El misticismo en la actualidad

En las últimas décadas, el misticismo ha experimentado una notable reconfiguración, desplazándose de los confines de las tradiciones religiosas establecidas hacia espacios más fluidos y plurales. Este fenómeno no solo refleja cambios socioculturales, sino también la búsqueda de sentido que persiste en sociedades marcadas por la aceleración tecnológica y la fragmentación de identidades. El presente artículo explora las principales manifestaciones del misticismo actual, sus raíces históricas y su intersección con la salud pública y la antropología, incluyendo la dimensión mística de las tres grandes religiones monoteístas: judaísmo, cristianismo e islam.


1. Revalorización de prácticas ancestrales

1.1. De lo tribal a lo urbano

A medida que la globalización facilita el intercambio cultural, prácticas místicas originarias de comunidades indígenas y orientales —meditación, ayuno ritual, danza chamánica, canto de mantras— encuentran nuevos adeptos en Occidente. Estas tradiciones son reinterpretadas bajo la óptica del bienestar integral, integrando conceptos de energía, sanación y conexión con la naturaleza. Desde la perspectiva antropológica, este proceso constituye una forma de sincretismo contemporáneo, donde los símbolos y técnicas se adaptan a contextos urbanos sin perder su carga simbólica original.

1.2. Función social y sanitaria

Los estudios de salud pública indican que la incorporación de rituales de respiración y movimiento mejora marcadores de estrés, reduce la presión arterial y favorece la regulación emocional. Cuando estos rituales se practican en comunidad, refuerzan la cohesión social, un factor protector contra la soledad y la depresión, problemas crecientes en poblaciones envejecidas como la nuestra.

2. Misticismo digital y comunidades en línea

2.1. Plataformas de convergencia

Internet ha creado espacios donde lo sagrado y lo profano coexisten en tiempo real. Grupos de discusión, podcasts y canales de streaming dedican espacio a temas como la astrología, la numerología o la interpretación de sueños. La accesibilidad de información permite al individuo construir una práctica personalizada, combinando elementos de distintas tradiciones.

2.2. Riesgos de desinformación

Esta democratización también plantea riesgos: la proliferación de fuentes no verificadas puede generar creencias erróneas que influyan en decisiones de salud, como la adopción de remedios no probados o la negación de tratamientos médicos convencionales. Los profesionales de salud pública deben desarrollar alfabetización mediática que permita a la población discernir entre evidencia científica y narrativas místicas sin fundamento.

3. Ciencia y espiritualidad: diálogos emergente

3.1. Correlatos neurológicos de la experiencia mística

Investigadores de neurociencia y psicología han comenzado a explorar los correlatos cerebrales de experiencias místicas. Estudios de resonancia magnética funcional revelan que estados de “flow” o de profunda contemplación activan redes neuronales asociadas al sentido de unidad y trascendencia (redes frontoparietales y el sistema límbico). Estos hallazgos alimentan un discurso que intenta reconciliar la subjetividad mística con metodologías empíricas, ofreciendo una visión más matizada de la relación entre mente, cuerpo y entorno.

3.2. Implicaciones para la salud mental

La evidencia sugiere que experiencias místicas espontáneas pueden actuar como catalizadores de procesos terapéuticos, facilitando la reorganización cognitiva y la integración de traumas. Sin embargo, la intensidad de tales experiencias también puede desencadenar crisis psicológicas si no se acompañan de apoyo estructurado. Los programas de intervención deben contemplar la posibilidad de que el misticismo sea tanto recurso curativo como factor de vulnerabilidad.

4. Dimensión mística de las religiones monoteístas

4.1. Judaísmo: la Kabbalah y la experiencia del Ein Sof

En el judaísmo, la corriente mística conocida como Kabbalah (cabala) ha sido una vía para acceder a la dimensión oculta de la Torá. La noción del Ein Sof (el Infinito) representa la presencia divina más allá de cualquier descripción conceptual. Prácticas como la meditación sobre los nombres de Dios (Shemot) y la visualización de los Sefirot (emanaciones divinas) buscan una unión interior con lo trascendente. En la actualidad, la Kabbalah ha encontrado resonancia en círculos académicos y en movimientos de autoayuda, aunque su apropiación popular a veces simplifica conceptos profundos, generando tensiones entre eruditos tradicionales y nuevos practicantes.

4.2. Cristianismo: misticismo contemplativo y la vía apofática

Dentro del cristianismo, el misticismo se manifiesta en tradiciones contemplativas como la Oración del Corazón, la Lectio Divina, y la obra de figuras como San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Ávila. La teología apofática (conocer a Dios por medio de lo que no se puede decir) enfatiza la experiencia directa de la presencia divina más allá de los dogmas. En la era digital, retiros virtuales y comunidades de oración en línea facilitan la práctica de la contemplación, mientras que la psicología positiva ha empezado a estudiar los efectos de la oración silenciosa sobre la resiliencia emocional.

4.3. Islam: sufismo y la búsqueda del “Qalb”

El sufismo, corriente mística del islam, centra su praxis en la purificación del corazón (Qalb) y la búsqueda del amor divino (Ishq). Prácticas como el dhikr (recuerdo constante de Dios mediante repeticiones), la música qawwali, y la poesía de Rumi o Hafiz, buscan disolver la separación percibida entre el creyente y el Creador. En contextos contemporáneos, los centros sufíes ofrecen espacios de meditación y diálogo interreligioso, contribuyendo a la construcción de puentes entre comunidades. Al mismo tiempo, la percepción pública del sufismo varía según regiones: en algunos países es visto como una expresión pacífica del islam, mientras que en otros enfrenta resistencia de corrientes más conservadoras.

4.4. Convergencias y divergencias

Aunque la Kabbalah, la mística cristiana y el sufismo emergen de tradiciones doctrinalmente distintas, comparten varios rasgos:

AspectoJudaísmo (Kabbalah)Cristianismo (Misticismo Contemplativo)Islam (Sufismo)
ObjetivoUnión con el Ein Sof / comprensión de los SefirotExperiencia directa de la presencia de Dios (union con Cristo)Amor y cercanía al corazón divino
Práctica centralMeditación sobre nombres y SefirotOración del corazón, Lectio DivinaDhikr, poesía, música
LenguajeApofático y simbólicoApofático y poéticoPoético y musical
Riesgo de malinterpretaciónSimplificación comercial de la KabbalahReducción a “pensamiento positivo” sin profundidadApropiación superficial sin contexto espiritual

Estas similitudes sugieren que el misticismo actúa como un puente transrreligioso, permitiendo a los individuos experimentar lo sagrado más allá de los límites doctrinales. Para la salud pública, reconocer esta dimensión puede facilitar la creación de programas interculturales que respeten la diversidad espiritual y promuevan la inclusión.

5. Salud pública y bienestar holístico

5.1. Intervenciones basadas en evidencia

Para los profesionales de salud pública, el resurgir del misticismo implica reconocer la dimensión espiritual como componente del bienestar. Programas de intervención comunitaria que incorporan prácticas meditativas, rituales de cohesión social o espacios de oración pueden mejorar indicadores de salud mental, reducir el estrés y fortalecer la resiliencia. La evidencia sugiere que la participación regular en actividades espirituales está asociada a menores tasas de depresión y mayor longevidad, siempre que dichas prácticas estén respaldadas por datos científicos y no sustituyan tratamientos médicos esenciales.

5.2. Precauciones éticas

Es crucial distinguir entre intervenciones basadas en evidencia y aquellas que carecen de respaldo científico, evitando la medicalización de creencias sin fundamento. Asimismo, la mercantilización de experiencias espirituales (retiros de lujo, aplicaciones de meditación premium) puede crear brechas de acceso, favoreciendo a quienes poseen recursos económicos. La apropiación cultural sin reconocimiento adecuado a las comunidades originarias plantea dilemas éticos que requieren una reflexión cuidadosa y políticas de respeto.

6. Críticas y desafíos éticos

6.1. Comercialización y apropiación

El auge del misticismo contemporáneo también suscita críticas. La tendencia a comercializar experiencias espirituales transforma lo sagrado en producto de consumo, diluyendo la autenticidad de las tradiciones y creando desigualdades de acceso. Además, la apropriación cultural sin reconocimiento a las comunidades originarias vulnera derechos culturales y perpetúa desequilibrios de poder.

6.2. Conflictos epistemológicos

Algunos sectores académicos cuestionan la legitimidad de integrar experiencias místicas dentro de la investigación científica, argumentando que la subjetividad intrínseca dificulta la replicabilidad. Sin embargo, enfoques interdisciplinarios que combinan neurociencia, antropología y estudios religiosos están demostrando que es posible mapear patrones comunes sin invalidar la riqueza fenomenológica de lo místico.

7. Perspectivas futuras

7.1. Investigación interdisciplinaria

Se prevé un crecimiento sostenido de proyectos que unan neurocienciapsicologíaantropología y teología para explorar cómo las prácticas místicas influyen en la neuroplasticidad, la regulación emocional y la cohesión social. Los fondos públicos podrían destinarse a estudios longitudinales que evalúen el impacto de programas místicos en la salud de poblaciones vulnerables, especialmente adultos mayores como yo, que buscamos sentido y calidad de vida en la tercera edad.

7.2. Políticas públicas inclusivas

Los gobiernos y organismos internacionales están considerando la inclusión de la dimensión espiritual en los marcos de salud mental. Por ejemplo, la Organización Mundial de la Salud ha reconocido la importancia de la salud espiritual como parte del bienestar integral. Políticas que fomenten la colaboración con líderes religiosos y comunidades místicas pueden potenciar la efectividad de campañas de prevención y promoción de la salud.

Conclusión

El misticismo hoy se presenta como un fenómeno dinámico que atraviesa fronteras geográficas, disciplinarias y religiosas. Su presencia en la vida cotidiana refleja una necesidad persistente de significado, conexión y trascendencia en un mundo cada vez más fragmentado. Para los académicos y profesionales de la salud pública, comprender estas tendencias permite diseñar intervenciones más integrales y respetuosas de la diversidad cultural. Al mismo tiempo, es esencial mantener una postura crítica que salvaguarde la veracidad científica y la dignidad de las tradiciones originarias.

En última instancia, el diálogo entre misticismo y modernidad abre oportunidades para enriquecer tanto la investigación como la práctica humana, siempre bajo la premisa de buscar el bienestar colectivo. La tarea de los escritores, consultores y responsables de política es articular ese puente, reconociendo que la espiritualidad, ya sea expresada a través de la Kabbalah, la contemplación cristiana o el dhikr sufí, sigue siendo una fuente poderosa de resiliencia y cohesión social en la contemporaneidad.

Diálogo interreligioso en el pensamiento islámico.

