedicó su vida a su familia, a la docencia y a su comunidad católica.

Elisabeth Schiemann, una autoridad en historia y genética de cultivos, recorrió una carrera profesional complicada. Partiendo de una posición segura debido a desafíos interpersonales con su superior, encontró una mayor autonomía en la investigación. Fue despedida del puesto de profesora asociada debido a su firme oposición al régimen nazi, manteniéndose así auténtica consigo misma y firme en sus principios. A lo largo de las adversidades de la guerra, perseveró en su investigación en medio de la destrucción provocada por el fuego y los bombardeos aéreos. Principalmente invisible en ese momento, participó activamente en ayudar a sus compatriotas judíos. Siendo una experta en el campo, pudo contribuir a la reconstrucción de la ciencia después de la Segunda Guerra Mundial. Era una mujer increíblemente fuerte, comprometida con la investigación, la integridad, la fe y el verdadero cuidado de los demás, lo que justificaba un reconocimiento más amplio más allá de las esferas de habla alemana.

Lise Meitner era una científica brillante y una amiga cálida y compasiva. Se enfrentó al exilio de Alemania en 1938 y lo perdió casi todo: sus amigos, su puesto e instalaciones de investigación y su entorno cultural. Su contribución duradera a la ciencia, el descubrimiento de la física detrás de la fisión nuclear, se produjo poco después. Sí, no recibió el Premio Nobel, pero obtuvo un reconocimiento inquebrantable por parte de la comunidad científica en años posteriores y dejó una huella imborrable en los anales de la física.

Los pioneros allanan el camino hacia nuevos esfuerzos y, a menudo, encuentran serios obstáculos. Lise Meitner, Elisabeth Schiemann y Eva von Bahr fueron firmes, valientes y resistentes, y comprometidas con quienes los rodeaban. Son verdaderos modelos a seguir, particularmente para las mujeres en la ciencia.

Que encontremos en nuestros esfuerzos científicos lo que Lise Meitner nos enseñó en una conferencia en la Comisión Austriaca de la UNESCO en 1953: 31

“La ciencia hace que las personas busquen desinteresadamente la verdad y la objetividad; enseña a las personas a aceptar la realidad, con asombro y admiración, sin mencionar la profunda alegría y asombro que el orden natural de las cosas aporta al verdadero científico.”

[Aquellos que deseen leer más por el Dr. Moritz puede acudir a ella blog “La ciencia se encuentra con Faith” y ella facebook página del mismo nombre.]

Referencias

1.. La habilitación es el título académico más alto en muchos países europeos y de habla no inglesa y superior a un doctorado. El candidato cumple con los criterios de excelencia establecidos por una universidad en investigación, enseñanza y educación superior, que generalmente incluyen una segunda tesis“.

2.. HM Randall (1954). “Espectroscopia Infrarroja en la Universidad de Michigan,” Revista de la Sociedad Óptica de América 44(2)97: “Se hizo un avance importante en 1914 cuando Eva von Bahr demostró que las bandas de doblete de HCl los gases ácidos definitivamente fueron dentados.”

3.. Niels Bohr, “La estructura del atom” Nobel. Conferencia, 11 de diciembre de 1922.

4.. Cartas de Lise Meitner a Elisabeth Schiemann, 27/30 de agosto de 1915; 24/26 de septiembre de 1915; 18 de octubre de 1915; y 22 de diciembre de 1915. En Bande der Freundschaft. Lise Meitner – Elisabeth Schiemann – Kommentierter Briefwechsel 1911-1947, J. Lemmerich (1910), pág. 42-55.

5.. Carta de Lise Meitner a Elisabeth Schiemann, 24/26 de septiembre de 1915, ioferta.

6.. O. Hahn, L.Meitner, “Die Muttersubstanz des Actinums, ein Neues Radioaktives Element von Langer Lebensdauer”, Physikalische Zeitschrift 19 (1918), pp. 208-218.

