A veces me preguntan cómo he sido capaz de sobreponerme y superar adversidades y dificultades.
Ciertamente he tenido motivos para dejarlo todo en una atmósfera de desesperación y pesimismo existencial; pero el Señor me ha conducido por caminos que no podía imaginar. La clave está en confiar y escuchar. A la postre, sea lo que sea que nos pase todo está orientado hacia una finalidad: la gloria de Dios. Todo lo demás es tratar de buscarle tres pies al gato, elaborando explicaciones mundanas, filosóficas y teológicas que pueden enriquecer el intelecto, pero apenas dejan huella en el corazón.
Para hablar de religión y superación de los obstáculos no tengo más remedio que tirar de autobiografía. Así…
Durante los años que viví en el desierto hice muchas amistades, algunos eran beduinos morabitos, como así son conocidos los hombres que cultivan el misticismo del islam y el abandono de las cosas mundanas. Estos morabitos podrían ser el equivalente a los ermitaños cristianos. De ellos he aprendido numerosos aspectos que constituyen, en realidad, una forma de espiritualidad común a cristianos y musulmanes y que son, en mi opinión, el verdadero puente para el diálogo interreligioso. Me refiero a la mística del desierto.
Obtuve distintos frutos de este acercamiento personal a los morabitos, uno de ellos fue el enriquecimiento literario, otros relacionados con la amplitud de miras al tratar con representantes de otras tradiciones culturales. En cualquier caso, siempre resultó positivo.
En el Sahara hice una hermosa amistad con un hombre muy mayor, de unos 100 años, beduino cabrero, tremendamente sabio y sencillo. De tanto hablar quise recrear los últimos días de ese hombre y escribí un texto como si yo mismo fuera el beduino en cuestión. Lo titulé “El viejo del bastón colorado”.
Este texto, editado en papel, verá pronto la luz en edición digital y de descarga gratuita.