Sonrisa iluminada,
como el sol al amanecer.
Me pierdo en un abrazo
donde el tiempo se detiene
y las preocupaciones se disipan.
Me fundo en el instante,
como el río que abraza la orilla.
En cada latido, un eco de vida.
Cada susurro, un canto de esperanza.
Me ignoro en mi finitud,
como las estrellas que brillan
sin pensar en su ocaso,
dejando huellas de luz
en el vasto universo.
Aquí, ahora, la eternidad se encuentra,
en la calidez de un gesto,
en la magia de un vínculo.