Problema cosmológico y problema antropológico unidos por los versos de expresión poética

Entre las canciones más famosas del poeta de Recanati, el Canto Nocturno de un Pastor Errante de Asia  ofrece un ejemplo de cómo la observación del cielo inevitablemente suscita preguntas filosóficas. En particular, el contexto cosmológico se transforma inmediatamente en antropológico. Profundas analogías vinculan el movimiento del cielo con la vida personal de cada uno: quien posee las respuestas a la causa del primero, muy probablemente también las posee para el significado del segundo. El pensamiento filosófico ha demostrado en otros contextos que el problema antropológico (pregunta radical sobre el significado del ser personal) y el problema cosmológico (pregunta sobre la causa del mundo) son en realidad dos caras de un mismo problema y, en última instancia, representan un acceso a la pregunta sobre Dios. Las preguntas que Leopardi plantea en verso representan la vertiente existencial de una verdadera búsqueda de la unidad del conocimiento.

¿Qué haces, luna, en el cielo? Dime, ¿qué haces, luna silenciosa?

Te levantas al anochecer y vas, contemplando los desiertos; luego descansas.

¿Aún no te conformas con recorrer los senderos eternos?

¿Aún no te refugias, aún anhelas contemplar estos valles? 

La vida del pastor se asemeja a la tuya. 

Se levanta al amanecer,  guía al rebaño por el campo y ve rebaños, fuentes y hierba; 

luego, cansado, descansa al anochecer:  nunca espera otra cosa. 

Dime, oh luna: ¿cuánto vale su vida para el pastor, tu vida para ti?

Dime: ¿adónde conduce este breve vagar mío, tu curso inmortal? 

Un anciano blanco, enfermo, a medio vestir y descalzo, 

con un pesado bulto a la espalda, sobre montañas y valles, 

sobre rocas afiladas, arenas altas y matorrales, bajo el viento y la tormenta,

y cuando la hora aprieta y luego hiela, 

huye, corre jadeante, cruza torrentes y estanques, 

cae, se levanta de nuevo, y cada vez se apresura más, 

sin descanso ni alivio, desgarrado, ensangrentado;

hasta que llega adonde el camino y todo su esfuerzo lo dirigieron: 

un horrible e inmenso abismo, en el que, al caer, lo olvida todo. 

Luna virgen, así es la vida mortal. 

El hombre nace con dificultad y el nacimiento es un riesgo de muerte. 

Siente dolor y tormento ante todo;

y desde el principio su madre y su padre se encargan de consolarlo por haber nacido. 

A medida que crece, ambos lo apoyan y siempre se esfuerzan con hechos

y palabras por consolarlo, y por su condición humana: 

ningún deber más grato tienen los padres con sus hijos. 

Pero ¿por qué dar al sol, por qué sostener en vida a quienes deben consolarla? 

Si la vida es una desgracia, ¿por qué la soportamos? 

Luna intacta, tal es el estado mortal. 

Pero tú no eres mortal, y quizá te importen poco mis palabras. 

Sin embargo, tú, solitario y eterno peregrino, tan pensativo,

quizá comprendas esta vida terrenal, nuestro sufrimiento, nuestro suspiro,

sea lo que sea; qué es este morir, este supremo desvanecimiento del rostro, 

este perecer de la tierra, y desvanecerse de toda compañía acostumbrada y amorosa. 

Y ciertamente comprendes el porqué de las cosas,

y ves el fruto de la mañana, del atardecer, 

del silencioso e infinito transcurrir del tiempo.

(Giacomo Leopardi. (Recanati, 29 de junio de 1798 – Nápoles, 14 de junio de 1837) fue un poeta, filósofo, filólogo y erudito italiano del Romanticismo.)

Vida espiritual


Una de las verdades que se está volviendo más evidente para mí es que estamos llamados a una vida espiritual profunda, más allá de las prácticas religiosas habituales. Tenemos que ser conscientes totalmente y escuchar la voz de Dios que resuena en nuestro corazón. Sólo desde esa dimensión podemos hacer pleno el Evangelio y obrar en consecuencia. Paz y bien.

