La gestión de las migraciones

Uno de los graves problemas de nuestro tiempo es la migración humana. Siempre hubo movimiento migratorios y siempre los habrá. La evolución de la sociedad conlleva el movimiento de sus individuos. Por tanto, desde una perspectiva histórica, nada nuevo hay en el fenómeno como elemento humano. Lo que sí resulta nuevo es la gran cantidad de personas que forman parte de esa dinámica migratoria, especialmente del sur pobre al norte rico. Evidentemente, esta es una clasificación -norte, sur- esencialmente económica. Existen otras numerosas variables a tener en cuenta. En cualquier caso el hecho es que la presión migratoria aumenta sobre los países destinatarios. Por tanto, se requieren soluciones justas y respetuosas con los derechos humanos. La problemática tiene una complejidad tremenda. No sirven las propuestas políticas de «cortar por lo sano», como la reciente realizada en España por un partido que aboga por la expulsión inmediata de varios millones de inmigrantes. Claramente se trata de un «brindis al sol», imposible en la práctica de llevar a cabo salvo que se hiciera de una manera uniforme y consensuada en toda la Unión Europea.

Así las cosas, ¿qué criterios se pueden aplicar a la gestión migratoria?

Desde mi criterio, basado en muchos años de contacto y residencia en países africanos y de oriente medio, sí creo que existan soluciones adecuadas que requieren, por supuesto, el consenso político dentro de la Unión Europea. Se trataría de combatir el tráfico de personas por parte de bandas organizadas, verdaderas mafias que operan fuera de la ley lucrándose con el transporte de emigrantes, cobrándoles, por supuesto, y muchas veces ejerciendo la violencia sobre ellos, violaciones, asesinatos en alta mar o en el desierto, etc. ¿Cómo evitarlo? Facilitando el acceso de los emigrantes a los países europeos, en estancias de tres meses al año, es decir, entrando en el espacio europeo libremente pero con unos requisitos mínimos que se dan también para obtener visados (muy difíciles de conseguir): billete de ida/vuelta, y lugar de residencia en país de destino. Ese permiso se puede realizar directamente en los pasos fronterizos. Las personas que así llegan a Europa lo hacen libremente, sin gestionar visados que generalmente se deniegan, sin tener que demostrar ingresos, sin dar explicaciones… vendrían a buscarse la vida, pero con un cierto control, incluyendo la expedición inmediata de un documento de identidad como visitante. Transcurridos los 3 meses de estancia sin encontrar trabajo o recursos para vivir (demostrables), tendrían que abandonar el país, pudiendo volver al año siguiente. Y así sucesivamente. Por supuesto, las personas que cometiesen delitos serían expulsadas inmediatamente después de cumplir la pena de prisión que dictaran los jueces y sin posibilidad de regresar.

De forma paralela, tendría que crearse un cuerpo de funcionarios especializados en la gestión migratoria y con capacidad de sancionar, además de obligar a los visitantes a realizar cursos de idioma (el propio de cada país europeo en el que se encuentren), leyes básicas y de convivencia, cultura, etc.

Por supuesto, la migración irregular e ilegal se perseguiría y se expulsaría a todas aquellas personas que llegasen a Europa vulnerando las leyes. Teniendo en cuenta la facilidad para poder entrar en territorio europeo, sería absurdo complicarse la vida en un viaje cuyo resultado sería incierto y con la incertidumbre de los peligros asociados a dichos viajes.

Se puede criticar que este sistema implicaría de facto la apertura de fronteras a todos los que quieran venir. Es verdad; pero siempre de una forma ordenada. Tampoco íbamos a tener aquí a todos los habitantes del continente africano, o de Latinoamérica, o de Oriente. Vendría más gente sí; pero de forma controlada. Muchos lo harían casi como turistas, ver a familiares, etc. Otros intentarían ganarse la vida honradamente, obtener su permiso de residencia, etc.

Evidentemente he realizado un apunte. La propuesta requeriría de leyes específicas donde se contemplen todos los supuestos, reglamentos para desarrollar las leyes, funcionarios especializados -como he dicho-, creación de infraestructuras, trabajar con los países originarios de los emigrantes, etc. Solo así se podrá solucionar un problema que se agrava cada año. Y no se va a solucionar con esas propuestas populistas ni con persecuciones ni otras acciones punitivas. Tampoco se soluciona dejando entrar a inmigrantes sin documentar, facilitándoles todo tipo de medios y muchos de ellos originando graves disturbios en los centros de acogida y en las ciudades. Esto no soluciona nada y contribuye a generar inseguridad y malestar ciudadano.

El mundo se está transformado con una rapidez nunca vista anteriormente. Son muchos los retos que tenemos por delante. De ahí la necesidad de llevar a cabo propuestas que dignifiquen al ser humano, respeten sus derechos y se busque el bienestar de todos, absolutamente todos los habitantes de la tierra, algo que se viene propugnando desde la Iglesia Católica y su doctrina social.

El viejo del bastón colorado.

En días pasados presenté este libro que ya se puede leer (el enlace de descarga más abajo). Añado aquí la introducción:

Estoy en la playa, ajeno al drama cotidiano del mundo. He llegado a este lugar con la mente en paz y sereno. El mar parece un fino espejo de color turquesa donde veo reflejado el universo entero. Se respira armonía por doquier. Concentro la mirada en un grupo de aves que aún permanecen somnolientas. Son flamencos. La tarde anterior admiré su vuelo formando una pequeña constelación rosácea que iba alejándose por el este, hacia el interior del desierto, pero no llegarían muy lejos. El desierto no es apropiado para esos animales. Ahora están cercanos, ignorando mi presencia, disfrutando tal vez de un reposo nocturno que ya tocaba a su fin.

