Un apunte sobre el islam

La presencia de musulmanes en los países occidentales es cada vez mayor. Se prevé que en los próximos 25 años al menos la mitad de la población creyente europea practique el islam. Esta evolución social origina problemas de integración y convivencia, miedos y dudas. Por otra parte, instituciones como la Iglesia Católica, el Consejo Evangélico Internacional, la Iglesia Ortodoxa, la Fundación Qatar para el Diálogo Interreligioso, la Universidad Islámica Azad de Egipto, la Rabita Mohammedia de Ulemas de Rabat (Marruecos) y numerosos institutos y centros de investigación favorecen el diálogo entre musulmanes y cristianos.

Todo ello plantea cuestiones que deben ser analizadas y explicadas con objetividad y sencillez. ¿Cómo es el islam? ¿Qué espiritualidad tiene? ¿Qué nos asemeja y diferencia a cristianos y musulmanes? ¿Podemos convivir en paz? ¿El islam representa una amenaza para la civilización occidental? ¿Por qué hay terrorismo islamista? ¿Qué significa el diálogo interreligioso? ¿Qué itinerario dialógico podemos seguir? 

Estas y otras cuestiones las analizo brevemente a continuación, resultado de un curso que ofrecí en octubre de 2017 en Murcia. También constituye el fruto de muchos años de investigación, estudio y convivencia fraterna con poblaciones musulmanas.

INTRODUCCIÓN

Mi objetivo es ofrecer algunas claves basadas en la investigación que he realizado durante más de quince años, con la finalidad de que usted tenga elementos objetivos de juicio con los que pueda entender qué está pasando en el ámbito del diálogo interreligioso cristiano musulmán. No se trata, por tanto, de una perspectiva apologista o política, sino dialogante e integradora, dirigida fundamentalmente a creyentes cristianos.

Quiero repasar algunos hechos importantes del islam histórico para entender el diálogo entre cristianos y musulmanes, y lo que pretendemos conseguir con tal actividad.

Posiblemente alguien piense que parte de mis afirmaciones son ligeras, casi sacadas de la manga; pero no es así. Pueden creerme a priori que cualquier cosa que yo diga aquí, por rara que pueda parecer, está muy pensada y documentada después de largos años de contacto, estudio, investigación, reflexión y convivencia con creyentes y practicantes de ambas tradiciones religiosas.

En nuestros días predominan dos vías de acceso para acercarse al islam:

a) La demonización del islam; es decir, la vía de la islamofobia, en la cual esta religión es presentada como el producto de una intervención cuasi demoniaca.

b) La exaltación del islam como religión de paz; o sea, la islamofilia.

            Ambas están, en mi opinión, equivocadas. Y si uno, como es mi caso, trata de desbrozar el terreno quitando las malas hierbas de la islamofobia y la islamofilia, puede tener, casi seguro, el ataque de los que defienden esas posturas.

            El islam es algo más que religión. Se trata de una cosmovisión que se ha desarrollado durante catorce siglos y presenta numerosas interpretaciones, ramificaciones, sectas, teologías y filosofías, por no hablar de sus distintas y en ocasiones contradictorias manifestaciones culturales y populares.

            Se ha construido sobre la tensión originada durante su expansión y desarrollo. Tan incorrecto es decir que el islam equivale a violencia como afirmar que equivale a paz.

            Para abordar su estudio hay que tener en cuenta algunos aspectos:

            1º. Existen tres grandes esferas para el estudio de una religión: religiosa, política y cultural. Esto da pie a distintas vertientes en función de qué esfera predomine. Si lo hace la política, englobará ideologías distintas, por ejemplo, en el islam ha adquirido triste protagonismo el yihadismo, cuyo exponente más radical es la actividad terrorista para tratar de imponer por la fuerza una visión fundamentalista de la práctica religiosa. La esfera religiosa tiene expresiones sublimes y dignas de admiración, como el misticismo, cuyo exponente más conocido en el ámbito islámico es el sufismo. La esfera cultural impregna la vida de todos los creyentes y es poliédrica pues, en el caso del islam, son más de 1.500 millones de personas en el mundo, pertenecientes a diferentes etnias y culturas. Tradiciones, costumbres, folklore, gastronomía, festividades populares… todo forma parte de la expresividad religiosa. Cada pueblo tiene las suyas propias. Buena parte de estas culturas penetran en la esfera íntima de la religión, de modo y manera que a veces se confunden[1].

            La esfera cultural requiere de un estudio profundo y detallado para calibrar el grado de influencia en las distintas prácticas islámicas. Además, está en permanente evolución, pues lo cultural no es estático y obedece a múltiples elementos sociales.

            No existe, por tanto, un islam único sino una diversidad importante dentro de esta religión.

            Para entenderlo tenemos que estudiar esas tres esferas. Sin este ejercicio, todas las aproximaciones a la realidad islámica serían deficientes dando pie a exageraciones de todo tipo, desde el buenismo que representa la corrección política a la demonización de los musulmanes y el odio que representa la islamofobia.

2º. No fue el profeta Mohammed (más adelante explicaré por qué no debemos llamarlo Mahoma), el fundador estricto del islam, porque las prácticas musulmanas nacen después de su muerte, en un largo proceso de elaboración dogmática y teológica. Mohammed no quiso fundar una nueva religión, sino que fue un árabe monoteísta que heredó la tradición profética de judíos y cristianos e intentó reformar ciertas prácticas religiosas y sociales que, en su opinión, habían adulterado el mensaje de los profetas anteriores, incluido el mensaje de Jesús de Nazaret, llamado Isa en el Corán. Por tanto, Mohammed fue un reformador social. Incluso podría decirse que era un seguidor de Jesús, un cristiano no paulino[2], aunque esta afirmación es rechazada por la versión histórica oficial y comúnmente aceptada. El islam nace como la reinterpretación de la figura del profeta Mohammed, del Corán y de los hadices (narraciones sobre dichos y costumbres del profeta).

            3º. Quien lea el Corán y los Hadices caerá en la cuenta de que hay dos claros períodos en la vida de Mohammed: Meca y Medina, y dos referencias:

a) Un mercader de éxito en la ciudad de La Meca, con gran reputación de hombre inteligente, prudente y honrado que, a partir de cierto momento empieza a manifestar diferentes experiencias místicas. Mohammed era un hombre que se encontraba muy a gusto en La Meca, acomodado, viviendo una vida plena con su esposa Jadiya y con sus negocios, desarrollando una conciencia profética, asustadizo y temeroso por aquello que le llegaba en sus momentos de oración.

b) Un hombre poderoso en la ciudad de Medina, líder político y militar, caudillo y violento en ocasiones, que tuvo que tomar decisiones difíciles para fraguar la naciente comunidad musulmana, una sociedad diferente a lo que había conocido, con normas jurídicas y sociales precisas, en expansión y con enemigos poderosos a los que se enfrentó y venció.

A lo largo de los siglos este personaje histórico ha sufrido en buena medida un proceso de idealización por parte de muchos musulmanes. Se ha repensado su figura hasta el punto de llegar a una cuasi divinización y exaltación.

Esta idealización se hace por dos vías:

  1. Mohammed es el hombre perfecto, con virtudes sobrehumanas, el más querido por Dios.
  2. Mohammed es el defensor en la tierra de la unicidad divina. Su obra consistió en confirmar un monoteísmo estricto que había sido corrompido por el judaísmo y adulterado por la interpretación trinitaria de los cristianos. La illaha illa lah (no hay más divinidad que Dios). Mohammed es el que aporta luz definitiva a la revelación de Dios y señala a los hombres el camino verdadero.

Con este trasfondo histórico emergió una corriente religiosa dentro del propio islam, el sufismo, que algunos eruditos musulmanes pretenden rastrearlo hasta el mismo tiempo del profeta Mohammed, y para otros –de corte occidental- lo remontan casi hasta la noche de los tiempos, en una especie de culto permanente que ha tenido distintos nombres a lo largo de la historia humana. Sea como fuere, el sufismo constituye una práctica radical de abandono y contemplación. Sería algo parecido al misticismo cristiano; pero con algunas peculiaridades que lo diferencian.

Dentro del sufismo existe una corriente de fieles que tienen en Jesús a su maestro, desde una vertiente musulmana; es decir, según la visión que ofrece el Corán sobre la figura del profeta Isa, como así es nombrado. Este modelo de espiritualidad es el más próximo a la tradición cristiana y lo traigo a colación porque en mi opinión constituye el punto de apoyo más adecuado para abordar el argumento del libro, o sea, cómo el cristianismo y el islam pueden ir de la mano en el camino de la convivencia y de la paz definitiva. ¡Ojo!, no alumbrando un sincretismo religioso sino desde la propia cosmovisión de cada religión, caminar juntos en aras de este noble propósito, arrojando luz sobre numerosos aspectos de ambas religiones que, sin duda, serán de provechoso para todos los creyentes.

Isawis: La visión sufí de Jesús.

            El sufismo es un camino espiritual centrado en el amor. Se trata del núcleo del islam, el “corazón del islam”, como así lo han descrito numerosos maestros sufíes.

            El sufí vive enamorado de Dios al que puede llamar Allah, Yavé o Jehová, puesto que, según esta tradición, “no tiene nombre; pero responde por cualquier nombre con que se le invoque”, viviendo esta vida como un acto de amor y servicio a los demás.

            Al expresarse en el “corazón del islam”, lo que se quiere manifestar es que los sufíes existen desde tiempos inmemoriales, pues se apunta a la realidad de la que forman parte: amados de Aquel a quien aman.

            A lo largo de la historia, el sufismo se abrió al diálogo con místicos de otras tradiciones, en una relación fructífera que llevó a adoptar distintas disciplinas a los seguidores del camino para ayudarles a profundizar en la experiencia amorosa desde su situación personal, histórica y geográfica concreta. Por ello existen diversas órdenes sufíes. La más conocida es la tradición de los derviches, sufíes que entran en comunión con Dios mediante el canto y el giro.

