Sobre la doctrina social de la Iglesia

Mucha gente se siente perdida ante la doctrina social católica. La ironía es incisiva: no es que la Iglesia guarde su tradición de justicia social en las sombras, sino que frecuentemente carecemos de los ojos para verla. No la buscamos a través del prisma de la enseñanza eclesial, sino del nuestro propio —el de nuestras tradiciones políticas y culturales. Invertimos el orden: evaluamos la Iglesia a la luz de nuestra política, cuando deberíamos evaluar nuestra política a la luz de la Iglesia.

En este texto quiero desplegar los fundamentos de la doctrina social católica e invitarte a experimentar una visión transformada: ver el mundo mediante los ojos de la Iglesia.

Cuatro Pilares

Imagina la doctrina social de la Iglesia como un trono sostenido por cuatro pilares: la dignidad de la persona humana, el bien común, la subsidiariedad y la solidaridad.

Como toda estructura que aspira a perdurar, estos pilares deben poseer igual longitud y resistencia. Los cuatro pilares de la doctrina social católica son igualmente vitales. Existen en una armonía que refleja la mente divina y cometemos un grave error cuando los enfrentamos entre sí.

La Dignidad de la Persona Humana

El primer principio brota de dos verdades reveladas en las Escrituras:

a) Los seres humanos están hechos a imagen y semejanza de Dios. b) Jesucristo fue crucificado y resucitado para la salvación de todo ser humano, sin excepción alguna.

De esto se deduce una verdad luminosa: los humanos, moldeados a imagen divina, son sagrados desde la concepción hasta la muerte natural, destinados a la felicidad eterna con Dios.

Por consiguiente, toda persona merece honor. No por su riqueza, apariencia, color de piel, linaje, inteligencia, estado mental o físico, edad, nacionalidad, creencia o incredulidad, orientación sexual, género, ni por nada que haga o deje de hacer. La dignidad no se compra ni se gana. Existe por una razón única y luminosa: porque estamos hechos a imagen de Dios. Y esto permanece verdadero incluso si esa persona niega a Dios. La dignidad no depende de la creencia; es inherente al ser.

Puesto que nuestra dignidad no emana de nuestros actos, tampoco puede ser arrebatada por ellos. En la creación, solo nosotros somos hechos a imagen divina. De aquí surge una de las doctrinas más radicales —apenas comprendida por los propios católicos—: el ser humano es la única criatura en la tierra que Dios quiso para sí mismo (Gaudium et Spes, 24).

Esto significa algo revolucionario: ningún ser humano es un medio para un fin. Nadie puede ser sacrificado en el altar de un sistema. Por tanto, todos los sistemas —políticos, militares, económicos, científicos, religiosos, filosóficos, eclesiásticos— existen para servir a la persona, no al contrario.

Pero aquí emerge el conflicto. Como observó G.K. Chesterton: «Los hombres no difieren mucho sobre lo que llamarán males; difieren enormemente sobre qué males considerarán excusables.» Así, se ejerce una presión constante sobre los católicos para descubrir categorías de humanos prescindibles —sacrificables en aras de algún sistema político, social o económico.

En ciertos círculos, esa presión nos impulsa a ver a los no nacidos, enfermos y ancianos como desechables. En otros, a los de piel oscura, a los pobres, al refugiado. Y frecuentemente, quienes defienden un grupo utilizan la dignidad de ese grupo como un arma contra otro. Pero para quien piensa con la Iglesia, las realidades son simples: lo que mata a las personas es un ataque contra la vida.

Por eso la Iglesia (en la encíclica Evangelium Vitae) insiste en que son cuestiones provida: la guerra, la tortura, la mutilación, la coerción de la voluntad, la violencia, el asesinato, el encarcelamiento arbitrario, la devastación ambiental, la pena capital, la deportación, la enfermedad, la falta de recursos sanitarios, el abuso de drogas, el hambre, las condiciones laborales degradantes, la pobreza, la esclavitud, las viviendas inhumanas, el suicidio, la eutanasia, la prostitución, la anticoncepción artificial, el abuso sexual, la promiscuidad, la esterilización.

Un católico puede especializarse —como los dominicos en la predicación o los benedictinos en la contemplación— en defender específicamente a los no nacidos. Eso es legítimo. El problema surge cuando enfrentamos la defensa del no nacido contra todas las otras formas de vida humana amenazadas y declaramos que esas otras vidas son secundarias. No lo son. Todas importan. Y porque todas importan, la dignidad humana nos arrastra inevitablemente hacia el segundo pilar.

El Bien Común

La idea fundamental del bien común es tanto lógica como compasiva: si cada persona está hecha a imagen y semejanza de Dios, entonces todas lo están. Por tanto, debemos ser más provida, no menos.

Dos imágenes bíblicas iluminan este concepto: Abraham del Antiguo Testamento y el cuerpo de Cristo del Nuevo.

Abraham es elegido por Dios con un propósito significativo: «en ti serán benditas todas las familias de la tierra» (Gálatas 3:8). Las «familias» son los gentiles, los pueblos lejanos, los no elegidos. Una verdad bíblica fundamental emerge: los elegidos son elegidos por los no elegidos. Esta verdad alcanza su expresión más profunda en Pablo: Jesús, el elegido, «se empobreció siendo rico, para que vosotros por su pobreza fueseis enriquecidos» (2 Corintios 8:9). Nos llama, entonces, a ver todo lo que poseemos como un don —material o espiritual— confiado a nuestras manos para beneficio de otro.

La enseñanza de Jesús aquí es radical. No solo nos ordena «dar al que pide» (Mateo 5:42), sino asegurar que no pueda devolvérnoslo (Lucas 14:12-14). Jesús nos presenta una visión recurrente: nuestras posesiones solo tienen valor cuando fluyen hacia quienes las necesitan más que nosotros. San Juan Crisóstomo lo expresó con claridad: «Los ricos existen para bien de los pobres. Los pobres existen para salvación de los ricos.»

Aquí reside una distinción crucial: el bien común es fundamentalmente una cuestión de justicia, no de caridad. La justicia da a cada uno lo que le corresponde. Si te regalo diez euros que no te debo, es caridad. Si paso junto a ti mientras sangras en la acera sin actuar, peco contra la justicia —como hicieron el sacerdote y el levita en el Buen Samaritano. Por eso existe el Estado: para practicar justicia, no beneficencia. Te corresponde por derecho tu vida, tu dignidad. Es justicia —no caridad— garantizar a la gente comida, agua, hogar, salud, educación. Los impuestos no son robo; son lo que debemos al bien común.

La familia es la escuela primaria del bien común. Gran parte de la enseñanza social católica se resume así: «Si es bueno para la familia, es bueno.» Pero el Evangelio añade una precisión crucial: los bloques de construcción existen para construir. Jesús subraya que la familia está subordinada al reino de Dios. La experiencia y el Evangelio advierten sobre lo que ocurre cuando priorizamos la sangre, la familia, la raza o la nación sobre las exigencias del Evangelio.

Subsidiariedad

Para que florezca el bien común, es vital que cada ser humano participe personalmente en ser sacramento de la gracia divina y en el sustento de nuestro prójimo. Aquí entra el principio de subsidiariedad.

La subsidiariedad sostiene que quienes están más cercanos a un problema deben resolverlo. Solo ascendemos paso a paso en la jerarquía de autoridad cuando aquellos no pueden o no quieren actuar. La mayoría de los niños tienen hogar, la mayoría de desnudos reciben vestido, la mayoría de estudiantes son enseñados, la mayoría de vecindarios permanecen seguros —no por decreto de autoridades distantes, sino por gente ordinaria que trabaja, cuida familias y realiza las tareas cotidianas que la vida requiere.

Si necesitas pan, no llamas al presidente del gobierno para que te lo traiga. Lo haces o lo compras tú mismo.

Pero imagina que el panadero dice: «No atendemos a gente como tú.» En ese momento asciendes en la jerarquía. Llamas a la policía, invocas tu derecho constitucional a comprar. Generalmente funciona. Pero si la policía se alinea con el prejuicio —como a menudo ocurre en algunos países—, asciendes aún más. Tan alto como sea necesario.

La meta es mantener el cuidado del prójimo en manos locales, para que todos participemos en el trabajo directo, no simplemente en entregar un cheque en blanco a una burocracia anónima. Pero existen cuestiones que exigen respuestas desde autoridades más altas y poderosas.

De hecho, los Papas recientes han señalado que ciertos asuntos requieren «verdadera autoridad política mundial.» Pandemias globales, cambio climático, amenazas entre superpotencias: ante estos, la Iglesia ve las respuestas globales no como una violación del principio, sino como su cumplimiento. El mismo principio que dice que —no un burócrata remoto— eres responsable de hacer la comida de tu hijo.

Una excepción existe: el uso de la violencia. La subsidiariedad nos anima a asumir la responsabilidad de alimentar a nuestro vecino enfermo, de contribuir a nuestra comunidad local. Pero nos prohíbe absolutamente retener a nuestro vecino cautivo en un armario o ejecutarlo porque decidimos que lo merece. La violencia está reservada al Estado, y cuanto mayor sea el acto, más alto ascendemos en la jerarquía. El alcalde de Madrid no puede declarar la guerra a Londres. Las guerras las declaran Estados-nación y, según la Iglesia, solo deberían ser declaradas por Naciones Unidas. Porque la violencia tiende a destruir el último pilar: la solidaridad.

Solidaridad

La solidaridad significa que estamos tejidos juntos en un destino común. Ninguno puede decir: «Tu parte del Titánic se hunde, pero la mía flota.»

San Juan Pablo II lo expresó con precisión: la solidaridad «no es un sentimiento de compasión vaga ni de angustia superficial ante las desgracias de tantas personas, tanto cercanas como lejanas. Al contrario, es una determinación firme y perseverante de comprometerse con el bien común; es decir, para el bien de todos y de cada individuo, porque todos somos realmente responsables de todos.»

Como toda doctrina social católica, la solidaridad tiene profundas raíces en ambos Testamentos. El autor de Hechos lo sintetiza bellamente: Dios «de uno solo hizo todo el linaje humano para que habitase sobre toda la faz de la tierra, y les marcó el tiempo de su duración y los límites de su territorio, para que buscasen a Dios, si en alguna manera, tanteando, pudiesen hallarlo» (Hechos 17:26-27).

