El viejo del bastón colorado.

En días pasados presenté este libro que ya se puede leer (el enlace de descarga más abajo). Añado aquí la introducción:

Estoy en la playa, ajeno al drama cotidiano del mundo. He llegado a este lugar con la mente en paz y sereno. El mar parece un fino espejo de color turquesa donde veo reflejado el universo entero. Se respira armonía por doquier. Concentro la mirada en un grupo de aves que aún permanecen somnolientas. Son flamencos. La tarde anterior admiré su vuelo formando una pequeña constelación rosácea que iba alejándose por el este, hacia el interior del desierto, pero no llegarían muy lejos. El desierto no es apropiado para esos animales. Ahora están cercanos, ignorando mi presencia, disfrutando tal vez de un reposo nocturno que ya tocaba a su fin.

No sopla el viento, algo raro en esta región, sacudida de forma casi ininterrumpida por vientos que provienen de todas las direcciones, capaces de transportar la arena caliente hasta precipitarla con frecuencia océano adentro. En alguna ocasión me dijeron que este viento podía llevar la arena hasta el mismísimo continente europeo. Lo creo. Todo es posible para el desierto más grande del mundo. Lo sé y lo he comprobado mil veces.

Ya no piso el límite occidental para deleitarme con recuerdos de la juventud sino para despedirme de algunos familiares cuyas jaimas siempre instalan por aquí, al lado del mar y alejados de las ciudades y pequeñas poblaciones. Siguen viviendo en el desierto, aunque se han convertido en beduinos pescadores, algo no muy habitual en mi tribu; sin embargo, las costumbres cambian arreglo a los usos sociales del momento. Poco queda de mi cultura y me produce desazón, aunque nunca me he permitido enfados y disgustos. El mundo es como es. Todo acaba por cambiar. “El mundo es el disfrute del engaño”, recuerdo con frecuencia esas palabras del Sagrado Corán. Creo que conozco bien este aspecto de la Creación.

Oigo voces de turistas. Solo ellos pueden gritar tanto y me desperezan, también a los flamencos que, asustados, arman gran revuelo. Al parecer han madrugado. ¡Turistas aquí! Turistas por todas partes. Es inevitable.

He pasado la noche en vela, solo, rezando y meditando, y sufro el cansancio. No en vano la edad deja huella en el cuerpo. ¿90 años?, ¿95? No estoy seguro. Nunca supe la fecha de nacimiento. No es importante. He vivido la colonización española y la entrada de Mauritania después, y más tarde la de Marruecos. He visto mucha sangre derramada por nada, batallas libradas por un pedazo de tierra. Morir por la tierra, ¡qué absurdo! La tierra tiene un solo propietario y no es de este mundo. ¿Por qué disputarse algo que es un regalo para todos?

El día anterior uno de mis nietos me acercó en su coche hasta aquí. Habría preferido venir en mi vieja camella, pero ella y yo no estamos para muchos trotes. El nieto quiso acompañarme e insistió en quedarse. No se lo permití. Quería la soledad. Poco tiempo me queda de vida y deseo aprovecharlo.

Nunca he recibido enseñanza formal. Aprendí a leer y escribir en la madraza de mi abuelo, después dirigida por mí. Allí saboreé los secretos del islam y memoricé en solo unos meses el texto coránico, con varios estilos de recitación, así como los hadices sobre el Profeta, la paz sea con él. Con el tiempo adquirí alguna notoriedad e incluso vinieron a la madraza nuevos estudiantes y seguidores, pero nada de esto es importante ¿verdad? Lo verdaderamente importante es alabar a Dios sin parar. A ese propósito he dedicado la vida entera, y también a cuidar de la familia y del ganado. ¿Qué mejor actividad para un hombre?

Contemplo el cielo. El sol despunta y riega con sus rayos la extensa playa. Días atrás escribí un texto sencillo donde plasmé algunas reflexiones que me parecieron oportunas hacer. Uno de mis hijos las leyó y quiso una copia. Tal vez podría ser útil. No sé. En cualquier caso, aquí estoy dispuesto a revisar el texto y olvidarme del mundo. ¡Ja!, mis reflexiones y yo. Y al final, la nada. Solo silencio.