            Muchos practicantes del sufismo dependen directamente de la espiritualidad islámica; pero los hay que están más cerca del hinduismo, del budismo y del catolicismo.

            Hay quienes cantan, quienes danzan, los que buscan el éxtasis unitivo y los que ´aúllan` el Nombre divino, o los que practican la oración del Nombre de Jesús.

            Hay sufíes que viven en la más absoluta pobreza y quienes usan el silencio como Camino para llegar al Amado; pero todos tienen un denominador común: el amor con el que desean perderse absolutamente en el Divino, ya desde ahora, en el mundo material, pues los sufíes anhelan “morir antes de nuestra muerte”, con el fin de que Dios pueda ser en ellos y ellos en Él.

            También ha surgido una corriente denominada ´neosufismo`, impregnada de prácticas recogidas en el movimiento de la Nueva Era, dando lugar a la formación de grupos sectarios y cofradías alejadas de la tradición sufí original y, por ello, fuera del marco del sufismo tradicional.

            Los llamados ´Isawi` son sufíes jesuánicos, pues Jesús de Nazaret es su maestro y guía. Invocan al Divino como el “Buen Dios”, siguiendo el ejemplo de Jesús que le llamó ´Abba` (literalmente: “papito querido”), término con el que Jesús quería resaltar la bondad, el amor, la cercanía y calidez de Dios. Siguen las tradiciones sufís sobre Jesús y, lo más importante, la verdad que Él revela al corazón de quien le ama y le sigue. Podrían llamarse “sufíes cristianos”, aunque no asumen todos los dogmas del cristianismo. En el islam se les denomina ´Isawis`, “los que son de Isha (Jesús)”.

            Los Isawis oran así:

            “¡Oh Dios, envía tus bendiciones sobre el noble maestro Jesús! ¡Que nuestro amor por él sea perfecto! Amén”.

El sello universal de santidad.

            Para los sufíes, Jesús es el “sello universal de santidad”, siguiendo las reflexiones de Ibn´Arabí[3]: “Jesús es el sello de la santidad, y Mohammed es el sello de la profecía”.

            Las siguientes palabras de Tirimizi[4] son la suma de lo que Jesús significa para ellos: “Es el siervo. Dios ha realizado su obra mediante Él. Él se mueve en las manos de Dios. Dios lo ha distinguido y lo ha hecho el líder de su creación. Es la posesión privada de Dios, el objeto de la predilección divina, la mina de los secretos del Amado. Es el látigo de Dios en la tierra, por él Dios juzga a su creación entera, y por buscarlo a él, Dios levanta a los corazones muertos y los torna a sí. Por él Dios reafirma su amor a la humanidad. Él es la llave del camino recto, la luz del mundo. Él es el más fiel de todos los santos y su líder, por lo que todos, a una vez, glorifican a su Señor por tan excelso mensajero. Dios lo ha exaltado sobre todo nombre, y en su vista se deleitan todos los mensajeros de Dios…”

Más no se queda aquí. Para el sufí es preciso dar un paso más: el sentido de su vida no es tanto ser mejor, sino ser mejor para los otros, es decir, no humanizase, sino hermanizarse.

Hermanizarse significa ser conscientes de la existencia del cosmos, del mundo y sus criaturas, no como objetos de producción, explotación, degradación o aniquilación, sino como hermanos menores (menores en conciencia) que han de ser cuidados, protegidos como parte fundamental de una creación que no nos pertenece, sino que pertenece a Abba.

Hermanizarse es aceptar que nuestra idea de individuos separados es una fantasía. Existimos con los otros y las otras y son ellos quienes nos ayudan a saber quiénes somos, qué hacemos en este mundo, cómo queremos ser, cómo queremos vivir y a qué causas es importante dedicarnos.

Aceptar y asumir la existencia y la dignidad de “la otredad” que comparten tiempo y espacio conmigo, a quienes necesito para vivir y de quienes soy co- responsable. Pasar de considerar a los demás bajo el prisma de mis intereses personales – dignos o rastreros – para conocer su excelsa unicidad. Contemplarlos en su grandiosa belleza, en su ser, y respetarlos profundamente.

Hermanizarse es ser hermano de uno mismo, dejar de ser Satanás de mí mismo (literalmente significa el acusador) para amarme, aceptarme y asumirme en responsabilidad como un ser único y hermoso, pero capaz de utilizar sus talentos para destruir, separar y explotar a otros.

Como parte de su práctica espiritual el sufí de Yeshua busca hacerse hermano de sí mismo, de los otros y las otras y de la creación entera, pero no desde el sentimiento, sino desde la práctica concreta, las acciones eficaces y sustentables.

EL ISLAM EN LA ACTUALIDAD

Crítica al islam.

  • El yihadismo (Yihad, guerra santa) es la componente fundamentalista del islam político y ocupa en la actualidad y de forma periódica los titulares de prensa y noticiarios de tv.
  • El yihadismo es al islam lo que el estalinismo fue al marxismo.
  • Existe una tremenda dificultad en los países islámicos para asumir con plenitud la libertad entendida también como el derecho al error religioso.
  • En un pasado lejano (Averroes, por ejemplo), el islam estaba mucho más abierto al diálogo que ahora. Averroes era aristotélico y batalló por ello. En su obra “Refutación de la refutación” (Tahafut al-tahafut) defiende la filosofía aristotélica frente a las afirmaciones de al-Ghazali de que la filosofía estaría en contradicción con la religión y sería, por tanto, una afrenta a las enseñanzas del islam. Perdió, fue censurado y sus obras destruidas. En Murcia tienen ustedes el ejemplo del sabio Arabi (…).
  • A partir del siglo XIII, el islam liquidó la teología el pensar y debatir sobre la naturaleza de Dios y la filosofía; la reflexión sobre la vida humana, su sentido y su fin, al margen del planteamiento coránico.
  • Todo esto se ha traducido en intolerancia (la fe sin razonamiento…):

& No existe ningún país islámico donde las otras confesiones religiosas puedan desenvolverse en libertad. Está prohibido el proselitismo religioso.

& La apostasía y el ateísmo son delitos que en algunos países se castigan con la pena de muerte.

& La experiencia directa de los cristianos árabes, coptos o libaneses, sobre la convivencia con la comunidad musulmana es de sufrimiento y persecución en muchos casos, excepto cuando el régimen político ha sido laico, lo que normalmente siempre ha coincidido con una dictadura.

& La misión histórica del musulmán que emigra a otros países consiste en preservar su identidad y continuidad religiosa. La integración es difícil.

& Para muchos musulmanes, Hitler es un héroe (entrevista a Sandra Salomon), pues ambos tienen a los judíos como enemigos.

& En las sociedades islámicas existe una violencia estructural difícil de combatir. No se trata solamente de violencia física. Las leyes islámicas (sharía) penalizan a mujeres, niños, homosexuales… Están construidas sobre un patriarcado inmóvil.

& Las reformas sociales suelen llegar con las crisis económicas. Por ejemplo, en Arabia Saudita las mujeres tienen prohibido conducir coches; pero debido a la crisis del petróleo, muchas familias ya no pueden permitirse contratar chóferes para llevar a los hijos al colegio, o a las propias esposas a los centros comerciales. Entonces la ley se flexibiliza y se permite que ellas puedan conducir.

& La brujería, el “mal de ojo” y las prácticas demoníacas están muy extendidas, a pesar de su prohibición expresa. Muchos musulmanes que han peregrinado a La Meca cuando regresan cambian su comportamiento, se vuelven más intolerantes, se hacen tratar con un atributo distinguido: “Hass”. Existen numerosos fenómenos de posesión diabólica y los consiguientes exorcismos (ruqya), muchas veces realizados solo para sacar dinero.

El islam en positivo.

  • Antes de Muhammad la sociedad árabe era tremendamente violenta, las mujeres valían menos que un dromedario, aunque no de forma generalizada, pues en algunas tribus eran respetadas. Era práctica corriente matar < las niñas recién nacidas, no había un derecho válido para todas las tribus. El islam trajo orden, leyes, derechos sociales, monoteísmo.
  • El aspecto religioso tiene un desarrollo impresionante:

& No es cierto que el Corán no pueda interpretarse, (algo que se repite en occidente de forma machacona):

            Los hadices son comentarios del profeta y su interpretación a muchos pasajes del Corán.

            El Tafsir es una ciencia islámica cuya finalidad es explicar el Corán… Existen numerosos tafsires.

  • El islam tiene una notable profundidad teológica. Y el Corán puede tener distintas lecturas y grados de comprensión en función del nivel intelectual y pureza de corazón del musulmán.
  • El islam ha producido ilustres pensadores, filósofos, teólogos y científicos.
  • En el islam también se produce el fenómeno de la santidad, tanto en hombres como en mujeres. Y son reconocidos por la comunidad musulmana.
  • Cientos de millones de musulmanes encuentran una vía de paz, de oración profunda que da sentido a sus vidas…
  • El islam ha dado pie a hechos culturales de gran riqueza: caligrafía, arquitectura, gastronomía, …
  • En el seno del islam han surgido corrientes místicas como el Sufismo, que propugna el amor entre los hombres y de Dios.
  • La práctica religiosa se ha estructurado a partir del idioma árabe fortaleciendo la religión. No ha habido modificación del idioma litúrgico (como sí ha pasado en el catolicismo a partir del CVII) y este hecho contribuye a identificar la comunidad de creyentes (la UMMA).
  • Hay una solidaridad espontánea entre los musulmanes.
  • El islam ha conservado la estructura familiar y es refractario a cambios sociales en este sentido (por ejemplo, la ideología de género es impensable en una sociedad islámica, el relativismo moral tampoco tiene cabida, los matrimonios con pocos hijos o ninguno, …).
  • Etc.