No sopla el viento, algo raro en esta región, sacudida de forma casi ininterrumpida por vientos que provienen de todas las direcciones, capaces de transportar la arena caliente hasta precipitarla con frecuencia océano adentro. En alguna ocasión me dijeron que este viento podía llevar la arena hasta el mismísimo continente europeo. Lo creo. Todo es posible para el desierto más grande del mundo. Lo sé y lo he comprobado mil veces.

Ya no piso el límite occidental para deleitarme con recuerdos de la juventud sino para despedirme de algunos familiares cuyas jaimas siempre instalan por aquí, al lado del mar y alejados de las ciudades y pequeñas poblaciones. Siguen viviendo en el desierto, aunque se han convertido en beduinos pescadores, algo no muy habitual en mi tribu; sin embargo, las costumbres cambian arreglo a los usos sociales del momento. Poco queda de mi cultura y me produce desazón, aunque nunca me he permitido enfados y disgustos. El mundo es como es. Todo acaba por cambiar. “El mundo es el disfrute del engaño”, recuerdo con frecuencia esas palabras del Sagrado Corán. Creo que conozco bien este aspecto de la Creación.

Oigo voces de turistas. Solo ellos pueden gritar tanto y me desperezan, también a los flamencos que, asustados, arman gran revuelo. Al parecer han madrugado. ¡Turistas aquí! Turistas por todas partes. Es inevitable.

He pasado la noche en vela, solo, rezando y meditando, y sufro el cansancio. No en vano la edad deja huella en el cuerpo. ¿90 años?, ¿95? No estoy seguro. Nunca supe la fecha de nacimiento. No es importante. He vivido la colonización española y la entrada de Mauritania después, y más tarde la de Marruecos. He visto mucha sangre derramada por nada, batallas libradas por un pedazo de tierra. Morir por la tierra, ¡qué absurdo! La tierra tiene un solo propietario y no es de este mundo. ¿Por qué disputarse algo que es un regalo para todos?

El día anterior uno de mis nietos me acercó en su coche hasta aquí. Habría preferido venir en mi vieja camella, pero ella y yo no estamos para muchos trotes. El nieto quiso acompañarme e insistió en quedarse. No se lo permití. Quería la soledad. Poco tiempo me queda de vida y deseo aprovecharlo.

Nunca he recibido enseñanza formal. Aprendí a leer y escribir en la madraza de mi abuelo, después dirigida por mí. Allí saboreé los secretos del islam y memoricé en solo unos meses el texto coránico, con varios estilos de recitación, así como los hadices sobre el Profeta, la paz sea con él. Con el tiempo adquirí alguna notoriedad e incluso vinieron a la madraza nuevos estudiantes y seguidores, pero nada de esto es importante ¿verdad? Lo verdaderamente importante es alabar a Dios sin parar. A ese propósito he dedicado la vida entera, y también a cuidar de la familia y del ganado. ¿Qué mejor actividad para un hombre?

Contemplo el cielo. El sol despunta y riega con sus rayos la extensa playa. Días atrás escribí un texto sencillo donde plasmé algunas reflexiones que me parecieron oportunas hacer. Uno de mis hijos las leyó y quiso una copia. Tal vez podría ser útil. No sé. En cualquier caso, aquí estoy dispuesto a revisar el texto y olvidarme del mundo. ¡Ja!, mis reflexiones y yo. Y al final, la nada. Solo silencio.

(COMPRAR)

El espacio místico del Magreb

Hablar del Magreb es harto complicado. ¿A qué nos referimos con este término? ¿Se trata de un espacio geográfico? ¿Un país? ¿Un conjunto de países? ¿Una definición geopolítica?

El Magreb es todo eso y mucho más; pero si buscamos información en Internet y nos asomamos a fotografías satelitales veremos un inmenso espacio ocre. A vista de pájaro el Magreb es desierto, o así lo parece. Y ciertamente el desierto abarca una buena parte del territorio. Al acercar el campo de visión percibimos una realidad que va perfilándose en un mosaico cromático en el que adivinamos montañas, ríos, valles, ciudades, pueblos, …

El primer contacto del ciudadano occidental con el Magreb suele producirse viajando como turista a alguno de los países que reciben el sobrenombre de ´magrebíes`. Así, resulta habitual visitar Marruecos o Túnez, y menos corriente acercarse a Argelia, Libia (hoy muy difícil debido a la guerra que sufre) o Mauritania. Con ello acabo de citar los cinco países que según la división administrativa actual configuran ese espacio del norte de África. Pero claro, lo administrativo y político no implica un ajuste perfecto con la realidad humana y social, es más, a veces se vertebra un marco geopolítico sin tener en cuenta la diversidad antropológica e histórica.  En cualquier caso, el viajero que decide visitar alguno de esos países tendrá siempre una visión muy parcial.

Estamos hablando de un espacio gigantesco. Solo el desierto del Sahara es 20 veces más grande que España. El Magreb completo ocupa cerca de 20 millones de kilómetros cuadrados.

A los países citados yo añado buena parte de Malí, por la razón de que al menos todo el norte maliense es desértico y en él han prosperado tribus –los famosos Tuaregs- nómadas, presentando semejanzas geográficas, étnico lingüísticas y culturales con los países aludidos.