Solo existe una raza: la humana. Nadie es especie inferior. Cada uno está conectado a todos. Y esa conexión se profundiza eternamente por la gracia bautismal: «No hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús» (Gálatas 3:28).

De aquí emergen consecuencias profundas. Como el Papa Francisco subrayó en Laudato Si’, la crisis de dignidad de los más pequeños —los no nacidos, los pobres— es la misma crisis de la destrucción ambiental, porque la tierra es «nuestro hogar común.» Lo que sucede a la creación nos sucede a nosotros. El aire envenenado nos sofoca. El agua contaminada nos enferma. La destrucción climática nos afecta a todos.

Nuestra solidaridad es simultáneamente global e intergeneracional. Millones la experimentan diariamente en internet, en el comercio internacional, en la propagación de pandemias. Su naturaleza intergeneracional nos recuerda: debemos una inmensa deuda a nuestros antepasados y una igualmente inmensa a nuestros hijos. La pagamos dejando el mundo mejor de como lo encontramos.

Otra implicación: nuestra obligación de desafiar y transformar las «estructuras del pecado.» Un ejemplo luminoso está en Hechos 19:23-40. Cuando Pablo predicaba en Éfeso, no solo amenazaba un sistema religioso. Amenazaba todo un orden —religioso, económico, político— construido alrededor de su templo, una de las Siete Maravillas. No fueron simples devotos quienes se levantaron contra él. Fue una multitud organizada por los orfebres de Éfeso, quienes enriquecían vendiendo baratijas a los peregrinos. El Evangelio desmantelaba una estructura entera de pecado. La analogía con males modernos —violencia armada, trata de personas, aborto— es evidente.

Conclusión

El objetivo de estos cuatro pilares es abrazar la plenitud de la tradición eclesial y formarse para vivir en su armonía, no en conflicto. Es posible con la gracia del Espíritu Santo, los sacramentos y la guía del magisterio.

Avancemos como el cuerpo de Cristo, con mentes y corazones moldeados por Cristo, no por las tradiciones humanas, para santificarnos a nosotros mismos y a nuestro prójimo, y renovar la faz de la tierra.

La gratitud

Imagínate despertarte mañana y descubrir que ya posee un antidepresivo natural. Sin visita al médico, sin medicamentos costosos, sin efectos secundarios, solo algo dentro de ti, esperando ser activado. Esa «medicina» es la gratitud.

En los últimos años, psicólogos y neurocientíficos han descubierto lo que la sabiduría antigua y las tradiciones espirituales siempre han sugerido: la gratitud tiene el poder de reconfigurar el cerebro, mejorar el estado de ánimo y fomentar la resiliencia contra la depresión. Pero, ¿cómo funciona exactamente? ¿Puede algo tan simple como dar gracias realmente combatir una de las luchas de salud mental más persistentes del mundo?

La gratitud puede actuar como un antidepresivo natural.

¿Qué es la gratitud?

En esencia, la gratitud es el reconocimiento consciente de lo bueno en tu vida. No se trata solo de decir «gracias» cuando alguien te abre la puerta. La gratitud es una mentalidad, una forma de percibir y experimentar el mundo.

Los psicólogos definen la gratitud como «la apreciación de lo que es valioso y significativo para uno mismo». Puede dirigirse hacia afuera, hacia las personas, la naturaleza o las circunstancias, o hacia adentro, como un reconocimiento del propio crecimiento y resiliencia.

Pero la gratitud no se trata de negar el dolor o fingir que la vida es perfecta. En cambio, se trata de ampliar su perspectiva para que, incluso en dificultades, pueda identificar fuentes de apoyo, esperanza y alegría.

Depresión: Comprender la fuerza opuesta

Para comprender el poder antidepresivo de la gratitud, primero debemos comprender la depresión. La depresión no es simplemente «sentirse triste». Es una condición de salud mental compleja que afecta la forma en que las personas piensan, sienten y funcionan. Los síntomas comunes incluyen:

  • Tristeza o vacío persistente
  • Pérdida de interés en actividades que antes disfrutaba
  • Fatiga y poca energía
  • Patrones de pensamiento negativos
  • Dificultad para concentrarse
  • Sentimientos de desesperanza o inutilidad

La depresión a menudo se alimenta de ciclos de rumiación, donde la mente se fija en pensamientos negativos. La gratitud interrumpe estos ciclos entrenando al cerebro para notar los aspectos positivos, por pequeños que sean.

La ciencia detrás de la gratitud como antidepresivo natural

1. La gratitud reconfigura el cerebro

La investigación que utiliza escáneres de resonancia magnética funcional ha demostrado que la gratitud activa las regiones del cerebro relacionadas con la dopamina y la serotonina, los mismos neurotransmisores a los que se dirigen los medicamentos antidepresivos. Cuando practicas la gratitud, esencialmente le das a tu cerebro una «dosis» de sustancias químicas naturales para sentirse bien.

2. La gratitud reduce las hormonas del estrés

Los altos niveles de cortisol, la hormona del estrés, están fuertemente relacionados con la depresión y la ansiedad. Se ha descubierto que las prácticas de gratitud reducen el cortisol hasta en un 23%. Este cambio fisiológico ayuda a calmar el sistema nervioso y hace que el cuerpo sea más resistente.

3. La gratitud promueve la neuroplasticidad

La neuroplasticidad se refiere a la capacidad del cerebro para reorganizarse y formar nuevas conexiones. La gratitud fortalece las vías asociadas con el pensamiento positivo y debilita a las vinculadas a la negatividad. Con el tiempo, esto hace que el optimismo sea más automático y la depresión menos dominante.

4. La gratitud fortalece las relaciones

Uno de los amortiguadores más fuertes contra la depresión es el apoyo social. Expresar gratitud mejora las relaciones al fomentar la confianza, la empatía y el aprecio mutuo. Las relaciones más sólidas equivalen a una salud mental más fuerte.

5. La gratitud genera resiliencia

La vida está inevitablemente llena de desafíos, pero la gratitud replantea la adversidad. En lugar de ser consumido por lo que falta, la gratitud resalta lo que queda. Este replanteamiento es crucial para prevenir espirales depresivas en tiempos difíciles.

Gratitud vs. Antidepresivos: Una Comparación

Si bien los antidepresivos pueden salvar vidas y, a veces, son esenciales, a menudo tienen efectos secundarios como fatiga, cambios de peso o entumecimiento emocional. La gratitud, por otro lado, es gratuita, accesible y sin efectos secundarios negativos.

Por supuesto, la gratitud no reemplaza el tratamiento médico en casos graves de depresión. En cambio, debe verse como una herramienta complementaria, un antidepresivo natural que mejora otras intervenciones como terapia, medicamentos o cambios en el estilo de vida.

Cómo la gratitud sana la mente

Cambiar la atención

La depresión atrapa la atención en los aspectos negativos. La gratitud lo redirige a lo positivo, creando equilibrio.

Rompiendo la rumiación

La gratitud interrumpe el pensamiento negativo repetitivo al insertar una reflexión positiva intencional.

Cultivando esperanza

Cuando te das cuenta de lo que es bueno hoy, es más fácil creer que mañana puede ser mejor.

Empoderar a la agencia

La gratitud nos recuerda que incluso en tiempos oscuros, tenemos fuentes de fortaleza, apoyo y significado.

Formas prácticas de usar la gratitud como un antidepresivo natural

1. Lleva un diario de gratitud

Escribe de 3 a 5 cosas por las que estés agradecido diariamente. Incluso los pequeños detalles, como una buena taza de té o la sonrisa de un extraño, cuentan. La consistencia importa más que la profundidad.

2. Meditación de gratitud

Dedique unos minutos cada día a concentrarse en silencio en las cosas o personas que aprecia. Respira profundamente y visualiza el calor de la gratitud extendiéndose por tu cuerpo.

3. Exprese su agradecimiento directamente

Envía un mensaje, haz una llamada o escribe una carta a alguien que aprecias. No solo te sentirás mejor, sino que también fortalecerás tu relación con ellos.

4. Caminatas de gratitud

Da un paseo consciente y observa intencionalmente las cosas por las que estás agradecido en tu entorno: la luz del sol, los árboles, el aire fresco o incluso el ritmo de tus pasos.

5. Replantear los desafíos

Cuando enfrente dificultades, pregunte: «¿Qué puedo aprender de esto?» o «¿Qué fortaleza me está ayudando a desarrollar?» Este replanteamiento cambia la narrativa de la victimización a la resiliencia.

6. Reflexión nocturna

Antes de acostarse, reflexione sobre un momento positivo del día, sin importar cuán pequeño sea. Esto entrena tu mente para terminar el día con una nota positiva, lo que mejora el sueño y el estado de ánimo.

Barreras comunes para practicar la gratitud (y cómo superarlas)

  • Barrera: «No tengo nada por lo que estar agradecido».
    Solución: Comienza poco a poco. Incluso la respiración, la comida o el refugio cuentan. La gratitud crece con la práctica.
  • Barrera: «Me siento falso forzando la gratitud».
    Solución: Eso es normal. La gratitud auténtica se desarrolla con el tiempo. Comienza con el reconocimiento en lugar del entusiasmo forzado.
  • Barrera: «Me olvido de practicar».
    Solución: Vincula hábitos de gratitud a las rutinas existentes, como cepillarse los dientes o tomar café por la mañana.

Historias de la vida real: Gratitud en acción

Caso 1: El militar

Un militar que luchaba contra el trastorno de estrés postraumático comenzó a llevar un diario de gratitud como parte de la terapia. Durante seis meses, informó una reducción de los flashbacks y una mayor sensación de paz, y atribuyó a la gratitud el haberlo ayudado a reconectarse con la vida.

Caso 2: El ejecutivo quemado

Una profesional con exceso de trabajo practicó diariamente cartas de agradecimiento a su equipo. Esto no solo mejoró la moral en el lugar de trabajo, sino que también redujo su propio estrés, evitando un colapso depresivo.

Caso 3: La madre soltera

Una madre soltera que lucha contra las dificultades financieras practicó la gratitud con sus hijos todas las noches. Centrarse en pequeñas victorias, como la risa compartida, la ayudó a mantenerse fuerte y transmitir resiliencia a sus hijos.