El concepto de diálogo interreligioso ha adquirido una presencia creciente en los discursos académicos, políticos y religiosos de todo el mundo. Sin embargo, su recepción en el ámbito árabe‑islámico está marcada por confusiones conceptuales y metodológicas que dificultan su estudio como disciplina científica. Este artículo explora esas distorsiones, las contrasta con la literatura internacional y propone una definición operativa que pueda servir de referencia tanto a investigadores como a practicantes del diálogo.


1. Orígenes y percepciones erróneas

Algunos autores árabes, como Abdul Rahim bin Samael Al‑Salami, sitúan el origen del diálogo interreligioso en el Concilio Vaticano II y lo describen como una estrategia encubierta de evangelización (Al‑Salami, 2019). Esta visión reduccionista ignora que ya a comienzos del siglo XX existían conferencias internacionales dedicadas al intercambio religioso, como la World Conference on Religion and Peace de 1925 (World Council of Churches, 2019).

Otra tendencia frecuente es la identificación del diálogo con cualquier tipo de intercambio entre creyentes. Abdelhalim Ait Amjood, por ejemplo, define el diálogo como “cualquier intercambio entre seguidores de distintas religiones” (Amjood, 2020). Tal definición colapsa la distinción esencial entre diálogo, debate y controversia, impidiendo reconocer la especificidad del diálogo como proceso orientado a la comprensión mutua.

Más aún, ciertos escritos presentan el diálogo como una conspiración destinada a dividir a la comunidad musulmana. Abdel Wadood Shalabi sostiene que el diálogo es una forma de proselitismo que busca fragmentar al umma (Shalabi, 2021). Esta perspectiva ideológica sustituye el análisis riguroso por la sospecha, cerrando la puerta a una evaluación empírica del fenómeno.

Finalmente, algunos autores, como Anis Malik Taha, limitan la genealogía del diálogo a iniciativas cristianas del siglo XX, dejando fuera los esfuerzos interreligiosos previos y paralelos en contextos no cristianos (Taha, 2022). La investigación de Munqith bin Mahmoud Al‑Saqqar demuestra, por el contrario, que en el Oriente Medio ya se organizaban encuentros interreligiosos entre 1920 y 1939 (Al‑Saqqar, 2023).


2. Falencias metodológicas

Gran parte de la literatura árabe recurre a análisis etimológicos de palabras como diálogo o religión para definir un concepto contemporáneo. Este enfoque resulta tan improcedente como intentar explicar “computadora” a partir de la raíz de máquina: los conceptos modernos requieren un estudio histórico‑disciplinar, no meramente léxico (Zein Al‑Hussein, 2024).

Además, muchos textos carecen de una metodología clara. Mientras que Zein Al‑Hussein propone un esquema basado en análisis de discurso y triangulación de fuentes (2024), obras como la de Shalabi o Al‑Salami se sustentan en opiniones personales y deducciones aisladas, sin referencia a datos empíricos ni a la literatura internacional.

La ausencia de criterios éticos también es notable. McDonald (2022) plantea cuatro principios – respeto, honestidad, reciprocidad y responsabilidad – que pueden servir como checklist metodológico para cualquier proyecto de diálogo. Estos principios rara vez aparecen en los escritos árabes analizados, lo que debilita la solidez de sus conclusiones.


3. Qué es realmente el diálogo interreligioso

Diversos autores internacionales han elaborado marcos teóricos que aclaran la naturaleza del diálogo. Gadamer (1975/1996) introduce la idea de la fusión de horizontes, entendida como el proceso mediante el cual interlocutores de distintas tradiciones amplían mutuamente sus perspectivas. Hick (2004) distingue entre intercambio informativo (diálogo) y convicción persuasiva (proselitismo), subrayando que el primero no persigue cambiar la fe del otro.

En consonancia con estos planteamientos, Mohamed Khalifa Hassan señala que el diálogo se orienta a la comprensión, mientras que la controversia busca la confrontación (Hassan, 2023). Así, el diálogo se caracteriza por tres objetivos esenciales:

  1. Comprensión mutua – generar conocimiento recíproco sobre la cosmovisión del otro.
  2. Eliminación de malentendidos – reducir prejuicios y estereotipos históricos.
  3. Cooperación en causas humanitarias – abordar problemas comunes como la pobreza, la injusticia o el cambio climático.

Estos objetivos coinciden con los indicadores de éxito propuestos por UNESCO (2020) y por el World Council of Churches (2019), que incluyen niveles de confianza entre comunidades y la existencia de proyectos conjuntos.


4. Una definición operativa

A partir de la comparación entre la literatura árabe y los aportes internacionales, se propone la siguiente definición operativa:

Diálogo interreligioso: proceso estructurado de comunicación entre tradiciones religiosas orientado a la comprensión mutua, la eliminación de malentendidos y la cooperación en cuestiones humanitarias comunes, sin pretensión de modificar las creencias del otro ni de unificar doctrinas.

Esta definición incorpora la claridad conceptual de Gadamer y Hick, los principios éticos de McDonald y los indicadores empíricos de la UNESCO, ofreciendo un marco que puede ser aplicado tanto en investigaciones académicas como en iniciativas de terreno.


5. Implicaciones para la investigación árabe‑islámica

Para avanzar, los estudios árabes deben adoptar metodologías comparativas que incluyan:

  • Revisión sistemática de la literatura internacional, evitando la visión eurocéntrica pero reconociendo aportes clave.
  • Uso de instrumentos de medición (encuestas, análisis de redes) inspirados en los datasets del Harvard Divinity School (2024) y en los reportes anuales del Arab Center for Research and Policy Studies (2022‑2024).
  • Aplicación de los principios éticos de McDonald (2022) y de Zein Al‑Hussein (2024) para garantizar rigor y transparencia.

Al integrar estos elementos, la investigación árabe‑islámica podrá superar las distorsiones actuales y contribuir de manera significativa al campo global del diálogo interreligioso.


Bibliografía (selección)

  • Al‑Saqqar, M. b. M. A. (2023). المبادرات العربية في الحوار بين الأديانات قبل الفاتيكان الثاني. Universidad de El‑Quds.
  • Al‑Salami, A. R. b. S. A. (2019). “الحوار بين الأديان كأداة تبشيرية”. Al‑Uloom al‑Islāmiyya, 34(2), 112‑129.
  • Amjood, A. H. (2020). “مفهوم الحوار الديني في الفكر العربي المعاصر”. En الحوار بين الأديان في العالم العربي (pp. 23‑41).
  • Hassan, M. K. H. (2023). “الحوار مقابل الجدل: منظور إسلامي”. Al‑Fikr al‑Islāmī, 12(1), 55‑71.
  • Hick, J. (2004). The Myth of Religious Neutrality. Oxford University Press.
  • McDonald, M. K. (2022). “The ethics of interreligious dialogue”. Journal of Moral Theology, 45(3), 215‑237.
  • Shalabi, A. W. (2021). “الحوار كوسيلة لتقسيم الأمة”. Al‑Qalam, 48(4), 89‑104.
  • Taha, A. M. (2022). “تاريخ الحوار الديني الحديث”. Al‑Mawqif, 19(2), 102‑119.
  • UNESCO. (2020). Intercultural Dialogue and Sustainable Development. UNESCO Publishing.
  • World Council of Churches. (2019). International Dialogue Report. WCC Publications.
  • Zein Al‑Hussein, F. Z. A. (2024). “منهجية البحث في دراسات الحوار الديني”. En منهجيات العلوم الإنسانية (pp. 45‑68). Dar al‑Ilm.

Un nuevo archivo digital pretende recuperar la historia siríaca para una generación más joven

En una época en la que la historia se consume cada vez más a través de vídeos cortos, algoritmos y tendencias pasajeras en línea, un grupo de jóvenes activistas siríacos (arameo-asirio-caldeo) en Alemania está intentando algo ambicioso y discretamente radical: restaurar una historia largamente marginada en el espacio público digital, sin creación de mitos ni ideologías. 

El proyecto, llamado Syriac-History, se lanzó en 2023 como una iniciativa educativa y mediática bajo el paraguas de Syriac Youth e. V., una organización con sede en Alemania. Su misión es presentar la historia, cultura e identidad de los Suryoye, un pueblo indígena de Beth Nahrain (Mesopotamia), de una manera factual, accesible y atractiva para el público más joven. 

Sus fundadores sostienen que la ausencia de historia siríaca en las plataformas digitales convencionales ha dejado un vacío, a menudo lleno de narrativas fragmentadas, simplificaciones emocionales o distorsiones políticas.

«Muchos jóvenes conocen términos aislados, pero no las conexiones», explicaron miembros del proyecto en una entrevista con SyriacPress. «Reconocen nombres y eventos, pero no las líneas históricas que los conectan.»

Historia en la era de los algoritmos

La idea de la Historia Siríaca surgió de una serie de talleres y seminarios con jóvenes de diversos orígenes. Los organizadores se dieron cuenta rápidamente de que los formatos educativos tradicionales ya no eran suficientes, especialmente en un entorno online donde la identidad, la memoria y la interpretación histórica están cada vez más moldeadas por las redes sociales. 

En lugar de alejarse de esa realidad, el proyecto la abrazó.

Desde su lanzamiento, Syriac-History ha desarrollado una variedad de formatos digitales adaptados a plataformas contemporáneas. Estos incluyen series de vídeos cortos que destacan ciudades antiguas, figuras históricas y logros culturales; cuestionarios interactivos sobre temas como el genocidio de Sayfo de 1915, arquitectura y civilizaciones tempranas; y formatos narrativos que exploran la historia de la iglesia, la literatura y la memoria colectiva.

Una de sus producciones más destacadas es un documental de 15 minutos sobre los Sayfo, la matanza masiva de cristianos siríacos (arameo-asirios-caldeos), armenios y griegos (Rûm) durante los últimos años del Imperio Otomano, un acontecimiento que permanece en gran medida ausente del discurso histórico internacional.

Más recientemente, el proyecto ha experimentado con música generada por inteligencia artificial, produciendo canciones que narran temas históricos de manera emocional y accesible. El objetivo, dicen los organizadores, no es el entretenimiento por sí mismo, sino otra puerta de entrada al compromiso.

«La historia puede ser dolorosa, orgullosa, trágica o esperanzadora», señalaron. «La música lleva esas capas de una manera que el texto por sí solo a veces no puede.»

(BETH NAHRAIN)

La ciencia y el alma (Parte 2ª)

El intelecto humano no solo posee el poder de la comprensión abstracta (que se discutió en la Parte I de este artículo), sino también el poder de juzgar la verdad y la falsedad de las proposiciones. Desde la antigüedad los filósofos han argumentado que este poder también va más allá de las capacidades de sistemas puramente físicos o mecanicistas.