7.. Elisabeth Schiemann, “Hans Kappert Zum 60 Geburtstag”, Der Züchter 20(7)(1950), pp.193-194, DOI: 10.1007/BF00709816

8.. El autor se basó en las referencias del artículo de Maria Ekelund, “El arte de salir del armario como católico – Un estudio sobre la racionalización del deseo no racional de Dios en la conversión de Eva von Bahr-Bergius story” (Uppsala, 2007). [Eva von Bahr presumiblemente habría rechazado aquí el término “racionalización”. Aunque su historia de conversión fue iniciada por primera vez por un deseo de Dios manifestado en la belleza de la liturgia católica, su camino hacia la plena comunión con la Iglesia católica fue un viaje intelectual hacia la racional fundaciones del catolicismo.]

9.. Eva von Bahr-Bergius, “Min väg tillbaka hasta kristendomen“ (Mi camino de regreso al cristianismo) (1933).

12.. R. Rürup, “Forscherinnen und Forscher, die ab 1933 der Kaiser-Wilhelm-Gesellschaft zur Förderung der Wissenschaften vertrieben wurden” (Investigadores que fueron expulsados de la Sociedad Kaiser Wilhelm para el Avance de la Ciencia a partir de 1833), en Senatsverwaltung Berlin – Bildung für Berlin (2007) Berliner Wissenschaftseinrichtungen in der NS-Zeit.  Se enumeran 104 miembros de los diferentes Institutos Kaiser Wilhelm en Alemania; 55 es el número de personas que pertenecían a los institutos de ciencias de Berlín (excluido el derecho) y que sufrieron discriminación racial (excluida la discriminación política).

10.. James Franck, en Göttinger Zeitung, 18 de abril de 1933, reimpreso en “Max Born, James Franck: Physiker in ihren Zeit: Der Luxus des Gewissens”, pág. 114. Ver RL. Sime, Lise Meitner – Una vida en física (1997), pág. 139.

11.. ibídem., p. 142.

12.. R. Rürup, “Forscherinnen und Forscher, die ab 1933 der Kaiser-Wilhelm-Gesellschaft zur Förderung der Wissenschaften vertrieben wurden” (Investigadores expulsados de la Sociedad Kaiser Wilhelm para el Avance de la Ciencia a partir de 1933), en Senatsverwaltung Berlin – Bildung für Berlin (2007) Berliner Wissenschaftseinrichtungen in der NS-Zeit.  Se enumeran 104 miembros de los diferentes Institutos Kaiser Wilhelm en Alemania; 55 es el número de personas que pertenecían a los institutos de ciencias de Berlín (excluido el derecho) y que sufrieron discriminación racial (excluida la discriminación política).

13.. Carta de Schiemann a Niemöller, 31 de julio de 1935. Subrayado en el original. Véase Martina Voigt, “Bekenntnis und Widerstand im Nationalsozialismus“, en R. Nürnberg, et al. ., Elisabeth Schiemann 1881-1972 – Vom Aufbruch der Genetik und der Frauen in den Umbrüchen des 20. Jahrhunderts (Basilisken Presse 2014) pág. 321. “Sehr geehrter Herr Pfarrer! Der Einbruch in das Glaubensgut, dass Sie – und ich als evangelischer Christ in gleicher Verantwortung – hüten, ist von der Biologie her geschehen! Biologische Erkenntnisse, die in sorgfältiger und verantwortungsbewusster Arbeit gewonnen sind, sind vielfach von Dilettanten verfälscht und dann zu Grundpfeilern von Lehrgebäuden gemacht worden, die zusammenfallen müssen, weil diese Pfeiler morsch sind. Wir Genetiker haben einen etwas schweren Stand gegen diese Flut von begriffsverwirrendem Dilettantismus, der über unser Volk ausgeschüttet wird.“

14.. El 16 de julio de 1938, el director del Instituto Kaiser Wilhelm recibió una carta del Ministerio del Interior en la que se describía este plan. Ver RL. Sime, “La fuga de Lise Meitner de Alemania,” Revista americana de física 58 (3)(1990), DOI: 10.1119/1.16196.