(COMPRAR)

Cómo actúa el espíritu en el mundo


Ponente: autor del libro del mismo título, Javier Sánchez Cañizares (Córdoba 1970), es doctor en Física por la Universidad Autónoma de Madrid (1999) y doctor en Teología por la Universidad Pontificia de la Santa Cruz en Roma (2006). Ha sido profesor ayudante en el Departamento de Física Teórica de la Materia Condensada de la Universidad Autónoma de Madrid, profesor adjunto de Teología Moral en la Facultad de Teología y profesor agregado en la Facultad Eclesiástica de Filosofía de la Universidad de Navarra. En la actualidad, es investigador del grupo “Mente-cerebro” del Instituto Cultura y Sociedad y miembro del grupo “Ciencia, Razón y Fe” (CRYF) de la Universidad de Navarra, del que también ha sido director (2016-2021). Acreditado como catedrático el 21 de julio de 2022. Sus principales intereses se centran en las relaciones entre ciencia y religión, las interpretaciones de la mecánica cuántica y el problema mente-cerebro. Ha publicado varias decenas de libros y artículos de investigación en física, filosofía y teología. Entre ellos, Razón y fe: la plenitud de la vida moral (2013) y Universo singular. Apuntes desde la física para una filosofía de la naturaleza (2019), por el cual ha recibido un Premio Razón Abierta en la categoría de investigación.

Resumen del ponente: Dios y el alma humana son términos que han quedado relegados en la narrativa científica. La actividad del espíritu parece no tener cabida dentro de la cosmovisión que ofrece la ciencia: en el mejor de los casos, se la considera parte de un ámbito sobrenatural, ajeno a cualquier disciplina científica; en el peor, una noción incompatible con la comprensión científica del mundo. ¿Pero es realmente así? En la primera parte del seminario, examinaré por qué la ciencia moderna ha cerrado la puerta a lo inmaterial y cómo, paradójicamente, la ciencia contemporánea rompe con la idea de un mundo causalmente cerrado y completamente determinado por la física, abriendo nuevas posibilidades para comprender cómo actúan Dios y el alma en el mundo. En la segunda parte, esbozaré un modelo concreto de causalidad inmaterial, respetuoso con el actual marco científico. Este modelo también ofrece claves para entender por qué emergen novedades en la naturaleza y qué sentido tiene la presencia del mal. Como consecuencia, la cosmovisión científica no necesita ser hostil a la actividad del espíritu y, de hecho, puede establecer un diálogo fecundo con la fe cristiana desde una comprensión renovada de la creación.

Asr-i Saadath: Una era de paz, prosperidad y felicidad

Asr significa era y saadath significa felicidad. Esta frase es un término de la historia islámica, utilizado para describir el período del Profeta Muhammad (saw). Después de él, hubo muchos períodos diferentes en la historia islámica, como los períodos de los Omeyas, los Abasíes, los Fatimíes, los Selyúcidas y los Otomanos. Antes de cualquiera de estas eras, fue la época de nuestro Profeta Muhammad (saw), y los eruditos de la historia del Islam quisieron marcar este período como «asr-i saadath», que significa era de felicidad.

Sin embargo, queríamos incluir las palabras paz y prosperidad, ya que usar solo la palabra felicidad podría dar un significado indeseable a un período «feliz». Si bien los primeros musulmanes enfrentaron desafíos, algunos fueron duramente torturados y exiliados debido a sus creencias, y tuvieron que librar algunas guerras, en general la prosperidad del islam, o en otras palabras, la «barakah», floreció en este período. 

Fue la gran inspiración que se sembró en este período la que condujo a la edad de oro del Islam entre los siglos IX y X , según muchos historiadores. Contrariamente a la creencia popular, mucho antes del renacimiento y la reforma de la Europa medieval, los países islámicos experimentaron abundantes innovaciones y descubrimientos en diversos campos científicos, como la astronomía, la química, la física y la medicina.

Todas estas innovaciones y la labor de impulsar a la humanidad requerían un cierto estado mental de disciplina y una mayor consciencia espiritual. Estos estímulos se iniciaron desde el asr-i saadaith, ya que los compañeros cercanos del Profeta Muhammad (saw) experimentaron de primera mano su sabiduría, su conexión devocional con Alá (jj), sus valores morales y su nivel espiritual.

El Mensajero de Allah (saw) fue el maestro de los sahaba en esta era de paz, prosperidad y felicidad. Sus hábitos los guiaron, inspirados directamente por el Sagrado Corán. Por lo tanto, los sahaba en el asr-i saadath se mantuvieron firmes en su tesis y su gran propósito relacionado con el Islam. Este propósito fue el único guía en sus vidas.