CRECIMIENTO DEL ISLAM

  • Confesión religiosa que más deprisa crece en el mundo. Pasará de 1.800 millones en la actualidad a casi 3.000 millones en el año 2060.
  • Europa envejece a marchas forzadas y necesita con urgencia población joven. Esta población proviene en la actualidad mayoritariamente de los musulmanes.
  • La población musulmana migrante apoya la institución de la sharía (ley islámica) que, de llegar a aplicarse podría convertir a la población no musulmana, los “infieles”, en ciudadanos de segunda obligados a pagar un impuesto especial y se volvería ilegal el proselitismo religioso de otras religiones. Para hacernos una idea: el 83% de los marroquíes son partidarios de implantar la sharía en los países que habiten. De hecho, en muchos barrios de Londres, París, etc., esto es una realidad tolerada.

INTEGRACIÓN.

  • La gran pregunta que se hace mucha gente: ¿Nuestra sociedad puede integrar una comunidad que en su mayoría solo quiere ser ella misma y expandirse en nombre de Dios? Es una pregunta trampa, pues la mayoría de los musulmanes no busca la expansión de su religión, solo vivir en paz, pero dentro de sus normas y costumbres. El problema no es de los musulmanes, sino de una sociedad europea y occidental que ha renunciado a su esencia. Europa se construye a partir del cristianismo y el derecho romano. Esto ya no es así. La democracia está abriendo la puerta a un cambio sociocultural.

Por tanto, creo que sí. Un camino por propiciar que iría de acuerdo con la exigencia coránica (2:143), siendo una comunidad ejemplar, punto de referencia para los demás, evitar los excesos. En este hábitat no tendría cabida el fundamentalismo. Pero admitámoslo: es muy difícil de realizar pues habría que ejercer una interpretación nueva del Corán y los hadices, adaptarlos a nuestro tiempo, y esta tarea solo pueden realizarla los musulmanes. La sharía no podría ser aplicada en ningún caso, ni tan siquiera de forma parcial y en ámbitos reducidos (algo que ahora no pasa).

Y tampoco es fácil hacer estos cambios en una sociedad laica como la nuestra cuyas leyes y comportamientos son ajenos y contrarios a Dios, cuando no claramente hostiles. Ahora el ataque mayor es a los católicos y mañana será a los musulmanes. En definitiva, existe una moral compartida por todos los creyentes, sea cual sea su credo, surgida de la ley natural.

Regenerar la Iglesia. Se està perdiendo el sentido sagrado de la liturgia. La gente no va a misa pq les resulta aburrido entre otras cosas y   confuso tambien. Se perdió el idioma liturgico, la adoración como eje central. De una liturgia cristocéntrica hemos pasado a una liturgia antropocéntrica. La Iglesia tampoco es una ong. La iglesia lleva el evangelio. Las ongs han sustituido la funcion social de la iglesia. Entonces no es extraño que los jovenes pasen de ir a la iglesia pq alli encuentran mas de lo mismo, no a Dios. Los musulmanes, sin embargo, conservan el idioma litúrgico y la adoración a Dios como la base de su religión. Las mezquitas no son lugares para ceremonias  religiosas extrañas ni para cantos modernos, tampoco son ongs, tienen una identidad muy clara. El musulman se siente parte de una comunidad.

Por otro lado, si los cristianos no construimos también una comunidad virtuosa, no tendremos nada valioso que ofrecer. De poco sirve poner en marcha leyes reguladoras. Finalmente la mayoría musulmana impondrá por fuerza democrática sus leyes. El hecho migratorio es una realidad. El crecimiento demográfico en países islámicos, africanos,… propician el mundialismo. La verdad es que yo veo pocos cristianos comprometidos. Vivimos acomodados.  La canciller alemana Merkel dice: “no hay muchos inmigrantes, ni musulmanes, lo que hay son pocos cristianos”.

Entonces no sería de extrañar que de aquí a unas pocas décadas los usos y costumbres de las sociedades europeas cambien: el calendario laboral recogerá las fiestas islámicas, leyes específicas, etc. Si una mayoría de creyentes son musulmanes resulta lógico pensar que más pronto que tarde promuevan leyes para garantizar su práctica religiosa y sus tradiciones, en detrimento de las cristianas. ¿Esto será bueno o malo? Dependerá de cómo articulemos la convivencia. Un reto, sin lugar a duda.

DIÁLOGO CRISTIANO MUSULMÁN

  •  
  • ¿Cómo es posible que las religiones abrahámicas afirmen que sus mensajes vienen de un solo Dios y que este Dios se contradiga consigo mismo, causando tantas disputas entre quienes se declaran como sus devotos? ¿Por qué cada de estas religiones afirma ser la verdadera, sin plantearse nunca la posibilidad de estar equivocadas en algunas de sus convicciones? ¿ha dejado Dios la humanidad a su destino con cadenas mentales que no puede liberarse

3.1. Aproximación.

Diálogo Interreligioso.

  • ¿Por qué dialogar? El islam está presente en nuestra sociedad. No podemos vivir de espaldas a esta realidad. Musulmanes conversos. Inmigrantes. Es un fenómeno de nuestro tiempo. Necesitamos conocer el pensamiento de quienes profesan otra religión que es la de más rápido crecimiento. Necesitamos crear espacios de diálogo.
  • Hay que tratar de eliminar las diferencias religiosas basadas en dogmas establecidos muchos siglos atrás. Cristianos y musulmanes estamos llamados al entendimiento para conseguir una convivencia verdadera y para luchar contra los poderes políticos que utilizan la religión para la manipulación de masas.
  • Algunos expertos abogan por la alianza política entre cristianos y musulmanes respecto a temas sociales.
  • Judaísmo, cristianismo e islam son religiones abrahámicas. Afirman que sus mensajes vienen de un solo Dios. ¿Cómo puede haber tantas disputas, odio y guerras entre fieles que se declaran devotos de Dios? ¿Por qué cada una de estas religiones afirma ser la verdadera?
  • Puede haber un verdadero acercamiento teológico entre cristianos y musulmanes. Necesitamos un esfuerzo intelectual de actualización y comprensión de los textos sagrados. Por ejemplo, la Trinidad cristiana y la Unicidad de Dios en el islam pueden entenderse perfectamente. También en el islam de nuestros días la mayoría de los musulmanes describen al profeta Muhammad con los siguientes términos que prácticamente lo divinizan –en contradicción con las enseñanzas del Corán-:

.Luz de los universos,

.La razón de la existencia de la humanidad,

.La primera creación existente,

.Legislador supremo junto a Dios,

.Obrador de milagros,

.Hombre perfecto.

Son atributos que nos recuerdan a los que describen en el cristianismo a Jesús. Se llama a Mohammad el “Amado de Dios”, mientras que nosotros decimos de Jesús el “Hijo de Dios”.

Esto significa que el islam es una religión que evoluciona, que crea dogmas y prácticas religiosas. Existen numerosos islam, no uno solo, en contra de lo que dicen los apologistas fundamentalistas islámicos.

  • Tesis para el diálogo: “Si Dios es el Dios de todos, entonces tiene que haber una solución definitiva para todos sus hijos e hijas, con independencia de la religión que practiquen”. La propuesta no es solo mía. El CV II y numerosos documentos pontificios vienen a respaldarla. También teólogos especializados en teología de las religiones investigan en este sentido realizando propuestas que están empezando a arrojar sus frutos. (Comentar que en Murcia se ha leído hace unos meses una tesis doctoral titulada “Propuesta de una lectura conjunta entre el cristianismo y el islam” defendida por Taner Demirci Lopez (Instituto Teológico. Universidad de Murcia).

LO MÁS IMPORTANTE:

  • Conectar con la Fuente.
  • Base del diálogo: el silencio. Acallarse.
  • Dejar espacio a lo propio y a lo ajeno.
  • No tenemos nada que defender. Todo es don.
  • Las religiones son receptáculos de una revelación y cada una de ellas

es una copa que ha recibido esa revelación. Entonces el diálogo

es dar de beber el vino que fluye a mí a tu paladar y dejar

que el tuyo sea percibido en mi paladar. Y en ese compartir encontrarnos.

Justo lo contrario de competir entre totalidades. Compartir

plenitudes.

DIFICULTADES:

  • Históricas, psicológicas, institucionales, cronológicas…
  • Hay que tener en cuenta seriamente al otro. Hay que tener paz en

nosotros mismos, asentamiento en la propia verdad.

  • A lo largo de la historia la mayoría de los encuentros han sido desencuentros, salvo algunos pocos hechos aislados, como el testimonio y ejemplo de fe de Carlos de Foucauld, conviviendo con las tribus tuareg del desierto del Sahara. Los musulmanes de la época lo admiraban y le conocían como un “morabut”, un hombre de Dios, santo.
  • La palabra suele ser ofensiva.
  • Ideologización.
  • Sincretismo (mezclar rituales, oraciones cuyo significado teológico es muy diferente…).
  • Indiferencia de los países islámicos y los musulmanes, quienes no suelen promover ni defender ni ver necesario el diálogo con otras religiones. Hay excepciones, por supuesto (Los chiíes son más dialogantes. También en el sufismo se cultiva el diálogo).

Esperanzas:

  • Ha habido encuentros fecundos en el pasado.

Cómo hacer:

  • Esfuerzo de ir hacia el otro verdadero, no imaginado, temido o despreciado.
  • Simetría del encuentro.
  • Practicando la hospitalidad sagrada.
  • Hay muchas realidades.
  • Cuatro niveles para el encuentro (ver documento pontificio

“Diálogo y anuncio del Evangelio” -1994-):

1º. Encuentro en la calle. (Colegios, barrios, convivencia…).

2º. Co inspirar conjuntamente en las causas de la justicia y la paz (asociaciones, movimientos por la paz…).

3º. Teológico. Teología institucional, expertos, …

4º. La oración. Contemplación, silencio orante. Dios es siempre mayor que las imágenes que tengamos de Él.