El problema es este: si mis pensamientos siguen un camino trazado para ellos por las fuerzas de la materia, ¿cómo puede importar la verdad o la falsedad de mis ideas? En última instancia, mis pensamientos, para bien o para mal, son solo aquellos que debo haber dado los movimientos de los átomos y otros componentes físicos de mi cerebro. Mis juicios no provienen de ser razonable o irrazonable, sino que me son impuestos por fuerzas materiales que son completamente ciegas a la verdad o falsedad de las proposiciones que estoy considerando. Como dijo el gran matemático Hermann Weyl,

«[Debe haber] libertad en los actos teóricos de afirmación y negación: cuando razono que 2 + 2 = 4, este juicio real no me es impuesto por causalidad natural ciega (una visión que eliminaría el pensamiento como acto por el que uno puede rendir cuentas), sino que algo puramente espiritual interviene.» 11

Explica además que, si nuestro pensamiento ha de ser racional, no debe estar completamente determinado por factores físicos como los movimientos de partículas en el cerebro — en cuyo caso sería «infundado» y «ciego» — sino que debe estar «abierto» al significado y la verdad.

Escribiendo ese mismo año (1932), el famoso biólogo J.B.S. Haldane argumentó: «Si el materialismo es verdadero, me parece que no podemos saber que es cierto. Si mis opiniones son el resultado de los procesos químicos que ocurren en mi cerebro, están determinadas por la química, no por las leyes de la lógica.» 12 En Orthodoxy, su brillante defensa del cristianismo escrita en 1908, G.K. Chesterton señaló que el escéptico materialista tarde o temprano debe preguntarse: «¿Por qué algo debería salir bien? ¿Incluso la observación y la deducción? ¿Por qué la buena lógica no iba a ser tan engañosa como la mala si ambas son movimientos en el cerebro de un simio desconcertado?» 13 Stephen Hawking se preocupaba por el mismo tema en relación con la «teoría del todo» que muchos físicos están buscando.14 Una teoría de la física que explicara todo tendría que explicar por qué algunas personas la creían y otras no. Su creencia (o incredulidad) en la teoría, entonces, sería el resultado de procesos físicos inevitables en sus cerebros más que de la validez o invalidez de los argumentos presentados a favor de la teoría.

Los argumentos que sostienen que las mentes no pueden ser racionales si están totalmente determinadas por fuerzas materiales se remontan a la antigüedad. Por ejemplo, Epicuro escribió: «Quien dice que todo sucede por necesidad no puede criticar a otro que dice que no todo sucede por necesidad. Porque tiene que admitir que la afirmación también ocurre por necesidad.» 15 (Por supuesto, el necesitario siempre podía hacer la respuesta ingeniosa de que no solo puede criticar, sino que debe criticar — por necesidad. Sin embargo, el punto de Epicuro, presumiblemente, era que la crítica, si era obligada por la necesidad física, no sería entonces una crítica racional.)

¿Puede una máquina juzgar la verdad?

Haldane retractó su argumento en 1954 debido al desarrollo de los ordenadores.16 Le impresionó el hecho de que, aunque un ordenador está hecho únicamente de materia y obedece las leyes de la física, no obstante es capaz de funcionar conforme a la verdad. Sin embargo, Haldane se equivocó al retractarse, ya que el ejemplo del ordenador no resuelve realmente la cuestión que planteó originalmente. Es cierto que un dispositivo de cálculo puede imprimir «2 + 2 = 4», o alguna fórmula equivalente, y en ese sentido puede operar de acuerdo con la verdad. Sin embargo, su capacidad para hacerlo no debe buscarse simplemente en las leyes de la física que obedece. Un dispositivo de cálculo (que también obedecia, por supuesto, las leyes de la física) podría construirse perfectamente que imprimiera «2 + 2 = 17.» De hecho, sería aún más fácil construir un dispositivo que imprimiera un completo galimatías. La razón por la que la mayoría de los dispositivos de cálculo funcionan de manera coherente con la lógica y la verdad matemática es que fueron programados para ello. Es decir, tienen incorporado un conjunto preciso de instrucciones que les dice exactamente qué hacer en cada paso. Estos programas son producto de la mente humana. Más precisamente, los actos de comprensión que están detrás de estos programas tuvieron lugar en el intelecto humano. Por tanto, en lugar de ilustrar cómo un dispositivo automático puede dar lugar al intelecto, los ordenadores artificiales simplemente muestran que un intelecto puede dar lugar a un dispositivo. No solo el diseño y la programación de estos dispositivos ocurren como resultado de actos humanos de comprensión, sino que el significado de sus resultados solo puede ser comprendido por actos humanos de comprensión, no por las propias máquinas. (Estas salidas pueden ser usadas por otras máquinas, pero solo por máquinas diseñadas para poder hacerlo gracias a la inteligencia humana.)

El misticismo del ordenador de alto rendimiento puede ocultar lo que realmente está ocurriendo. Por tanto, consideremos en cambio un dispositivo más humilde, una máquina expendedora. Una máquina expendedora contiene un dispositivo informático sencillo que le permite realizar el cambio correctamente. A pesar de ello, no atribuimos inteligencia a las máquinas expendedoras. Por otro lado, podríamos atribuir mucha inteligencia a un niño que fue capaz de averiguar por sí mismo cómo hacer el cambio correctamente. ¿Cuál es la diferencia? La diferencia es que el niño entiende algo y la máquina expendedora no. Por supuesto, la máquina expendedora no podría hacer lo que hace sin que la inteligencia estuviera involucrada en algún momento. En algún momento hubo una comprensión de los números y las operaciones de la aritmética; había una comprensión de cómo realizar estas operaciones de forma rutinaria; Y finalmente se entendió cómo construir una máquina para realizar estos pasos rutinarios automáticamente. Todos estos actos de comprensión ocurrieron en el intelecto humano, no en las máquinas expendedoras. El punto en el que cualquier tarea se ha vuelto rutinaria, de modo que ya no requiere actos de comprensión, es el punto en que puede ser realizada por una máquina que carece de intelecto.

La cuestión que plantea el progreso en el desarrollo de hardware y programas informáticos es si un ordenador suficientemente avanzado podría tener un intelecto genuino, y si, de hecho, el intelecto humano puede explicarse como el rendimiento de un ordenador biológico enormemente potente, el cerebro. Cuando «entendemos» que una proposición es cierta, ¿no ocurre nada más que que que nuestro cerebro sigue instrucciones predefinidas, un procedimiento muy complejo pero rutinario? Supongamos, por argumentos, que así es y veamos a dónde nos lleva.

Entonces surgirían varias preguntas difíciles. Primero, ¿cómo es posible que los humanos sepan, como al menos a veces sabemos, que nuestros procesos de pensamiento son razonables y consistentes? Una de las implicaciones del Teorema de Gödel es que ningún programa informático (excepto uno muy trivial) que opere de forma consistente es capaz de demostrar que lo hace. Si fuéramos simplemente máquinas que operan de acuerdo con un programa, entonces no podríamos ser conscientes de nuestra propia coherencia. Segundo, si nuestros cerebros han sido programados para pensar de forma consistente y razonable, ¿cómo ha ocurrido eso?

Si un ordenador electrónico funciona correctamente, es porque algunos seres humanos lo programaron para ello. Pero, ¿quién programó a esos seres humanos para que funcionaran correctamente y así poder transmitir esa corrección al ordenador electrónico? La única respuesta disponible para el materialista (y la sugerida por Stephen Hawking, entre muchas otras) es la selección natural. La selección natural programó a los seres humanos para pensar de tal manera que nuestros pensamientos corresponden de alguna manera con la realidad. Obviamente, un organismo que no pudiera pensar con claridad estaría en desventaja en la lucha por la supervivencia. Esta respuesta resulta atractiva a primera vista; Pero no es realmente suficiente.

Ciertos conocimientos y verdades necesarias

Una gran dificultad para la idea de que la mente humana no es más que un ordenador programado por selección natural es el hecho de que posee dos habilidades notables: (a) la capacidad de alcanzar certezas sobre algunas verdades, y (b) la capacidad de reconocer que algunas verdades son verdaderas por necesidad. (Puede parecer lo mismo, pero no lo es. Estoy seguro de que mi nombre de pila es Stephen, pero podría haber sido otra cosa, para que eso no sea una verdad «necesaria». Por otro lado, es necesariamente cierto que 147 x 163 = 23.961, en el sentido de que no podría haber sido otra cosa, y debe serlo en cualquier universo posible; pero alguien que no sea hábil multiplicando grandes números podría estar en un estado de incertidumbre al respecto.)

Hay dos aspectos en este problema. En primer lugar, el «éxito evolutivo» de una criatura (es decir, su éxito en sobrevivir para reproducirse y en asegurar la supervivencia de su descendencia) no requiere que sea capaz de conocer las cosas con absoluta certeza ni que sea capaz de reconocer verdades como necesarias. Basta con que tenga conocimientos fiables para fines prácticos y que se sepa que son generalmente ciertos en las circunstancias a las que debe afrontar. No tiene que saber con absoluta certeza que una rama soportará su peso, que un fruto no es venenoso o que un fuego la quemará, para sobrevivir. Es suficiente para estar un 99,99% seguro o incluso un 90%. Tampoco le sirve de nada entender que la afirmación «2 + 2 = 4» es cierta por necesidad, y por tanto verdadera en cualquier mundo posible. Sería igual de bueno saber que 2 + 2 puede ser un ejemplo de que salga 4 en su propia situación.

El segundo aspecto del problema es que, incluso si fuera útil para su supervivencia que los seres humanos tuvieran certeza absoluta en algunos asuntos, o que se dieran cuenta de que algunas cosas son ciertas por necesidad, parece que no hay manera de que la selección natural pudiera habernos programado para tener ese tipo de conocimiento. La selección natural se basa en última instancia en el ensayo y error. Se prueban varios diseños, incluyendo distintos diseños de hardware y software cerebral, y aquellos que ofrecen los mejores resultados de media tienden a dar lugar a descendencia más numerosa. Sin embargo, el ensayo y error no puede producir certeza. Tampoco, obviamente, puede llevar a conclusiones sobre lo que es necesariamente cierto.

En un libro popular sobre las implicaciones filosóficas de la ciencia moderna, el autor preguntó, con toda seriedad: «¿Es tan inconcebible que pueda existir una realidad en la que 317 no sea un número primo?» 17 La respuesta es, sencillamente, sí. Es totalmente inconcebible, incluso absurdo. No conozco a ningún científico o matemático que admitiera cualquier posibilidad de duda sobre esto. No solo 317 es primario aquí y ahora, sino que indudablemente es primario en galaxias demasiado remotas para ser visto con los telescopios más potentes. Era primordial hace mil millones de años y lo será dentro de mil millones. Tendría que ser prima en cualquier otro universo posible. Sin embargo, no hay manera de que los procesos de selección natural que operaron sobre nuestros antepasados pudieran haber tenido acceso a información sobre lo que será verdad dentro de mil millones de años, o en galaxias remotas, o en otros universos posibles. ¿Cómo pueden entonces esos procesos físicos habernos enseñado estas cosas, o moldeado para que pudiéramos reconocerlas?

