Con independencia de los intereses económicos y políticos que arrastra la Organización Mundial de la Salud (OMS), lo cierto es que esta institución es totalmente necesaria para gestionar la salud pública mundial. ¿Tiene que ser reformada? Pues claro, como todas las instituciones internacionales; pero ese es otro debate.
En lo práctico, durante los próximos cuatro años, la OMS salvará al menos 40 millones de vidas mediante acciones concretas que incluyen:
– aumentar el número de vacunas entregadas a países prioritarios;
– proporcionar acceso a servicios de salud a más de 150 millones de personas en entornos humanitarios en 30 países;
– llevar la electrificación solar a 10.000 centros de salud;
– apoyar a 55 países en la educación y emplear a 3,2 millones de trabajadores de la salud;
– ayudar a 84 países a alcanzar objetivos para eliminar la malaria, la transmisión materno infantil del VIH y otras enfermedades;
– fortalecer el acceso a datos de salud oportunos y confiables; y
– precalificación de 400 productos sanitarios al año.