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Enfermedad y Cuaresma: Cuando el desierto es el cuerpo
La Cuaresma nos invita al desierto: cuarenta días de despojamiento, silencio y ayuno. Es un tiempo para atravesar la aridez y descubrir, en esa sequedad, algo esencial. Sin embargo, existen quienes no eligen el desierto. El desierto los habita. Son personas cuyo cuerpo enfermo, cuya mente agotada, cuyo dolor crónico constituyen ya un desierto suficiente, y a veces excesivo. Llevo años conviviendo con el insomnio crónico, la ansiedad, el agotamiento que no se resuelve con descanso porque el descanso mismo se ha vuelto esquivo. He vivido en el Sahara, he conocido el desierto geográfico en toda su brutalidad hermosa, y puedo decir sin metáfora que el desierto interior de la…
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La Cuaresma desde el silencio del desierto
Hay algo que el desierto sabe y que nosotros hemos olvidado: que el vacío no es ausencia, sino presencia de otra naturaleza. Cuando viví en las tierras del Sahara aprendí esto en el cuerpo, no en los libros. El desierto no enseña con palabras. Enseña con hambre, con sed, con el silencio que zumba en los oídos como un río subterráneo. Enseña con el sol que arrasa y la noche que hiela. Enseña quitando. Cuarenta días. Cuarenta años. El número bíblico no es aritmética, es geografía interior. Mateo lo cuenta con la economía propia de quien sabe que las cosas grandes no necesitan adorno. «Entonces Jesús fue llevado por el…
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El desierto que llevo dentro: contemplación, entrega y la geografía interior del espíritu
Existe un momento en la vida —a veces precoz, otras después de numerosas heridas— en que comprendemos que el desierto no está fuera de nosotros; está latente bajo la piel, aguardando ser reconocido. Ese desierto interior no es un vacío hostil, sino un territorio de revelación donde la escucha profunda y la visión clara emergen. En mi propio camino lo he encontrado en lugares inesperados: una sala de espera hospitalaria, una madrugada de insomnio, un viaje donde el viento susurraba un nombre que no era el mío, e incluso en la ciudad que a veces me dispersa y a veces me despierta. El desierto aparece cuando la vida se desnuda…