Es importante tener claro cuál es el problema aquí. El problema no es cómo llegamos a poder hacer cálculos y averiguar si 317 es un número primo. Tener las habilidades que nos permiten descubrir las reglas que darán respuestas correctas a los problemas aritméticos puede tener ventajas para la supervivencia. Uno incluso podría imaginar que, por prueba y error evolutivo, el circuito correcto estaba «cableado» en nuestro cerebro para hacer la aritmética correctamente. Y, por tanto, asumiendo que «317 es un primo» resulta ser en realidad una verdad necesaria, no es sorprendente que la evolución nos permita llegar a conclusiones que en realidad son verdades necesarias. La pregunta, sin embargo, es esta: ¿Cómo reconocemos esa necesidad? ¿Cómo y por qué la selección natural nos equipó, no solo para decir que 317 es primo, sino para reconocer esa verdad de que es cierto por necesidad? 18

La reacción de algunos materialistas ante tal argumento, me atrevería a decir, sería sugerir que los seres humanos no son realmente capaces de alcanzar certeza sobre nada, ni de conocer la necesidad de las verdades. En su opinión, todo lo que podemos afirmar es tener conocimiento que tiene una alta probabilidad de ser correcto. Cuando decimos que estamos «seguros», según esta visión, solo expresamos una fuerte sensación de confianza en lo que decimos. Y cuando decimos que algo es «verdadero por necesidad», simplemente queremos decir que no hemos podido imaginar una situación contraria. La certeza absoluta, según muchos materialistas, es una quimera.

Esta postura escéptica tiene cierta plausibilidad superficial. Al fin y al cabo, todos hemos tenido la experiencia de afirmar estar seguros de algo solo para luego descubrir que estábamos equivocados. Sin embargo, a pesar de su plausibilidad inicial, esta explicación de lo que entendemos por «ser seguro» es simplista e insostenible.

Considera las dos afirmaciones: «El sol saldrá mañana» y «317 es un número primo.» Tengo mucha confianza en la verdad de ambos. Pero son tipos de afirmaciones radicalmente diferentes, en las que tengo una confianza radicalmente distinta. Reconozco que es abrumadoramente probable que salga el sol mañana, pero no creo que sea absolutamente seguro. Es perfectamente concebible que el sol no salga mañana, y de hecho existen escenarios, no excluidos por nada que sepamos sobre las leyes de la naturaleza, en los que el sol no saldría mañana.

Para tomar el escenario más exótico de este tipo, podríamos estar en lo que los físicos de partículas llaman un «falso estado de vacío». Es decir, así como algunos núcleos radiactivos con vidas medias muy largas parecen estables, pero en realidad tienen una pequeña posibilidad de desintegrarse repentinamente y sin previo aviso, el estado de la materia de nuestro mundo puede ser inestable de la misma manera. Es posible que una gran burbuja de «vacío verdadero» —es decir, un estado de menor energía— aparezca de repente en nuestra proximidad mediante una «fluctuación cuántica». Si lo hace, se expandirá casi a la velocidad de la luz y destruirá todo a su paso. Nunca sabríamos qué nos golpeó. El sol no saldría mañana, porque el sol habría dejado de existir. (Ningún físico de partículas pierde ni un momento de sueño ante esta posibilidad, pero ninguno afirmaría que esté absolutamente descartada.)

Hay posibilidades menos exóticas que tampoco quedan excluidas por lo que se sabe actualmente sobre la física y que impedirían el próximo amanecer. Y, aparte de las catástrofes naturales, siempre existe la posibilidad lógica de un milagro. La Tierra podría milagrosamente dejar de girar sobre su eje o el sol podría desaparecer milagrosamente. Como señaló el filósofo David Hume, no se puede deducir rigurosamente lo que ocurrirá en el futuro a partir de lo que ha ocurrido en el pasado. Por lo tanto, el materialista escéptico tiene razón en este caso: cuando decimos que estamos «seguros» de que el sol saldrá mañana, lo que realmente queremos decir es que tenemos un grado extremadamente alto de confianza en que saldrá.

Sin embargo, es muy diferente con «317 es un número primo.» Ningún fenómeno científico, por exótico que sea, puede hacer que 317 no sea un primo. Los teólogos medievales habrían dicho que ni siquiera la omnipotencia de Dios podría hacer eso.19 No se trata solo de algo muy probable, sino de algo verdaderamente seguro. Alguien podría objetar que 317 es un número bastante grande, y que los cálculos que muestran que es primo son demasiado complicados para que pueda estar seguro de ellos. Sin embargo, siempre se puede tomar un caso en el que esto no sea un problema, como «1 no es igual a 0.» Creo que la mayoría admitiría saber esto con certeza, y no simplemente tener mucha confianza en ello.

Además, la idea de que nuestra certeza sobre cosas como «317 es primo» es simplemente una especie de confianza del jugador, una confianza nacida de la experiencia práctica, simplemente no resiste un escrutinio cuidadoso. He visto que el sol ha salido unas veinticinco mil veces sin falta; mientras que en los últimos veinticinco mil cálculos aritméticos que he hecho, no siempre he obtenido respuestas consistentes. De hecho, en muchas ocasiones no lo he hecho. Si acaso, mi confianza en que el sol saldrá mañana debería ser mayor que mi confianza en la constancia de la aritmética.

Sin embargo, nuestra confianza en la aritmética es en realidad más fuerte que nuestra confianza en el sol que sale. ¿Por qué? ¿Se basa en algún análisis lógico? Pero eso solo plantea la cuestión de cómo es posible que tengamos la confianza que tenemos en la coherencia de la lógica.

Incluso si uno admitiera que nuestra certeza nunca es absoluta (lo cual no estoy dispuesto a hacer), seguiría siendo cierto que tenemos una certeza sobre ciertos tipos de verdades que supera con creces lo que podemos deducir del ensayo y error, y que es muy difícil de explicar como derivadas de la selección natural.

Aún está abierto al materialista retirarse a una posición aún más escéptica. Sí, podría admitir, en algunos casos tenemos la convicción de que sabemos algo con absoluta certeza o sabemos que algo es cierto por necesidad. Pero quizás todas esas convicciones no sean más que ilusiones o sentimientos implantados en nosotros por la Naturaleza. Son estados de ánimo químicos, por así decirlo. Por alguna razón, nuestros cerebros fueron moldeados por la selección natural para tener estas sensaciones de certeza porque nos ayudan a salir adelante en la vida. En palabras de Chesterton, son solo movimientos en el cerebro de un simio desconcertado. Esta es una postura posible, pero significa, en última instancia, abandonar toda creencia en la razón humana. Prefiero apoyar al gran matemático G.F. Hardy, quien dijo: «317 es un número primo, no porque lo pensemos así, ni porque nuestras mentes estén moldeadas de una manera en lugar de otra, sino porque así es, porque la realidad matemática está construida así.» 20 Y con Galileo, que dijo: «Es cierto que el intelecto divino conoce verdades matemáticas en una plenitud infinitamente mayor que la nuestra propia (porque las conoce todas), pero de las pocas que el intelecto humano puede comprender, creo que su cognición es igual a la del intelecto divino en cuanto a certeza objetiva, ya que el hombre alcanza la comprensión de su necesidad, más allá de la cual no puede haber mayor grado de certeza.» 21

Otro poder notable de la mente humana

He citado la capacidad de comprender universales, o conceptos abstractos, la apertura a la verdad, la capacidad de alcanzar la certeza y el poder de reconocer que algunas verdades son verdaderas «por necesidad», como si estuvieran más allá de la capacidad de cualquier sistema meramente material, incluido el tipo que el materialista concibe que somos — un ordenador programado por la selección natural. Otra habilidad intelectual humana implica todas estas a la vez, es decir, el poder de reconocer que algunas verdades se cumplen en un número infinito de casos. Roger Penrose da el siguiente ejemplo.22 Todos sabemos que 3 x 5 = 5 x 3. Como señala Penrose, matemáticamente hablando esto no es la afirmación vacía que parece. Realmente dice que tres grupos de cinco objetos y cinco grupos de tres objetos contienen el mismo número de objetos. Hay un argumento pictórico sencillo que lo demuestra: si organizamos quince objetos en un arreglo rectangular de tres por cinco, vemos que tiene cinco columnas de tres objetos y tres filas de cinco objetos. Ahora, la mayoría de nosotros, cuando miramos ese arreglo, veremos inmediatamente que lo mismo funciona para un arreglo rectangular de cualquier tamaño, de modo que x b = b x a en general, para cualquier número entero a b.

La capacidad de «ver» esto es algo extraordinario, como señala Penrose. Estamos viendo a la vez la verdad de un número infinito de afirmaciones. Exactamente la misma observación hizo San Agustín en su obra filosófica De Libero Arbitrio, completada alrededor del año 395 d.C. En referencia a una afirmación aritmética similar, preguntó: «¿Cómo discernimos que este hecho, que se cumple para la serie de números enteros, es inmutable, fijo e incorruptible? Nadie percibe todos los números por ningún sentido corporal, porque son innumerables. ¿Cómo sabemos que esto es cierto para todos los números? ¿A través de qué fantasía o visión discernimos con tanta confianza la firme verdad del número a lo largo de toda la innumerable serie, salvo por alguna luz interior desconocida para los sentidos corporales?» 23

Esta «luz interior, desconocida para los sentidos corporales» no es otra cosa que el «intelecto» humano. Como se señala al principio de la Parte I de este artículo, son las facultades del intelecto humano junto con la libertad de la voluntad humana las que, según la enseñanza católica tradicional, nos elevan por encima del nivel meramente material y apuntan a la existencia en nosotros de algo material, que tradicionalmente se denomina el «alma espiritual» o «alma racional». Esto no va en contra de la ciencia en absoluto. Más bien, nada da un testimonio más elocuente del enorme poder del intelecto humano que la propia ciencia.

[Este artículo está adaptado del capítulo 21 del libro del autor Modern Physics and Ancient Faith, University of Notre Dame Press (2003).]

Referencias

11. Hermann Weyl, El mundo abierto: tres conferencias sobre las implicaciones metafísicas de la ciencia (New Haven: Yale University Press, 1932), p. 31-32.

12. J.B.S. Haldane, La desigualdad del hombre (Londres: Chatto and Windus, 1932).

13. G.K. Chesterton, Ortodoxia (Nueva York: Doubleday, 1959), p. 33.

14. Stephen Hawking, Una breve historia del tiempo: del Big Bang a los agujeros negros (Londres: Bantam, 1988), p. 12.

15. Cyril Bailey, Epicuro: Los restos existentes (Oxford: Clarendon Press, 1926).

16. J.B.S. Haldane, «Me arrepiento de un error,» en The Literary Guide (1 de abril de 1954), 7, 29.

17. Kitty Ferguson, «El fuego en las ecuaciones: ciencia, religión y la búsqueda de Dios (Grand Rapids, MI: William B. Eerdmans Publishing Co., 1994), p. 63.