Como se puede comprobar, no es tan sencillo delimitar el Magreb y menos sencillo aún describir lo que hay en ese espacio, su historia, su diversidad étnica, cultural, tribal, etcétera. La razón de estas dificultades hay que buscarla en el periodo de la colonización africana por parte de algunos países europeos. Las potencias occidentales fueron ocupando regiones y territorios ignorando en buena medida la riqueza histórica y humana de las poblaciones sometidas al poder del llamado “primer mundo”. La posterior ´descolonización` no resultó un proceso homogéneo y respetuoso con los pueblos sometidos. En todo ese tiempo se cometieron todo tipo de barbaridades, entre ellas el saqueo sistemático de bibliotecas enteras con manuscritos de un valor incalculable, la destrucción de modos de vida ancestrales en virtud de los criterios impuestos desde las cancillerías europeas, por ejemplo, trazando fronteras artificiales con escuadra y cartabón sobre un mapa para delimitar los países, lo cual alteró, entre otras muchas actividades, el nomadismo, piedra angular de las culturas beduinas, o las prácticas de piedad populares, como las peregrinaciones a las tumbas de los santos sufíes, o la destrucción sistemática de madrazas y otros espacios de enseñanza. En fin, el rosario de desastres es enorme.

            Fruto de aquellas arbitrariedades basadas en la prepotencia y dominio político y militar de los países europeos, el Magreb fue hundiéndose en la inestabilidad, la corrupción estructural de la sociedad, la pérdida de las diferentes identidades culturales, la homogeneización artificial de costumbres, las ambiciones políticas de una nueva generación de líderes locales formados casi todos en centros universitarios occidentales, el crecimiento de la población bajo criterios de alcanzar una prosperidad “a la europea”, el surgimiento de nuevos conflictos territoriales, como el famoso del Sahara Occidental y los Saharauis, devenido así desde la salida de España de su “provincia sahariana” en 1976, etcétera.

            Es todavía ahora, en pleno siglo XXI, cuando el Magreb sigue sumido en un conjunto de problemas que se han enquistado y que han impedido en gran medida un desarrollo social acorde con los nuevos tiempos. A pesar de ello, la población magrebí ha experimentado extraordinarios avances en numerosos ámbitos de la vida, variando de unos países a otros.

            Pero todo ello, en mi opinión, palidece ante un hecho que con frecuencia pasa desapercibido para los analistas occidentales y también para buena parte de los magrebíes. Me refiero a la “dimensión mística del Magreb”, expresión con la que defino el componente más importante de las culturas que se desarrollaron en el África del Norte.

            El misticismo, entendido al modo occidental, es un don de Dios que se recibe en gran medida por la vía ascética, es decir, renunciando a los “placeres del mundo”. Se trata de un ámbito minoritario producido en el cristianismo monástico y el eremitismo, especialmente a partir del siglo IV de nuestra era con el surgimiento de los llamados “Padres del Desierto”.

            En el Lejano Oriente, el misticismo se cultiva en una suerte de ascetismo y estudio de la mente mediante ejercicios de meditación intensa, yoga, contemplación, hasta que surge la iluminación. Son los caminos propios del hinduismo y el budismo.

            En el Magreb, como en buena parte del Medio Oriente, la mística se desarrolla apegada a la tierra, al nomadismo, al espacio geográfico, en un ascetismo compartido por la familia, el clan, la tribu. Donde iban las familias llevaban consigo la dimensión mística fraguada en los grandes espacios abiertos del desierto, los valles o las montañas. No se entendía una tribu sin sus místicos, hombres considerados santos, virtuosos, capaces de obrar prodigios, ´milagros`, un misticismo surgido en el islam temprano, tomando como ejemplo y guía las prácticas meditativas del profeta Mohammed, la paz sea con él.

            Un misticismo practicado “hacia dentro”, y un misticismo “practicado hacia fuera”. Esta fue la gran diferencia del Magreb que se ha mantenido, no sin desviaciones y contaminaciones externas, hasta nuestros días.

            Esta peculiaridad de las tribus magrebíes permitió que después de una historia de encuentros y desencuentros, colonización y descolonización, el Magreb siga atrapando y cautivando al viajero en la actualidad, pues toda la grandeza de sus gentes y de sus pueblos se debe precisamente al componente místico y religioso que los vertebró y que de alguna forma impregnan el cotidiano vivir.

            En definitiva, el devenir histórico del Magreb presenta un amplio abanico de ´historias` paralelas, periodos oscuros, olvidos, reconstrucciones interesadas, conclusiones occidentalizadas, desconocimiento de hechos que marcaron profundamente la idiosincrasia ancestral de sus gentes… la tarea de reconstrucción de los hechos es ingente y, me temo, casi imposible de realizar.

            No es objeto de este ensayo entrar en la discusión de tales cuestiones, puesto que ni soy historiador ni lo pretendo y la extensión necesaria para tratar dichas cuestiones implicaría la escritura y edición de varios volúmenes. Por otra parte, mi interés es el ámbito religioso, no tanto en su vertiente teológica sino en los aspectos cotidianos de una práctica que, como decía más arriba, han sido la argamasa para edificar el imponente espacio social magrebí. Tampoco es baladí el empeño.

            El hispanófono que pretenda desenmarañar la historia religiosa del Magreb, como es mi caso, se llevará una severa frustración inicial: la poca bibliografía[1] existente en idioma español. Tendrá que rebuscar en libros de historia general, de antropología y sociología, la mayoría de ellos demasiado especializados en sus áreas de estudio. Acudirá a revistas especializadas en arabismo, en africanismo, en ciencias políticas. Tal vez visite algunos archivos y bibliotecas, y acabará por sumergirse en el ámbito del sufismo magrebí, corriente mística del islam; pero no el único tipo de misticismo existente en estas tierras. Si desea ir más allá, necesitará leer textos académicos escritos por autores franceses, verdaderos especialistas en estos temas y quizá en Europa los que mayor empeño han tenido en estudiar a fondo la historia y la religión de los pueblos magrebíes. Lo tenían más fácil al ser Francia potencia colonial poderosa en todo el norte y oeste de África. Ellos acapararon las fuentes informativas, localizaron los grandes centros intelectuales y sustrajeron manuscritos y un material precioso que ha sido compartido con cuentagotas, ejerciendo una influencia importante hasta nuestros días. Pero aun así se abre una amplia falla entre la labor académica occidental y la evolución real de los hechos. Para profundizar aún más en tales cuestiones, habrá que acudir a investigadores locales, ninguneados casi siempre en las instituciones universitarias europeas hasta hace pocos años, hoy empiezan a ser reconocidos y algunos de ellos son profesores[2] de universidades acreditadas, forman parte de grupos de investigación y publican artículos científicos en las revistas más acreditadas de cada especialidad.