En otra nota, tal vez los historiadores islámicos quisieron articular la “inocencia y pureza” de ese período llamándolo “la era de la felicidad”. 

Ramadán

El pasado 1 de marzo comenzó el mes de Ramadán, obligatorio durante 29 ó 30 días para todos los musulmanes. Se trata de un tiempo de ayuno, oración y meditación.

Si el ayuno permite que el organismo elimine todo lo que es inútil para el cuerpo y contribuye a prevenir enfermedades, es también la oportunidad de hacer un balance existencial y aprender mucho sobre el autocontrol, la solidaridad y la auto disciplina.

El ayuno también fomenta la fraternidad. La abundancia de alimentos, bebidas y los muchos pequeños placeres terrenales a menudo hacen olvidar que algún día pueden escasear. Se ordenó el mes de Ramadán para despertar conciencia y un recordatorio.

Es un llamamiento al altruismo y a la solidaridad. Feliz y bendecido mes a todos los musulmanes.

Eremitas en el Sahara

Al hablar de desierto no me refiero solo al físico, geográfico, el del Sahara, que sí, también, por supuesto, el desierto por antonomasia, el más grande del planeta, lugar donde se han producido hechos espirituales
asombrosos protagonizados por mujeres y hombres apartados de la ciudad o del pueblo, alejados del ruido y las cosas mundanas, así, en soledad fecunda, a veces incomprendida, a veces perseguida, a veces maltratada por
los poderosos, los fariseos de todos los tiempos y lugares, porque el fariseísmo es más que un movimiento político judío de la época de Jesús. Se trata de una condición humana, legalista, rigorista, exclusivista, fanatizada,
irracional en extremo. Sí, fariseos han existido siempre. Siguen en el judaísmo y permanecen en el cristianismo y en el islam. Tratan de condicionar aquello que tocan, allá donde viven y prosperan.
Al hablar del desierto apelo también a esa condición de posible soledad compartida dentro del mundo, dentro de las urbes, en pleno bullicio; pero sin afectar lo más mínimo la condición de mujer u hombre apartado, refractario a los apetitos que divulgan los creadores de opinión, o del consumo barato, efímero e insustancial.
Al hablar del desierto me refiero a ermitaños y morabitos. Cristianos y musulmanes. Todos abandonados al Único Dios, al Compasivo y Misericordioso, muchas veces alejados de dogmas y teologías complejas, alejados de filosofías de moda, de tendencias ideológicas, cautivos de una sola mirada, caminantes del mismo camino, peregrinos en la única peregrinación válida, habitantes del único deseo: la cercanía y proximidad al
Amado.