Quiénes dan el paso del acercamiento:

  • Bases. Grupos, colectivos, asociaciones… Oraciones colectivas, cenas, festividades, día de la paz, de los derechos humanos, de la mujer…
  • Desde las instituciones: iglesias, diferentes instituciones, plataformas confesionales, por ejemplo “oración por la paz en Asís convocada por Juan Pablo II”
  • Parlamento mundial de las religiones. Religiones Unidas, …
  •  

Cómo nos puede enriquecer:

  • Certeza de que, si el ser humano ha sido creado a imagen de Dios, todo aquello que

nazca con buena voluntad en el corazón humano es un reflejo de Dios y ¿por qué quedarnos con un color si el arcoíris tiene siete colores? Esto implica una resituación de nuestra religión frente a las demás. Tema delicado que requiere un largo camino.

  • En la tradición cristiana se habla de tres grandes posiciones en el diálogo interreligioso:
  • Exclusivista. Cristo es el Señor. Bautismo. Puede haber salvación. El impulso misionero tiene esta visión. Pero esto es pensar que nacemos con un déficit. Lo originante no es el pecado sino la imagen y semejanza. Lo que llamamos pecado es aquello que emborrona. Aquello que impide el desarrollo de lo que somos. Todas las religiones son modos de restaurar esa imagen primera.
  • Inclusivista. Concilio Vaticano II. Aunque no se confiese a Jesús como el Señor, en la medida que tengan implícitamente el deseo de lo que Jesús anuncia, participan del mensaje cristiano y acceden a la salvación. Esto se llama inclusión. Pero seguimos situados en el centro pensando que todos acabarán siendo cristianos.
  • Pluralista. Es delicada. No está asumida por el Magisterio de la Iglesia pero cada vez hay más teólogos, sacerdotes y religiosos misioneros que la asumen. El centro de la montaña está más allá de todos y más acá de todos. En cada religión vivida en plenitud, belleza y bondad se alcanza ese centro que nosotros alcanzamos como cristianos. Entonces no se trata tanto de convertir al otro a mi religión, sino de descubrir en la religión suya aquello que tiene de común con la mía y juntos alcanzamos la cima de la montaña por caminos diferentes.

¿Esto cómo se concilia con el evangelio, donde leemos en san Juan que Jesús es el camino, la verdad y la vida?, el único mediador entre los seres humanos y el Padre… Es un tema teológico abierto. El verdadero encuentro con el otro hay que hacerlo desde la salida de casa hacia el otro. Si el otro intuye que trato de convencerle para que venga a lo mío, no habrá diálogo y no aprenderemos. En el diálogo hay un radical conocimiento de la verdad del otro aunque no se exprese como mi verdad. Esto implica la escucha profunda y reconozco aquella plenitud que él expresa en su lenguaje y que yo como cristiano reconozco con mi lenguaje. No trato de convertirlo. Ambos nos convertimos a los que nos trasciende, a Dios. Esto es delicado pq hay que replantear ciertas cuestiones pero no quedan para nada minusvaloradas sino reinterpretadas de otro modo. Es un camino espiritual, como dice san Juan de la Cruz:

“Para ir adónde no sabes has de ir por donde no sabes.

Para ir adónde no conoces has de ir por donde no conoces.

Para ir adónde no debes, has de ir por donde no debes.”

El encuentro con el otro, el encuentro con la relación de Dios que se manifiesta en el otro es un éxodo que hace salir de mi hacia la tierra ajena, nosotros a través de Cristo, los musulmanes a través del Corán… respetándonos radicalmente, pq la cima es Dios, no es nuestra.

  • Hay personas que les cuesta entender este diálogo. Porque somos necios, cortos, no tenemos espacio para la generosidad. Porque no somos verdaderos cristianos ni los musulmanes verdaderos musulmanes. Cada vez que revestimos nuestra verdad como un trofeo en contra de la otra persona estamos haciendo añicos nuestra propia verdad. Esto le pasó a Jesús con sus discípulos a los que acusó de no entender nada.

Papa Francisco:

Dialogar no significa renunciar a la propia identidad cuando se va al encuentro del otro, y tampoco ceder a compromisos sobre la fe y la moral cristiana. Al contrario, «la verdadera apertura implica mantenerse firme en las propias convic­ciones más hondas, con una identidad clara y gozosa» (ibid., 251) y, por eso, abierta a com­prender las razones del otro, capaz de relaciones humanas respetuo­sas, convencida de que el encuentro con quien es distinto de nosotros puede ser ocasión de creci­miento en la fraternidad, de enriquecimiento y de testimonio. Por este motivo, diálogo interreligioso y evangelización no se excluyen, sino que se alimentan recí­procamente. No imponemos nada, no usamos ninguna estrategia oculta para atraer fieles, si no que damos ejemplo con alegría y sencillez de lo que creemos y somos. En efecto, un encuentro en el que cada uno dejara aparte lo que cree, y fingiese re­nunciar a lo que le es más querido, no sería una relación auténtica. En ese caso, se podría hablar de una falsa fraternidad. Como discípulos de Jesús, debemos esfor­zarnos en vencer el miedo, siempre dis­puestos a dar el primer paso, sin dejarnos desanimar ante dificultades e incompren­siones.

(Discurso a la Plenaria del Pontificio Consejo para el diálogo interreligioso).

CUESTIONES FINALES.-

  • ¿Qué se puede hacer? Una Europa de predominio islámico será inevitable, tan solo por la presión demográfica. Depende del punto de partida.

Si es como cristianos:

  1. Modelo de familia cristiana (más hijos, compromiso social, presencia pública, militancia activa,…).
  2. Ser modelo de amor.
  3. Convivencia activa: invitar a los musulmanes a las fiestas cristianas, especialmente la Navidad y la Pascua, y participar en sus celebraciones (ramadán, fiesta del cordero,…). Celebraciones conjuntas, por ejemplo día internacional de la mujer, y otras fiestas nacionales.
  4. Espacios de intercambio cultural.

Si es como sociedad laica y aconfesional:

  1. Articular leyes que impidan la sharia en suelo europeo.
  2. Potenciar estudios del Islam y sus dogmas en las comunidades musulmanas.
  3. Potenciar la educación de imames con raíz europea.
  4. Combatir el yihadismo: prohibiendo cualquier tipo de manifestación ideológica radical y fundamentalismo, al igual que se prohíben la divulgación del nazismo.
  5. Cooperación con los países islámicos respetando sus identidades culturales y favoreciendo un Islam moderno y tolerante que defienda los derechos humanos y las libertades individuales (abolición de la sharia en sus aspectos negativos: amputaciones, ejecuciones, persecución por identidad sexual, condena de la apostasía…).
  6. Desarrollando una política antiterrorista clara, sin intereses oscuros y apartidista.

3.2. Itinerario histórico. La iglesia católica frente al islam / la iglesia con el islam.

(papa Pablo VI, en la encíclica Ecclesiam Suam (1964), introduce en la iglesia la importancia del diálogo interreligioso).

3.3. El Concilio Vaticano II (Nostra aetate).

3.4. Diálogo y Anuncio (documento del Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso y la Congregación para la evangelización de los pueblos).

3.5. Iglesia Ortodoxa e islam.

3.6. Protestantismo e islam.

3.7. Iniciativas para el diálogo interreligioso:

            – Unesco.

            – Fundaciones.

            – Institutos.

            – Universidades.

            – Internet. (recursos, foros, etc.).

3.8. Presente y futuro: cristianos y musulmanes en el camino de la paz.

………………………………………………………………..


[1] Por ejemplo, la ablación del clítoris, denunciada a veces como práctica islámica, es ajena y contraria al islam; pero se ha mantenido en algunas sociedades musulmanas africanas por la fuerte influencia de las tradiciones y culturas de este continente. Lo mismo cabría decir de la brujería, la hechicería, etc. Todo eso está prohibido en el islam pero en algunas culturas ha sobrevivido. Por ejemplo en Marruecos: adivinación, talismanes…

[2] “Mohammed, el cristiano” (en redacción).

[3] (Murcia, 1165 – Damasco, 1241) Filósofo, teósofo y místico musulmán. Reconocido por la tradición sufí como el mayor maestro, fue un monista integral y un teórico de la unicidad del ser: su obra reconoce en toda experiencia el rostro de Dios y en toda imagen o forma la huella divina. Mantuvo que el mundo se ofrece al hombre como la celebración perpetua de la presencia divina.

[4] Abū ‘ásá Muḥammad ibn’ ásá as-Sulamī aḍ-Ḍarīr al-Būghī at-Tirmidhī (en árabe : أبو عرسين محمد بن عيسى السلمي الضرير البرغي الترمذي , persa : ترمذی , Termezī ; 824 – 9 de octubre de 892), a menudo referido como Imām at-Termezī / Tirmidhī , era un persa [1] [2][3] erudito islámico y coleccionista de hadices que escribió al-Jami` as-Sahih (conocido como Jami` at-Tirmidhi ), uno de los seis compilaciones de hadices canónicos en el Islam sunita . 

La religión en la creación de un nuevo Oriente Medio


Los historiadores europeos señalan que el primer «Holocausto» contra los judíos ocurrió en Europa durante la celebración del Viernes Santo en 1096, cuando diez mil judíos fueron asesinados, un número muy grande en relación con la población de ese momento .

Además, este crimen masivo no fue resultado de la ideología nazi. Precedió a Adolf Hitler por unos 850 años. El odio a los judíos en las sociedades cristianas europeas (desde Rusia hasta Gran Bretaña) proviene de la acusación religiosa de que los judíos incitaron la crucifixión de Jesucristo a manos del gobernante romano .

Incitación y condena a los judíos

En el Evangelio de Mateo, los versículos 25-27 afirman que cuando los romanos arrestaron a Jesús, los judíos incitaron su asesinato y crucifixión. Esto es lo que sucedió. También afirma que los judíos corearon, como dice Mateo: «Su sangre sea sobre nosotros y sobre nuestros hijos ».

Así, el cristianismo (en particular el catolicismo) se adhirió a la condena colectiva de los judíos por incitar al crimen, desde su ocurrencia hasta el fin de los tiempos. Esta postura se mantuvo hasta 1965, año de la promulgación del documento «Nostra Aetate» por el Concilio Vaticano II. El documento incluía un texto que limitaba la responsabilidad por la crucifixión de Jesucristo a quienes cometieron e incitaron el crimen, y no responsabilizaba a otros judíos contemporáneos por lo sucedido .