15.. Carta de Elisabeth Schiemann a Lise Meitner, el 3 de noviembre de 1938, en J. Lemmerich, ibídem.: “Dreissig Jahre und nochmal 30 Jahre – sie waren doch sehr reich – warum sollen nicht auch die letzten 30 noch mal ihren Reichtum haben. Die Schätze, die Du in Dir geborgen hast und die im Geben ja immer nur größer wurden, werden ja auch nicht brach liegen, werden so oder so herauskommen und Dir für den neuen Anfang helfen, der schwer ist, wie alles; aber später, retrospektiv schrumpft solch eine Wartezeit doch wieder zusammen.“

16.. Eva von Bahr tuvo que solucionar un pequeño problema: su casa sólo tenía calefacción en el salón y en sus propias habitaciones, pero no en la zona de huéspedes. La solución fue que los huéspedes se alojaran en un pequeño hotel cercano. El hotel dispone ahora de una placa que recuerda la estancia allí de Lise Meitner y Otto Frisch en 1938-9.

17.. O. Hahn y F. Strassmann, “Nachweis der Entstehung aktiver Bariumisotope aus Uran und Thorium durch Neutronenbestrahlung; Nachweis weiterer aktiver Bruchstücke bei der Uranspaltung,“ Naturwissenschaften 27 (1939), págs. 89–95. https://doi.org/10.1007/BF01488988

18.. L. Meitner y OR. Frisch, “Desintegración del uranio por neutrones: un nuevo tipo de reacción nuclear,” Naturaleza 143 (1939), pp. 239–240. https://doi.org/10.1038/143239a0

19.. Carta de Lise Meitner a Max von Laue, 15 de agosto de 1941. Árbitro. en A. Schweighofer, Religiöse Sucher in der Moderne Konvertitinnen und Konvertiten vom Judentum zum Protestantismus in Wien um 1900 (Buscadores religiosos en los tiempos modernos: conversos del judaísmo al protestantismo en Viena alrededor de 1900), (2013), p. 273.

20.. Carta de Lise Meitner a Carola Allers, 22 de febrero de 1955. Árbitro. en Schweighofer A., ibídem. ., p. 277

21.. Carta de Lise Meitner a Max von Laue, 2 de junio de 1942. Árbitro. en Schweighofer A., ibídem. ., p. 278

22.. H. Hedqvist, Kärlek och kärnfysik: Lise Meitner, Eva von Bahr och en vänskap som förändrade världen (Amor y Física Nuclear: Lise Meitner y Eva von Bahr, una amistad que cambió el mundo) (2012). Ver también: RL. Sime, “Auswanderung und Exil: Lise Meitner en Schweden 1938-1960“ en Los Ángeles. Dahl y JS. Fure, Skandinavien als Zuflucht für jüdische Intellektuelle 1933-1945.

23.. H. Hedqvist, ibídem.

24.. H. Hedqvist, ibíd., cap. 17.

25.. Elisabeth Schiemann, carta a REM, 29 de abril de 1940. Sven Kinas “Schiemann und die ‘Säuberung‘ der Berliner Universität 1933 bis 1945“ en R. Nürnberg, et al. (2014), pág. 356. “In dieser Stellungnahme habe ich die Verknüpfung der Erteilung der Doktorwürde mit der Verpflichtung auf eine Weltanschauung mit der Begründung abgelehnt, dass Weltanschauungen nicht die Voraussetzung, sondern die Frucht wissenschaftlicher Erkenntnisse im Streben nach der Wahrheit sind, und deshalb allein das Streben nach der Wahrheit als höchste Richtschnur für die wissenschaftliche Arbeit gelten sollte.“

26.. L. Meitner, “Mirando hacia atrás”, Toro. Átomo. Ciencia. 20 (1964), pp. 2-7, 170,

27.. Citado en P. Hillmann, et al. (2014) “Zeitzeugen im Diskurs“ en R. Nürnberg, et al. (2014), pág. 496. La cita es de Maria Hopf, que trabajó con Schiemann entre 1951 y 1956: „Eine Frau von scharf kritischem Verstand und logischem Denken war zu ihrer Zeit noch unbequemer als heute. Zumal sie ihre Thesen klar und energisch vertrat – in Wissenschaft wie ‚weltanschaulich‘, dh. Ablehnung des Nationalsozialismus und Mitglied der bekennenden Kirche.“

28.. JG, (1962) “Eva von Bahr-Bergius in memoriam” in Credo Katolsk Tidskrift 43 (2) (1962), p. 93 (original en sueco).