Gratitud y tradiciones espirituales

Muchas tradiciones espirituales y filosóficas enfatizan la gratitud:

  • Cristianismo: La gratitud como acto de fe y humildad.
  • Budismo: La gratitud como camino hacia la atención plena y la compasión.
  • Islam: Shukr (agradecimiento) como virtud central.
  • Hinduismo: Gratitud como reconocimiento de la interconexión.

Estas tradiciones se alinean con la ciencia moderna, reforzando el papel de la gratitud como un antidepresivo atemporal.

Beneficios a largo plazo de la gratitud

  1. Mejora de la salud mental: reducción de la depresión, la ansiedad y el estrés.
  2. Mejor salud física: presión arterial más baja, inmunidad más fuerte, sueño mejorado.
  3. Relaciones mejoradas: más empatía, vínculos más fuertes.
  4. Mayor satisfacción con la vida: mayor sentido de significado y satisfacción.

Por qué la gratitud es un estilo de vida, no una solución rápida

Piensa en la gratitud como ejercicio: un entrenamiento no transformará su salud, pero la práctica constante crea un cambio duradero. Del mismo modo, la gratitud debe cultivarse diariamente para obtener los máximos efectos antidepresivos.

Cómo comenzar tu viaje de gratitud hoy

  1. Escribe una cosa por la que estés agradecido en este momento.
  2. Compártelo con alguien cercano a ti.
  3. Comprométete a repetir esta práctica diariamente durante los próximos 30 días.

La gratitud como el antidepresivo interior

En un mundo rápido para recetar píldoras y soluciones, a menudo pasamos por alto la medicina que ya está dentro de nosotros. La gratitud es gratuita, poderosa y transformadora. Si bien no es una panacea, es una de las herramientas más confiables que podemos usar para combatir la depresión y fomentar la resiliencia.

Cómo encontrar paciencia en tiempos de dolor

(De lo que Cristo le habló en visión a San Andrés, acerca de la locura y de la vida eterna)

Para que recordemos con más frecuencia que nuestra patria está en el Cielo y nos apeguemos menos a las cosas terrenales, para que aprendamos humildad y nos preparemos dignamente para el Reino de los Cielos, estamos destinados a caminar hacia él por un camino doloroso. En el mundo tendrán tribulaciones ( Juan 16:33 ), nos enseña Jesucristo. Y todos los que deseen vivir piadosamente en Cristo Jesús sufrirán persecución ( 2 Timoteo 3:12 ), dice el apóstol Pablo.

Pero para que el camino del dolor valga la pena a los ojos de Dios, debe recorrerse con paciencia. ¿Y dónde encontramos esto? Primero, en el ejemplo del Señor Jesucristo. Nació en una humilde cueva y no fue acostado en una cuna, sino en un pesebre. Inmediatamente después de su nacimiento, intentaron matarlo, y se vio obligado a huir a una tierra lejana y extranjera. Durante toda su vida, no tuvo dónde reposar la cabeza. A cambio de innumerables bendiciones, solo le pagaron con maldad. Se burlaron de él, lo injuriaron, lo calumniaron, lo golpearon, le escupieron en la cara y, finalmente, lo crucificaron entre los malvados. Imaginémoslo a menudo, empobrecido por nosotros, que tomó la forma de un esclavo, agobiado por la calumnia, lleno de dolor por nuestros pecados hasta lo más profundo de su alma, cubierto de heridas, aplastado por los insultos, crucificado, abandonado por todos, y todo esto por nuestros pecados. Y entonces, al ver la insignificancia de nuestras penas en comparación con las del Salvador, nos sentiremos menos abatidos y debilitados por ellas, y la lucha que nos espera nos parecerá fácil. Podemos aprender una segunda lección de paciencia de los santos. «Algunos de ellos», dice el apóstol Pablo, «fueron muertos y no recibieron liberación… Pero otros sufrieron tentación con vituperios y azotes, y también con cadenas y cárceles. Fueron apedreados, golpeados con piedras, heridos a espada, fueron tentados, murieron a filo de espada. «Anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de oveja y de cabra, pobres, angustiados, tristes; de los cuales el mundo no era digno, errantes por desiertos y montes, por cuevas y cavernas de la tierra» ( Hebreos 11:35-38 ). ¡Y soportaron todo esto con alegría! «Me regocijo en mis sufrimientos», escribió el mismo apóstol ( Col. 1:24 ). Se dice de los apóstoles que, después de ser azotados en el Sanedrín, «salieron de la presencia de la asamblea gozosos, porque por el nombre del Señor Jesús fueron tenidos por dignos de padecer vergüenza» ( Hechos 5:41). ). De nuevo, comparando nuestras penas con las de los santos, vemos que nuestras espinas son rosas y que nuestros sufrimientos no se pueden comparar en nada con los suyos. Y mediante esto, su cobardía desaparecerá, sus murmuraciones cesarán y nacerá en nosotros un espíritu de valentía y paciencia.

Finalmente, podemos encontrar un tercer estímulo para la paciencia en el pensamiento de que todas las penas de este mundo son temporales, que serán reemplazadas por alegrías eternas, y que llegará el día en que el Señor enjugará para siempre toda lágrima de nuestros ojos ( Apocalipsis 7:17 ). San Andrés, el Loco por amor a Cristo, se vio a sí mismo en los aposentos reales ante el Señor. El Señor primero le dio a probar algo muy amargo y dijo: «¡Tal es el camino doloroso de quienes me sirven en esta vida!». Luego le dio otro plato, más dulce que el maná, diciendo: «Tal es el alimento de mis siervos que lo han soportado todo hasta el final». Recordemos que si soportamos todo con paciencia por amor a Dios, entonces, «aunque hayamos sido castigados un poco, seremos muy beneficiados», y que si sufrimos con Cristo en esta vida, seremos glorificados con Él en la venidera. “De cierto, de cierto os digo que vosotros lamentaréis y lloraréis, pero el mundo se alegrará; pero vosotros estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en gozo” ( Juan 16:20 ). “Otra vez os veré, y se alegrará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestro gozo” ( Juan 16:22 ).

FORESTA

Foresta es una peregrinación interior donde se busca la contemplación. No se enseña, no se explica, no se impone. La naturaleza es el templo, el oratorio. El espíritu divino sopla entre ramas y raíces para quien se atreve a escuchar.

Este texto nace de la intuición de que lo creado no solo refleja a Dios: lo revela. Y que en el lenguaje de lo silvestre se esconde una teología que no cabe en tratados; pero sí en el corazón de quien sabe mirar.

En el principio fue el Silencio, y del Silencio brotaron las palabras como luz en la aurora del mundo.
No fueron dichas: fueron sembradas, como semillas celestes arrojadas sobre la tierra fértil del alma.
Y germinaron en Foresta, ese santuario donde la contemplación abraza a la naturaleza y ambas se funden en los misterios eternos.

Foresta es una llamada. Una voz que clama en el desierto del ruido moderno,
invitando al caminante a descalzarse, a pisar la tierra como quien entra en tierra santa.
Aquí, cada página es un sendero, cada verso, un susurro del Espíritu que sopla donde quiere.

LEER FORESTA

Más sobre el desierto


Serenidad, tranquilidad, vivir la vida en cada momento… En el desierto se encuentra eso y mucho más; pero también mucho menos pues expulsa a todos los que no son rectos de intención. Allí encuentro la mística islámica conocida en occidente como sufismo, totalmente emparentada con la mística cristiana. Se dice de san Juan de la Cruz que tuvo un maestro sufí. Es posible. ¿Y en qué consiste esta mística? Básicamente en transforman los corazones sucios en corazones puros y a partir de ahí anhelar la unión con Dios. Un camino largo pero fructífero. ¿Y cómo transformar el mundo? Transformándose las personas. La verdadera revolución empieza con la «revolución interior». Buen día.

Meditación desde Salamanca

La vida tiene una forma de ponernos a prueba. Hay momentos en los que el sufrimiento se siente insoportable y desearíamos poder escapar de él; pero la verdad es que, para sanar, primero debemos permitirnos sentir todo. Deja que duela. Deja que pique. Deja que el dolor se filtre en cada parte de ti hasta que lo hayas sentido todo. Porque solo así puedes empezar a sanar. Está bien llorar, gritar, sentir que te estás desmoronando. Eso es parte del proceso. Es parte de lo que nos hace humanos. Y es solo atravesándolo, sintiendo realmente todo, que podemos salir del otro lado más fuertes. En esos momentos de profundo sufrimiento, aprendemos más sobre nosotros mismos. Aprendemos cuánto podemos soportar, hasta dónde podemos llegar y qué es lo que realmente nos importa. Sufrir, por horrible que sea, nos moldea y nos enseña a ser fuertes. Y a medida que pasa el tiempo, ese sufrimiento comenzará a desvanecerse. No desaparecerá de la noche a la mañana, pero disminuirá. Los bordes afilados se suavizarán. El gran peso en tu pecho se aligerará. Un día, te despertarás y te darás cuenta de que sufrir ya no es lo primero en tu mente. Ahí es cuando sabrás que has comenzado a sanar. Sanar no significa olvidar. No significa pretender que nunca existió aquello que nos hizo sufrir. Significa aceptarlo como parte de nuestra historia. Significa aceptar las cicatrices y las lecciones que aportan. Así que, permítete sentirlo todo. No huyas. Acéptalo todo de frente. Permítete derrumbarte si es necesario. Y luego, cuando estés listo, comienza a reconstruirte. Poco a poco, vuelve a unirte, más fuerte que antes. La sanación no es un destino, es un viaje. Y es uno que comienza con sentir cada cosa en su momento. Después, continua caminando y haz lo que tengas que hacer.

Desde Salamanca con mis mejores deseos de paz y bien.

«Muchas son las angustias del justo, pero el Señor lo librará de todas ellas» (Salmo 34:19). 