¿Hacia el abismo?


Vivimos tiempos de crispación, insultos, delincuencia creciente, guerras sin fin, violencia y todo un abanico de conductas nihilistas. Parece que vamos hacia atrás, curiosamente con tecnología más sofisticada y más posibilidades de hacer las cosas bien; pero no, el egoísmo humano lo puede todo, o casi. Buen día. «Una de las señales de inteligencia es poder aceptar los hechos sin ofenderse.» (Richard Feynman).

Una aproximación crítica al diálogo cristiano musulmán

En esta ocasión hablamos sobre el diálogo interreligioso y más en concreto el diálogo cristiano musulmán, una iniciativa que partió del ámbito católico. Así, el 4 de febrero de 2019, el Papa Francisco y el Gran Imán de la universidad de Al Azhar, Ahmed al Tayyeb, firmaron en Abu Dabi el documento sobre la Fraternidad Humana y la Paz Universal. Sobre este documento y el recorrido que ha tenido en estos años tratamos, siempre teniendo en cuenta que la base del respeto y el diálogo se basan en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, donde en su artículo 18 se dice que «Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia.

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¿Qué es la oración?

Con la oración tratamos de relacionarnos con Dios. Gran parte de nuestras vidas las dedicamos a prestar atención a las mil y una actividades cotidianas, algunas de las cuales son necesarias, otras no. Estamos ocupados ganándonos la vida, , planificando, atendiendo las necesidades domésticas, leyendo, viendo la televisión, Internet, escuchando música… Es posible que nuestra oración se pierda detrás de la rutina. Nuestros corazones pueden llenarse de múltiples relaciones, de abundantes posesiones, de calendarios que controlan nuestro tiempo. De repente (o no tan repentinamente) Dios puede ser empujado cada vez más lejos de nuestra conciencia. La oración se desvanece. Una de mis imágenes favoritas de oración proviene del poeta George Herbert (1593–1633), quien entendió la oración como “trueno invertido». Dios se comunica con nosotros de diversas maneras: truenos (y relámpagos), Escrituras, sacramentos, naturaleza, relaciones personales, la comunidad en general, eventos mundiales, nuestra Tradición, el magisterio de la Iglesia, nuestras intuiciones, nuestros sueños. Y respondemos a la iniciativa de Dios de múltiples maneras: alabanza por la gloria divina, acción de gracias por pequeños y grandes dones, intercesiones por las necesidades, perdón por nuestros pecados y los pecados del mundo. Llamada profunda, trueno a trueno, la oración es el diálogo misterioso entre el Creador y la criatura. Al orar tratamos de ver, oír, servir; se trata de permanecer en la presencia amorosa y misericordiosa de Dios. Pero ciertas condiciones son esenciales para una forma de vida que se vive con conciencia del misterio de Dios. En muchos sentidos, el Catecismo nos instruye en el arte del “trueno invertido al enfatizar la necesidad de pureza, humildad, amor y fe. Estas cuatro virtudes son disposiciones que nos permiten vivir en la presencia de Dios y nos empoderan para hacer la voluntad de Dios. Antes de observar la relación entre la oración y las virtudes de la pureza, la humildad, el amor y la fe, hacemos bien en reflexionar sobre una promesa que Dios nos hace a través del profeta Ezequiel. Es una promesa de un nuevo corazón, un nuevo espíritu. Nuestra capacidad de orar tiene sus raíces en un don que viene de Dios: “rociaré sobre ti agua limpia, y tú estarás limpio de todas tus inmundicias, y de todos tus ídolos te limpiaré. Te daré un corazón nuevo, y pondré un espíritu nuevo dentro de ti; y quitaré de tu cuerpo el corazón de piedra y te daré un corazón de carne” (Ezequiel 36:25–27). No confiamos en nuestra propia capacidad para orar como deberíamos. Más bien, tenemos confianza en que Dios será fiel a la palabra profética y transformará nuestras vidas por medio de un corazón nuevo. Que Dios te bendiga.