            Sin embargo, y para desesperación del interesado, a pesar de leer toda la producción bibliográfica[3] existente sobre la materia, quedará preso de cierta impotencia. ¿Cómo es posible que después de leer montañas de documentos, libros, incluso de haber viajado a tal o cual país del Magreb, siga escapándoseme la esencia de la espiritualidad magrebí? –Esto mismo me preguntaba yo hace más de quince años. Leía, hablaba con eruditos de Mauritania o Marruecos, frecuentaba amistades con ulemas, imames, o con gente corriente y normal imbuida de cierto conocimiento natural y, sin embargo, no lograba penetrar en lo más profundo de la identidad magrebí.

            La dificultad de esta falta de entendimiento profundo radica en la transmisión cultural donde predomina la expresión oral por encima de la escrita, así como las reservas para hablar de ciertos temas con desconocidos y los pactos de silencio. En efecto, muchos de los hechos que han acontecido en el Magreb se han transmitido oralmente de generación en generación, principalmente en las tribus nómadas. Aunque disponían de la escritura en árabe o en otros idiomas locales, empleada casi siempre para hacer bellas copias caligrafiadas del Sagrado Corán, o de los Hadices, o de la Jurisprudencia, la poesía o las narraciones de los hechos eran orales, dando pie a hermosos estilos de narración oral, acompañados por instrumentos musicales sencillos o por las palmadas de los asistentes. Así, no es de extrañar que una buena parte de la producción intelectual no haya quedado reflejada en libros y documentos.

            Poco a poco fui introduciéndome en la sociedad magrebí, siempre de una forma limitada, pues son tantas las tribus, los idiomas y dialectos, los pueblos que necesariamente uno tiene que elegir el lugar geográfico y el ámbito social en el que pretende indagar. Este es un problema típico para los antropólogos, condicionados por su propia cultura y por sus estudios previos. En mi caso, y como ya he referido en el prólogo, el ´salto` no fue antropológico sino religioso en primer lugar y sentimental después, ya que el ser admitido por la tariqa sufí como un hermano más conllevó en mí el deseo de conocer mejor aquello en lo que me había metido, y ya se sabe, una cosa conduce a la otra y de forma particular se acaba en el lugar que te reserva el destino, como suele decirse. Ese lugar fue Dakhla, ciudad situada al sur, fundada por los españoles con el nombre de “Villa Cisneros”. Allí recalé y desde allí inicié la segunda parte de mi exploración espiritual que conllevaba, por supuesto, abrirme a la realidad sahariana en todos sus ámbitos para, empapándome de esa cultura maravillosa, atisbar y conocer también otras culturas magrebíes como la bereber y sus manifestaciones religiosas. Constituyó el inicio de un camino que no ha acabado aún y que me ha permitido solucionar en buena parte el problema que exponía más arriba.

            Gracias a Dios siempre tuve una visión holística a la hora de abordar la investigación de los asuntos que me interesaba. Esto me permitió construir un discurso coherente partiendo de la realidad que estaba viviendo. No se trataba solo de una “observación participante”, técnica empleada en antropología, ni de ´triangular` los resultados de diversas observaciones y fenómenos, sino que partiendo del día a día involucrado en muy diferentes actividades fui saboreando y valorando los numerosos matices de las sociedades magrebíes, ya digo, no de forma completa; pero sí lo suficientemente amplia como para hacerme una idea cabal de aquello que me interesaba, que no era otra cosa que la dimensión espiritual tamizada por mi propia experiencia religiosa y por cierta visión poética de lo que se me ha presentado a lo largo de mi vida.

            Finalmente, después de lecturas, conversaciones, viajes y experiencias diversas en aquella región del mundo, me quedo con la dimensión religiosa que da pie al misticismo fraguado en la tradición sufí, cuya raíz es muy anterior al islam y se alimenta de distintas fuentes mistéricas y filosóficas, si bien esta particularidad solo tiene un interés histórico, puesto que lo importante es el hecho experiencial, quiero decir, el anonadamiento místico que puede tener diversas vías de entrada y no necesariamente teístas, como así queda patente en las tradiciones religiosas orientales.

            En cualquier caso, lo sustancial es ese caminar con la certeza de transitar por un espacio definido que cada buscador matizará en función de su procedencia geográfica y cosmovisión religiosa.

            He tenido la oportunidad de abundar en este crisol espiritual que es el sufismo y, siendo consciente de mis limitaciones como hombre, he podido saborear algo de ese espacio que constituye el horizonte de mi vida.


[1] Constituye una base importante de información el libro escrito por Julio Caro Baroja titulado “Estudios Saharianos”, después de su estadía en el Sahara Occidental desde noviembre de 1952 hasta febrero de 1953, si bien solo se refiere al territorio que en aquellos constituía la provincia española.

[2] Por ejemplo, Rahal Boubrik, profesor de la Universidad Mohamed V de Rabat (Marruecos) y colaborador de varias instituciones académicas de Europa, está desempeñando una fabulosa labor científica. Autor de numerosas obras en las que trata los aspectos religiosos en el Magreb.

[3] La persona interesada puede acudir a revistas como “Hesperis”, “Ibla” o “Revue Africaine”, entre otras.