Al alba, la llamada a la oración abarca la inmensa llanura desértica en un apartado rincón de la región de Dakhla, en el sur de Marruecos. Apenas la claridad incipiente en el firmamento permiten distinguir un paisaje aún cubierto por las sombras de la noche… Allahu Akbar… Allahu Akbar… La illaha illah Allah! (¡Dios es Grande, Dios es Grande… No hay otra divinidad más que Dios!) exclama con voz potente un hombre mayor vestido con una yilaba de gruesa lana, en la puerta de un pequeño edificio construido con sus propias manos. Su voz resuena por todas partes. Solo su voz. Los pájaros que anidan en los arbustos cercanos empiezan a desperezarse.
En el cielo las estrellas domina aún el arco celeste. Hace frío. El hombre concluye el Adham (invitación a rezar) y se dirige a la pequeña mezquita, construida con sus propias manos al igual que el edificio que le cobija y donde pasa gran parte del tiempo: dos cuartos para descansar, un lavabo, cocina,
un pequeño despacho y almacén. Acuden a la llamada sus dos hijos varones que están pasando unos días con su padre. Yo también voy al salat (oración), el primero de la mañana. Ese tiempo de adoración a nuestro Creador se prolonga durante casi una hora, entre oración ritual, contemplación, duás (peticiones a Dios)… Después salimos al exterior. La luz nos permite ya ver con comodidad el terreno, la amplia pradera que nos rodea, las pequeñas talhas (acacias) y arbustos que crecen por doquier.
Cerca, en un establo, una docena de cabras esperan para salir a pastar. Sidi Hafa, así se llama mi amigo y padrino de tribu, acude raudo para abrirles la puerta. Sus hijos y yo le imitamos. Así empieza la jornada laboral. Estamos
construyendo un perímetro de piedra alrededor de la zagüía, nombre con el que se conocen estos edificios sencillos. Nuestra intención es que las cabras no entren en ese espacio, vano intento puesto que, como es sabido, las cabras son animales que suelen ir por libre. En cualquier caso es conveniente delimitar las zonas de vivienda humana y vivienda del ganado, cada uno en su sitio, juntos pero no revueltos. Además Sidi Hafa ha destinado unos cuantos cientos de metros cuadrados de terreno a la puesta en marcha de un huerto con la intención de abastecerse de algunas verduras y patatas.
Completan la zagüía un gallinero para la cría de gallinas y obtener también huevos, así como las duchas destinadas a visitantes que suelen acercarse por el lugar. Todo construido por Sidi Hafa y su familia.
A eso de las 9 de la mañana desayunamos: té, pasta hecha por las mujeres de la familia y algún dátil. Hoy no es día de ayuno, ni estamos en el mes de Ramadán, así que podemos comer y beber sin
preocuparnos por las horas. A pesar de ello, comemos poco. Después de desayuno nuevamente nos dirigimos a la mezquita para hacer el «Salat Doha», una oración voluntaria. Tras unos minutos ya estamos laborando. La tarea es
mucha: coger piedras, cargarlas, llevarlas a los lugares donde las vamos colocando. El día avanza y empieza a hacer calor; pero es soportable. Así pasamos buena parte de la mañana. Más tarde a las tareas propias del huerto. El agua es el problema mayor. Hay que traerla en camiones cisterna y llenar unas balsas de pvc con capacidad para 5.000 litros. Tenemos intención de economizar agua aplicando el sistema de riego por goteo.
Entre las faenas agrícolas, acarrear piedras y controlar que las cabras y las gallinas no entren en el huerto,
como así sucedió en una ocasión y nos comieron casi todos los brotes. A eso de la 1 de la tarde paramos para asearnos y rezar, cosa que hacemos tras el pertinente Adham anunciando la oración, el Salat Dhuhr. Concluido el
Salat comemos arroz con carne de dromedario. Durante la comida comentamos las noticias del día que nos llegan con dificultad por un aparato de radio. Aquí apenas se puede sintonizar las emisoras y las señales de telefonía son muy débiles, así que la información suele llegar por alguien que viene de visita. Todo es sencillo. El día discurre sin sobresaltos, sin estrés, sin esperar nada en concreto, sin establecer planes, entre oración, contemplación, meditación, trabajo y tiempo de descanso y ocio consistente mayormente en conversar, contar historias del
pasado, anécdotas, algún chiste y poco más.
Después del almuerzo es tiempo de siesta, costumbre provechosa para recuperarse de las fatigas
mañaneras, aunque yo me voy al pequeño despacho con intención de ojear algunos libros con más de 200 años de antigüedad, manuscritos y encuadernados con piel de cabra. Uno de ellos es un ´Tafsir, como así denomina a la ciencia que interpreta el Sagrado Corán. Está escrito sobre papel ya muy deteriorado y en algunas partes la tinta, fabricada por la propia persona que escribió el libro, se ha borrado o se lee con suma dificultad. Pienso que hay que proteger estos libros, reunirlos en bibliotecas acondicionadas, clasificarlos, estudiarlos… algo así se está haciendo en Malí y en Mauritania. Constituyen un patrimonio cultural de valor incalculable. Reflexiono sobre estos lugares destinados a la vida eremítica, como decimos en Occidente, esto es, sitios donde el morador vive y destina gran parte del día a la oración y la contemplación, a veces solo, a veces en compañía de su familia. En el norte de África son frecuentes y gozan de una larga tradición. El ´morabitismo` fue todo un movimiento social que vertebró en buena parte amplias regiones del Magreb. Los morabitos venían a ser el equivalente islámico de los ermitaños cristianos, hombres y mujeres cuyas vidas constituían ejemplos a seguir por la comunidad, con dones y carismas particulares que atraían la visita de musulmanes para curarse del «mal de ojo», de
brujerías, o de enfermedades físicas, o simplemente para disfrutar de la baraka -las bendiciones de Dios- que canalizaba el morabito.
Muchos de esos lugares, como he dicho más arriba conocidos con el nombre de ´zagüias (literalmente = rincones apartados) se convirtieron en espacios de culto, peregrinaje y educación islámica. Aún sobreviven estas zagüias, algunas de ellas vinculadas a cofradías sufíes. Un morabito en tierras argelinas fue Carlos de Foucauld, quien vivió y murió asesinado en su propia zagüia, siendo vecino de los tuaregs. El «hermano universal», ofreció su testimonio de compromiso religioso y de comunión con los musulmanes.

