Es tu clemencia.
Es tu desbordante amor.
Es tu paciencia.
Es tu compasión.
Buen Dios,
que no soy nada,
un espejismo en el desierto,
un punto de la novela,
una gota de agua en el océano.
No soy nada y no quiero ser,
en tu amor todo lo tengo.
No soy nada,
y en ti lo soy todo.
No busco y encuentro.
No viajo y conozco.
No rezo y contemplo.
No soy nada, buen Dios;
pero te siento y te vivo,
manifiesto mi amor desinteresado,
hasta donde las fuerzas me lo permitan.
Solo una aventura quiero,
la del Encuentro,
en mi Nazaret atemporal.
No soy nada y soy mucho,
sin más y sin menos
que cualquier hombre,
desde Adán hasta ahora.
Tengo la riqueza de tu mirada.
Eso basta para vivir.