18. Argumentos similares a los que estoy desarrollando aquí han sido presentados por la profesora Katherin Rogers de la Universidad de Delaware.

19. Santo Tomás de Aquino, Summa Theologiae, Parte I, Pregunta 25, art. 5.

20. G.H. Hardy, Apología de un matemático (Cambridge: Cambridge University Press, 1940), p. 70 (citado por Ferguson en El fuego en las ecuaciones, p. 63).

21. Citado por Weyl en The Open World, p. 10-11.

22. Roger Penrose, Sombras de la mente: La búsqueda de la ciencia perdida de la conciencia (Oxford: Oxford University Press, 1994), p. 55-8.

23. San Agustín, Sobre la libertad de voluntad, trad. Anna S. Benjamin y L.H. Hackstaff (Nueva York, Bobbs-Merrill, Co., 1964), Bk. 2, cap. 8.

(Imagen: «¿Qué es la verdad?» Cristo y Pilato, pintura de Nicolai Ge (1831-1894). (recortado) [Información sobre derechos de autor en [https://commons.wikimedia.org/wiki/File:What_is_truth.jpg ).

El porcentaje de cristianos en Siria cae un 84% en 14 años

Con más de una década de guerra devastada, las comunidades cristianas de Siria luchan no solo por sobrevivir, sino también por mantenerse visibles y escuchadas. Mashreq Action publicó un nuevo informe el 27 de noviembre, que ofrece una imagen poco común sobre el terreno de sus temores, resiliencia y frágiles esperanzas en un país que emerge de la dictadura y el conflicto, pero que aún experimenta una profunda incertidumbre.

El informe, que se elaboró durante varios meses antes y después de la caída del régimen de Bashar al-Assad, se basó en testimonios de todo el país. El mensaje del informe es claro: el cristianismo en Siria sigue vivo, activo y socialmente necesario, pero al mismo tiempo está drásticamente disminuido y más vulnerable.

Elias, un joven estudiante de medicina en Damasco, dijo durante una videoconferencia organizada por la fundación con periodistas: «Existimos. No queremos morir y olvidar.» Elías espera que el Papa León XIV llame al mundo a rezar por los cristianos sirios, una sociedad cansada de la guerra y ansiosa por el futuro. Otros expresan la misma preocupación, como Firas, un cristiano de Damasco: «Ya no nos sentimos en casa. No entendemos por qué no nos acepta, ¡especialmente si los cristianos siempre han intentado amar a todos!»

Presencia institucional destacada

Históricamente, el cristianismo tiene sus raíces en Siria desde hace casi 2.000 años, y las instituciones cristianas siguen sorprendentemente vigentes. Solo en Alepo se registran nueve diócesis, que recuerdan al histórico pluralismo religioso del país. El informe señala que los cristianos siguen desempeñando un papel destacado en la educación, la atención sanitaria, el apoyo a la discapacidad y los esfuerzos de reconciliación, a menudo a través de redes de asociaciones que se han expandido durante los años de la guerra.

Basándose en datos recogidos directamente de iglesias locales, Mashreq Action estima que alrededor de dos millones de sirios se benefician de iniciativas sociales y humanitarias gestionadas por asociaciones cristianas. Solo en sanidad, cuatro hospitales cristianos en Damasco y Alepo atienden a unos 117.000 pacientes al año, independientemente de su religión, y estas instalaciones están entre las mejores del país en cuanto a calidad de atención y apertura a todos.

La educación es otro pilar del compromiso cristiano. En toda Siria, las iglesias gestionan 57 escuelas que educan a unos 30.000 estudiantes de diversos orígenes religiosos. Estas escuelas suelen considerarse espacios para enseñar los valores de la convivencia, la paz y el respeto mutuo mediante ejemplos prácticos.

Sin embargo, incluso este trabajo se enfrenta a obstáculos, con 67 escuelas cristianas confiscadas por el Partido Baaz, y se están llevando a cabo negociaciones para restaurar solo 30 de ellas. Algunos edificios han sido nacionalizados, otros abandonados, y restaurarlos requiere nuevas licencias educativas y buena voluntad política que no siempre está garantizada. En zonas más afectadas como Deir ez-Zor y Sweida, la reapertura de una sola escuela podría ayudar a reconectar a pequeñas comunidades cristianas con la población en general, restaurando un mínimo sentido de vida comunitaria.

Impactante colapso demográfico.

Las cifras del informe muestran un fuerte colapso demográfico. En Deir ez-Zor, que albergaba a 7.000 cristianos, solo quedaban cuatro de ellos. A nivel nacional, la guerra ha causado más de 520.000 muertes, millones de desplazados internos y casi siete millones desplazados en el extranjero. Aunque todos los sirios han sufrido, los barrios cristianos han sido duramente afectados, especialmente los que están en primera línea o son atacados por grupos islamistas. En Alepo, aproximadamente una sexta parte del número de cristianos permanecía en comparación con antes de la guerra.

En total, se estima que el número de cristianos que aún permanecen en Siria está entre 300.000 y 400.000, de los cuales más de la mitad tienen más de 50 años, lo que refleja un desequilibrio en la demografía de la comunidad cristiana, con significativamente menos jóvenes capaces o dispuestos a quedarse. El devastador terremoto de 2023, las sanciones internacionales y el servicio militar obligatorio han acelerado la migración masiva que ya estaba en marcha.

Tras la caída del régimen de Assad

El informe documenta incidentes perturbadores bajo las nuevas autoridades del país, incluyendo ataques a lo largo de la costa contra alauitas y un ataque a la iglesia de Mar Elías durante una misa en junio, un acto descrito como sin precedentes incluso en el punto álgido del conflicto. Estos ataques son poco frecuentes en la historia reciente de la región, como la masacre de la iglesia de Nuestra Señora de la Salvación en 2010 en Bagdad.

El miedo no se limita solo a los cristianos, ya que las comunidades drusas también han sido atacadas, y la inseguridad se ha extendido desde Homs hasta Hama y Latakia. Los secuestros y la violencia local continúan, a menudo con una intervención limitada de las fuerzas estatales. Los jefes de las iglesias están actualmente en diálogo con el presidente de transición, donde paralizan directamente las preocupaciones y evalúan reformas en curso y no implementadas.

Una preocupación importante es lo que se percibe como la «islamización» de la vida pública. El informe señala cambios recientes en el currículo, incluyendo la eliminación de referencias a dioses preislámicos y la adición de frases que describen a judíos y cristianos como «desorientados». Los representantes de la Iglesia advierten que estos acontecimientos socavan el pluralismo y amenazan con avivar las tensiones sectarias.

Para acciones rápidas y concretas

 

En respuesta, Mashreq Action pidió acciones urgentes y concretas, incluyendo el establecimiento de mecanismos de justicia y reconciliación disponibles para todos los sirios, una plataforma nacional para el diálogo intercomponente inspirada en iniciativas como el Monasterio Mar Moussa, y estructuras internacionales de financiación dedicadas a la protección de la diversidad étnica y religiosa. También propone la creación de un fondo, que podría ser apoyado por la Unión Europea, destinado a apoyar la sostenibilidad de los servicios públicos prestados por las comunidades cristianas y que actualmente está financiado únicamente por iglesias.

«Estas propuestas pretenden enviar un mensaje positivo a los socios que se sienten abandonados. No podemos controlar a las fuerzas de seguridad, pero aún podemos hacer algo. Está en juego toda la existencia de estas comunidades.»

Para los cristianos sirios, la supervivencia ya no consiste solo en reconstruir iglesias o escuelas, sino en la cuestión de si un futuro compartido y pluralista sigue siendo posible, y si el mundo sigue dispuesto a prestar atención antes de que esta antigua presencia histórica desaparezca en el olvido.

En un pueblo libanés de la costa, una antigua cueva mantiene viva la fe

KABBA AL-BATRUNIYEH, Líbano — En el borde del Mediterráneo, donde los acantilados de arenisca se ablandan en pinos y matorrales, un sendero estrecho conduce a una cueva que ha resistido silenciosamente al tiempo, la erosión y el olvido. Conocida como la Cueva de San Juan Crisóstomo, se encuentra sobre el mar en Kabba al-Batruniyeh, un pequeño pueblo en el distrito de Batroun, al norte del Líbano, que es testigo de siglos de oración, memoria y presencia humana mucho más antiguas que la historia registrada. 

La cueva es más que una formación geológica. Tallado en arenisca friable, rodeado de antiguas tumbas excavadas en la roca conocidas como «nawawis», cuenta dos historias que se superponen: una de la primera ocupación humana que puede remontarse a miles, quizás millones, de años, y otra de fe cristiana enraizada con terquedad en esta tierra.

Para la comunidad ortodoxa griega (Rûm) local, la cueva es un lugar sagrado. Está dedicado a San Juan Crisóstomo, «el de Boca Dorada», uno de los teólogos y predicadores más influyentes del cristianismo, cuya liturgia sigue siendo la base del culto ortodoxo hoy en día. Su día festivo, que se celebra cada año el 13 de noviembre, atrae a los creyentes de Kabba y de las aldeas vecinas a pie, tal como hacían sus antepasados.

«Esta cueva nunca fue para construir algo nuevo», dijo Samih Roueihab a Rania Zahra Charbel de Suroyo TV Lebanon, la ingeniera que supervisó modestos esfuerzos de restauración. «Se trataba de proteger lo que ya existía.» 

Hasta hace poco, llegar a la cueva significaba abrirse paso entre una maleza densa y una maleza espinosa. Con la bendición del metropolitano Mor George Khodr y el apoyo de la parroquia local, se despejó la zona circundante, se instaló una entrada sencilla y se niveló el terreno. La cueva en sí quedó intacta, sin cemento, sin intervención moderna, honrando tanto su fragilidad como su historia. 

Dentro, el espacio es austero. Un iconostasio, alineado hacia el este según la tradición ortodoxa, enmarca un pequeño altar. Los iconos, trasladados desde la iglesia del pueblo, se han mantenido notablemente intactos a pesar de la exposición de la cueva al viento, la lluvia y el sol, un detalle que los residentes describen discretamente como providencial. 

Lo más misterioso que permanece es el icono más antiguo de la cueva, San Juan Crisóstomo. Se desconoce su antigüedad. Sus orígenes no están documentados. Sin embargo, su presencia es lo que dio nombre a la cueva hace generaciones. 

«Este lugar siempre ha sido visitado», dijo Roueihab. «La gente venía a pie, mucho antes que las carreteras o los coches. Vinieron a rezar, a encender velas, a recordar.» 