La tarde avanza. Se ha levantado una ligera brisa y yo aprovecho para dar una cabezada antes del Salat Asr. Concluido éste, retomamos la actividad laboral pero sin la intensidad ejercida durante la mañana. Mi padrino y sus hijos van en busca de las cabras, están lejos. Hay que llevarlas al corral. Con las gallinas es más difícil, pululan por aquí y por allá, saltan al huerto, nos arman estropicio casi siempre, tenemos que correr tras ellas, difícil cogerlas… en esas ocasiones pensamos en no criarlas pues alborotan mucho. Poco antes del «Salat Magreb» (puesta del sol), hemos concluido toda actividad laboral. Yo voy a dar un pequeño paseo por las inmediaciones de la zagüía, antes de que oscurezca del todo.

Con el manto nocturno encima de nosotros permanecemos en la
mezquita hasta el último salat comunitario del día, el Salat Isha, aproximadamente a la hora y media posterior a la puesta de sol. En ese tiempo se recita el Corán en voz alta, o se leen episodios y narraciones de los profetas, o se elevan diferentes plegarias. También algunas veces permanecemos en silencio y solo el susurro del viento filtrándose por la puerta de la mezquita constituye el único sonido. Entonces interpretamos el silencio, le preguntamos y él nos responde: Solo importa Dios, su grandeza, a Él le debemos todo.
Tras la oración llega el tiempo de ocio, conversación alegre con la familia. Nos ha visitado un pariente y pasará la noche con nosotros. Trae noticias de la ciudad y del mundo. Cenamos, disfrutamos el momento presente, sin más
averiguaciones de ningún tipo. En algunas ocasiones me preguntan por cuestiones relativas al Cristianismo. Existe un interés real entre los musulmanes por conocer los dogmas y las creencias cristianas. No se trata de simple curiosidad sino de interés por comprender cómo Dios se ha ido manifestando a lo largo de la historia de la humanidad en una «Revelación progresiva». Para los musulmanes todos los profetas son importantes, han traído y divulgado el mismo mensaje, incluido el noble profeta Isa (Jesús de Nazaret) que ocupa un puesto especial en el
islam. Decía Ibn Arabí que Jesús era el «Sello de la Santidad» y Mohammed el «Sello de la Profecía».


Sidi Hafa, mi padrino, me invita a dar una vuelta con él por los alredores de la zagüía, el cielo siempre henchido de
estrellas. Nos alejamos y hablamos, un poco en castellano, un poco en ´hasaniya` (árabe dialectal saharaui).
Me cuenta sus cosas y yo le cuento las mías. Sonreímos. Contemplamos las estrellas y decimos casi al unísono:
Al Handulilah! Alabado sea Dios.

El papel de la religión y la identidad en la vida árabe

Existe una falta de armonía en las sociedades árabes sobre cómo ver dos cuestiones como axiomas y puntos de partida en las sociedades modernas exitosas: la identidad y el papel de la religión. Resolver cómo entender estas dos cuestiones es la base para construir naciones árabes avanzadas y unificadas, y sin eso, el desequilibrio permanecerá, y la fractura es probable, en la estructura y la unidad de cualquier país árabe. Insistir en la primacía de las «identidades» no nacionales y árabes hará que algunos ciudadanos sean leales fuera de su patria, en virtud de «referencias religiosas o étnicas», y proporcionará el clima adecuado para la intervención extranjera y los conflictos civiles.

Pero este no es un tema nuevo. Desde principios del siglo XX, en la región árabe se ha planteado la cuestión específicamente de la identidad de esta región, que es la etapa en la que el mundo islámico comenzó a clasificarse después del final de la era otomana en estados y entidades de acuerdo con el acuerdo Sykes-Picot. Sin embargo, lo ocurrido durante el siglo XX demostró que el arabismo cultural y el factor religioso-civilizatorio no pueden separarse en la región árabe. El arabismo y la fe religiosa son una condición concomitante, y es diferente de cualquier relación entre la religión y otras nacionalidades en el mundo musulmán. Para alejarse de la religión (que es el Islam), Turquía tuvo que aferrarse a su nacionalismo turco y reemplazar su alfabeto árabe por el latín. Este ejemplo ocurrido en Turquía hizo creer a muchos árabes, que se adhieren a su religión islámica, que hablar de nacionalismo árabe también significa abandonar su religión, en comparación con la experiencia nacional turca de principios del siglo XX, mientras que el asunto difiere en cuanto a la especificidad de la relación entre arabismo y el mensaje islámico, ya que es un asunto para los árabes que ninguna otra nacionalidad en el mundo islámico comparte con ellos. El árabe es el idioma del Sagrado Corán, y la cultura árabe es a través de la cual el llamado islámico se extendió por todo el mundo.