No hubo consenso en el concilio sobre esta decisión. La oposición llegó al cisma y continúa hasta nuestros días. Su filosofía se basa en la premisa de que la fe cristiana se fundamenta esencialmente en la crucifixión, que el judaísmo no habría continuado después de Cristo hasta nuestros días si no hubiera negado a Cristo y su mensaje, y que la exoneración de sus creyentes hoy contradice la esencia del cristianismo, que se basa fundamentalmente en el autosacrificio de Cristo o en el sacrificio de Cristo .

Los eruditos creen que la crucifixión ocurrió en el año 30 d. C. (lo que significa que Jesús tenía treinta años). Posteriormente, sus seres queridos, allegados y seguidores lo conmemoraron. Se reunían en torno a las reuniones de pan y vino para rememorar sus enseñanzas e ideas, y para contar historias sobre su vida y milagros. En estas reuniones, recordaban sus dichos, consejos y la historia de su vida. Al igual que Jesús, también eran judíos, por lo que sus diálogos religiosos se desarrollaban dentro de este círculo religioso. En aquel entonces, el cristianismo era simplemente un movimiento doctrinal dentro del judaísmo .

Judíos sin templo

Pero en el año 70 d. C., ocurrió lo impensable. Los romanos destruyeron el Templo judío de Jerusalén. Con la destrucción del Templo, los judíos se encontraron ante una crisis ideológica relacionada con su identidad. El Templo era la cuna y el teatro de la fe, y con su destrucción, se creó un vacío. Se planteó la pregunta: ¿Qué significa ser judío sin el Templo?

Dos movimientos religiosos surgieron en respuesta a esta pregunta: el movimiento judío, que exigía un retorno a la Torá mediante el estudio y la enseñanza, la adhesión a sus enseñanzas y leyes, y, por consiguiente, la consideración de la Torá como fundamento y base. El segundo movimiento se basaba en la creencia de que Cristo es el nuevo templo. La adopción de este fundamento marcó el inicio del establecimiento de la Iglesia .

El conflicto entre ambos movimientos surgió en torno al significado del judaísmo y el significado de ser creyente. De este conflicto surgió el movimiento para escribir los Evangelios. El Evangelio de Marcos, escrito en el año 70 d. C., fue el primero. El Evangelio final, el Evangelio de Juan, se escribió en el año 100 d. C. Todos los escritores de los Evangelios eran aún judíos, pues la Iglesia aún no se había establecido .

Durante este período, la lucha dialéctica entre los judíos que creían en Cristo (y quienes los seguían entre el pueblo judío) y quienes lo rechazaban y no creían en él continuó sin tregua. Los Evangelios reflejan una actitud negativa hacia estos judíos, llegando incluso a demonizarlos. Esta actitud, que según los judíos fue el catalizador de la serie de tragedias que posteriormente enfrentaron en las sociedades cristianas, es una que el Concilio Vaticano II (1965) intentó eludir y cambiar .

Los escritores de los evangelios eran judíos.

Cabe señalar aquí que los autores de los Evangelios (los cinco adoptados oficialmente por la Iglesia tras rechazar docenas, incluido el Evangelio de Bernabé) eran judíos cuando los escribieron. El cristianismo, fundado en estos Evangelios, surgió mucho después .

Tal vez la postura más importante que expresa la posición de la Iglesia Católica respecto a los judíos es la transmitida por el Papa Pío X al fundador del movimiento sionista, Theodor Herzl (enero de 1904), cuando Herzl solicitó una cita para visitar al Papa con el fin de instarlo a que llamara a los países europeos a alentar la inmigración judía a Palestina .

En aquel momento, el Papa dijo: «Jamás podremos simpatizar con el movimiento sionista. No podemos impedir que los judíos vayan a Jerusalén. Pero jamás podremos aprobarlo, y como guardián de la Iglesia, no puedo responderles de otra manera. Los judíos no reconocieron a nuestro Señor (Cristo), y por lo tanto, nosotros no podemos reconocer al pueblo judío. Por lo tanto, si vienen a Palestina y se quedan allí, nosotros, como iglesias y monjes, estaremos dispuestos a bautizarlos a todos ».

A la luz de esto, parece clara la importancia del cambio de posición en el Vaticano desde el Papa Pío X (1904) al Papa Pablo VI (1965), quien firmó el documento “Nostra Aetate ”.

Los documentos religiosos cristianos confirman que los escritores de los Evangelios eran judíos que creían en Cristo y su nuevo mensaje, y que quienes rechazaron a Cristo y su mensaje también eran judíos, pero persistieron en su fe. Este dilema religioso entre ambos grupos persiste hasta nuestros días .

Sionismo cristiano

A lo largo de la larga historia de las relaciones entre cristianos y judíos, ha habido intentos religiosos de sortear las diferencias doctrinales que han generado constante tensión en estas relaciones. Quizás el más importante de estos intentos fue la creación del movimiento sionista cristiano, un movimiento religioso que se originó en Europa y floreció y se extendió en Estados Unidos .

La literatura de este movimiento se basa en la creencia en la teoría de la segunda venida de Cristo, y que una de las condiciones y requisitos de este regreso es la reconstrucción del Templo judío (que fue destruido por los romanos), porque el Mesías esperado solo retornará a una comunidad judía, y su regreso solo será anunciado en un templo judío, como sucedió la primera vez .

Cuando Jesucristo anunció por primera vez su misión, la mayoría de los judíos se negaron a creer en él y en su mensaje. Hasta el día de hoy, siguen considerando a Jesús un «anticristo». De acuerdo con su creencia, esperan la aparición del «verdadero» (?) Mesías en Jerusalén y en el Templo Judío tras su reconstrucción (sobre las ruinas de la Mezquita de Al-Aqsa).

Teatro Uno de Llegada y Regreso

Así, el movimiento judío converge con el movimiento sionista mesiánico, a pesar de las diferencias entre ambos. El primero cree en la venida del Mesías, y el segundo en su regreso. Sin embargo, el escenario de la venida y el regreso es el mismo. Esta fe compartida, a pesar de sus diferencias, absorbió sentimientos de odio y hostilidad, y colocó a ambos partidos, judíos y cristianos (?), en un frente doctrinal común cuyo objetivo es lograr las condiciones para la aparición o el regreso .

El nombre que este movimiento ha elegido, sionismo cristiano, refleja esta unidad. Sin embargo, las principales iglesias católica, ortodoxa y evangélica se distancian de esta doctrina, calificándola de herejía religiosa .

Los judíos creen que la llegada del «verdadero» Mesías los establecerá como amos de la Tierra. Los cristianos sionistas creen que el regreso de Cristo ocurrirá tras la inevitable y devastadora Batalla de Armagedón, una batalla que aniquilará a todos los pueblos excepto a los que creen en el cristianismo. Cristo entonces gobernará el mundo durante mil años (el Milenio), tras los cuales el tiempo terminará y comenzará la Hora .

Estas creencias pueden parecer ridículas en el siglo XXI, y prestarles atención puede parecer una pérdida de tiempo, pero la verdad es que juegan un papel fundamental en la toma de decisiones estadounidenses sobre temas de Medio Oriente y en la creación de alianzas relacionadas con esas cuestiones .

Parece que el futuro del Medio Oriente depende del regreso de una de dos cosas: ¡el Mesías o el esperado Mahdi!

(Mohammed Al-Samak)

Jesús y la tradición sufí

  • Jesús – El paradigma del peregrino en Dios según Ibn Al Arabi

Jesús, la encarnación física del aliento divino.

Para Ibn ʿArabī, Jesús es un ser excepcional. Según relata el autor andaluz, Jesús fue su primer maestro y fue decisivo en su entrada en el camino del sufismo. Esta relación personal, similar a un primer amor, lo animó a esperar que sería testigo del día de la venida de Jesús, y tal vez esto lo motivó a vivir sus últimos años en Damasco, el lugar de su descendencia.

Una visión que había tenido en la Kaaba fue la causa principal de esta identificación. Muhammad, el Sello de los Profetas, le había revelado que era su hijo espiritual y, por tanto, como Jesús, podía compartir el título del Sello de Santidad, y esto confirmaba la amistad que disfrutaba con él.

Sin embargo, Jesús era mucho más que alguien con quien el Shaykh al-Akbar podía tener una relación personal de ayuda y cuidado mutuo. Jesús es una teofanía. Ciertamente, cada profeta es una manifestación paradigmática de algún atributo divino, de un “Señor” como se interpreta en el hadiz sagrado: “Quien se conoce a sí mismo, conoce al Señor”. Y Muhammad fue superior a todos los profetas en su papel como manifestación terrestre del Absoluto contenido en la Realidad de Muhammad. Los profetas, por otra parte, son sólo manifestaciones visibles de aspectos de la divinidad: por ejemplo, Adán es el hombre perfecto, habiendo recibido todos los Nombres; Abraham es el amigo de Dios ( khalīl Allah ); José es el epítome de la Belleza; Moisés representa la posibilidad de que Dios hable directamente al hombre sin intermediarios; y David es el que encarna el Califato al reunir en una sola persona el califato interior y ser el gobernador visible de un pueblo. Aunque Jesús aparece teofánicamente de la misma manera que los profetas, el lector de Ibn ʿArabī no puede sino asombrarse por la cualidad divina manifestada por Jesús.

Jesús es la encarnación del soplo divino, de este spiritus que Gabriel ha depositado en el seno de María. El cuerpo humano de Cristo fue animado por un espíritu divino, creando un ser dual, mitad humano y mitad divino, y por tanto ni perfectamente humano ni perfectamente divino.