Conflictos, cooperación y desarrollo social en Oriente Medio

Oriente Medio ha sido el epicentro del conflicto geopolítico mundial durante más de un siglo. Las tensiones históricas de la región, agravadas por las luchas políticas modernas, han afectado profundamente su tejido socioeconómico. En este ensayo, examino la interacción entre el conflicto, el desarrollo comunitario, el estancamiento económico y la desintegración social en el Medio Oriente, proporcionando un análisis académico en profundidad que rastrea las causas históricas, presenta los desafíos modernos y propone estrategias futuras para la estabilización. Este análisis se basa en estadísticas, datos históricos y acontecimientos recientes para proporcionar una comprensión integral de cómo las guerras, la inestabilidad política y el declive económico han obstaculizado el desarrollo en la región, y cómo la diplomacia, la gobernanza y las organizaciones no gubernamentales (ONG) pueden contribuir a una posible recuperación.

Raíces históricas e impulsores de conflictos

Los conflictos en Oriente Medio se remontan al desmantelamiento del Imperio Otomano después de la Primera Guerra Mundial y a las fronteras arbitrarias impuestas por las potencias coloniales europeas en virtud del Acuerdo Sykes-Picot (1916). Estas fronteras artificiales ignoraron las distinciones étnicas, religiosas y tribales, creando líneas divisorias que más tarde estallarían en disturbios civiles. El establecimiento de Israel en 1948, después del fin del Mandato Británico, intensificó las hostilidades, particularmente entre los colonos judíos y las poblaciones árabes, lo que llevó a varias guerras, incluidas las guerras árabe-israelíes de 1948, 1956 y 1967. Esto último resultó en la ocupación de Cisjordania, la Franja de Gaza y Jerusalén Este, territorios que siguen siendo profundamente disputados en la actualidad.

Los conflictos modernos en Oriente Medio, como la guerra Irán-Irak (1980-1988), la guerra del Golfo (1990-1991), la invasión estadounidense de Irak (2003) la guerra civil siria y el escenario bélico con Irán, han sido impulsados por una combinación de sectarismo, competencia por los recursos (especialmente el petróleo) y la participación estratégica de potencias mundiales como Estados Unidos, Rusia e Irán. La ocupación estadounidense de Irak, en particular, desestabilizó la región, lo que llevó a la aparición de grupos extremistas como Al-Qaeda y, más tarde, ISIS, lo que exacerbó aún más las divisiones internas.

Impacto social y económico de los conflictos

Estancamiento económico

El Oriente Medio, a pesar de sus vastos recursos naturales, en particular el petróleo, sufre de marcadas desigualdades económicas y estancamiento. Según el Fondo Monetario Internacional (FMI), el PIB combinado de los países afectados por conflictos en la región de Oriente Medio y Norte de África (MENA) disminuyó un 30% entre 2010 y 2023. Países como Siria, Yemen y Libia han experimentado reducciones significativas en el crecimiento del PIB debido a guerras civiles prolongadas. Por ejemplo, el PIB de Siria se contrajo más del 70% entre 2011 y 2020, borrando décadas de progreso económico.

Las tasas de desempleo en las zonas de conflicto son asombrosas. En Yemen, donde la guerra civil se ha desatado desde 2015, la tasa de desempleo superó el 32% en 2023, y el desempleo juvenil alcanzó casi el 50%. En Siria, la destrucción de la industria y la agricultura ha llevado el desempleo a más del 55%, y en los territorios palestinos, la tasa de desempleo se sitúa en el 25%, exacerbada por las restricciones comerciales y de movimiento impuestas por Israel. Gaza, en particular, tiene una de las tasas de desempleo más altas del mundo, con más del 45% en 2024.

La inestabilidad regional también ha afectado a la inversión extranjera directa (IED), que ha experimentado una fuerte disminución en los países asolados por conflictos. El Banco Mundial informó que Yemen y Siria prácticamente no recibieron IED en los últimos cinco años, lo que agravó aún más su aislamiento económico. Las naciones ricas en petróleo, como Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, han estado en gran medida aisladas de los impactos económicos directos del conflicto, pero incluso ellas han enfrentado desafíos como la disminución de los precios del petróleo y las consecuencias económicas de la pandemia de COVID-19.

La desintegración social y el colapso de las instituciones

El conflicto en el Oriente Medio no sólo ha causado destrucción física inmediata, sino también daños a largo plazo en las estructuras sociales e institucionales. Los sistemas educativos han sido de los más afectados, con millones de niños sin escolarizar debido a la destrucción de instalaciones, el desplazamiento o el miedo a la violencia. En Siria, más de 2,4 millones de niños seguían sin escolarizar en 2023, y en Yemen, aproximadamente 2 millones de niños se ven igualmente privados del acceso a la educación. Esta falta de educación amenaza con crear una «generación perdida» con pocas esperanzas de movilidad económica en el futuro, perpetuando ciclos de pobreza y conflicto.

El colapso de los sistemas de salud en los países devastados por la guerra profundiza aún más las crisis sociales. En Yemen, menos del 50% de los centros de salud están en pleno funcionamiento, lo que provoca brotes de enfermedades prevenibles como el cólera. En Siria, los hospitales han sido atacados deliberadamente tanto por el gobierno como por las fuerzas rebeldes, lo que ha reducido gravemente el acceso de la población a la atención médica. Estas condiciones contribuyen a las ya bajas tasas de esperanza de vida y altas tasas de mortalidad infantil de la región. Por ejemplo, la esperanza de vida en Yemen cayó de 66 años en 2014 a 58 años en 2023, un claro indicador de los estragos que el conflicto ha tenido en el desarrollo humano.

El papel de la política, la diplomacia y los actores externos

Las intervenciones políticas y diplomáticas en el Oriente Medio a menudo han exacerbado los conflictos en lugar de resolverlos. Los intereses estratégicos de potencias mundiales como Estados Unidos y Rusia, combinados con las ambiciones regionales de Irán, Turquía y Arabia Saudita, han dado lugar a guerras de poder y a la militarización de las divisiones sectarias. Por ejemplo, en Siria, el apoyo ruso al régimen de Bashar al-Assad ha envalentonado a las fuerzas gubernamentales, prolongando el conflicto y socavando los esfuerzos internacionales de paz. Mientras tanto, la rivalidad entre Irán y Arabia Saudita se ha manifestado en el conflicto de Yemen, con ambas potencias respaldando a bandos opuestos en una brutal guerra civil.

La diplomacia a menudo se ha visto obstaculizada por intereses contrapuestos entre los actores internacionales. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) ha tenido dificultades para mediar de manera efectiva, especialmente en Siria y Yemen, debido a la intransigencia de las partes interesadas clave y sus patrocinadores. Sin embargo, los esfuerzos diplomáticos regionales han tenido cierto éxito. Por ejemplo, en 2023, Qatar negoció un alto el fuego entre Hamás e Israel, aliviando temporalmente las tensiones en Gaza.

En los territorios palestinos, los Acuerdos de Oslo (1993-1995) establecieron el marco para una posible paz, pero finalmente fracasaron debido al incumplimiento y la creciente desconfianza entre los líderes israelíes y palestinos. El actual bloqueo de Gaza y los asentamientos israelíes en Cisjordania han socavado los esfuerzos hacia una solución de dos Estados. Según el Banco Mundial, la economía palestina se ha estancado, con un crecimiento limitado por las restricciones impuestas por Israel que limitan el comercio y la inversión.

El papel de los gobiernos locales y las ONG

En las regiones afectadas por conflictos, los gobiernos locales a menudo se han visto abrumados por la guerra o son vistos como cómplices de la violencia en curso, como es el caso de Siria, donde el régimen de Assad ha sido acusado de crímenes de guerra. Los gobiernos de Irak y Yemen han luchado contra la corrupción, la ineficacia de la administración y las luchas internas entre facciones, lo que les ha impedido atender las necesidades de sus poblaciones. En muchos casos, las ONG han intervenido para llenar el vacío dejado por instituciones estatales débiles o ausentes.

Las ONG internacionales y locales han desempeñado un papel crucial en la mitigación de los peores impactos de los conflictos mediante la prestación de ayuda humanitaria, educación y atención médica. El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), Médicos Sin Fronteras (MSF) y el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) son algunas de las organizaciones que trabajan en Siria, Yemen y los territorios palestinos. Sin embargo, las ONG se enfrentan a importantes desafíos, como el acceso limitado a las zonas de conflicto, la financiación insuficiente y la presión política tanto de los gobiernos locales como de los actores extranjeros. Por ejemplo, en Yemen, las ONG se han visto obligadas a navegar en un entorno complejo y peligroso en el que tanto los rebeldes hutíes como las fuerzas gubernamentales imponen restricciones a la distribución de ayuda.

Recomendaciones para el desarrollo futuro

El camino hacia el desarrollo sostenible en el Oriente Medio debe abordar tanto los efectos inmediatos del conflicto como los problemas estructurales a largo plazo que alimentan la inestabilidad. Es necesaria una combinación de estrategias diplomáticas, políticas y económicas para reconstruir las comunidades y promover la cohesión social.

  1. Fortalecimiento de las iniciativas diplomáticas:
    Los esfuerzos diplomáticos deben centrarse en procesos de paz inclusivos que involucren a todas las partes interesadas pertinentes, incluidas las potencias regionales como Irán y Arabia Saudita. La comunidad internacional también debe apoyar las iniciativas de base que fomenten el diálogo entre los diferentes grupos étnicos y religiosos, lo que podría ayudar a sentar las bases de la reconciliación a largo plazo. Los mediadores internos, tal como los utiliza el PNUD en varios Estados árabes, han sido eficaces a nivel local para resolver controversias y podrían ampliarse para abordar conflictos de mayor envergadura.
  2. Reconstrucción económica e inversión:
    Las instituciones financieras internacionales como el Banco Mundial y el FMI deben dar prioridad a la reconstrucción de la infraestructura y al apoyo a la diversificación económica en los países afectados por conflictos. Es esencial contar con políticas económicas específicas que creen empleo, en particular para los jóvenes, y promuevan la igualdad de género. Además, los esfuerzos por mejorar el clima empresarial, como la reducción de la corrupción y la mejora de la gobernanza, son fundamentales para atraer inversiones extranjeras.
  3. Empoderamiento de las ONG y de la sociedad civil:
    Las ONG deben seguir desempeñando un papel clave en la prestación de servicios esenciales, pero necesitan un mayor acceso a las zonas de conflicto y una mejor coordinación con los gobiernos locales. La comunidad internacional debe aumentar la financiación de las organizaciones no gubernamentales y apoyar las iniciativas de fomento de la capacidad que permitan a las organizaciones locales de la sociedad civil funcionar eficazmente.
  4. Abordar las reformas políticas y de gobernanza:
    Para la estabilidad a largo plazo, son esenciales las reformas políticas que promuevan la gobernanza inclusiva y el estado de derecho. Esto incluye esfuerzos para fortalecer las instituciones estatales, reducir la corrupción y garantizar que el poder político se comparta de manera equitativa entre los grupos étnicos y religiosos. En Irak y Líbano, por ejemplo, los sistemas políticos que dividen el poder en líneas sectarias han alimentado la corrupción y debilitado al Estado, lo que requiere un cambio hacia modelos de gobernanza más inclusivos.