Como dice el conocido refrán: «Cuántos crímenes se cometen en tu nombre, libertad», muchos crímenes han ocurrido y se están cometiendo en nombre de la «identidad» nacional o árabe o incluso de la propia religión… Sin embargo, ¿los crímenes en nombre de la «libertad» han llevado al abandono de este noble objetivo y de la legítima reivindicación de cada individuo, grupo y nación?

La «identidad árabe» solía significar -y sigue significando- la convicción de que los árabes son una nación que ahora consta de varios países, pero que constituyen entre ellos una única extensión geográfica, cultural y civilizatoria, en la que se integran los recursos y las energías humanas y materiales. Los afectados por la consolidación y activación de esta «identidad» son inevitablemente los no árabes, que en el pasado, así como en el presente, impiden la unificación de los pueblos de la nación árabe para preservar sus intereses en la región y el futuro de su agotamiento de sus riquezas.

Pero el papel de la religión en la vida árabe es un arma de doble filo, donde es importante distinguir entre lo que está en el Islam y todos los mensajes celestiales de valores y principios muy importantes, en todo momento y lugar, para la persona individual y para el grupo, y entre los asuntos relacionados con las transacciones y el culto, que difieren en la jurisprudencia incluso dentro de la misma secta. Por tanto, hablar de sociedades civiles modernas exitosas se asocia con la cuestión de distinguir entre la religión y el Estado, entre la importancia del papel de la religión en la sociedad y la inadmisibilidad de la injerencia de los «clérigos» en cuestiones de gobernanza y promulgación de constituciones y leyes, que inevitablemente deben estar guiadas por valores y principios religiosos y humanitarios comunes.

La región árabe es la cuna de todos los mensajes divinos, profetas y lugares de peregrinación religiosa y, por tanto, la ausencia o marginación del papel de la religión en ella es prácticamente imposible. La separación de la religión de la sociedad en cualquier nación sólo se ha logrado por la fuerza (por ejemplo, las experiencias de los regímenes comunistas). En cuanto a la separación de la religión y el Estado o la gobernabilidad en los regímenes occidentales era relativa, en Europa es una separación completa en el comportamiento político y personal, y en América sólo está separada por cuestiones de gobernanza. En Gran Bretaña, difiere de los modelos francés y estadounidense.

Pero el laicismo por sí solo no fue la varita mágica que construyó Europa y América en la era moderna, y el laicismo y la democracia por sí solos, en todos los países europeos, no fueron suficientes para lograr el progreso y la construcción económica y social, por lo que existía la necesidad de la unión y la integración con otros europeos (la Unión Europea). Lo mismo ocurre en el modelo estadounidense, donde ningún Estado de EE.UU. puede construir su progreso económico y social aislado de otros Estados.

Estas son lecciones importantes para los árabes si realmente aspiran a construir un futuro mejor.

Encontramos algunos medios de comunicación árabes que distribuyen los movimientos políticos en dos grupos, «islámicos» o «seculares», sin darse cuenta de que estas etiquetas no reflejan realmente la realidad y las creencias de todos los movimientos y corrientes de pensamiento árabes. No es permisible adoptar una nomenclatura que ponga al otro en la posición opuesta. ¿Un hecho que no sea miembro de un movimiento político de carácter religioso significa que no es creyente, musulmán o que está en contradicción con la religión misma? ¿Alguien que pertenezca a una corriente política religiosa quiere decir que rechaza las libertades y las sociedades civiles preconizadas por aquellos con pensamientos civiles o «seculares»?

Las cuestiones de la liberación, la identidad nacional, la justicia social, la resistencia a la ocupación y la lucha contra la injusticia dondequiera y donde sea que sea, son cuestiones humanitarias generales que no están vinculadas a un enfoque intelectual específico. La religión no contradice estas cuestiones, ni apartarse de ellas significa abandonarlas. Hay muchos ejemplos de sociedades que han luchado por estos temas, pero tienen diferentes motivaciones intelectuales y puntos de vista sobre el papel de la religión en la vida.