Obsesiones políticas


Hay personas que están absolutamente obsesionadas con la cosa política. Rumian todo el tiempo las acciones y declaraciones de los políticos y gobernantes. Leen o ven todo tipo de noticias relacionadas con esos temas, ignorando muchas veces cuestiones más importantes para su cotidiano vivir. Incluso algunos viven en el enfado continuo y permanecen obsesionados. Resulta obvio concluir que ese tipo de comportamientos deviene en problemas psicológicos de distinta índole. No digo que el análisis socio político sea enfermizo. Todos tenemos opiniones y de una u otra forma las manifestamos y ejercemos la crítica; pero la obsesión siempre es enfermiza. La persona sana es, ante todo, alguien que no se deja dominar ni por modas, ni por eslóganes publicitarios, ni por los eventos políticos de cada día, sino que se mantiene en el centro de su ser y desde ahí canaliza y enfoca su vida Con mis mejores deseos de paz y bien, feliz día.

Muerte


Es conveniente reflexionar sobre la muerte. Parece que en el mundo actual da miedo, se evita; sin embargo, haciéndonos plenamente conscientes sobre nuestra desaparición en este mundo, podemos entender mejor la importancia que tiene para nosotros y para los demás cada día de nuestra existencia, el regalo que nos ofrece Dios. No se trata de que “lleve a Dios dentro de mí”. Eso sería demasiado mecánico. Es mejor decir que estamos llenos de la presencia de Dios junto con nuestras debilidades e imperfecciones. Experimentamos esto de manera más aguda dentro del Sacramento de la Reconciliación. Podemos sentir la gracia que opera en nuestro interior trabajando con nosotros y a nuestro alrededor. Esto significa que el Señor siempre está tocando nuestros corazones. Vivir permitiendo que Dios sea activo y dinámico dentro de nosotros. Puede que no sintamos su efecto, pero Dios nos toca de todos modos. Feliz día. “El vino nuevo se echa en odres nuevos” (san Mateo 9, 14-17).

El Evangelio es punto de llegada


Ha amanecido el día algo brumoso, presagio de calor en estas fechas del año. El sol trata de filtrarse por esas gotas de agua suspendidas en el aire que acabarán por desaparecer. Humedad, sensación de calor mayor.

El Evangelio nos sitúa en el cometido de Jesús tan mal entendido por sus contemporáneos, especialmente por el grupo de los fariseos, por cierto, el fariseísmo, una forma de entender la religión que se ha mantenido hasta nuestros días: rigidez, crítica a la novedad, hipocresía, apariencia de ser moralmente superiores a los demás, difamaciones, calumnias, en fin, todo un rosario de actitudes destructivas que se pueden ver -y sufrir- desgraciadamente con frecuencia. Pero Jesús es claro: «No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Andad, aprended lo que significa “Misericordia quiero y no sacrificio”: que no he venido a llamar a justos sino a pecadores» (san Mateo 9,9-13). Jesús va directamente al corazón, no a la lengua. Nos libera de ataduras. Se sienta a la mesa con pecadores y publicanos, rompe la rigidez de su tiempo y nos ofrece la norma a seguir. Esto requiere de madurez, asumiendo nuestras debilidades para ir por el camino del Maestro. Por eso digo siempre que el Evangelio es punto de llegada. Interiorizarlo requiere trabajo y dedicación. Quien piense que por realizar devociones sin fin, cumplir con las «normas eclesiales» y mantenerse rígido en su «zona de confort» religioso vive arreglo a lo que nos dice Jesús, se equivoca totalmente. Dice san Agustín: «No está mal ni es inútil dedicar mucho tiempo a orar, si hay tiempo libre para ello sin obstaculizar otras obras buenas y necesarias a las que nos llama el deber, aunque incluso en la realización de éstas, como he dicho, debemos atesorar el santo deseo de orar sin cesar. Porque pasar mucho tiempo en oración no es, como algunos piensan, lo mismo que orar “con mucho hablar.” Las palabras multiplicadas son una cosa, la calidez del deseo prolongada es otra». En fin, seguimos caminando.
Con mis mejores deseos de paz y bien, que Dios te bendiga.