Los acantilados circundantes están llenos de una docena o más de cámaras talladas a mano, cada una de apenas un metro de ancho. Algunos creen que eran nichos funerarios usados por antiguos habitantes; otros sugieren que servían como puestos de vigilancia para vigilar la costa y la cercana fortaleza de Mseilha. No existe una respuesta definitiva. Incluso geólogos visitantes de la Universidad de Balamand solo pudieron ofrecer conclusiones parciales. 

Cada año, la fiesta de San Juan Crisóstomo transforma el lugar. Tras las oraciones vespertinas, los fieles se reúnen para una comida compartida, una tradición de larga data de «ma’idat mahabbah», la mesa del amor, donde se intercambian comida, historias y saludos. Es una celebración menos ritual que de pertenencia. 

El propio Kabba refleja ese espíritu. Es el primer pueblo costero del distrito de Batroun, conocido por su hospitalidad y diversidad religiosa. Junto a la cueva hay iglesias dedicadas a la Virgen María, la Salvadora, San Jacobo del pueblo maronita siríaco y otros lugares históricos que anclan discretamente la identidad del pueblo.



En los meses de verano se celebran liturgias adicionales. Las familias bautizan a sus hijos en la pila bautismal de piedra de la cueva. Los visitantes llegan en autobús, a veces varias veces al mes, atraídos por el paisaje, el silencio y la sensación de continuidad. 

La vida de San Juan Crisóstomo, relatada durante las celebraciones, resuena profundamente aquí. Nacido en Antioquía en el seno de una familia militar pagana, criado por una madre cristiana, renunció a la riqueza y el poder, defendió a los pobres, combatió la corrupción y la herejía teológica, y pagó sus convicciones con el exilio y el sufrimiento. 

«Hoy, más que nunca, necesitamos su voz», dijo Maggy Amil Elias, quien documentó el lugar y sus tradiciones. «Una voz por la justicia, la verdad y la dignidad de los oprimidos.» 

Mientras Líbano lucha con la incertidumbre, lugares como la Cueva de San Juan Crisóstomo perduran, no como reliquias, sino como testimonios vivientes. Piedra y arena, oración y memoria, resistiendo el tiempo. Desde Kabba al-Batruniyeh, el mensaje es tranquilo pero firme, la fe aquí no es ornamental. Está tallada en la roca.

La ciencia y el alma: El intelecto humano y el pensamiento abstracto.

Introducción

Mucha gente moderna piensa que la idea de un «alma» es anticuada, supersticiosa o absurda, y desde luego no científica. ¿Pero realmente entienden lo que significa alma en el pensamiento cristiano? Sin duda, algunos lo asocian con imágenes que veían de niños en viejos dibujos animados, donde cada vez que un personaje moría, una copia espectral flotaba libre y se elevaba hacia las nubes, batiendo alas y sosteniendo un arpa. La noción caricaturesca del alma es que es solo otro cuerpo, aunque compuesto por materia fantasmal más etérea. De hecho, hubo científicos en el pasado que intentaron sopesar el alma comparando el peso de los seres humanos justo antes y después de la muerte. En el mismo nivel de sofisticación, el cosmólogo ateo Sean Carroll imaginó que si existiera un alma, tendría que estar hecha de algún tipo de «partículas espirituales». Por supuesto, son ideas absurdas, pero no tienen relación con lo que el pensamiento cristiano supone que es el alma humana.

Lo que caracteriza a los seres «espirituales» en la filosofía y teología católicas es que poseen «intelecto y voluntad» y, por tanto, racionalidad y libertad. Se entendía que estos poderes trascendían las capacidades de cualquier cosa puramente material, de lo que se deduce que debe existir un aspecto o componente de un ser humano que sea materiales decir, no reducible a materia. Este aspecto o componente de un ser humano tradicionalmente se ha denominado «alma espiritual» o «alma racional».

Este artículo se centrará en el intelecto humano y ciertas de sus capacidades, y si pueden explicarse en términos puramente físicos y mecanicistas, como creen los materialistas, o si trascienden el nivel de la materia de alguna manera.

Entre las capacidades fundamentales del «intelecto» humano se encuentran la comprensión conceptual y el juicio racional. La primera es la capacidad de comprender los significados de conceptos abstractos y de proposiciones que los contienen, mientras que la segunda es la capacidad de juzgar la adecuación de esos conceptos y la verdad de esas proposiciones. En consecuencia, la primera parte de este artículo tratará sobre la comprensión de conceptos abstractos y la segunda parte sobre juzgar la verdad.

Comprender el significado de conceptos abstractos

¿Qué queremos decir con conceptos «abstractos»? Quizá eso sea más fácil de entender con ejemplos. Si piensas en una persona en particular, no piensas de forma abstracta, pero si piensas en «personas» en general, sí lo haces. Conceptos abstractos como «persona», «justicia» o «triangularidad» son lo que los filósofos llaman «universales». La palabra «triangularidad», por ejemplo, es universal porque no se refiere a este o aquel objeto triangular, sino que se aplica a todos los objetos triangulares reales o posibles. De hecho, puede entenderse al margen de cualquier ejemplo concreto de triangularidad. Cuando pensamos en un universal aparte de cualquier objeto particular, estamos inmersos en un pensamiento verdaderamente abstracto.

Por tanto, el pensamiento abstracto tiene, en cierto sentido, un alcance ilimitado. Trasciende lo que hay aquí y ahora y las particularidades de objetos específicos mediante el uso de conceptos que son infinitos en alcance. Por esta razón, una tradición filosófica que se remonta al menos a Aristóteles,1 ha argumentado que nada que sea meramente material puede participar en el pensamiento abstracto. Es cierto que un sistema material puede ejemplificar — o en jerga filosófica «instanciar» — un universal; Por ejemplo, un trozo de madera o una porción de pastel podría tener una forma triangular. Pero un sistema material finito no puede ejemplificar todas las formas de ser triangular (pues hay infinitas formas triangulares diferentes) y, por tanto, no podría abarcar en sí mismo el significado completo del concepto de «triángulo». O considera el concepto de una «curva» matemática. Curvas particulares pueden ejemplificarse, por ejemplo, por la forma de un trozo de alambre doblado o el camino de un proyectil, pero ningún objeto o sistema material finito puede ejemplificar a la vez todas las curvas matemáticas.

El argumento es que el cerebro humano, al ser un sistema material finito, no puede abarcar en sí mismo el significado completo de un concepto abstracto. Puede contener imágenes que ilustran conceptos abstractos. Incluso puede tener palabras o símbolos almacenados que «representan» conceptos abstractos. Pero el significado o contenido de un concepto abstracto no puede contenerse en él. Por tanto, debe existir algún componente no material en la mente humana que les permita pensar de forma abstracta.

¿Y qué pasa con las mentes no humanas? El filósofo Mortimer Adler, en su libro Intelecto, sostenía que no hay evidencia científica de que ningún animal que no sea humano pueda entender los universales.2 Admitió que hay algunos hechos que podrían sugerir lo contrario. Por ejemplo, incluso algunas especies de peces pueden distinguir entre un objeto cuadrado y un objeto circular. Sin embargo, esto no es un ejemplo de pensamiento abstracto verdadero, según Adler, sino más bien lo que él llamó «abstracción perceptual». Estos peces solo pueden reconocer un círculo cuando se les presenta un objeto circular. En otras palabras, la «abstracción» está estrechamente ligada a un acto perceptivo. En cambio, los seres humanos pueden participar en lo que Adler llamó «abstracción conceptual». Pueden pensar en la redondez o cuadratura en general, aparte de cualquier objeto percibido. Pueden relacionar estos conceptos con otros conceptos, hacerlos matemáticamente precisos e incluso demostrar teoremas sobre ellos.

En este punto, un materialista podría sentirse tentado a objetar que los ordenadores también pueden demostrar teoremas, y por tanto (dado que los ordenadores son objetos materiales) Adler debió estar equivocado. Pero esto plantea la cuestión de si un ordenador realmente «entiende» lo que está haciendo. Manipula símbolos, y esos símbolos significan algo para el programador humano. ¿Pero significan algo para el propio ordenador? ¿Sabe si los símbolos que imprime se refieren a círculos y cuadrados en lugar de rocas y árboles? ¿Sabe que está diciendo algo significativo? Los símbolos o «bits» que manipula pueden representar (en la mente de alguien — pero no en la del ordenador) conceptos, pero los símbolos y bits no son, en sí mismos, conceptos.

Algunos materialistas podrían responder que un ordenador puede entender, porque «entender» información no significa más que poder usarla, actuar de manera apropiada sobre la base de ella. Podrían decir que si un robot utiliza información de sensores para evitar chocar contra una mesa, «entiende» (a todos los efectos prácticos) que la mesa está ahí. Sin embargo, parece que la comprensión conceptual abstracta es algo más que esto. Hay muchas cosas que entendemos y que no tienen relevancia particular para nuestro comportamiento. Tenemos conocimientos que no podemos aplicar de forma práctica. Si entendemos algo sobre la topología de formas en seis dimensiones, por ejemplo, ¿cuál es el comportamiento apropiado que se deduce de esa comprensión? No vivimos en seis dimensiones.

La idea de que un ordenador «entiende» si puede utilizar la información conduciría a conclusiones bastante extrañas. Una cerradura de puerta común tiene «información» codificada mecánicamente en su interior que le permite distinguir una llave de la forma correcta de llaves de otras formas. Utiliza esa información para reaccionar de forma adecuada cuando se introduce y gira la llave correcta: el mecanismo de la cerradura tira del cerrojo y permite que la puerta se abra. ¿La cerradura entiende algo? La mayoría diría que no. Aunque la cerradura, en cierto sentido, podría decirse que «reconoce» las llaves con forma correcta, no entiende las formas más de lo que el pez las entiende. Ninguno de los dos puede entender un concepto universal. Sin embargo, algunos materialistas creen que incluso los sistemas físicos muy simples y no vividos tienen atributos mentales. Por ejemplo, el hombre que inventó la expresión «Inteligencia Artificial», John McCarthy, escribió que «máquinas tan simples como los termostatos pueden decirse que tienen creencias.» 3

Al hablar de termostatos, McCarthy no estaba eligiendo un ejemplo al azar. Un termostato puede considerarse un cerebro muy sencillo. Porque, así como el cerebro de un animal recibe información sobre el mundo que le rodea a través de órganos sensoriales, un termostato tiene un sensor que le indica la temperatura en un lugar concreto, como el salón de una casa. Y así como el cerebro de un animal controla un cuerpo, diciéndole cómo reaccionar a su entorno, un termostato controla algún aparato, normalmente un dispositivo de calefacción o refrigeración. Podríamos decir, entonces, que un termostato «detecta» una característica de su entorno y responde a ella. Y por lo tanto, podríamos, en un sentido muy amplio, atribuir a los termostatos «sensación», «percepción» e incluso «cognición». Sin embargo, sigue siendo cierto que un termostato no puede comprender conceptos universales ni ideas abstractas. Para resumir, un termostato no entiende la termodinámica.

