Una de las verdades que se está volviendo más evidente para mí es que estamos llamados a una vida espiritual profunda, más allá de las prácticas religiosas habituales. Tenemos que ser conscientes totalmente y escuchar la voz de Dios que resuena en nuestro corazón. Sólo desde esa dimensión podemos hacer pleno el Evangelio y obrar en consecuencia. Paz y bien.