29.. Carta de Lise Meitner a Max von Laue, 25 de abril de 1949, en RL. Sime (1997), ibídem., pág. 358. Véase también J. Lemmerich (2010), ibíd., pág. 355.

30.. Carta de Lise Meitner a Elisabeth Schiemann, 10 de agosto de 1949, en J. Lemmerich (2010), ibídem. ., p. 356: “Eine lang verschlossene Tür in die Vergangenheit war plötzlich geöffnet worden.”

31.. Lise Meitner en una conferencia, Comisión Austriaca de la UNESCO, 30 de marzo de 1953, en Atomenergie und Frieden: Lise Meitner und Otto Hahn (1953), p. 23 – 24. Trans. Sime RL (1997), pág. 375

(Autora: BERTA M. MORITZ tiene un doctorado. en Zoología/Bioquímica de la Univ. de Graz, Austria. Trabajó en I+D de medicamentos farmacéuticos en la industria y el mundo académico.)

Ciencia y fe, un conflicto aparente.

La imagen popular de la relación entre ciencia y fe cristiana es de antagonismo, conflicto e incluso guerra. Por el contrario, intentaré mostrar que a pesar de algunos episodios de tensión, la relación general entre la ciencia y el teísmo bíblico ha sido en gran medida cooperativa y fructífera. Examinaremos primero los orígenes de la ciencia moderna y los orígenes de la tesis del conflicto; luego, en el asunto Galileo y las reacciones de los científicos y teólogos cristianos a la teoría de la evolución. Por último, haré algunas observaciones sobre la relación complementaria entre ciencia y fe cristiana.

Los orígenes de la ciencia moderna

La revolución científica

La ciencia moderna surgió en Europa occidental en los siglos XVI y XVII. Los acontecimientos de ese período nos conocen como la revolución científica. El primero (en 1543) fue la publicación por Nicolás Copérnico de su modelo heliocéntrico del sistema solar. Entre los desarrollos que siguieron se encuentran las leyes del movimiento planetario de Kepler, las observaciones telescópicas de Galileo, la ley de gravitación universal de Newton y los estudios experimentales de gases realizados por el químico Robert Boyle. Es significativo que la revolución científica se produjera en una cultura impregnada de una cosmovisión cristiana y sorprendente que casi todos sus líderes estuvieran profundamente comprometidos con la fe cristiana. Tanto Copérnico, administrador de la Iglesia Católica Romana, como Johannes Kepler, protestante, eran creyentes cristianos devotos. Galileo se mantuvo fiel a su iglesia, a pesar de la oposición de personas de los establecimientos académicos y eclesiásticos que no pudieron adaptar sus descubrimientos a su visión aristotélica del mundo. Newton pasó más tiempo estudiando la Biblia que haciendo ciencia y tanto Newton como Boyle fueron escritores teológicos prodigiosos.

¿Por qué surgió la ciencia moderna en la cultura cristiana?

Uno puede hacerse la pregunta: ¿Por qué la ciencia moderna surgió en la cultura cristiana de Europa occidental, en lugar de en el antiguo Egipto, Grecia, China o Oriente Medio? Aunque las sociedades no cristianas hicieron importantes contribuciones a las matemáticas y la astronomía, ninguna de esas sociedades produjo nada remotamente parecido a la ciencia moderna.