Los conflictos de Oriente Medio han causado una devastación generalizada, socavando el desarrollo comunitario, el crecimiento económico y la cohesión social. Para avanzar, la región requiere un enfoque coordinado que combine la diplomacia, la reconstrucción económica y las iniciativas de consolidación de la paz de base. El fortalecimiento de los gobiernos locales y el empoderamiento de la sociedad civil serán cruciales para reconstruir comunidades resilientes que puedan enfrentar los desafíos futuros. El Oriente Medio sólo podrá abordar las causas profundas de la inestabilidad lograr la paz y el desarrollo sostenibles.

Referencia

Banco Mundial, «Informe sobre el desarrollo mundial 2011: conflicto, seguridad y desarrollo» (Banco Mundial, 2011).

ORF Online, «La creciente inestabilidad en la región nubla el futuro de Oriente Medio», Observer Research Foundation, junio de 2023.

PNUD, «En todos los Estados árabes, los mediadores internos están mitigando los impactos de los conflictos», Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, diciembre de 2023.

Banco Mundial, «Yemen Economic Update», mayo de 2024.

Banco Mundial, «Actualización económica palestina», mayo de 2024.

Fondo Monetario Internacional, «El conflicto en Oriente Medio amenaza con remodelar las economías de la región», Blog del FMI, diciembre de 2023.

Wilson Center, «Explicación: Raíces y realidades de 10 conflictos en Oriente Medio», Wilson Center, 2024.

ACNUR, «Explicación de la crisis de los refugiados en Siria», ACNUR, 2023.

PNUD, «En todos los Estados Árabes, mediadores internos», PNUD, 2023.

Kabbani, Nader, «Informe sobre desarrollo económico de Oriente Medio y Oriente Medio y el Norte de África», Consejo de Asuntos Mundiales de Oriente Medio, junio de 2023.

FMI, «Riesgos de conflicto en Oriente Medio», Blog del FMI, 2023.

Un apunte sobre el islam

La presencia de musulmanes en los países occidentales es cada vez mayor. Se prevé que en los próximos 25 años al menos la mitad de la población creyente europea practique el islam. Esta evolución social origina problemas de integración y convivencia, miedos y dudas. Por otra parte, instituciones como la Iglesia Católica, el Consejo Evangélico Internacional, la Iglesia Ortodoxa, la Fundación Qatar para el Diálogo Interreligioso, la Universidad Islámica Azad de Egipto, la Rabita Mohammedia de Ulemas de Rabat (Marruecos) y numerosos institutos y centros de investigación favorecen el diálogo entre musulmanes y cristianos.

Todo ello plantea cuestiones que deben ser analizadas y explicadas con objetividad y sencillez. ¿Cómo es el islam? ¿Qué espiritualidad tiene? ¿Qué nos asemeja y diferencia a cristianos y musulmanes? ¿Podemos convivir en paz? ¿El islam representa una amenaza para la civilización occidental? ¿Por qué hay terrorismo islamista? ¿Qué significa el diálogo interreligioso? ¿Qué itinerario dialógico podemos seguir? 

Estas y otras cuestiones las analizo brevemente a continuación, resultado de un curso que ofrecí en octubre de 2017 en Murcia. También constituye el fruto de muchos años de investigación, estudio y convivencia fraterna con poblaciones musulmanas.

INTRODUCCIÓN

Mi objetivo es ofrecer algunas claves basadas en la investigación que he realizado durante más de quince años, con la finalidad de que usted tenga elementos objetivos de juicio con los que pueda entender qué está pasando en el ámbito del diálogo interreligioso cristiano musulmán. No se trata, por tanto, de una perspectiva apologista o política, sino dialogante e integradora, dirigida fundamentalmente a creyentes cristianos.

Quiero repasar algunos hechos importantes del islam histórico para entender el diálogo entre cristianos y musulmanes, y lo que pretendemos conseguir con tal actividad.

Posiblemente alguien piense que parte de mis afirmaciones son ligeras, casi sacadas de la manga; pero no es así. Pueden creerme a priori que cualquier cosa que yo diga aquí, por rara que pueda parecer, está muy pensada y documentada después de largos años de contacto, estudio, investigación, reflexión y convivencia con creyentes y practicantes de ambas tradiciones religiosas.

En nuestros días predominan dos vías de acceso para acercarse al islam:

a) La demonización del islam; es decir, la vía de la islamofobia, en la cual esta religión es presentada como el producto de una intervención cuasi demoniaca.

b) La exaltación del islam como religión de paz; o sea, la islamofilia.

            Ambas están, en mi opinión, equivocadas. Y si uno, como es mi caso, trata de desbrozar el terreno quitando las malas hierbas de la islamofobia y la islamofilia, puede tener, casi seguro, el ataque de los que defienden esas posturas.

            El islam es algo más que religión. Se trata de una cosmovisión que se ha desarrollado durante catorce siglos y presenta numerosas interpretaciones, ramificaciones, sectas, teologías y filosofías, por no hablar de sus distintas y en ocasiones contradictorias manifestaciones culturales y populares.

            Se ha construido sobre la tensión originada durante su expansión y desarrollo. Tan incorrecto es decir que el islam equivale a violencia como afirmar que equivale a paz.

            Para abordar su estudio hay que tener en cuenta algunos aspectos:

            1º. Existen tres grandes esferas para el estudio de una religión: religiosa, política y cultural. Esto da pie a distintas vertientes en función de qué esfera predomine. Si lo hace la política, englobará ideologías distintas, por ejemplo, en el islam ha adquirido triste protagonismo el yihadismo, cuyo exponente más radical es la actividad terrorista para tratar de imponer por la fuerza una visión fundamentalista de la práctica religiosa. La esfera religiosa tiene expresiones sublimes y dignas de admiración, como el misticismo, cuyo exponente más conocido en el ámbito islámico es el sufismo. La esfera cultural impregna la vida de todos los creyentes y es poliédrica pues, en el caso del islam, son más de 1.500 millones de personas en el mundo, pertenecientes a diferentes etnias y culturas. Tradiciones, costumbres, folklore, gastronomía, festividades populares… todo forma parte de la expresividad religiosa. Cada pueblo tiene las suyas propias. Buena parte de estas culturas penetran en la esfera íntima de la religión, de modo y manera que a veces se confunden[1].

            La esfera cultural requiere de un estudio profundo y detallado para calibrar el grado de influencia en las distintas prácticas islámicas. Además, está en permanente evolución, pues lo cultural no es estático y obedece a múltiples elementos sociales.

            No existe, por tanto, un islam único sino una diversidad importante dentro de esta religión.

            Para entenderlo tenemos que estudiar esas tres esferas. Sin este ejercicio, todas las aproximaciones a la realidad islámica serían deficientes dando pie a exageraciones de todo tipo, desde el buenismo que representa la corrección política a la demonización de los musulmanes y el odio que representa la islamofobia.

2º. No fue el profeta Mohammed (más adelante explicaré por qué no debemos llamarlo Mahoma), el fundador estricto del islam, porque las prácticas musulmanas nacen después de su muerte, en un largo proceso de elaboración dogmática y teológica. Mohammed no quiso fundar una nueva religión, sino que fue un árabe monoteísta que heredó la tradición profética de judíos y cristianos e intentó reformar ciertas prácticas religiosas y sociales que, en su opinión, habían adulterado el mensaje de los profetas anteriores, incluido el mensaje de Jesús de Nazaret, llamado Isa en el Corán. Por tanto, Mohammed fue un reformador social. Incluso podría decirse que era un seguidor de Jesús, un cristiano no paulino[2], aunque esta afirmación es rechazada por la versión histórica oficial y comúnmente aceptada. El islam nace como la reinterpretación de la figura del profeta Mohammed, del Corán y de los hadices (narraciones sobre dichos y costumbres del profeta).

            3º. Quien lea el Corán y los Hadices caerá en la cuenta de que hay dos claros períodos en la vida de Mohammed: Meca y Medina, y dos referencias:

a) Un mercader de éxito en la ciudad de La Meca, con gran reputación de hombre inteligente, prudente y honrado que, a partir de cierto momento empieza a manifestar diferentes experiencias místicas. Mohammed era un hombre que se encontraba muy a gusto en La Meca, acomodado, viviendo una vida plena con su esposa Jadiya y con sus negocios, desarrollando una conciencia profética, asustadizo y temeroso por aquello que le llegaba en sus momentos de oración.

b) Un hombre poderoso en la ciudad de Medina, líder político y militar, caudillo y violento en ocasiones, que tuvo que tomar decisiones difíciles para fraguar la naciente comunidad musulmana, una sociedad diferente a lo que había conocido, con normas jurídicas y sociales precisas, en expansión y con enemigos poderosos a los que se enfrentó y venció.

A lo largo de los siglos este personaje histórico ha sufrido en buena medida un proceso de idealización por parte de muchos musulmanes. Se ha repensado su figura hasta el punto de llegar a una cuasi divinización y exaltación.

Esta idealización se hace por dos vías:

  1. Mohammed es el hombre perfecto, con virtudes sobrehumanas, el más querido por Dios.
  2. Mohammed es el defensor en la tierra de la unicidad divina. Su obra consistió en confirmar un monoteísmo estricto que había sido corrompido por el judaísmo y adulterado por la interpretación trinitaria de los cristianos. La illaha illa lah (no hay más divinidad que Dios). Mohammed es el que aporta luz definitiva a la revelación de Dios y señala a los hombres el camino verdadero.