Informe sobre la mutilación genital femenina

El estudio del Centro para el Estudio del Islam Político (CSPII) ha publicado el Index 2025 sobre la mutilación genital femenina. El estudio revela que las tasas mundiales de mutilación genital femenina son superiores a las estimadas anteriormente, con hasta 304 millones de mujeres afectadas, la mayoría fuertemente vinculadas a la doctrina islámica

El Centro para el Estudio del Islam Político utiliza el conjunto de datos globales más amplio hasta la fecha sobre mutilación genital femenina, mostrando el alcance y los patrones demográficos de esta práctica en todo el mundo.

Principales conclusiones

Este estudio estima que entre 291 y 304 millones de mujeres vivas en la actualidad han sufrido mutilación genital femenina. Esta cifra es significativamente más alta que la estimación de UNICEF para 2024 de 230 millones.

304 millones representan 1 de cada 13 niñas/mujeres vivas en la actualidad, y equivale aproximadamente a toda la población femenina de Estados Unidos, Canadá, México y Alemania juntos.

El estudio utiliza datos numéricos de 77 países de Europa, Estados Unidos, Canadá y Australia donde la mutilación genital femenina no era frecuente, pero ahora se practica de forma rutinaria.

Entre el 77% y el 86% de los casos de mutilación genital femenina en el mundo se atribuyen a poblaciones islámicas, mientras que entre el 14% y el 23% se dan en poblaciones no islámicas.

A nivel mundial, entre el 21,7% y el 25,3% de las mujeres islámicas han sufrido alguna forma de mutilación genital femenina, frente al 1,4% y el 2,4% de las mujeres no islámicas.

La doctrina islámica apoya la mutilación genital femenina. Por lo tanto, la mutilación genital femenina practicada bajo la influencia de esta doctrina debe considerarse islámica.

Los países con las tasas más elevadas de mutilación genital femenina son 1. Somalia (el 99% de su población femenina ha sufrido mutilación genital femenina), 2. Indonesia (87%), 3. Guinea (84%), 4. Mali (81%), y 5. Omán (78%).

Los países occidentales con las tasas más altas de mutilación genital femenina son: 1. Suecia (1,3%), 2. Noruega (0,63%), 3. Suiza (0,5%), 4. Canadá (0,47%) y 5. Holanda (0,46%).

El estudio completo CSPII FGM INDEX 2025 está disponible aquí.

¿Qué es la mutilación genital femenina y cómo afecta a niñas y mujeres?

Según el sitio web del Fondo de Población de las Naciones Unidas:

«La mutilación genital femenina (a veces abreviada como MGF o con otros nombres) se refiere a todos los procedimientos que implican la extirpación parcial o total de los genitales femeninos externos u otras lesiones de los genitales femeninos por razones culturales u otras razones no médicas…

La mutilación genital femenina aumenta los riesgos inmediatos y a largo plazo de complicaciones psicológicas, obstétricas, genitourinarias y de salud sexual y reproductiva.

La mutilación genital femenina no aporta ningún beneficio para la salud.

Las complicaciones inmediatas incluyen dolor intenso, conmoción, hemorragia, tétanos o infección, retención de orina, ulceración de la región genital y lesión del tejido adyacente, infección de la herida, infección urinaria, fiebre y septicemia. La hemorragia y la infección pueden ser lo suficientemente graves como para causar la muerte…

La infibulación, o mutilación genital femenina de tipo III, es la forma más grave. Se realiza un sellado de cobertura cortando y yuxtaponiendo los labios menores o mayores con o sin escisión del prepucio del clítoris y el glande, dejando una pequeña abertura para la orina y la sangre menstrual. Este tipo puede dar lugar a complicaciones urinarias, así como a trastornos de la micción o infecciones urinarias frecuentes.

Además, la infibulación puede dar lugar a la acumulación de flujo menstrual en la vagina y el útero, lo que provoca dolor pélvico crónico e infertilidad. Dado que la infibulación crea una barrera física para las relaciones sexuales y el parto, sería necesario volver a abrir la cicatriz vulvar (desinfibulación) antes de poder mantener relaciones sexuales o durante el parto…

Las mujeres que se han sometido a la infibulación tienen más probabilidades de sufrir un parto prolongado y obstruido, que a veces provoca la muerte fetal y neonatal precoz.»

Según la Oficina de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos:

«La mutilación genital femenina puede causar problemas a largo plazo en la salud física, mental y sexual de una niña o mujer. El tipo de mutilación genital femenina practicada puede afectar a la magnitud y gravedad de los problemas de salud. El tipo 2 y el tipo 3 causan problemas de salud más graves que el tipo 1.

Los problemas de salud a largo plazo incluyen:

– Infecciones, como abscesos genitales (llagas llenas de pus que hay que drenar) y enfermedades infecciosas como la hepatitis B. En un estudio a gran escala, se encontraron más infecciones y enfermedades infecciosas, como infecciones del tracto urinario, vaginosis bacteriana y VIH, en mujeres con mutilación genital femenina de tipo 3. Esto se debe probablemente a que el daño causado por la mutilación genital femenina puede hacer que el tejido vaginal sea más propenso a desgarrarse durante las relaciones sexuales. Esto aumenta el riesgo de VIH y otras infecciones de transmisión sexual.

– Problemas para mantener relaciones sexuales. El tejido cicatricial sobrante de la mutilación genital femenina (más común después del tipo 2 o 3) puede causar dolor, especialmente durante las relaciones sexuales. Esto puede provocar falta de interés en las relaciones sexuales, sequedad vaginal y menor satisfacción general. Las cicatrices también pueden hacer que el tejido vaginal sea menos elástico que el tejido vaginal normal. Es posible que no se estire con la misma facilidad para mantener relaciones sexuales o dar a luz.