Jesús, por tanto, revela la calidad espiritual de todo ser humano, ya que todos los que viven han recibido el soplo vivificador del espíritu. Mientras que en el caso de todos los demás seres vivos el espíritu entra después de la formación del cuerpo físico, en la visión akbariana el espíritu es activo en la formación del cuerpo de Cristo. No fue sorpresa entonces para Ibn ʿArabī que Jesús apareciera como hombre porque Gabriel se le había aparecido a María en una forma masculina perfecta. Como resultado, no se dice que Jesús tiene un espíritu sino que, de hecho, es espíritu. Como dice el Shaykh, su ser se identifica con su ser espiritual porque su lado espiritual es superior a su lado físico.

Su constitución espiritual –el hecho de ser la condensación del soplo divino, y por tanto del Verbo divino (Logos)– determina toda su vida: su capacidad de curar, de dar y transformar la vida, además de ser la fuente del conocimiento que posee al más alto nivel, es decir, la ciencia de las letras, de la alquimia y de los espíritus. La larga lista de ciencias atribuidas a los santos que fueron considerados herederos de Jesús, y la influencia del planeta Mercurio, se derivan de estas ciencias fundamentales.

Además, su ser espíritu y ser «Palabra que procede de Dios » hacen de él el paradigma de otra cualidad: la del peregrino de Dios, del viajero espiritual que viene de Dios y vuelve a Dios sin haber abandonado jamás la presencia de Dios.

Este viaje espiritual es el reflejo de un movimiento cósmico de una creación que constantemente abandona a Dios y regresa a Él. Jesús es el modelo de ambos movimientos porque realiza en sí mismo este viaje cósmico siendo manifestación de la Palabra surgida del Aliento divino, y caminando por el mundo en la presencia constante de Dios. 

  • El nacimiento de Jesús en el hombre

Faouzi Skali en su libro Jesús y la tradición sufí explica en el capítulo 10, El nacimiento de Jesús en el hombre:

El alma del místico , nos enseña Rûmi, es semejante a María : « Si tu alma es suficientemente pura y suficientemente llena de amor, llega a ser como María: engendra al Mesías».

Y al-Halláj también evoca esta idea: “ Nuestras conciencias son una Virgen donde sólo el Espíritu de la Verdad puede penetrar ”

En este contexto, Jesús simboliza entonces la vanguardia del Espíritu presente en el alma humana: «Nuestro cuerpo es como el de María: cada uno de nosotros tiene un Jesús en él, pero mientras los dolores del parto no aparezcan en nosotros, nuestro Jesús no nace » (Rumi, El libro de lo interior, V).

Esta búsqueda esencial es comparable al sufrimiento de María que la condujo bajo la palmera (Corán XIX, 22-26): “ Dije: “¡Oh corazón mío, busca el Espejo universal, ve hacia el Mar, porque no llegarás a tu meta por un solo río !” «

En esta búsqueda, Tu sierva finalmente llegó al lugar de Tu hogar mientras los dolores del parto llevaron a María hacia la palmera” (RÛMi, Mathnawî, II, 93 ss.)

Así como el Soplo del Espíritu Santo, insuflado en María, le hizo concebir al Espíritu Santo, así también cuando la Palabra de Dios (kalám al-haqq ) entra en el corazón de alguien y la Inspiración divina purifica y llena su corazón (ver Mateo V, 8 o Jesús en el Sermón de la Montaña exclama: “¡Bienaventurados los corazones puros, porque ellos verán a Dios!”) y su alma, su naturaleza se vuelve tal que entonces se produce en él un hijo espiritual ( walad ma’nawî ) que tiene el soplo de Jesús que resucita a los muertos.

“ Los seres humanos ” , dice el Walad-Nama (traducción al francés, Maestro y discípulo, de Sultan Valad y Kitab al-Ma’ârif  las Habilidades del Rapto del Alma ), deben nacer dos veces: una de su madre, otra de su propio cuerpo y de su propia existencia. El cuerpo es como un huevo: la esencia del hombre debe convertirse en este huevo en pájaro, gracias al calor del Amor; Entonces escapará de su cuerpo y volará al mundo eterno del alma, más allá del espacio. «

Y el Sultán Walad añade: “Si el pájaro de la fe (imán) no nace en el Hombre durante su existencia, esta vida terrenal es entonces comparable a un aborto ” .

El alma, en la prisión del cuerpo, está anquilosada como el embrión en el vientre materno y espera su parto. Esto ocurrirá cuando el germen haya madurado, gracias a un descenso hacia uno mismo, a una consciencia dolorosa: « El dolor surgirá de esta mirada proyectada hacia uno mismo, y este sufrimiento se transmite más allá del velo. Mientras las madres no sufran dolores de parto, el niño no tendrá la posibilidad de nacer (Rumi, Mathnawî, II, 2516 ss.) (…) Mi madre, es decir, mi naturaleza [mi cuerpo], mediante sus dolores de agonía, da a luz al Espíritu… Si los dolores durante el nacimiento del niño son dolorosos para la mujer embarazada, en cambio, para el embrión, son la apertura de su prisión» (Ibíd., 3555 ss.)

La unión con Dios, explica Rûmi, se manifiesta cuando las Cualidades divinas vienen a cubrir los atributos de Su siervo:

El llamado de Dios, velado o no, concede lo que le dio a Maryam. ¡Oh, tú, que estás corrompido por la muerte en tu cuerpo, regresa de la inexistencia a la Voz del Amigo! En verdad, esta Voz viene de Dios, aunque proviene del siervo de Dios. Dios le dijo al santo : « Soy tu lengua y tus ojos, soy tus sentidos, soy tu satisfacción y tu ira». Ve, porque tú eres aquel de quien dijo Dios: «Por mí oye, y por mí ve». Tú eres la Conciencia divina, ¿cómo se podría decir que tienes esta Conciencia divina? Ya que por tu asombro te has convertido en ‘Aquel que pertenece a Dios’ .

Yo soy tuyo porque ‘Dios le pertenecerá’. A veces te digo: “¡Eres tú!”. A veces: “¡Soy yo!”. Diga lo que diga, yo soy el Sol que ilumina todas las cosas. “(Mathnawî, I, 1934 ss.).

Una vez trascendida la ilusión de la dualidad, todo lo que queda en el alma es la Presencia divina: el alma encuentra entonces en lo más profundo de su ser la efigie divina .

Se ha convertido en el lugar de la teofanía. Esto es lo que Rumi llama la resurrección espiritual : « El Alma universal entró en contacto con el alma parcial, y esta recibió de ella una perla y la depositó en su vientre. Gracias a este contacto con su pecho, el alma individual quedó embarazada, como María, de un Mesías que cautivaba su corazón. No el Mesías que viaja por tierra y mar, sino el Mesías que está más allá de las limitaciones del espacio. Además, cuando el alma ha sido fecundada por el Alma del alma, entonces el mundo es fecundado por esa alma » (Ibíd., II, 1184 ss.).

Este nacimiento del Niño espiritual ocurre fuera del tiempo, y por lo tanto ocurre en cada hombre que lo recibe con todo su ser a través de este “¡Sé!”. Que María recibe durante la Anunciación: «De tu cuerpo, como Maryam, ¡da a luz a un Issa sin padre! Tienes que nacer dos veces: una de tu madre, otra de ti misma. ¡Así que engendrátate de nuevo! Si la efusión del Espíritu Santo dispensa de nuevo su ayuda, otros harán a su vez lo que Cristo mismo hizo: el Padre pronuncia la Palabra en el Alma universal, y cuando nace el Hijo, cada alma se convierte en María» (Ibíd., III, 3773).

Así que Jesús puede declarar: « ¡Oh, hijo de Israel! Te digo la verdad: nadie entra en el Reino de los Cielos y de la tierra si no nace dos veces. Por la voluntad de Dios, soy de los que nacieron dos veces: mi primer nacimiento fue según la naturaleza, y el segundo según el Espíritu en el Cielo del Conocimiento  ». (Sha’ranî, Tabaqat, II, 26; Sohrawardî, ‘Awarif, I, 1)

El segundo nacimiento corresponde a lo que también alcanzamos en el sufismo como la apertura ( fath ) del ojo del corazón : « Cuando Tu Ojo se convirtió en ojo para mi corazón, mi corazón ciego se ahogó en la visión; vi que Tú eras el Espejo universal para toda la eternidad y vi en Tus Ojos mi propia imagen. Dije: «¡Finalmente, me encontré en Sus Ojos, encontré el Camino de la Luz!» (Rumi, Mathnawi, II, 93 ss.)

Esta apertura es la promesa hecha por Dios a todos aquellos que concluyen un pacto con el maestro espiritual, polo de su tiempo, como los apóstoles con Jesús o los Compañeros cuando juraron fidelidad a Muhammad: “ Dios se sació de los creyentes cuando te juraron bajo el Árbol, conocía perfectamente el contenido de sus corazones, hizo descender sobre ellos una paz profunda (sakina), los recompensó con una pronta apertura (fath) y con un botín abundante  que se apoderaron de ellos” (Corán XLVIII, 18-19). ( El botín abundante indica Conocimiento Divino ( mari’fa)

  • Jesús, María y el Libro, según Ibn al-ʿArabi

por Denis Gril

Este artículo apareció por primera vez en el Journal of the Muhyiddin Ibn ‘Arabi Society, Vol. 57, 2015.

¿Qué lugar ocupan Jesús y María en la revelación coránica, o más precisamente, cómo la relación entre estas dos figuras proféticas arroja luz sobre la realidad misma de la revelación universal que el Corán llama el Libro de la Escritura ( al-kitāb )? ¿Hasta qué punto nuestro Sheij nos permite penetrar el significado de esta relación?