Para que la ciencia comience, se necesita un conjunto de presuposiciones, o creencias fundamentales, sobre el mundo natural. Estas creencias incluyen las siguientes:
1. El universo es bueno y es bueno saberlo. Si la gente cree que la materia es mala, no se inclinará a investigarla.
2. El universo es regular, ordenado y racional. Si la gente cree que el comportamiento material carece de orden, no se molestará en estudiarlo.
3. Este orden podría ser de dos tipos. Podría ser un orden necesario, en cuyo caso deberíamos poder descubrir el orden mediante el pensamiento puro. Alternativamente, podría ser un orden contingente, en cuyo caso debemos descubrir el orden mediante observación y experimento. Creer en el orden necesario es desastroso para la ciencia, mientras que creer en el orden contingente es esencial para su desarrollo.
4. La percepción del sentido humano y la razón son básicamente confiables, y los patrones regulares de comportamiento material son inteligentes para la mente humana.

Estas creencias nos parecen obvias, pero sólo porque vivimos en una cultura que las ha mantenido durante cientos de años. Otras culturas tenían creencias bastante diferentes sobre el mundo material.

Varios historiadores han sugerido que la ciencia moderna surgió en una cultura cristiana porque las creencias cristianas fundamentales proporcionaron los presupuestos necesarios para que la ciencia comenzara. El erudito británico R. G. Collingwood, ha escrito:

“Las presuposiciones que componen esta fe católica, preservadas durante muchos siglos por las instituciones religiosas de la cristiandad, han sido, de hecho histórico, las presuposiciones principales o fundamentales de las ciencias naturales desde entonces.”

¿Cómo se derivan estas presuposiciones de las creencias cristianas fundamentales?
1. Los científicos del siglo XVII creían que el mundo material era bueno porque Dios lo había hecho bueno. Génesis 1 termina con el comentario, “Dios vio todo lo que había hecho y fue muy bueno” (Gén. 1:31). Además, la bondad esencial de la materia es afirmada por la Encarnación.
2. Los fundadores de la ciencia moderna creían que el universo es regular, ordenado y racional porque Dios es personal, racional y fiel.
3. Creían que el orden del universo es contingente porque la existencia y el comportamiento del mundo creado dependen de la voluntad de un Creador soberano. La importancia de esta perspectiva teológica, para la ciencia, es que no se puede deducir el comportamiento del mundo natural a partir de los primeros principios. Dios podría haber creado un mundo que se comportara de la manera que quisiera, así que si quieres saber cómo se comporta el mundo, tienes que ir y mirar. De ahí la importancia de la observación y la experimentación, enfoque que distinguió la ciencia del siglo XVII del enfoque deductivo de los antiguos griegos.4
4. Los científicos del siglo XVII creían que el comportamiento del mundo material es inteligible para la razón humana porque Dios nos ha hecho a su imagen y nos ha dado una mente con la que pensar.

Todas estas creencias se derivan de la doctrina cristiana de la creación.

Científicos cristianos de los siglos XIX y XX

Es cierto que hubo un declive de la fe religiosa entre los científicos tras la publicación de Darwin, El Origen de la especies, en 1859. Sin embargo, la obra de Darwin no parece haber sacudido la fe de los grandes físicos del siglo XIX. Michael Faraday, James Joule, Lord Kelvin y James Clerk Maxwell, por ejemplo, eran todos creyentes cristianos devotos. En el siglo XX, el astrónomo Arthur Eddington, Charles Towns y William Phillips, premios Nobel de física, y Francis Collins, director del Proyecto Genoma Humano, afirmaron públicamente su creencia en Dios. Collins ha expresado la maravilla espiritual de la investigación científica con estas palabras: “Cuando se revela algo nuevo sobre el genoma humano, experimento un sentimiento de asombro al darme cuenta de que la humanidad ahora sabe algo que sólo Dios sabía antes.”

Menciono las creencias teístas de estos destacados científicos, no para afirmar que la mayoría de los científicos contemporáneos son teístas, sino simplemente para desafiar la imagen popular del conflicto entre ciencia y religión.

En el artículo que enlazo de Nature se ofrece un análisis de este asunto: «Cómo los científicos religiosos equilibran el trabajo y la fe»: https://www.nature.com/articles/d41586-024-01471-0