Con este trasfondo histórico emergió una corriente religiosa dentro del propio islam, el sufismo, que algunos eruditos musulmanes pretenden rastrearlo hasta el mismo tiempo del profeta Mohammed, y para otros –de corte occidental- lo remontan casi hasta la noche de los tiempos, en una especie de culto permanente que ha tenido distintos nombres a lo largo de la historia humana. Sea como fuere, el sufismo constituye una práctica radical de abandono y contemplación. Sería algo parecido al misticismo cristiano; pero con algunas peculiaridades que lo diferencian.

Dentro del sufismo existe una corriente de fieles que tienen en Jesús a su maestro, desde una vertiente musulmana; es decir, según la visión que ofrece el Corán sobre la figura del profeta Isa, como así es nombrado. Este modelo de espiritualidad es el más próximo a la tradición cristiana y lo traigo a colación porque en mi opinión constituye el punto de apoyo más adecuado para abordar el argumento del libro, o sea, cómo el cristianismo y el islam pueden ir de la mano en el camino de la convivencia y de la paz definitiva. ¡Ojo!, no alumbrando un sincretismo religioso sino desde la propia cosmovisión de cada religión, caminar juntos en aras de este noble propósito, arrojando luz sobre numerosos aspectos de ambas religiones que, sin duda, serán de provechoso para todos los creyentes.

Isawis: La visión sufí de Jesús.

            El sufismo es un camino espiritual centrado en el amor. Se trata del núcleo del islam, el “corazón del islam”, como así lo han descrito numerosos maestros sufíes.

            El sufí vive enamorado de Dios al que puede llamar Allah, Yavé o Jehová, puesto que, según esta tradición, “no tiene nombre; pero responde por cualquier nombre con que se le invoque”, viviendo esta vida como un acto de amor y servicio a los demás.

            Al expresarse en el “corazón del islam”, lo que se quiere manifestar es que los sufíes existen desde tiempos inmemoriales, pues se apunta a la realidad de la que forman parte: amados de Aquel a quien aman.

            A lo largo de la historia, el sufismo se abrió al diálogo con místicos de otras tradiciones, en una relación fructífera que llevó a adoptar distintas disciplinas a los seguidores del camino para ayudarles a profundizar en la experiencia amorosa desde su situación personal, histórica y geográfica concreta. Por ello existen diversas órdenes sufíes. La más conocida es la tradición de los derviches, sufíes que entran en comunión con Dios mediante el canto y el giro.

            Muchos practicantes del sufismo dependen directamente de la espiritualidad islámica; pero los hay que están más cerca del hinduismo, del budismo y del catolicismo.

            Hay quienes cantan, quienes danzan, los que buscan el éxtasis unitivo y los que ´aúllan` el Nombre divino, o los que practican la oración del Nombre de Jesús.

            Hay sufíes que viven en la más absoluta pobreza y quienes usan el silencio como Camino para llegar al Amado; pero todos tienen un denominador común: el amor con el que desean perderse absolutamente en el Divino, ya desde ahora, en el mundo material, pues los sufíes anhelan “morir antes de nuestra muerte”, con el fin de que Dios pueda ser en ellos y ellos en Él.

            También ha surgido una corriente denominada ´neosufismo`, impregnada de prácticas recogidas en el movimiento de la Nueva Era, dando lugar a la formación de grupos sectarios y cofradías alejadas de la tradición sufí original y, por ello, fuera del marco del sufismo tradicional.

            Los llamados ´Isawi` son sufíes jesuánicos, pues Jesús de Nazaret es su maestro y guía. Invocan al Divino como el “Buen Dios”, siguiendo el ejemplo de Jesús que le llamó ´Abba` (literalmente: “papito querido”), término con el que Jesús quería resaltar la bondad, el amor, la cercanía y calidez de Dios. Siguen las tradiciones sufís sobre Jesús y, lo más importante, la verdad que Él revela al corazón de quien le ama y le sigue. Podrían llamarse “sufíes cristianos”, aunque no asumen todos los dogmas del cristianismo. En el islam se les denomina ´Isawis`, “los que son de Isha (Jesús)”.

            Los Isawis oran así:

            “¡Oh Dios, envía tus bendiciones sobre el noble maestro Jesús! ¡Que nuestro amor por él sea perfecto! Amén”.

El sello universal de santidad.

            Para los sufíes, Jesús es el “sello universal de santidad”, siguiendo las reflexiones de Ibn´Arabí[3]: “Jesús es el sello de la santidad, y Mohammed es el sello de la profecía”.

            Las siguientes palabras de Tirimizi[4] son la suma de lo que Jesús significa para ellos: “Es el siervo. Dios ha realizado su obra mediante Él. Él se mueve en las manos de Dios. Dios lo ha distinguido y lo ha hecho el líder de su creación. Es la posesión privada de Dios, el objeto de la predilección divina, la mina de los secretos del Amado. Es el látigo de Dios en la tierra, por él Dios juzga a su creación entera, y por buscarlo a él, Dios levanta a los corazones muertos y los torna a sí. Por él Dios reafirma su amor a la humanidad. Él es la llave del camino recto, la luz del mundo. Él es el más fiel de todos los santos y su líder, por lo que todos, a una vez, glorifican a su Señor por tan excelso mensajero. Dios lo ha exaltado sobre todo nombre, y en su vista se deleitan todos los mensajeros de Dios…”

Más no se queda aquí. Para el sufí es preciso dar un paso más: el sentido de su vida no es tanto ser mejor, sino ser mejor para los otros, es decir, no humanizase, sino hermanizarse.

Hermanizarse significa ser conscientes de la existencia del cosmos, del mundo y sus criaturas, no como objetos de producción, explotación, degradación o aniquilación, sino como hermanos menores (menores en conciencia) que han de ser cuidados, protegidos como parte fundamental de una creación que no nos pertenece, sino que pertenece a Abba.

Hermanizarse es aceptar que nuestra idea de individuos separados es una fantasía. Existimos con los otros y las otras y son ellos quienes nos ayudan a saber quiénes somos, qué hacemos en este mundo, cómo queremos ser, cómo queremos vivir y a qué causas es importante dedicarnos.

Aceptar y asumir la existencia y la dignidad de “la otredad” que comparten tiempo y espacio conmigo, a quienes necesito para vivir y de quienes soy co- responsable. Pasar de considerar a los demás bajo el prisma de mis intereses personales – dignos o rastreros – para conocer su excelsa unicidad. Contemplarlos en su grandiosa belleza, en su ser, y respetarlos profundamente.

Hermanizarse es ser hermano de uno mismo, dejar de ser Satanás de mí mismo (literalmente significa el acusador) para amarme, aceptarme y asumirme en responsabilidad como un ser único y hermoso, pero capaz de utilizar sus talentos para destruir, separar y explotar a otros.

Como parte de su práctica espiritual el sufí de Yeshua busca hacerse hermano de sí mismo, de los otros y las otras y de la creación entera, pero no desde el sentimiento, sino desde la práctica concreta, las acciones eficaces y sustentables.

EL ISLAM EN LA ACTUALIDAD

Crítica al islam.

  • El yihadismo (Yihad, guerra santa) es la componente fundamentalista del islam político y ocupa en la actualidad y de forma periódica los titulares de prensa y noticiarios de tv.
  • El yihadismo es al islam lo que el estalinismo fue al marxismo.
  • Existe una tremenda dificultad en los países islámicos para asumir con plenitud la libertad entendida también como el derecho al error religioso.
  • En un pasado lejano (Averroes, por ejemplo), el islam estaba mucho más abierto al diálogo que ahora. Averroes era aristotélico y batalló por ello. En su obra “Refutación de la refutación” (Tahafut al-tahafut) defiende la filosofía aristotélica frente a las afirmaciones de al-Ghazali de que la filosofía estaría en contradicción con la religión y sería, por tanto, una afrenta a las enseñanzas del islam. Perdió, fue censurado y sus obras destruidas. En Murcia tienen ustedes el ejemplo del sabio Arabi (…).
  • A partir del siglo XIII, el islam liquidó la teología el pensar y debatir sobre la naturaleza de Dios y la filosofía; la reflexión sobre la vida humana, su sentido y su fin, al margen del planteamiento coránico.
  • Todo esto se ha traducido en intolerancia (la fe sin razonamiento…):

& No existe ningún país islámico donde las otras confesiones religiosas puedan desenvolverse en libertad. Está prohibido el proselitismo religioso.

& La apostasía y el ateísmo son delitos que en algunos países se castigan con la pena de muerte.

& La experiencia directa de los cristianos árabes, coptos o libaneses, sobre la convivencia con la comunidad musulmana es de sufrimiento y persecución en muchos casos, excepto cuando el régimen político ha sido laico, lo que normalmente siempre ha coincidido con una dictadura.

& La misión histórica del musulmán que emigra a otros países consiste en preservar su identidad y continuidad religiosa. La integración es difícil.

& Para muchos musulmanes, Hitler es un héroe (entrevista a Sandra Salomon), pues ambos tienen a los judíos como enemigos.

& En las sociedades islámicas existe una violencia estructural difícil de combatir. No se trata solamente de violencia física. Las leyes islámicas (sharía) penalizan a mujeres, niños, homosexuales… Están construidas sobre un patriarcado inmóvil.

& Las reformas sociales suelen llegar con las crisis económicas. Por ejemplo, en Arabia Saudita las mujeres tienen prohibido conducir coches; pero debido a la crisis del petróleo, muchas familias ya no pueden permitirse contratar chóferes para llevar a los hijos al colegio, o a las propias esposas a los centros comerciales. Entonces la ley se flexibiliza y se permite que ellas puedan conducir.

& La brujería, el “mal de ojo” y las prácticas demoníacas están muy extendidas, a pesar de su prohibición expresa. Muchos musulmanes que han peregrinado a La Meca cuando regresan cambian su comportamiento, se vuelven más intolerantes, se hacen tratar con un atributo distinguido: “Hass”. Existen numerosos fenómenos de posesión diabólica y los consiguientes exorcismos (ruqya), muchas veces realizados solo para sacar dinero.

El islam en positivo.

  • Antes de Muhammad la sociedad árabe era tremendamente violenta, las mujeres valían menos que un dromedario, aunque no de forma generalizada, pues en algunas tribus eran respetadas. Era práctica corriente matar < las niñas recién nacidas, no había un derecho válido para todas las tribus. El islam trajo orden, leyes, derechos sociales, monoteísmo.
  • El aspecto religioso tiene un desarrollo impresionante:

& No es cierto que el Corán no pueda interpretarse, (algo que se repite en occidente de forma machacona):

            Los hadices son comentarios del profeta y su interpretación a muchos pasajes del Corán.