Para intentar responder a estas preguntas, comenzaremos citando un pasaje del capítulo 5 del Futūḥāt al-Makkiyya , un comentario sobre la basmala y luego sobre todo el Fātiḥa. El carácter bastante enigmático del paralelo establecido entre Fātiḥa y el Libro por un lado, y entre María y Jesús por el otro, sólo puede animarnos a buscar un significado más profundo en él. Comencemos, pues, citando las primeras líneas del capítulo 5, que ponen de manifiesto el principio de la correspondencia entre el Libro y el Mundo:

Ahora deseamos sacar a la luz el conocimiento de la existencia y los comienzos del universo, que es para nosotros el Gran Ejemplo ( al-muṣḥaf al-kabīr ). Dios nos ha permitido leer el universo como un estado ( tilāwat ḥāl ), así como el Corán es para nosotros una lectura mediante palabras ( tilāwat qawl ). El universo está compuesto de letras escritas, inscritas en la parcela desplegada de la existencia. Lo que está escrito en él perdura para siempre, sin fin. Habiendo Dios sacado Su poderoso Libro con aquello que abre el Libro ( fātiḥat al-kitāb ) –pues el universo del que hablamos es un libro– deseamos abrir nuestras observaciones con los secretos de Fātiḥa y la basmala , que es la apertura ( fātiḥa ) de Fātiḥa .

El comentario sobre el comienzo de Fātiḥa , entonces, después del de la basmala :

La Fātiḥa es aquello que abre el Libro, pues el Libro mismo alude a la primera producción ( al-mubdaʿ al-awwal ). Así pues, el Libro contiene la Fātiḥa y otros elementos además de ella, porque procede de ella. Su nombre es muy acertado, pues es aquello a través de lo cual se abrió inicialmente el Libro de la existencia. Es la semejanza sin semejanza ( al-mithl al-munazzah ) como en el verso “Y no hay nada como Su Semejanza” (Q. 42: 11), donde el “semejante” es el calificador en sí mismo. Habiendo traído a la existencia la Semejanza que es Fātiḥa , Dios trajo a la existencia el Libro e hizo de Fātiḥa su clave. Medita sobre esto.

Fātiḥa es también la “Madre” del Corán , pues la madre es el lugar de la traída a la existencia ( maḥall al-ījād ). El ser que se encuentra en ella es el Corán, y el que trae la existencia es aquello que ha ejercido su acción sobre la madre ( al-fāʿil fī l-umm ). La madre es la recolectora universal ( al-jāmiʿa al-kulliyya ), y ella es la Madre del Libro que está con Él en el verso: ‘Y con Él está la Madre del Libro’ (Q. 13: 39). Considerad a Jesús y a María – la paz sea con ellos – y al agente de la traída a la existencia, y [surgirá] lo opuesto de lo que aparece a vuestros sentidos surgirá: la Madre es Jesús y el Hijo que es el Libro que está con Él ( al-kitāb al-ʿindī ) o el Corán, es María – la paz sea con ella. Entonces ¡entiende!

Así es como el Espíritu se duplica con el Alma por intermedio del Intelecto. El Alma se convierte en el lugar de la venida a la existencia desde un punto de vista sensorial. Ahora el Espíritu sólo llegaba a ella desde el Alma misma. Este último es pues el Padre. Esta Alma es el Libro inscrito ( al-kitāb al-marqūm ) debido a la acción de escribir. Apareció en el Hijo aquello que la Pluma trazó como escritura en la Madre, y eso es el Corán tal como apareció en el mundo sensible.

La Madre es igualmente expresión de la existencia de la Semejanza, el lugar de los secretos. Se trata del «Pergamino desplegado» en el que se encontraba escrito «el Libro inscrito», donde se depositan estos secretos divinos. Aquí el Libro es superior al Fātiḥa , pues este último es el significante, el Libro es lo que se significa y la dignidad del significante es proporcional a lo que significa.

En primer lugar, intentaremos comprender las consecuencias de este pasaje particularmente alusivo y, en segundo lugar, ver hasta qué punto es posible relacionarlo con otros pasajes relativos a Jesús y María en las Futūḥāt y las Fuṣūṣ . Por último, examinaremos en qué medida este texto sobre Fātiḥa nos ayuda a comprender mejor a Jesús y María como figuras de la revelación coránica, así como su asociación, en este sentido, con el Profeta y sus huestes.

  • Santísima Virgen María – Comentario Místico

por el Jeque Muzaffer Ozak Al-Jerrahi

Para avanzar por el camino ascendente, uno entra en la soledad y el aislamiento, no necesariamente en un sentido literal, sino incluso permaneciendo dentro del contexto de la responsabilidad familiar y social. Estas responsabilidades comunitarias son el templo sagrado de la existencia humana. Sin embargo, la soledad por sí sola no será suficiente.

Hay que permanecer orientado hacia el este místico, la dirección de la oración. Hay que aprender a contemplar el amanecer perpetuo de la Sabiduría Divina. Esto implica una participación plena en la ciencia de la oración, tal como se expresa dentro de una auténtica tradición sagrada.

Después de entrar en esa “habitación solitaria que mira al este”, que es interioridad y simplicidad de mente y corazón, uno puede contemplar la Belleza Divina manifestada a través de la creación transparente: el universo en su naturaleza prístina, intacto por la conceptualidad convencional sino iluminado en cambio por la revelación profética.

Poco a poco uno se vuelve más pacífico, más armonioso, más integrado. La Luz Divina comienza a manifestarse directamente.

Dentro de este brillo inefable, las estructuras convencionales de la sociedad y nuestras propias formas habituales de percepción ya no son visibles. Dentro de esta dimensión de puro resplandor, ocurren tanto visiones despiertas como sueños místicos.

Estas experiencias sutiles son indicaciones de progreso a lo largo del camino evolutivo, el camino empinado del que habla Dios Altísimo en Su Sagrado Corán. Pueden ser interpretados con precisión por un jeque, o guía espiritual, que ha recibido poder de un guía anterior en el linaje ininterrumpido del Profeta Muhammad para llevar a cabo esta sagrada tarea de interpretación de los sueños.

La inspiración y la intención combinadas de discípulo y guía, murid y murshid, desencadenan el proceso alquímico llamado interior. 

  • Jesús en el Corán: una perspectiva akbari

Por Reza Shah-Kazemi

Ibn ‘Arabi se refiere a Jesús como “símbolo de engendramiento” (mathalan bi-takwin) . Mi intención en este artículo es mostrar que, en la perspectiva metafísica de la escuela de Ibn ‘Arabi, uno de los principios más importantes del que el Jesús “coránico” se destaca como “símbolo”, signo y encarnación concreta, es el siguiente: la misericordia y la compasión son los frutos de la realización del Ser verdadero –o ser de lo Real, el Nafs al-Haqq , como lo llama Ibn ‘Arabi.

La compasión , a su vez, debe entenderse no sólo moralmente sino también, y a priori , metafísicamente, en términos de otorgamiento de vida: Dios da vida al cosmos por compasión hacia Sus propias cualidades ocultas que anhelan ser conocidas; y el hombre participa en este proceso tanto positivamente – al ser compasivo consigo mismo, así como hacia los demás – como inversamente, vivificando su propia alma y la de los demás a través del conocimiento de Dios.

Las narraciones coránicas acerca de Jesús, junto con las interpretaciones esotéricas de las mismas desde la perspectiva Akbari, iluminan estas realidades entrelazadas de la individualidad y la compasión de una manera particularmente fructífera . Jesús es descrito en el Corán como “un signo para la humanidad y una misericordia nuestra” . Ibn ‘Arabi explica, de forma muy instructiva, cómo se pueden entender espiritualmente estos dos aspectos de Jesús: qué es signo de Jesús y cómo se relaciona esto con la misericordia o la compasión.

Comenzaré este artículo haciendo referencia a los pasajes coránicos de la Sura Maryam que relatan las historias de los nacimientos de Juan y Jesús. Porque fue la reflexión sobre estos pasajes la que formó el punto de partida de la serie de observaciones que son el tema de este artículo. Se observan varias similitudes notables en estos dos pasajes.

En ambos casos –Zacarías, padre de Juan, y María, madre de Jesús– hay aparición de un ángel para anunciarle la noticia del inminente nacimiento de un hijo; Las palabras que les dirige el ángel y las respuestas que ellos dan son similares; Varias de las frases utilizadas para describir a Juan y a Jesús son idénticas; Tanto Zacarías como María observan un voto de silencio después de su visión del ángel, etc.

Pero entre ambos relatos hay también diferencias notables, en particular la siguiente: mientras que es el ángel quien describe a Juan, es Jesús quien se describe a sí mismo, a través de las palabras milagrosas pronunciadas por él cuando era un niño todavía en la cuna. De hecho, es el grado de milagrosidad lo que, en general, distingue las dos narraciones: el nacimiento de Jesús de la Virgen fue un tipo de milagro más absoluto en comparación con el prodigio menor de que Juan fuera engendrado por Zacarías, aunque «mi mujer es estéril y yo he llegado a una edad avanzada» (XIX,8). Pero hay que prestar particular atención a las palabras finales del discurso de Jesús: «La paz sea conmigo el día que nací, el día que muera y el día que resucitaré». En el caso de Juan, es el ángel quien invoca la paz sobre él: «La paz sea con él el día que nació , el día que muera y el día que resucitará ».

Al lector le sorprende el contraste entre la invocación de la paz sobre uno mismo y la invocación de la paz sobre otro.

Además, es la paz con el artículo definido, al-salam , la que Jesús invoca sobre sí mismo, mientras que es la forma indefinida, salamun , la que es invocada por el ángel sobre Juan. Es como si hubiera aquí una yuxtaposición deliberada entre el atributo divino de la paz, con respecto a Jesús, y la cualidad general de la paz —en última instancia divina, en su esencia, pero considerada aquí en el nivel de su manifestación formal— con respecto a Juan. Este contraste podría interpretarse como una alusión a la plenitud de la vida divina y a la totalidad de la suprema Autoconciencia que infundió la sustancia humana de Cristo desde su mismo inicio, siendo esta sustancia misma la Palabra misma de Dios. 

El Manifiesto Russell-Einstein

El Manifiesto Russell-Einstein de 1955 nació en un contexto de creciente preocupación por el peligro que suponían las armas nucleares, surgidas tras la Segunda Guerra Mundial y el uso de bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki. La Guerra Fría, que dividía el mundo entre Estados Unidos y la Unión Soviética, exacerbó los temores de un conflicto nuclear global.

