Tiempos difíciles

Vivimos tiempos muy difíciles. A nadie se le escapa esta realidad. La actualidad internacional y nacional pueden provocar hastío, cansancio, incluso desinterés; pero los cristianos no debemos mantenernos ajenos al devenir del mundo. Por otra parte, surgen con frecuencia la apatía, la desgana, el sentimiento de inutilidad, el «tirar la toalla», la ansiedad y la depresión. El género humano es más débil que nunca; sin embargo, tenemos que mirar al mundo con la certeza de la salvación que nos proporciona Jesucristo. El Evangelio de hoy es muy apropiado para meditar sobre estas cuestiones.

Con mis mejores deseos de paz y bien, buen día.

«Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré.

Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera» (san Mateo 11, 28-30)

El viejo del bastón colorado

Durante los años que viví en el desierto hice muchas amistades, algunos eran beduinos morabitos, como así son conocidos los hombres que cultivan el misticismo del islam y el abandono de las cosas mundanas. Estos morabitos podrían ser el equivalente a los ermitaños cristianos. De ellos he aprendido numerosos aspectos que constituyen, en realidad, una forma de espiritualidad común a cristianos y musulmanes y que son, en mi opinión, el verdadero puente para el diálogo interreligioso. Me refiero a la mística del desierto.

Obtuve distintos frutos de este acercamiento personal a los morabitos, uno de ellos fue el enriquecimiento literario, otros relacionados con la amplitud de miras al tratar con representantes de otras tradiciones culturales. En cualquier caso, siempre resultó positivo.

En el Sahara entablé una hermosa relación fraterna con un hombre muy mayor, de unos 100 años, beduino cabrero, tremendamente sabio y sencillo. De tanto hablar quise recrear los últimos días de ese hombre y escribí un texto como si yo mismo fuera el beduino en cuestión. Lo titulé “El viejo del bastón colorado”.

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Trabajo digno

A veces es difícil ver el valor de nuestro trabajo. Damos mucho por sentado. Atrapados en la rutina, mucha gente se olvida de dar importancia a lo que hace, mientras otros luchan por encontrar un empleo remunerado.

El trabajo digno es un derecho del ser humano. Su negación es una de las mayores injusticias que se pueden cometer.

Paz y bien.

“Rogad al Señor que mande trabajadores a su mies” (san Mateo 9, 32-38).

Promover la paz desde el amor.

Necesitamos tener una relación correcta con las personas, para que otras personas puedan amarnos en niveles más profundos y para que nosotros también podamos amarlos. Nada más abre el espacio del corazón de una manera tan positiva y continua.

Para mantener abierto el espacio del corazón, precisamos algo de curación con respecto a las heridas que llevamos del pasado. Y todos tenemos esas heridas. Aquí es cuando sabemos que el trabajo que debemos hacer nos llevará a lugares a los que quizá no queramos ir.

Desde esa relación correcta y amorosa, promover la paz es todo menos un esfuerzo tranquilo y silencioso. Se necesita una mente clara, un espíritu firme y un alma valiente para intervenir entre personas cuyas emociones están tan excitadas que están dispuestas a destruirse unas a otras. Más que nunca esta tarea es prioritaria.

Paz y bien.

“Ánimo, hijo, tus pecados son perdonados” (san Mateo 9, 1-8).

(Foto: Pasaje Gutiérrez. Valladolid).