            El Tafsir es una ciencia islámica cuya finalidad es explicar el Corán… Existen numerosos tafsires.

  • El islam tiene una notable profundidad teológica. Y el Corán puede tener distintas lecturas y grados de comprensión en función del nivel intelectual y pureza de corazón del musulmán.
  • El islam ha producido ilustres pensadores, filósofos, teólogos y científicos.
  • En el islam también se produce el fenómeno de la santidad, tanto en hombres como en mujeres. Y son reconocidos por la comunidad musulmana.
  • Cientos de millones de musulmanes encuentran una vía de paz, de oración profunda que da sentido a sus vidas…
  • El islam ha dado pie a hechos culturales de gran riqueza: caligrafía, arquitectura, gastronomía, …
  • En el seno del islam han surgido corrientes místicas como el Sufismo, que propugna el amor entre los hombres y de Dios.
  • La práctica religiosa se ha estructurado a partir del idioma árabe fortaleciendo la religión. No ha habido modificación del idioma litúrgico (como sí ha pasado en el catolicismo a partir del CVII) y este hecho contribuye a identificar la comunidad de creyentes (la UMMA).
  • Hay una solidaridad espontánea entre los musulmanes.
  • El islam ha conservado la estructura familiar y es refractario a cambios sociales en este sentido (por ejemplo, la ideología de género es impensable en una sociedad islámica, el relativismo moral tampoco tiene cabida, los matrimonios con pocos hijos o ninguno, …).
  • Etc.

CRECIMIENTO DEL ISLAM

  • Confesión religiosa que más deprisa crece en el mundo. Pasará de 1.800 millones en la actualidad a casi 3.000 millones en el año 2060.
  • Europa envejece a marchas forzadas y necesita con urgencia población joven. Esta población proviene en la actualidad mayoritariamente de los musulmanes.
  • La población musulmana migrante apoya la institución de la sharía (ley islámica) que, de llegar a aplicarse podría convertir a la población no musulmana, los “infieles”, en ciudadanos de segunda obligados a pagar un impuesto especial y se volvería ilegal el proselitismo religioso de otras religiones. Para hacernos una idea: el 83% de los marroquíes son partidarios de implantar la sharía en los países que habiten. De hecho, en muchos barrios de Londres, París, etc., esto es una realidad tolerada.

INTEGRACIÓN.

  • La gran pregunta que se hace mucha gente: ¿Nuestra sociedad puede integrar una comunidad que en su mayoría solo quiere ser ella misma y expandirse en nombre de Dios? Es una pregunta trampa, pues la mayoría de los musulmanes no busca la expansión de su religión, solo vivir en paz, pero dentro de sus normas y costumbres. El problema no es de los musulmanes, sino de una sociedad europea y occidental que ha renunciado a su esencia. Europa se construye a partir del cristianismo y el derecho romano. Esto ya no es así. La democracia está abriendo la puerta a un cambio sociocultural.

Por tanto, creo que sí. Un camino por propiciar que iría de acuerdo con la exigencia coránica (2:143), siendo una comunidad ejemplar, punto de referencia para los demás, evitar los excesos. En este hábitat no tendría cabida el fundamentalismo. Pero admitámoslo: es muy difícil de realizar pues habría que ejercer una interpretación nueva del Corán y los hadices, adaptarlos a nuestro tiempo, y esta tarea solo pueden realizarla los musulmanes. La sharía no podría ser aplicada en ningún caso, ni tan siquiera de forma parcial y en ámbitos reducidos (algo que ahora no pasa).

Y tampoco es fácil hacer estos cambios en una sociedad laica como la nuestra cuyas leyes y comportamientos son ajenos y contrarios a Dios, cuando no claramente hostiles. Ahora el ataque mayor es a los católicos y mañana será a los musulmanes. En definitiva, existe una moral compartida por todos los creyentes, sea cual sea su credo, surgida de la ley natural.

Regenerar la Iglesia. Se està perdiendo el sentido sagrado de la liturgia. La gente no va a misa pq les resulta aburrido entre otras cosas y   confuso tambien. Se perdió el idioma liturgico, la adoración como eje central. De una liturgia cristocéntrica hemos pasado a una liturgia antropocéntrica. La Iglesia tampoco es una ong. La iglesia lleva el evangelio. Las ongs han sustituido la funcion social de la iglesia. Entonces no es extraño que los jovenes pasen de ir a la iglesia pq alli encuentran mas de lo mismo, no a Dios. Los musulmanes, sin embargo, conservan el idioma litúrgico y la adoración a Dios como la base de su religión. Las mezquitas no son lugares para ceremonias  religiosas extrañas ni para cantos modernos, tampoco son ongs, tienen una identidad muy clara. El musulman se siente parte de una comunidad.

Por otro lado, si los cristianos no construimos también una comunidad virtuosa, no tendremos nada valioso que ofrecer. De poco sirve poner en marcha leyes reguladoras. Finalmente la mayoría musulmana impondrá por fuerza democrática sus leyes. El hecho migratorio es una realidad. El crecimiento demográfico en países islámicos, africanos,… propician el mundialismo. La verdad es que yo veo pocos cristianos comprometidos. Vivimos acomodados.  La canciller alemana Merkel dice: “no hay muchos inmigrantes, ni musulmanes, lo que hay son pocos cristianos”.

Entonces no sería de extrañar que de aquí a unas pocas décadas los usos y costumbres de las sociedades europeas cambien: el calendario laboral recogerá las fiestas islámicas, leyes específicas, etc. Si una mayoría de creyentes son musulmanes resulta lógico pensar que más pronto que tarde promuevan leyes para garantizar su práctica religiosa y sus tradiciones, en detrimento de las cristianas. ¿Esto será bueno o malo? Dependerá de cómo articulemos la convivencia. Un reto, sin lugar a duda.

DIÁLOGO CRISTIANO MUSULMÁN

  •  
  • ¿Cómo es posible que las religiones abrahámicas afirmen que sus mensajes vienen de un solo Dios y que este Dios se contradiga consigo mismo, causando tantas disputas entre quienes se declaran como sus devotos? ¿Por qué cada de estas religiones afirma ser la verdadera, sin plantearse nunca la posibilidad de estar equivocadas en algunas de sus convicciones? ¿ha dejado Dios la humanidad a su destino con cadenas mentales que no puede liberarse

3.1. Aproximación.

Diálogo Interreligioso.

  • ¿Por qué dialogar? El islam está presente en nuestra sociedad. No podemos vivir de espaldas a esta realidad. Musulmanes conversos. Inmigrantes. Es un fenómeno de nuestro tiempo. Necesitamos conocer el pensamiento de quienes profesan otra religión que es la de más rápido crecimiento. Necesitamos crear espacios de diálogo.
  • Hay que tratar de eliminar las diferencias religiosas basadas en dogmas establecidos muchos siglos atrás. Cristianos y musulmanes estamos llamados al entendimiento para conseguir una convivencia verdadera y para luchar contra los poderes políticos que utilizan la religión para la manipulación de masas.
  • Algunos expertos abogan por la alianza política entre cristianos y musulmanes respecto a temas sociales.
  • Judaísmo, cristianismo e islam son religiones abrahámicas. Afirman que sus mensajes vienen de un solo Dios. ¿Cómo puede haber tantas disputas, odio y guerras entre fieles que se declaran devotos de Dios? ¿Por qué cada una de estas religiones afirma ser la verdadera?
  • Puede haber un verdadero acercamiento teológico entre cristianos y musulmanes. Necesitamos un esfuerzo intelectual de actualización y comprensión de los textos sagrados. Por ejemplo, la Trinidad cristiana y la Unicidad de Dios en el islam pueden entenderse perfectamente. También en el islam de nuestros días la mayoría de los musulmanes describen al profeta Muhammad con los siguientes términos que prácticamente lo divinizan –en contradicción con las enseñanzas del Corán-:

.Luz de los universos,

.La razón de la existencia de la humanidad,

.La primera creación existente,

.Legislador supremo junto a Dios,

.Obrador de milagros,

.Hombre perfecto.

Son atributos que nos recuerdan a los que describen en el cristianismo a Jesús. Se llama a Mohammad el “Amado de Dios”, mientras que nosotros decimos de Jesús el “Hijo de Dios”.

Esto significa que el islam es una religión que evoluciona, que crea dogmas y prácticas religiosas. Existen numerosos islam, no uno solo, en contra de lo que dicen los apologistas fundamentalistas islámicos.

  • Tesis para el diálogo: “Si Dios es el Dios de todos, entonces tiene que haber una solución definitiva para todos sus hijos e hijas, con independencia de la religión que practiquen”. La propuesta no es solo mía. El CV II y numerosos documentos pontificios vienen a respaldarla. También teólogos especializados en teología de las religiones investigan en este sentido realizando propuestas que están empezando a arrojar sus frutos. (Comentar que en Murcia se ha leído hace unos meses una tesis doctoral titulada “Propuesta de una lectura conjunta entre el cristianismo y el islam” defendida por Taner Demirci Lopez (Instituto Teológico. Universidad de Murcia).

LO MÁS IMPORTANTE:

  • Conectar con la Fuente.
  • Base del diálogo: el silencio. Acallarse.
  • Dejar espacio a lo propio y a lo ajeno.
  • No tenemos nada que defender. Todo es don.
  • Las religiones son receptáculos de una revelación y cada una de ellas

es una copa que ha recibido esa revelación. Entonces el diálogo

es dar de beber el vino que fluye a mí a tu paladar y dejar

que el tuyo sea percibido en mi paladar. Y en ese compartir encontrarnos.

Justo lo contrario de competir entre totalidades. Compartir

plenitudes.

DIFICULTADES:

  • Históricas, psicológicas, institucionales, cronológicas…
  • Hay que tener en cuenta seriamente al otro. Hay que tener paz en

nosotros mismos, asentamiento en la propia verdad.

