Trabajo digno

A veces es difícil ver el valor de nuestro trabajo. Damos mucho por sentado. Atrapados en la rutina, mucha gente se olvida de dar importancia a lo que hace, mientras otros luchan por encontrar un empleo remunerado.

El trabajo digno es un derecho del ser humano. Su negación es una de las mayores injusticias que se pueden cometer.

Paz y bien.

“Rogad al Señor que mande trabajadores a su mies” (san Mateo 9, 32-38).

Promover la paz desde el amor.

Necesitamos tener una relación correcta con las personas, para que otras personas puedan amarnos en niveles más profundos y para que nosotros también podamos amarlos. Nada más abre el espacio del corazón de una manera tan positiva y continua.

Para mantener abierto el espacio del corazón, precisamos algo de curación con respecto a las heridas que llevamos del pasado. Y todos tenemos esas heridas. Aquí es cuando sabemos que el trabajo que debemos hacer nos llevará a lugares a los que quizá no queramos ir.

Desde esa relación correcta y amorosa, promover la paz es todo menos un esfuerzo tranquilo y silencioso. Se necesita una mente clara, un espíritu firme y un alma valiente para intervenir entre personas cuyas emociones están tan excitadas que están dispuestas a destruirse unas a otras. Más que nunca esta tarea es prioritaria.

Paz y bien.

“Ánimo, hijo, tus pecados son perdonados” (san Mateo 9, 1-8).

(Foto: Pasaje Gutiérrez. Valladolid).

Vivir sin endeudarnos

El otro día un amigo mío, padre de familia y trabajador ejemplar me decía lo siguiente: «Nuestra norma de vida ha sido siempre no comprar nada que no podamos pagar al contado. Así, no tenemos piso en propiedad, ni coche ni otros artículos que superan nuestro nivel de ingresos. Vivimos bien, sin grandes necesidades. Nuestros hijos han crecido en un ambiente austero, pero sin privaciones. Hemos hecho lo mismo que cualquier familia; pero sin ese agobio económico de tener deudas. Creo que es la mejor estrategia contra el consumismo desenfrenado».

En clave teológica, si no podemos comprar algo es porque en realidad no lo necesitamos, no es preciso para nuestro bienestar y menos para nuestra alma.

Traigo este comentario porque se ha instalado en nuestra sociedad consumista la «compra a plazos», las hipotecas, los préstamos…, naturalmente para beneficio de bancos y otras «entidades de crédito»… una manera de control social muy eficaz.

Ahora en Xàtiva nos han instalado en pleno centro urbano una «feria del automóvil». Se trata de vender coches y, ¡cómo no!, en «cómodas mensualidades». Pura trampa mercantilista.

Paz y bien.

“¿Con qué compararemos el reino de Dios?” (San Marcos 4, 26-34)