– Depresión y ansiedad. Es posible que las niñas no entiendan lo que se les está haciendo ni por qué. Los efectos de esta dolorosa experiencia son similares a los del trastorno de estrés postraumático. Las niñas o mujeres que ya han sufrido la ablación y viven en Estados Unidos pueden sentirse avergonzadas o humilladas cuando reciben atención médica. También pueden temer que los proveedores de atención médica en Estados Unidos no sepan cómo atenderlas. Esto puede hacer que la adaptación a un nuevo país sea más difícil.

– Períodos menstruales dolorosos y prolongados. La mutilación genital femenina de tipo 3 puede provocar que algunas niñas y mujeres tengan periodos menstruales dolorosos. A algunas mujeres solo les queda una pequeña abertura para orinar y para el sangrado menstrual. Es posible que no puedan expulsar toda la sangre menstrual. Esto puede causar dolor y periodos más largos de lo normal. Algunas mujeres también pueden tener infecciones una y otra vez.

– Problemas urinarios. La mutilación genital femenina de tipo 3 puede ralentizar o dificultar el flujo normal de orina, lo que puede provocar infecciones urinarias. La orina también puede quedar atrapada detrás de la cicatriz y cristalizarse, formando masas duras denominadas cálculos vesicales o urinarios.

– Fístula, una abertura entre la uretra y la vagina que deja pasar la orina a la vagina. Esto puede ocurrir cuando la uretra resulta dañada durante la mutilación genital femenina. La fístula causa incontinencia y otros problemas, como olores, y puede hacer que las niñas y mujeres se conviertan en marginadas sociales.»

La normalización de la mutilación genital femenina en países no islámicos: una tendencia preocupante

Existe una tendencia preocupante en los países no islámicos que tiene un enorme potencial para normalizar y, por extensión, medicalizar y generalizar la práctica de la mutilación genital femenina sancionada por el Islam. Cada año, más niñas y mujeres se someten a intervenciones de cirugía estética genital femenina, innecesarias desde el punto de vista médico. Son muchos los que apoyan la idea de la cirugía estética genital femenina y, al mismo tiempo, condenan la práctica de la mutilación genital femenina. Pero, ¿son realmente tan diferentes?

En las sociedades donde se practica la mutilación genital femenina, suele practicarse a niñas menores de edad. Los padres dan su consentimiento y la niña no tiene voz ni voto en lo que le va a ocurrir. Incluso si este ritual no se lleva a cabo hasta la edad adulta, a menudo hay poca elección en el asunto, ya que se considera un rito de paso obligatorio para una mujer, y muchas veces está directamente relacionado con su capacidad para ocupar el lugar que le corresponde en la sociedad.

En el caso de la cirugía estética genital femenina, aunque la mayoría de los procedimientos se consideran totalmente voluntarios y se realizan en mujeres adultas, cada año son más las menores (adolescentes) que pasan por el bisturí (también con consentimiento paterno) para «embellecer» sus genitales. En la inmensa mayoría de los casos, no hay ninguna razón médica para realizar ninguna de estas cirugías que implican la extirpación de tejidos perfectamente sanos y funcionales. Lo hacen para ajustarse a un determinada norma de belleza. ¿De quién? ¿De dónde viene esta norma? ¿Por qué lo consentiría cualquier padre? ¿Por qué una mujer se sometería voluntariamente a este procedimiento y a todos los riesgos inherentes cuando no es necesario hacerlo?

El Colegio Estadounidense de Obstetras y Ginecólogos advierte:

«Los pacientes deberían ser conscientes de que la cirugía o los procedimientos para alterar la apariencia o la función sexual (excluyendo los procedimientos realizados por indicaciones clínicas…) no están médicamente indicados, suponen un riesgo sustancial y su seguridad y eficacia no han sido establecidas.»

También señalan que la cirugía estética genital femenina innecesaria desde el punto de vista médico realizada a niñas menores de edad se considera mutilación genital femenina y es un delito penal según el 18 USC 116.

Las mujeres que se someten a este tipo de procedimientos asumen un riesgo considerable para su salud y autoestima. Los resultados no siempre están a la altura de las expectativas. A veces hay complicaciones. Hay casos documentados de mujeres que se sometieron a la cirugía estética genital femenina sólo para arrepentirse más tarde y sentir que se habían mutilado a sí mismas.

Resulta bastante irónico que las supervivientes de la mutilación genital femenina luchen para que sus hijas nunca tengan que pasar por lo que muchas les están ahora dando permiso para hacer a sus hijas.

Fuente: RELIGION A DEBATE y ISLAM POLÍTICO

Curanderismo en el desierto.

Mohammed Beïba Ould Maqari («Al-Maqari»), mauritano miembro de una familia de médicos tradicionales, escribió un tratado sobre la medicina greco-árabe, combinando teorías tradicionales que se remontan a Hipócrates, Galeno y Avicena con comentarios basados ​​en la práctica contemporánea en el Sáhara, titulado «La colección de virtudes». El resultado es un documento de la práctica y enseñanza de la tradición terapéutica escrita del Sahara/África Occidental, que puede compararse con la llamada “medicina Unani” en su extensión oriental en Pakistán y la India. Lejos de ser una afirmación dogmática, el tratado subraya la importancia de la experiencia práctica al tiempo que entabla un diálogo constante con diversos autores a lo largo de la historia.