¿Qué son los conceptos abstractos?

El argumento hasta este momento ha sido que el materialismo tiene dificultades para explicar cómo la mente humana puede entender el «significado» de conceptos abstractos o «universales», porque los universales tienen un alcance infinito, por así decirlo, mientras que los sistemas materiales, incluido el cerebro humano, son finitos.

Pero hay una pregunta aún más básica para el materialismo: ¿qué son los conceptos abstractos? Abordemos esto en el contexto de las matemáticas, donde los conceptos abstractos son relativamente precisos y claramente definidos. Empecemos con algo aparentemente bastante sencillo, los conceptos llamados «contar números» y, para ser específicos, el número 4.

Una cosa que es obvia es que el número 4 no es un objeto material. Pero quizá pueda entenderse como una característica o aspecto de los objetos materiales. El número 4 en sí no está hecho de materia, pero sí una mesa de cuatro lados, y 4 piedras, y un animal de cuatro patas. Desde esta perspectiva, cuando pensamos en «4», en realidad estamos pensando en cosas o grupos de cosas en el mundo físico que, de alguna manera, tienen una cuatro-realidad.

Aunque esta visión es plausible para números de conteo pequeño como el 4, se encuentra con serias dificultades con otros tipos de números, como pi. Se pueden tener 4 vacas, pero no se pueden tener vacas pi; Y se puede tener una mesa de 4 caras, pero no una mesa de pi. Por supuesto, en cierto sentido, se puede tener una tabla con lados pi: una mesa circular cuyo diámetro es de un metro tendrá una circunferencia de pi metros. ¿Entonces se podría pensar pi simplemente como una propiedad de los objetos materiales, y específicamente de los objetos que son circulares?

Parece ser una idea común. Si le preguntas a «el hombre de la calle» qué es el investigador principal, puede que te dé esta respuesta. Pero en realidad no puede ser. Un problema es simplemente que no existen objetos exactamente circulares en el mundo físico; y para un objeto que no es exactamente circular, la proporción de circunferencia respecto al diámetro no es pi (excepto para formas muy especiales que son tan improbables de existir en la Naturaleza como círculos exactos). Puede que esté cerca de pi, pero cerca de pi no es pi, al menos no el pi del matemático. No obstante, pi al menos tiene alguna conexión con formas que vemos aproximadas en el mundo físico. Sin embargo, la mayoría de los números ni siquiera tienen este vínculo con el mundo de la materia. Consideremos, por ejemplo, el número 0,1011000111110000111111… (El patrón es claro: un 1, uno 0, dos 1, dos 0, tres 1, tres 0, etc.) Este es un número bien definido y definido, pero no tiene ninguna relación con ninguna forma o figura que se encuentre en el mundo físico. Tampoco lo harán la mayoría de los otros números, como el 17ésimo-Raíz de 93.

El materialista se queda con un problema. Si los números y otros conceptos matemáticos no son ni cosas materiales ni siquiera solo aspectos o propiedades de las cosas materiales, ¿entonces qué son? La única respuesta que tenía sería que son cosas mentales, cosas que existen en la mente. Las matemáticas son, al fin y al cabo, una actividad mental. Sin embargo, esto plantea la cuestión de qué es una «mente» y qué son las «cosas mentales».

Para el no materialista, las mentes y las ideas que contienen pueden ser reales sin ser totalmente reducibles a la materia o al comportamiento de la materia. Para el materialista, sin embargo, no puede haber nada en nuestra mente más que el funcionamiento de nuestro sistema nervioso central. En las memorables palabras de Sir Francis Crick, «no sois más que una manada de neuronas.» 4 En consecuencia, para un materialista, se deduce que «una explicación de la mente … debe ser, en última instancia, una explicación en términos de cómo funcionan las neuronas», para citar a Sir John Maddox, el antiguo editor de la revista científica Nature.5 Ahora bien, si decimos que los conceptos abstractos, como el número pi, existen solo en las mentes, y si también decimos, con el materialista, que las mentes son solo el funcionamiento de las neuronas, entonces nos quedamos en la extraña posición de decir que los conceptos abstractos no son en sí mismos más que patrones de neuronas activándose en el cerebro. No, ojo, simplemente que nuestras neuronas se activen cuando pensamos o entendemos estos conceptos, o que la activación de las neuronas juega un papel esencial en nuestros procesos de pensamiento, sino que los conceptos abstractos sobre los que pensamos son en sí mismos ciertos patrones de neuronas activándose en el cerebro, y nada más que eso. De hecho, una reseña de libro hace algunos años contenía la afirmación: «Los números son … creaciones neurológicas, artefactos de la forma en que el cerebro analiza el mundo.» 6 El autor de esa afirmación resumía las opiniones de un «científico cognitivo» que había escrito un libro subtitulado «Cómo la mente crea las matemáticas» (con el que realmente se refería, por supuesto, a «cómo el sistema nervioso central humano crea las matemáticas»).7

Para el materialista consistente, entonces, el número pi no puede ser otra cosa que un patrón de descargas de células nerviosas. Por tanto, no tiene más estatus que un dolor de muelas o el sabor de las fresas. Esta es una idea que a muchas personas que se dedican extensamente a las matemáticas abstractas les costaría aceptar. El número pi le parece al matemático algo más que una sensación o un artefacto neurológico. No es una experiencia privada e incomunicable, como un dolor de muelas; es un concepto preciso, definido y de filo duro, con relaciones lógicas con otros conceptos igualmente precisos. Es algo que se puede calcular con precisión arbitraria — en marzo de 2024 se había calculado hasta 105 billones de decimales. Tiene propiedades notables y sorprendentes, que el matemático siente que está descubriendo en lugar de generando neurológicamente.

Por tomar solo algunos ejemplos, la suma de la serie infinita de fracciones 1 – 1/3 + 1/5 – 1/7 + 1/9 – 1/11 + … es exactamente pi/4, y la suma de la serie infinita 1 + (1/2)2 + (1/3)2 + (1/4)2 + … es exactamente (pi)2/6. Pero, ¿cuáles son estas afirmaciones matemáticas precisas y hermosas? Según el materialista constante, ellos también son «creaciones neurológicas». No solo el propio pi, sino la afirmación «1 – 1/3 + 1/5 – 1/7 + 1/9 – 1/11 + … = pi/4» no es más que un patrón de neuronas activándose en el cerebro de alguien. Las neuronas que disparan en el cerebro de alguien de cierta manera pueden llevarle a escribir ciertas cifras en un papel o pizarra (como la fórmula «1 – 1/3 + 1/5 – 1/7 + 1/9 – 1/11 + … = pi/4»), y esas formas en papel o pizarra pueden a su vez estimular a las neuronas del cerebro de otra persona a activarse en ciertos patrones. Pero ya sean patrones de tinta sobre papel, de tiza en la pizarra, o de neuronas activándose en cerebros, los conceptos, para el materialista consistente, son solo patrones que existen en algún sistema material.

Algunos materialistas podrían sentirse tentados a explicar su postura diciendo que estos patrones físicos en el papel o en el cerebro «significan» algo. Sin embargo, decir que un patrón «significa» algo es decir que representa algunas ideas: los significados son ideas que las mentes entienden. Y desde el punto de vista materialista, decir que un «significado» está siendo «entendido» por una «mente» es, en última instancia, no decir más que que algún patrón de impulsos eléctricos está ocurriendo en un cerebro. El materialista no puede ir más allá de los patrones para llegar a los «significados» de los mismos, porque los significados en sí mismos no son más que patrones en el cerebro.

He usado el número pi como ejemplo, pero podría haber usado cualquier otro concepto abstracto, ya fuera matemático o no. Sin embargo, dado que las matemáticas son el ámbito del pensamiento abstracto más puro y también el lenguaje de la ciencia física, son especialmente relevantes para nuestra discusión. Porque, si reducimos las ideas matemáticas a neuronas activándose, reducimos todo el pensamiento científico a neuronas activándose. ¿Qué es la Teoría de la Relatividad? ¿Qué es la teoría cuántica? ¿Qué es la ecuación de Schrödinger? ¿Qué son las ecuaciones de Maxwell del electromagnetismo? ¿Solo neuronas activándose? ¿Cuáles son las afirmaciones que hacen los físicos teóricos, como «Los observables son operadores hermitianos actuando en un espacio de Hilbert», o «Todas las superficies de Cauchy para un espacio-tiempo son difeomorfas», o «Las teorías de gauge rotas espontáneamente son renormalizables»? ¿Nada más que patrones de impulsos nerviosos? ¿Garabato en una página? Es el absurdo de este tipo de conclusión lo que sirvió de base para la incisiva crítica al materialismo hecha por Karl Popper, el eminente filósofo de la ciencia, especialmente en sus obras posteriores.8

A la mayoría de la gente no le gustan mucho las matemáticas y la física y quizás estaría igual de feliz de pensar en ellas como fenómenos peculiares que ocurren en el sistema nervioso de un pequeño grupo de personas peculiares. (No es de extrañar que la mayoría de los matemáticos y físicos teóricos no compartan esta visión.) Pero no solo están en juego los conceptos de matemáticas y física; todos los conceptos están en juego, incluidos los de biología, neurociencia y, de hecho, los conceptos del científico cognitivo que acabo de mencionar, que piensa que los números son «creaciones neurológicas». Los científicos cognitivos hablan, por ejemplo, de neuronas. Pero la «neurona» en sí es un concepto abstracto que surgió de las investigaciones de los biólogos. Para el materialista, entonces, incluso el concepto de «neurona» no es más que una creación neurológica; También es un patrón de neuronas activándose en el cerebro de alguien. Si esto suena a círculo vicioso, lo es. Explicamos ciertos fenómenos biológicos usando el concepto abstracto de «neurona» y luego procedemos a explicar el concepto abstracto de «neurona» como un fenómeno biológico — de hecho, un fenómeno biológico producido por la actividad de las neuronas. Lo que estamos observando aquí es la serpiente de la teoría comiéndose su propia cola, o más bien su propia cabeza. La propia teoría que dice que las teorías son neuronas disparándose no es más que neuronas disparando.

Este es un ejemplo de lo que G.K. Chesterton llamó «el suicidio del pensamiento». 9 Todo el entendimiento humano, incluido todo el conocimiento científico, se reduce al estatus de procesos electroquímicos en un órgano del cuerpo de un determinado mamífero. En palabras de un artículo de Newsweek, «Pensamientos … no son simples fachas, efímeros sin fisicalidad. Son, en cambio, señales eléctricas.» 10

¿Por qué debería alguien creer al materialista, entonces? Si las ideas son solo patrones de impulsos nerviosos, ¿cómo se puede decir que cualquier idea (incluida la propia idea del materialismo) es superior a cualquier otra? Un patrón de impulsos nerviosos no puede ser más verdadero ni menos verdadero que otro, igual que un dolor de muelas no puede ser más verdadero o menos cierto que otro dolor de muelas.