  • A lo largo de la historia la mayoría de los encuentros han sido desencuentros, salvo algunos pocos hechos aislados, como el testimonio y ejemplo de fe de Carlos de Foucauld, conviviendo con las tribus tuareg del desierto del Sahara. Los musulmanes de la época lo admiraban y le conocían como un “morabut”, un hombre de Dios, santo.
  • La palabra suele ser ofensiva.
  • Ideologización.
  • Sincretismo (mezclar rituales, oraciones cuyo significado teológico es muy diferente…).
  • Indiferencia de los países islámicos y los musulmanes, quienes no suelen promover ni defender ni ver necesario el diálogo con otras religiones. Hay excepciones, por supuesto (Los chiíes son más dialogantes. También en el sufismo se cultiva el diálogo).

Esperanzas:

  • Ha habido encuentros fecundos en el pasado.

Cómo hacer:

  • Esfuerzo de ir hacia el otro verdadero, no imaginado, temido o despreciado.
  • Simetría del encuentro.
  • Practicando la hospitalidad sagrada.
  • Hay muchas realidades.
  • Cuatro niveles para el encuentro (ver documento pontificio

“Diálogo y anuncio del Evangelio” -1994-):

1º. Encuentro en la calle. (Colegios, barrios, convivencia…).

2º. Co inspirar conjuntamente en las causas de la justicia y la paz (asociaciones, movimientos por la paz…).

3º. Teológico. Teología institucional, expertos, …

4º. La oración. Contemplación, silencio orante. Dios es siempre mayor que las imágenes que tengamos de Él.

Quiénes dan el paso del acercamiento:

  • Bases. Grupos, colectivos, asociaciones… Oraciones colectivas, cenas, festividades, día de la paz, de los derechos humanos, de la mujer…
  • Desde las instituciones: iglesias, diferentes instituciones, plataformas confesionales, por ejemplo “oración por la paz en Asís convocada por Juan Pablo II”
  • Parlamento mundial de las religiones. Religiones Unidas, …
  •  

Cómo nos puede enriquecer:

  • Certeza de que, si el ser humano ha sido creado a imagen de Dios, todo aquello que

nazca con buena voluntad en el corazón humano es un reflejo de Dios y ¿por qué quedarnos con un color si el arcoíris tiene siete colores? Esto implica una resituación de nuestra religión frente a las demás. Tema delicado que requiere un largo camino.

  • En la tradición cristiana se habla de tres grandes posiciones en el diálogo interreligioso:
  • Exclusivista. Cristo es el Señor. Bautismo. Puede haber salvación. El impulso misionero tiene esta visión. Pero esto es pensar que nacemos con un déficit. Lo originante no es el pecado sino la imagen y semejanza. Lo que llamamos pecado es aquello que emborrona. Aquello que impide el desarrollo de lo que somos. Todas las religiones son modos de restaurar esa imagen primera.
  • Inclusivista. Concilio Vaticano II. Aunque no se confiese a Jesús como el Señor, en la medida que tengan implícitamente el deseo de lo que Jesús anuncia, participan del mensaje cristiano y acceden a la salvación. Esto se llama inclusión. Pero seguimos situados en el centro pensando que todos acabarán siendo cristianos.
  • Pluralista. Es delicada. No está asumida por el Magisterio de la Iglesia pero cada vez hay más teólogos, sacerdotes y religiosos misioneros que la asumen. El centro de la montaña está más allá de todos y más acá de todos. En cada religión vivida en plenitud, belleza y bondad se alcanza ese centro que nosotros alcanzamos como cristianos. Entonces no se trata tanto de convertir al otro a mi religión, sino de descubrir en la religión suya aquello que tiene de común con la mía y juntos alcanzamos la cima de la montaña por caminos diferentes.

¿Esto cómo se concilia con el evangelio, donde leemos en san Juan que Jesús es el camino, la verdad y la vida?, el único mediador entre los seres humanos y el Padre… Es un tema teológico abierto. El verdadero encuentro con el otro hay que hacerlo desde la salida de casa hacia el otro. Si el otro intuye que trato de convencerle para que venga a lo mío, no habrá diálogo y no aprenderemos. En el diálogo hay un radical conocimiento de la verdad del otro aunque no se exprese como mi verdad. Esto implica la escucha profunda y reconozco aquella plenitud que él expresa en su lenguaje y que yo como cristiano reconozco con mi lenguaje. No trato de convertirlo. Ambos nos convertimos a los que nos trasciende, a Dios. Esto es delicado pq hay que replantear ciertas cuestiones pero no quedan para nada minusvaloradas sino reinterpretadas de otro modo. Es un camino espiritual, como dice san Juan de la Cruz:

“Para ir adónde no sabes has de ir por donde no sabes.

Para ir adónde no conoces has de ir por donde no conoces.

Para ir adónde no debes, has de ir por donde no debes.”

El encuentro con el otro, el encuentro con la relación de Dios que se manifiesta en el otro es un éxodo que hace salir de mi hacia la tierra ajena, nosotros a través de Cristo, los musulmanes a través del Corán… respetándonos radicalmente, pq la cima es Dios, no es nuestra.

  • Hay personas que les cuesta entender este diálogo. Porque somos necios, cortos, no tenemos espacio para la generosidad. Porque no somos verdaderos cristianos ni los musulmanes verdaderos musulmanes. Cada vez que revestimos nuestra verdad como un trofeo en contra de la otra persona estamos haciendo añicos nuestra propia verdad. Esto le pasó a Jesús con sus discípulos a los que acusó de no entender nada.

Papa Francisco:

Dialogar no significa renunciar a la propia identidad cuando se va al encuentro del otro, y tampoco ceder a compromisos sobre la fe y la moral cristiana. Al contrario, «la verdadera apertura implica mantenerse firme en las propias convic­ciones más hondas, con una identidad clara y gozosa» (ibid., 251) y, por eso, abierta a com­prender las razones del otro, capaz de relaciones humanas respetuo­sas, convencida de que el encuentro con quien es distinto de nosotros puede ser ocasión de creci­miento en la fraternidad, de enriquecimiento y de testimonio. Por este motivo, diálogo interreligioso y evangelización no se excluyen, sino que se alimentan recí­procamente. No imponemos nada, no usamos ninguna estrategia oculta para atraer fieles, si no que damos ejemplo con alegría y sencillez de lo que creemos y somos. En efecto, un encuentro en el que cada uno dejara aparte lo que cree, y fingiese re­nunciar a lo que le es más querido, no sería una relación auténtica. En ese caso, se podría hablar de una falsa fraternidad. Como discípulos de Jesús, debemos esfor­zarnos en vencer el miedo, siempre dis­puestos a dar el primer paso, sin dejarnos desanimar ante dificultades e incompren­siones.

(Discurso a la Plenaria del Pontificio Consejo para el diálogo interreligioso).

CUESTIONES FINALES.-

  • ¿Qué se puede hacer? Una Europa de predominio islámico será inevitable, tan solo por la presión demográfica. Depende del punto de partida.

Si es como cristianos:

  1. Modelo de familia cristiana (más hijos, compromiso social, presencia pública, militancia activa,…).
  2. Ser modelo de amor.
  3. Convivencia activa: invitar a los musulmanes a las fiestas cristianas, especialmente la Navidad y la Pascua, y participar en sus celebraciones (ramadán, fiesta del cordero,…). Celebraciones conjuntas, por ejemplo día internacional de la mujer, y otras fiestas nacionales.
  4. Espacios de intercambio cultural.

Si es como sociedad laica y aconfesional:

  1. Articular leyes que impidan la sharia en suelo europeo.
  2. Potenciar estudios del Islam y sus dogmas en las comunidades musulmanas.
  3. Potenciar la educación de imames con raíz europea.
  4. Combatir el yihadismo: prohibiendo cualquier tipo de manifestación ideológica radical y fundamentalismo, al igual que se prohíben la divulgación del nazismo.
  5. Cooperación con los países islámicos respetando sus identidades culturales y favoreciendo un Islam moderno y tolerante que defienda los derechos humanos y las libertades individuales (abolición de la sharia en sus aspectos negativos: amputaciones, ejecuciones, persecución por identidad sexual, condena de la apostasía…).
  6. Desarrollando una política antiterrorista clara, sin intereses oscuros y apartidista.

3.2. Itinerario histórico. La iglesia católica frente al islam / la iglesia con el islam.

(papa Pablo VI, en la encíclica Ecclesiam Suam (1964), introduce en la iglesia la importancia del diálogo interreligioso).

3.3. El Concilio Vaticano II (Nostra aetate).

3.4. Diálogo y Anuncio (documento del Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso y la Congregación para la evangelización de los pueblos).

3.5. Iglesia Ortodoxa e islam.

3.6. Protestantismo e islam.

3.7. Iniciativas para el diálogo interreligioso:

            – Unesco.

            – Fundaciones.

            – Institutos.

            – Universidades.

            – Internet. (recursos, foros, etc.).

3.8. Presente y futuro: cristianos y musulmanes en el camino de la paz.

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[1] Por ejemplo, la ablación del clítoris, denunciada a veces como práctica islámica, es ajena y contraria al islam; pero se ha mantenido en algunas sociedades musulmanas africanas por la fuerte influencia de las tradiciones y culturas de este continente. Lo mismo cabría decir de la brujería, la hechicería, etc. Todo eso está prohibido en el islam pero en algunas culturas ha sobrevivido. Por ejemplo en Marruecos: adivinación, talismanes…

[2] “Mohammed, el cristiano” (en redacción).

[3] (Murcia, 1165 – Damasco, 1241) Filósofo, teósofo y místico musulmán. Reconocido por la tradición sufí como el mayor maestro, fue un monista integral y un teórico de la unicidad del ser: su obra reconoce en toda experiencia el rostro de Dios y en toda imagen o forma la huella divina. Mantuvo que el mundo se ofrece al hombre como la celebración perpetua de la presencia divina.

[4] Abū ‘ásá Muḥammad ibn’ ásá as-Sulamī aḍ-Ḍarīr al-Būghī at-Tirmidhī (en árabe : أبو عرسين محمد بن عيسى السلمي الضرير البرغي الترمذي , persa : ترمذی , Termezī ; 824 – 9 de octubre de 892), a menudo referido como Imām at-Termezī / Tirmidhī , era un persa [1] [2][3] erudito islámico y coleccionista de hadices que escribió al-Jami` as-Sahih (conocido como Jami` at-Tirmidhi ), uno de los seis compilaciones de hadices canónicos en el Islam sunita .