A principios del siglo XXI, un equipo de la ong Médicos del Mundo (Suiza), inició en Mauritania una investigación sobre las prácticas de la medicina tradicional en el Oeste del Sahara. Este estudio tuvo como objetivo mejorar las relaciones entre los profesionales de la medicina tradicional y occidental, caracterizadas a menudo por el respeto mutuo. La investigación brindó la oportunidad de reunirse con el jefe de los médicos de la familia Ould Maqari y organizar una investigación clínica para evaluar los resultados obtenidos en pacientes tratados en el centro médico de la familia, situado a las afueras de la capital, Nouakchott. Durante esta investigación se organizaron reuniones entre profesionales de los dos sistemas de salud, durante las cuales los pacientes tenían problemas y fueron presentados en un ambiente de confianza. El interés también se vio atraído por la «Colección de Virtudes» , el texto mencionado de la familia Ould Maqari, basado en la tradición médica grecoárabe y enriquecido por observaciones acumuladas en la práctica diaria.

En la Mauritania actual, la elección entre los manuales médicos greco-árabes se limita a dos fuentes esenciales: «La colección de virtudes» y el ‘Umda Awfa (o «Manuel de Awfa«). Este último, que data de antes de 1850, fue utilizado por la familia Awfa (otra gran familia de practicantes mauritanos). Gran parte de la cual fue traducida y publicada en francés en 1943 por el Instituto Francés de África Negra en Dakar, bajo la influencia del incansable explorador de Mauritania que fue Théodore Monod. La ‘Umda Awfa está constituida por la esencia del conocimiento libresco transcrito en forma poética. En su forma original y completa, la transmisión era oral, por lo que no existe un documento escrito completo de dicha obra. Mediante el estudio comparado de diversas fuentes francófonas y árabes, estamos preparando una edición comentada en idiomas árabe y español.

«La colección de virtudes» está inscrito en el papel de la ‘Umda Awfa , que lo cita abundantemente, así como numerosas repeticiones de las obras de autores más antiguos (desde Daoud al-Antaki, Avicena y Galieno hasta Hipócrates). Después de una primera parte general, en la que se exponen los principios de la teoría del humor y del temperamento y se tratan también cuestiones éticas, morales o jurídicas relativas al arte de la medicina (el precio de los servicios, lo que se permite revelar al médico, el secreto médico, etc.), una segunda parte repasa los productos farmacéuticos utilizados, ya sean de origen vegetal, mineral o animal, y una tercera parte describe con detalle las enfermedades «de la cabeza a los pies» y de todo el cuerpo así como sus tratamientos, para terminar con algunas curiosidades médicas (recetas, conjuros, etc.).

San Carlos de Foucauld y Marruecos

El sabor de viajar

San Carlos de Foucauld sólo pasó un año en Marruecos. Pero lo que experimentó dejó una profunda huella en él. Cuando realizó su viaje de exploración a Marruecos, de junio de 1883 a mayo de 1884 , tenía apenas 25 años.

El relato de su viaje publicado en su libro «Reconnaissance au Maroc»¹ le valió la medalla de oro de la Société de Géographie de París.

Para entender “de dónde venía” y con qué ánimo inició su viaje, debemos recordar sus primeros años:

En 1881, siendo un joven oficial de 22 años, fue enviado con su regimiento a Argelia. Pero él valora su independencia y no quiere doblegarse ante los demás. Fue expulsado del ejército por indisciplina y mala conducta grave.

Unos meses más tarde, a petición propia, fue readmitido en el ejército, pero finalmente dimitió definitivamente en 1882. El 18 de febrero de 1882 le escribió a Gabriel Tourdes, un amigo de la escuela secundaria:

«…Odio la vida de guarnición: encuentro el trabajo aburrido en tiempos de paz, que es lo habitual (…) por eso hacía tiempo que había decidido abandonar mi carrera militar un día u otro. En ese estado de ánimo preferí irme inmediatamente: ¿qué sentido tenía arrastrar durante unos años más, sin ningún objetivo, una vida en la que no encontraba ningún interés? Prefiero disfrutar mi juventud viajando; «De esta manera al menos me educaré y no perderé el tiempo»  ²

Su estancia en el desierto argelino comenzó a cambiar su vida y le dio el gusto por la aventura. Diez años después, en una carta fechada el 21 de febrero de 1892 a su amigo Henri Duveyrier, escribió:

«…Pasé siete u ocho meses en una tienda de campaña en el Sahara de Orán, lo que me dio un gusto muy fuerte por los viajes, que siempre me habían atraído. Renuncié en 1882 para satisfacer libremente este deseo de aventura”. ³

¿Por qué Marruecos?

Primero planeó un largo viaje hacia Oriente, queriendo atravesar todo el norte de África, Arabia Saudita y llegar hasta Jerusalén, donde pensaba encontrarse con un médico que había conocido en el sur de Orán.

Le pide a su amigo del instituto, Gabriel Tourdes, que le consiga un montón de libros para prepararse para este viaje.  «…entiendes que sería una pena hacer viajes tan bonitos, estúpidamente y como un simple turista: quiero hacerlos en serio… 4

Pero de repente cambia de plan: ya no quiere ir hacia el este, sino en dirección opuesta:

A Marruecos para un viaje de exploración.

¿Por qué este cambio? Encontramos su gusto por la aventura, su carácter orgulloso con este proyecto extremadamente ambicioso de hacer algo que nadie antes que él ha podido hacer.

Tal vez es que después de una juventud y una carrera muy problemática, tiene sed de llenar un vacío con una experiencia fuerte, sed de tomar riesgos ilimitados, sed de triunfar en su proyecto personal. Por fin sed de lo absoluto.

Y ya veremos, ¡era absolutamente necesario llegar hasta el final! A su hermana Marie, que en enero de 1884 estaba preocupada y le pedía que volviera a Francia, le respondió: «Cuando uno se va diciendo que va a hacer algo, no debe volver sin haberlo hecho» 5

Una aventura peligrosa

Explorar Marruecos, un país hasta entonces en gran parte desconocido, no era posible para un europeo sin arriesgar su vida. Sólo ciertas zonas eran accesibles a los europeos.