[Este artículo está adaptado del capítulo 21 del libro del autor Modern Physics and Ancient Faith, University of Notre Dame Press (2003).]

Referencias

1. Según Aristóteles, la mente humana, en contraste con la mente de los animales no racionales, tiene un componente inmaterial, al que llamó intelecto activo (Nous). «El intelecto activo abstrae las formas de las imágenes [mentales] o fantasmas, que, al ser recibidos en el intelecto pasivo, son conceptos reales.» Frederick J. Copleston, SJ, Historia de la filosofía, Vol. 1, Pt. II, p. 71.

2. Mortimer J. Adler, Intelecto: Mente sobre materia (Nueva York: Macmillan Publishing Co., 1990), cap. 4.

3. John McCarthy, «Atribuir cualidades mentales a las máquinas», en Philosophical Perspectives on Artificial Intelligence, ed. Martin Ringle (Atlantic Highlands, NJ: Humanities Press, 1999).

4. Francis Crick, La asombrosa hipótesis: La búsqueda científica del alma (Nueva York: Charles Scribner’s Sons, 1994), p. 3.

5. John Maddox, Lo que queda por descubrir: Mapeando los secretos del universo, los orígenes de la vida y el futuro de la raza humana (Nueva York: The Free Press, Simon and Schuster, Inc., 1998), p. 281.

6. George Johnson, «¿Sigue el universo la ley matemática?», The New York Times, 10 de febrero de 1998.

7. Stanislas Dehaene, El sentido numérico: Cómo la mente crea matemáticas (Oxford: Oxford University Press, 1997).

8. J.C. Eccles y K.R. Popper, El yo y su cerebro (Nueva York: Springer, 1977); K.R. Popper, Conocimiento y el problema mente-cuerpo: en defensa de la interacción (Londres: Routledge, 1994).

9. G.K. Chesterton, Ortodoxia (Nueva York: Doubleday, 1959), p. 3.

10. Sharon Begley, «Pensar lo hará así», Newsweek, 5 de abril de 1999, p. 64.

Fotografía:  «Edmond Duranty (1833-1880)» Dibujo de Edgar Degas. [Información sobre derechos de autor en https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Edmond_Duranty_(1833%E2%80%931880)_MET_DP813399.jpg]

Cuidar las voces y los rostros humanos

Roma (Agencia Fides) – El lunes 29 de septiembre de 2025, el Dicasterio para la Comunicación anunció el tema elegido por el Papa León XIV para la 60ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales: «Cuidar las voces y los rostros humanos».

Ante la rápida expansión de la tecnología de la inteligencia artificial y los riesgos que conlleva, no es de extrañar que la Iglesia católica sienta la urgencia de abordar sus posibles desarrollos potencialmente peligrosos.

Esta urgencia está claramente presente en las preocupaciones del papa León XIV desde el comienzo de su pontificado. Incluso su elección del nombre como obispo de Roma indica un paralelismo deliberado con el pontificado de su predecesor León XIII. De hecho, León XIV ha comparado esta «revolución industrial» en la era de la inteligencia artificial con la que tuvo lugar durante el pontificado del papa León XIII, quien «en su histórica encíclica Rerum Novarum abordó la cuestión social en el contexto de la primera gran revolución industrial». Hoy, según el actual pontífice, la Iglesia se enfrenta a otra revolución industrial «en el campo de la inteligencia artificial, que plantea nuevos retos para la defensa de la dignidad humana, la justicia y el trabajo».

El papa León XIV no duda en expresar su cautela con respecto a la IA. Durante una entrevista con la periodista de Crux, Elise Ann Allen, el Papa reveló que se había solicitado autorización para crear una versión artificial de él «para que cualquiera pudiera acceder a este sitio web y tener una audiencia personal con el Papa». El papa León rechazó categóricamente la idea. Destacó la importancia del vínculo humano orgánico, explicando que «nuestra vida humana tiene sentido no gracias a la inteligencia artificial, sino gracias a los seres humanos y al encuentro, al estar juntos, al crear relaciones y al descubrir en esas relaciones humanas también la presencia de Dios. Será muy difícil descubrir la presencia de Dios en la IA. En las relaciones humanas podemos encontrar al menos los signos de la presencia de Dios».

Esto no significa que debamos negar el valor de la tecnología en la difusión del Evangelio. El recientemente canonizado Carlo Acutis utilizó la tecnología como medio para evangelizar. En 2005, el joven adolescente desarrolló un sitio web para documentar los diversos milagros eucarísticos que habían tenido lugar en todo el mundo, convencido de que las pruebas científicas a favor de estos milagros atraerían a las personas a la fe católica. Carlo Acutis es un excelente ejemplo de cómo debe utilizarse la tecnología, es decir, como un medio para hacer el bien.

Sin embargo, hay que ser consciente de los límites de la IA y tener en cuenta que se trata simplemente de una herramienta, una herramienta que no puede ni podrá sustituir nunca a los seres humanos a través de los cuales Dios obra. Como ha señalado el Dicasterio para la Comunicación, «aunque estas herramientas ofrecen eficiencia y un amplio alcance, no pueden sustituir las capacidades exclusivamente humanas de empatía, ética y responsabilidad moral. La comunicación pública requiere juicio humano, no solo patrones de datos. El reto es garantizar que la humanidad siga siendo el agente rector. El futuro de la comunicación debe garantizar que las máquinas sean instrumentos al servicio y en conexión con la vida humana, y no fuerzas que erosionen la voz humana».

Algunos entusiastas de la IA sostienen que, gracias a su rápida evolución, podría llegar a ser lo suficientemente inteligente como para explicar la doctrina católica y responder a las objeciones típicas, refiriéndose a los Doctores de la Iglesia, siempre que se programe con los datos adecuados para ello. Sin embargo, entender la misión de la Iglesia de difundir el Evangelio como una cuestión de gestión del flujo de información en forma de discurso computarizado significaría ignorar por completo el significado del Evangelio.

Comunicar la Verdad es sin duda esencial para la misión de la Iglesia, ya que acerca a las personas a Dios, pero esto debe hacerse por amor y a través del amor, porque Dios es amor. Dios Padre manifestó su amor por su creación encarnándose en carne humana, como nos recuerda el Evangelio de Juan: «El Verbo se hizo carne y vino a habitar entre nosotros» (Jn 1,14); «Dios amó tanto al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga vida eterna» (Jn 3,16). De la Encarnación se puede aprender a comprender mejor la misión de la Iglesia.

En su Summa Theologiae, Santo Tomás de Aquino plantea la cuestión de la adecuación de la Encarnación: ¿es justo que Dios se encarne y era necesario para la restauración del género humano? Tomás responde que «parece muy apropiado que las cosas invisibles de Dios se den a conocer a través de las cosas visibles» (III, qu.1, a. 1). En otras palabras, dado que la naturaleza humana es tanto cuerpo como espíritu, el hombre adquiere el conocimiento de las «cosas invisibles de Dios» a través de lo visible. Así, al encarnarse, Dios manifiesta su amor por la humanidad, actuando como modelo perfecto que los seres humanos pueden imitar en el amor a Dios y al prójimo. De hecho, cómo observa Tomás de Aquino, entre otras razones enumeradas, la Encarnación de Dios era necesaria para el hombre «en lo que respecta al bien actuar, en el que con la encarnación Dios mismo se ha convertido en nuestro modelo» (III, q.1, a. 2). Así como Jesús no solo proclamó la Verdad, sino que vivió en consecuencia en el Amor, los misioneros deben difundir el Evangelio tanto con sus palabras como con sus acciones. De hecho, como subraya Tomás de Aquino en su obra Summa Contra Gentiles, «nada nos lleva a amar más a alguien que experimentar que él nos ama». Pues bien, Dios no podía mostrar más eficazmente su amor a los hombres que queriendo unirse al hombre con una unión personal: porque es propio del amor unir, en la medida de lo posible, al que ama con el amado» (Libro IV, Capítulo 54, a. 4).

La Encarnación de Dios fue la forma más eficaz de expresar su Amor, subrayando la importancia de la voz y la acción humanas en la difusión de la Palabra. Dios Padre no se limitó a las tablas de piedra entregadas a Moisés para revelarse a sí mismo y su Ley, sino que se encarnó entre sus hijos, del mismo modo que los cristianos no deben sustituir las relaciones personales con los demás por un robot dotado de inteligencia artificial para difundir la Palabra. Las relaciones solo pueden establecerse entre individuos, no con máquinas, y la Encarnación de Dios demuestra claramente su deseo de establecer una relación con su creación. De hecho, como escribe Tomás de Aquino: «Para que se estableciera una amistad más familiar entre el hombre y Dios, era conveniente que Dios se hiciera hombre, porque también naturalmente el hombre es amigo del hombre; “para que mientras conocemos a Dios visiblemente, seamos atraídos al amor de las cosas invisibles” [Misa del día de Navidad]» (Summa Contra Gentiles, Libro IV, Capítulo 54, a. 5).

Así como Dios buscó una relación de amor y amistad a través de su encarnación, los cristianos deben buscar el amor y la amistad con sus vecinos. Sin embargo, la inteligencia artificial no puede amar, no puede dar testimonio de la Verdad a través de sus funciones computacionales. Dios obra a través de los seres humanos para tocar los corazones, no a través de la IA, y si esta última sirve para difundir el Evangelio, es solo en la medida en que su uso está gobernado por la razón y la buena voluntad del hombre.

Por lo tanto, la conservación de las voces y los rostros humanos es esencial en la misión de la Iglesia de difundir la Buena Nueva, ya que el amor de Dios se expresa mejor a través de nuestras relaciones con los demás, como lo demuestra la Encarnación. Sin embargo, vale la pena señalar que Dios también se encarnó en relación con «la plena participación en la divinidad, que es la verdadera bienaventuranza del hombre y el fin de su vida. Y esa plena participación nos es conferida por la humanidad de Cristo» (Summa Theologiae III, q. 1, q. 2).

Como escribió San Atanasio, «Él se hizo hombre para que nosotros fuéramos divinizados» (Sobre la encarnación del Verbo, a. 54). Por la misma razón, Dios actúa a través de los seres humanos. Y como afirma Tomás de Aquino, esto «no se debe a la insuficiencia del poder de Dios, sino a la inmensidad de su bondad, por la cual quiso comunicar a las criaturas su propia semejanza, no solo comunicándoles la existencia, sino también confiriéndoles su ser como causa de otras cosas» (Summa Contra Gentiles, Libro III, Capítulo 70, Respuesta 2).
Por lo tanto, la conservación de las voces y los rostros humanos es tanto más necesaria no solo para que las almas sean amadas y salvadas, sino también para que los misioneros cristianos puedan participar en el designio divino de Dios para ellas.
(Por Marie Symington |Agencia Fides 17/11/2025)