En 1954, un episodio significativo contribuyó al nacimiento del manifiesto. Bertrand Russell, filósofo y activista por la paz, concedió una entrevista a la BBC el 23 de diciembre de 1954, en la que expresó su preocupación por la creciente amenaza de una guerra nuclear. Russell habló abiertamente de los peligros de la carrera armamentista atómica y de la locura de la guerra nuclear, argumentando que la humanidad estaba al borde de la supervivencia debido a la capacidad destructiva de las armas nucleares. Su entrevista atrajo la atención internacional y contribuyó a sensibilizar a la opinión pública sobre la cuestión del desarme.

Russell, junto con otros intelectuales y científicos, entre ellos Albert Einstein, sintió la necesidad de hacer un fuerte llamamiento a la paz. El resultado de estas preocupaciones fue el Manifiesto Russell-Einstein, publicado en julio de 1955, pocos meses después de la muerte de Einstein el 18 de abril de ese año. En este documento se pedía a los gobiernos que trabajaran juntos para prevenir una guerra nuclear, haciendo hincapié en los riesgos existenciales de las armas nucleares. Los firmantes del manifiesto, entre ellos científicos como Niels Bohr y Linus Pauling, pidieron un compromiso global con el desarme nuclear y una solución pacífica a los conflictos internacionales.

El manifiesto no sólo denunciaba el peligro de una guerra nuclear, sino también la insuficiencia de las políticas de disuasión y la necesidad de un control internacional sobre las armas nucleares. Concluyó con un llamamiento a la humanidad para que reflexione profundamente sobre su responsabilidad de prevenir una catástrofe mundial.

En la trágica situación que enfrenta la humanidad, creemos que los científicos deberían reunirse en una conferencia para evaluar los peligros que han surgido como resultado del desarrollo de armas de destrucción en masa y para debatir una resolución en el espíritu del siguiente proyecto.

En esta ocasión, no hablamos como miembros de tal o cual nación, continente o credo, sino como seres humanos, miembros de la especie Hombre, cuya existencia continuada está en duda. El mundo está lleno de conflictos…

Casi todos los que tienen conciencia política tienen fuertes sentimientos sobre uno o más de estos temas; Pero queremos que, si pueden, dejen a un lado esos sentimientos y se consideren sólo como miembros de una especie biológica que ha tenido una historia extraordinaria y cuya desaparición ninguno de nosotros puede desear.

Trataremos de no decir una sola palabra que pueda atraer a un grupo en lugar de a otro. Del mismo modo, todo el mundo está en peligro, y si se comprende el peligro, hay esperanza de que puedan evitarlo colectivamente.

Tenemos que aprender a pensar de una manera nueva. Debemos aprender a preguntarnos, no qué medidas se pueden dar para dar la victoria militar a cualquier grupo que prefieramos, porque ya no hay tales medidas; La pregunta que debemos hacernos es: ¿qué medidas se pueden tomar para evitar una concurrencia militar cuyo resultado debe ser desastroso para todas las partes?

El público en general, e incluso muchos hombres en posiciones de autoridad, no se han dado cuenta de lo que sería estar involucrado en una guerra con bombas nucleares. El público en general todavía piensa en términos de la cancelación de las ciudades. Se entiende que las nuevas bombas son más poderosas que las viejas y que, mientras que una bomba atómica podría eliminar Hiroshima, una bomba H puede destruir ciudades más grandes como Londres, Nueva York y Moscú.

Sin duda, en una guerra con bombas H, las grandes ciudades serían arrasadas. Pero este es uno de los desastres menores que deben abordarse. Si todos en Londres, Nueva York y Moscú fueran exterminados, el mundo podría, en el transcurso de unos pocos siglos, recuperarse del golpe. Pero ahora sabemos, especialmente después de la prueba de Bikini, que las bombas nucleares pueden extender gradualmente la destrucción a un área mucho más grande de lo que se suponía anteriormente.

Se afirma por muy buenas autoridades que ahora se puede fabricar una bomba que será 2.500 veces más poderosa que la que destruyó Hiroshima. Una bomba de este tipo, si explota cerca del suelo o bajo el agua, envía partículas radiactivas a la atmósfera superior. Poco a poco se hunden y llegan a la superficie de la tierra en forma de polvo o lluvia mortal. Fue este polvo el que infectó a los pescadores japoneses y sus capturas.

Nadie sabe qué tan ampliamente se pueden propagar estas partículas radiactivas letales, pero las mejores autoridades son unánimes al decir que una guerra con bombas H probablemente podría acabar con la raza humana. Se teme que si se utilizan muchas bombas H habrá una muerte universal, súbita sólo para una minoría, pero para la mayoría una lenta tortura de enfermedad y desintegración.

Muchas advertencias han sido emitidas por eminentes hombres de ciencia y autoridades en estrategia militar. Ninguno de ellos dirá que los peores resultados son seguros. Lo que dicen es que estos resultados son posibles y nadie puede estar seguro de que no se van a realizar. Todavía no hemos descubierto que las opiniones de los expertos en este tema dependan de alguna manera de su política o de sus prejuicios. Dependen únicamente, hasta donde ha revelado nuestra investigación, del grado de conocimiento del experto en particular. Hemos descubierto que los hombres que más saben son los más pesimistas.

He aquí, pues, el problema que les presentamos, crudo, terrible e ineludible: ¿debemos acabar con la raza humana o debe la humanidad renunciar a la guerra? La gente no se enfrentará a esta alternativa porque es muy difícil abolir la guerra.

La abolición de la guerra exigirá desagradables limitaciones a la soberanía nacional. Pero lo que quizás dificulta la comprensión de la situación más que cualquier otra cosa es que el término «humanidad» parece vago y abstracto. La gente apenas se da cuenta en su imaginación de que el peligro es para ellos mismos, para sus hijos y para sus nietos, y no sólo para una humanidad vagamente percibida. No pueden entender que ellos, individualmente, y aquellos a quienes aman, están en peligro inminente de morir en agonía. Y por eso esperan que tal vez la guerra pueda continuar a condición de que se prohíban las armas modernas.

Esta esperanza es ilusoria. Cualquier acuerdo para no usar bombas H en tiempos de paz ya no se consideraría vinculante en tiempos de guerra, y ambas partes se pondrían a trabajar para fabricar bombas H tan pronto como estallara la guerra, ya que si una parte fabricaba las bombas y la otra no, la parte que las fabricaba inevitablemente saldría victoriosa.

Si bien un acuerdo para renunciar a las armas nucleares como parte de una reducción general de armamentos no ofrecería una solución definitiva, serviría a ciertos propósitos importantes. En primer lugar, cualquier acuerdo entre Oriente y Occidente es positivo, ya que tiende a reducir la tensión. En segundo lugar, la abolición de las armas termonucleares, si cada parte creyera que la otra la ha llevado a cabo sinceramente, reduciría el miedo a un ataque repentino al estilo de Pearl Harbor, que actualmente mantiene a ambas partes en un estado de aprensión nerviosa. Por lo tanto, deberíamos acoger con beneplácito un acuerdo de este tipo, aunque sólo sea como un primer paso.

La mayoría de nosotros no somos neutrales en sentimientos, pero como seres humanos, debemos recordar que, si las cuestiones entre Oriente y Occidente han de decidirse de alguna manera que pueda dar alguna satisfacción posible a alguien, ya sea comunista o anticomunista, asiático o europeo o estadounidense, ya sea blanco o negro, entonces estas cuestiones no deben decidirse mediante la guerra. Nos gustaría que esto se entendiera, tanto en Oriente como en Occidente.

Ante nosotros, si así lo elegimos, hay un progreso continuo en felicidad, conocimiento y sabiduría. ¿Elegiremos la muerte en su lugar, por qué no podemos olvidar nuestras peleas? Apelamos, como seres humanos, a los seres humanos: recuerden su humanidad y olviden el resto. Si lo haces, el camino está abierto a un nuevo Paraíso; Si no puedes, te espera el riesgo de una muerte universal.

Resolución:

Invitamos a este Congreso y, a través de él, a los científicos del mundo y al público en general, a firmar la siguiente resolución: «Considerando que las armas nucleares se emplearán sin duda en cualquier guerra mundial futura y que tales armas amenazan la continuación de la existencia de la humanidad, instamos a los gobiernos del mundo a que se den cuenta y reconozcan públicamente que su propósito ya no puede ser perseguido por una guerra mundial, y les instamos, en consecuencia, a encontrar medios pacíficos para resolver todas las cuestiones que son contenciosas entre ellos».

Profesor Max Born (Catedrático de Física Teórica en Berlín, Frankfurt y Göttingen, y de Filosofía Natural, Edimburgo; Premio Nobel de Física). Profesor P. W. Bridgman (Catedrático de Física de la Universidad de Harvard; Premio Nobel de Física). Profesor Albert Einstein. Profesor L. Infeld (Catedrático de Física Teórica, Universidad de Varsovia). El profesor J. F. Joliot-Curie (Catedrático de Física en el Collège de France; Premio Nobel de Química). El profesor H. J. Müller (Catedrático de Zoología de la Universidad de Indiana; Premio Nobel de Fisiología y Medicina). Profesor Linus Pauling (Profesor de Química, Instituto de Tecnología de California; Premio Nobel de Química). Profesor C. F. Powell (Catedrático de Física de la Universidad de Bristol; Premio Nobel de Física). Profesor J. Rotblat (Catedrático de Física, Universidad de Londres; Facultad de Medicina del Hospital de San Bartolomé). Bertrand Russell. El profesor Hideki Yukawa (Profesor de Física Teórica, Universidad de Kyoto; Premio Nobel de Física). 23 de diciembre de 1954.

1. El Profesor Joliot-Curie desea añadir las palabras: «como medio de resolver las diferencias entre los Estados».

2. El profesor Joliot-Curie desea añadir que estas limitaciones deben ser acordadas por todos y en interés de todos.

3. El profesor Müller reserva que esto debe entenderse como «una reducción concomitante y equilibrada de todos los armamentos».