Por un lado estaba el “Bled al Maghzen”, un país con poblaciones sometidas al sultán, y por otro lado el “Bled es-Siba”, un país donde la autoridad del sultán era cuestionada por tribus rebeldes que representaban 5/6 del país.

Preparándose para el viaje

A partir de junio de 1882, es decir a la edad de 24 años, San Carlos de Foucauld se preparó en la Biblioteca de Argel, ayudado por los mejores especialistas de la época, como Mac Carthy y el gran explorador Henri Duveyrier, durante un año para este viaje de exploración con estudios incansables en varios campos científicos como la geografía, la geología, la cartografía, la historia y también estudió árabe y hebreo (pero no bereber).

El que una vez fue considerado un holgazán se hizo un horario de trabajo del que dice: «…lo sobrecargué horriblemente: marca el comienzo del trabajo a las 7 de la mañana y el final a la medianoche, con dos descansos de media hora para las comidas – todo lo demás está dividido en pequeñas lecciones: el árabe tiene sus horarios, la historia, la geografía, etcétera. En cuanto a la correspondencia, … la relegé pues, en el momento en que la obra estaba terminada, a la medianoche. Pero cuando llego a esas horas, …tengo mucho sueño…” 6

Hay pues un cierto exceso, un rasgo de su personalidad que conservará toda su vida y que se convertirá en un «exceso en el amor».

San Carlos de Foucauld financió este proyecto personal enteramente con su fortuna personal y la de su familia, o más bien con lo que le quedaba de ella, pues en su juventud ya había dilapidado buena parte de su herencia, lo que le valió el asesoramiento de un abogado.

También tendrá algunas preocupaciones financieras a lo largo del camino debido a los sucesivos vuelos. Al llegar al Gran Sur, tendrá que dar un gran rodeo hasta Mogador (Essaouira) para conseguir algo de dinero, y luego, a la vuelta, a causa del pillaje de dos hombres que debían escoltarle, se verá obligado a vender sus mulas para poder llegar hasta la frontera argelina.

Viaja disfrazado de judío con un guía judío marroquí

La población que encontró en Marruecos era mayoritariamente musulmana, pero también había numerosas comunidades judías.

Debido al peligro que este viaje representaba para él como europeo, San Carlos de Foucauld había decidido disfrazarse de rabino judío, presentándose bajo el nombre de Joseph Alemán y hacerse acompañar por el rabino Mardoqueo Aby Serour.

Mardoqueo era un judío marroquí nacido en 1826 en Tintazart, cerca de Aqqa, en el sur de Marruecos, y por tanto tenía unos 57 años. Fue un viajero muy experimentado y famoso sobre todo por su viaje a Tombuctú.

Pero a menudo es el propio Carlos quien decide el camino a seguir, asumiendo enormes riesgos, contra el consejo de su guía. Así que en varias ocasiones casi perdió la vida allí.

Y la mayoría de las veces utiliza «yo» en su relato y muy raramente «nosotros», ¡como si estuviera viajando solo!

Si tuvo éxito en su exploración fue también gracias a los conocimientos de su guía y es sorprendente observar que sólo lo menciona siete veces en su libro «Reconnaissance au Maroc» y habla de sí mismo en otros lugares en términos bastante despectivos. En aquella época, antes de su conversión, ¡no se trataba de ser un “hermano universal”!

Su método de trabajo

Desde junio de 1883 a mayo de 1884 recorrió 3.000 km a pie, principalmente y a veces a lomo de mula, de los cuales 2.250 km eran completamente desconocidos.

Demostró capacidad para realizar observaciones muy precisas del terreno, la cultura, la organización política de Marruecos, competencia en diferentes temas y una gran resistencia durante este año en Marruecos.

Anotaba sus observaciones en un pequeño cuaderno de 5 cm cuadrados con un lápiz de 2 cm de largo, tomando la precaución de caminar delante o detrás de sus compañeros.

………….

1 Vizconde Charles de Foucauld, Reconocimiento en Marruecos, L’Harmattan 1998

2 Charles de Foucauld, Cartas a un amigo del instituto, Nouvelle Cité 1982, p.118

3 Antoine Chatelard, Charles de Foucauld, El camino de Tamanrasset, París, Karthala 2002, p.308

4 Charles de Foucauld, Cartas a un amigo del instituto, pág. 119

5 René Bazin, Charles de Foucauld, explorador en Marruecos, ermitaño en el Sahara, París, Plon, 1921, p. 72

6 Charles de Foucauld, Cartas a un amigo del instituto, p.125

Inundaciones en África

En los medios de comunicación occidentales rara vez se habla de los desastres naturales en el continente africano por lo que muy pocas personas saben que las extensas inundaciones en más de dos docenas de países africanos debido a las precipitaciones superiores a la media han provocado miles de muertes, millones de personas desplazadas y una infraestructura devastada.

Aquí algunos datos:

  • 2.500 muertes.
  • 4 Millones de personas desplazadas.
  • Millones de hectáreas de tierras de cultivo inundadas.
  • Cientos de miles de ganado perdido.
  • Cientos de centros de salud destruidos o dañados.
  • 10 Millones de niños en Níger, Nigeria, la República Democrática del Congo (RDC) y Malí no pudieron asistir a la escuela, ya que miles de escuelas se inundaron o se convirtieron en viviendas temporales para personas desplazadas.

Tendencias migratorias africanas

Una fuerte restricción en la migración irregular fuera de la región, combinada con factores de empuje cada vez mayores, continuará dando forma en 2025 a las prioridades de gobernanza y seguridad en África y subrayará la necesidad de más innovación regional para acomodar los movimientos de población intra continentales.